1.2.26

Las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, 1575. Madrid, Museo Nacional del Prado


Alonso Sánchez Coello (1531/32-1588): Las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, 1575. Óleo sobre lienzo, 135 x 149 cm

Madrid, Museo Nacional del Prado

Las hijas de Felipe II, Isabel Clara Eugenia (1566-1633) y Catalina Micaela (1567-1597), fueron retratadas desde muy temprana edad por Alonso Sánchez Coello, pintor de corte del monarca. Estos retratos infantiles responden plenamente a las convenciones del retrato cortesano, ya que su función trascendía el ámbito privado. A través de la pintura se certificaba no sólo el sano crecimiento de los miembros menores de la dinastía, sino también su papel político dentro de la monarquía, especialmente en relación con los asuntos sucesorios y las futuras alianzas matrimoniales.

Aunque todo indica que Felipe II sentía un profundo afecto por estas niñas, nacidas de su matrimonio con Isabel de Valois, los retratos no se concibieron como expresiones íntimas de amor familiar, sino como imágenes oficiales. Con el paso del tiempo, ambas infantas desempeñarían un papel clave en la política exterior de la Monarquía Hispánica: Catalina Micaela como duquesa de Saboya, reforzando la influencia española en el norte de Italia, e Isabel Clara Eugenia como gobernadora de los Países Bajos.

En el retrato doble conservado en el Museo del Prado, fechado en 1575, las infantas aparecen representadas de pie en un interior indefinido, apenas caracterizado por la presencia de un bufete cubierto con un tapete verde. Se conservan otros dos retratos dobles de las niñas: uno realizado hacia 1568, hoy en el monasterio madrileño de las Descalzas Reales, y otro de 1571, conservado en el Buckingham Palace de Londres. En todos ellos, las figuras se disponen de forma similar, yuxtapuestas en un mismo plano y tratadas de manera aislada, siguiendo las convenciones del retrato regio adulto.

El distanciamiento emocional, la severidad del gesto, la inexpresividad casi estatuaria y la riqueza de la indumentaria subrayan su condición de hijas del rey y transmisoras de los valores de la monarquía. No se trata, por tanto, de un retrato infantil en sentido estricto, sino de una efigie oficial. El vínculo entre ambas figuras se establece de manera sencilla pero eficaz: ambas alargan sus brazos hacia el centro de la composición para sostener una corona de flores.

En comparación con la versión londinense de 1571, en el cuadro del Prado se aprecia con mayor claridad una relación de dependencia de la infanta menor, Catalina Micaela, cuya actitud resulta más esquiva, frente a Isabel Clara Eugenia, que mira directamente al espectador. A propósito de esta disposición compositiva, el historiador Lorne Campbell ha sugerido que Sánchez Coello pudo inspirarse en el esquema del Retrato del matrimonio Arnolfini de Jan van Eyck, obra que en aquel momento formaba parte de la colección de Felipe II y que hoy se conserva en la National Gallery de Londres.


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Las dos hijas del rey Felipe II, Isabel Clara Eugenia (1566-1633) y Catalina Micaela (1567-1597), fueron retratadas desde muy niñas por Alonso Sánchez Coello, uno de sus pintores de corte, en un tipo de efigie cuyas características coinciden con las del retrato cortesano.



1 comentario:

Manoli C. dijo...

Fue una época terrible, en la que niñas púberes las casaban con sus viejos y libidinosos tíos. Caso de su madre, Isabel de Valois, con su tío Felipe II. Y más tarde, con Ana de Austria, que también era su sobrina.

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