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13.5.26

Breve resumen biográfico del Obispo, gaditano, Dr. D. Juan José Arbolí y Acaso.

   A propósito de la pandemia de la Coronavirus.


En un opúsculo tamaño cuarto editado en la Imprenta de la viuda de Niel, sita en Francisco nº 2 de nuestra ciudad de Cádiz y fechado en 1898, denominado Nueve viernes dedicados a Nuestro Padre Jesús Nazareno, protector de esta ciudad escrito por Guillermo Smith, en cada viernes al final del piadoso ejercicio se expone un ejemplo y en el correspondiente al séptimo viernes, (nótese la importancia del número siete), se expone por parte del autor un ejemplo dando a conocer la protección del Divino Regidor de la ciudad sobre el Cabildo de Canónigos de la Iglesia Catedral de Cádiz. Guillermo Smith dice así:

“El Excmo. Cabildo eclesiástico, dando pruebas de su fe y religiosidad, profesa desde muy antiguos tiempos especial devoción a Nuestro Padre Jesús Nazareno, se celebran los cultos anuales a Nuestro Padre Jesús Nazareno, con objeto de cantar misa solemne en el altar Mayor donde se expone a la veneración pública. 
Este voto tuvo su origen a propuesta del sabio obispo de este diócesis, Dr. D. Juan J. Arbolí y Acaso, que siendo Canónigo doctoral en Cabildo celebrado a principios del año 1834, cuando se encontraba la ciudad invadida por el cólera morbo asiático, propuso se celebrase anualmente esta fiesta si el Señor preservaba a todos los capitulares del contagio. El Cabildo hizo y cumplió esta promesa, y al ver que en la segunda invasión del cólera, en 1854, tampoco fue atacado de la enfermedad ningún capitular, la renovó en 1855. 

Breve resumen biográfico del Obispo Dr. D. Juan José Arbolí y Acaso.

El Obispo Juan José Arbolí y Acaso ha sido uno de los prelados más eminentes de la Iglesia española y uno de sus hijos más ilustres. 
Nació en Cádiz el 29 de Octubre de 1795 en la calle Pasquín nº 3. Lo sigue recordando una sencilla lápida de mármol en su fachada:”En esta casa nació el Doctor D. Juan José Arbolí, Obispo de Cádiz,  para perpetuar la memoria imperecedera de hijo tan esclarecido, acordó poner esta losa. Año 1876". 


Bajo la tutela y patrocinio del insigne Magistral Cabrera ingresa en el Colegio de Santa Cruz, niño era y ya mereció obtener el cargo de Maestro de Colegiales. En el Seminario Conciliar cursó Filosofía y Teología y con su estudio simultaneaba el de los idiomas Francés, Inglés, Árabe, Griego y Hebreo… “En cuanto terminó los estudios eclesiásticos cursó la carrera de Leyes en Sevilla, doctorándose en ambos Derechos (civil y eclesiástico)…” Diez años más tarde oposita a Canónigo Doctoral de la Catedral, canonjía de la que toma posesión en 1830. 
Al crearse el Colegio de San Felipe Neri en 1838. –el más prestigioso de España en su época-, fue nombrado Catedrático de Filosofía. Hasta 1848 explicó esta asignatura y desde 1846 quedó de Director del Colegio hasta su Consagración Episcopal en 1852. Entonces publicó el tratado de Filosofía, obra de la que Menéndez Pelayo se hace eco en su Historia de los Heterodoxos. 
Fue notoria en toda la ciudad y fuera de ella su cautivadora oratoria. Decía el célebre escritor D. José Helguera: “Arbolí nació para ser rey de los predicadores ya que por honor tiene el titulo de Predicador de Su Majestad. Decían los insignes académicos de la Española D. Aureliano Fernández Guerra, D. Manuel Cañete, el Marqués de Valmar y D. Eduardo Benot, que conocían muy bien su dominadora elocuencia, que si hubiera ido a Madrid, su oratoria sublime hubiese eclipsado a la de los primeros genios en aquel difícil arte, palideciendo las lumbreras que entonces despedían más rayos de vivísima luz en las inteligencias” 
En Mayo de 1851 fue nombrado Obispo de Guadix., fue padrino de Consagración el Duque de Montpensier. En 1854 ocupó la sede gaditana. 
Completó la obra de la Catedral recién inaugurada. “Puede asegurarse que cuanto hoy ennoblece y constituye brillante ornato de nuestra esbelta Basílica se debió todo al Excmo. Sr. Arbolí. 
En 1859 fue nombrado Senador, pero no llegó a tomar posesión. 

A pesar de su quebrantado estado de salud continuó trabajando hasta su fallecimiento el domingo 12 de febrero de 1863. 
Sus restos reposan en el panteón de Señores Obispos de la cripta de la Catedral Gaditana. 
El 25 de agosto de 1877 se acordó dar nombre del ilustre Prelado a la calle antes llamada del Emperador.

El episcopado, esa encumbrada dignidad que se adquiere no por la nobleza de la prosapia, ni por la opulencia de las riquezas, sino por la excelencia de las virtudes cristianas, y por la sublimidad de las ciencias, fue el término de la carrera social, y de la profesión eclesiástica que por todos sus grados recorrió nuestro inolvidable compatricio el excelentísimo e ilustrísimo Señor D. Juan José Arbolí y Acaso, que acaba de morir para el mundo y renacer ante la presencia de Dios para darle estrecha cuenta del ejercicio y desempeño de los altísimos ministerios que desempeñó entre nosotros a satisfacción de sus conciudadanos.


Centraremos nuestra atención en la obra de Juan José Arbolí, 1844, (pulsen en):  Compendio de las Lecciones de Filosofía que se enseñaba en el Colegio de Humanidades de San Felipe Neri de Cádiz.
Gonzalo Díaz Arbolí
  
          
A propósito de la noticia que publica el Diario de Cádiz, 14 de marzo 2021. Autor: José M. Otero. 
Esta historia es una demostración de la diplomacia, elegancia y la lección de humildad, del obispo que, guardándose su "ego" hizo lo mejor para la catedral y los gaditanos:

HISTORIAS DE CÁDIZ

Arbolí y la torre de la Catedral de Cádiz

Encargo de piedras para la obra a las canteras de Medina Sidonia la Confusión del arcipreste asidonense tras recibir la petición del prelado de la diócesis gaditana.



Al morir el obispo fray Domingo de Silos Moreno, en 1853, la Catedral de Cádiz estaba aún por terminar. Además del coro y el presbiterio, era necesario acabar la construcción de la torre de Poniente y dotar a la basílica de otros elementos esenciales. Unos 20.000 duros, una cantidad elevadísima para la época, eran necesarias para concluir las obras. De ello se encargaría el sucesor de Silos Moreno, el obispo Juan José Arbolí y Acaso.

El nuevo prelado había nacido en la gaditana calle Pasquín,  el 29 de octubre de 1795. Fue su protector el famoso Magistral Cabrera, que vio en el niño Arbolí una extraordinaria inteligencia y grandes aptitudes para la vida sacerdotal. Arbolí, tras estudiar en nuestro Seminario, ocupó diversos cargos eclesiásticos en nuestra diócesis y fue nombrado vicario general por Silos Moreno. En 1851 fue designado obispo de Guadix y, poco después, en 1854, obispo de Cádiz.


En cuanto tomó posesión de la diócesis, Arbolí convocó a las ‘fuerzas vivas’ de la ciudad al objeto de recaudar fondos para terminar las obras de la basílica. Fue formada una comisión de la que formaban parte, junto al alcalde Urrutia, los vecinos Juan de Dios Lasanta, Plácido García, Francisco Vanhert, José de la Viesca y Gómez, Julián López,Manuel Ruiz Tagle, Rafael Méndez y Benito Picardo. Arbolí y la comisión consiguieron recaudar fondos y traer a Cádiz el coro de la Cartuja de Sevilla y que la Reina Isabel II aportara una importante cantidad para la construcción del Tabernáculo.

La consagración episcopal de este prelado gaditano tuvo lugar en nuestra Catedral el 5 de septiembre de 1852. Fue su padrino don Antonio de Orleáns, duque de Montpensier, casado con la hermana de la Reina Isabel II y eterno aspirante al trono de España. Montpensier regaló a Arbolí un hermosísimo báculo que sigue siendo utilizado por los prelados gaditanos en ocasiones solemnes.

El obispo Arbolí nunca quiso salir de Cádiz. Su fama de buen orador le llevó a ser nombrado predicador de Su Majestad y senador del Reino, pero no llegó a tomar posesión de ninguno de estos cargos. León y Domínguez, de quien tomamos estos datos, asegura que fue propuesto para arzobispo de Burgos, pero el religioso gaditano prefirió seguir al frente de la diócesis de su ciudad natal.

Pero la principal preocupación del obispo Arbolí era la terminación de la torre de Poniente, obra que llevaba personalmente. Recaudado los fondos necesarios, Arbolí encargó al arcipreste de Medina Sidonia, José María Navarro, la compra de piedras de una determinada cantera de aquella población. Navarro conocía que la cantera elegida por Arbolí era de muy mala calidad y que no serviría para la construcción de la torre. Pero, obediente y subordinado, no se atrevió a comunicar dicha circunstancia al obispo. Antes al contrario, escribió al prelado la siguiente carta, “Muy acertada me ha parecido la elección realizada por Su Señoría Ilustrísima. En cuanto regrese el dueño de la cantera a Medina cumpliré el encargo que ha tenido la bondad de encomendarme”.
A continuación el sacerdote de Medina escribió otra carta a su íntimo amigo Antonio Millán Varela, auxiliar del obispo de Cádiz. En esta carta el obediente cura dio rienda suelta a su opinión sobre el encargo recibido: “Tu señor Obispo entenderá mucho de Teología, de Filosofía y de todas las ciencias habidas y por haber. Pero en esto de elegir piedra para la torre de la Catedral entiende lo que yo de poner banderillas a un toro. ¡Dios nos asista! Me encarga piedra de la cantera de N. y al año de colocarla en la torre se hará añicos y ¡cataplum! ¿Pero quién le pone el cascabel al gato? Absit. No seré yo quien lo haga. A estos señores hay que decirles amén a todo. No lo entiendo. Encarga piedras tan malas cuando tiene al lado las piedras de la cantera de La Laja, de gran calidad, que se la ponen en el embarcadero de Chiclana y sale mucho más barata. Es el colmo. Pero al fin...debe ser cosa de sabios”.
Pero a la hora de introducir las cartas en sus respectivos sobres, el cura de Medina sufrió un tremendo despiste y Arbolí recibió la carta enviada a su auxiliar y éste la remitida al prelado.
El obispo de Cádiz, tras abrir la carta y leer las críticas, decidió no darse por aludido y escribió una nueva misiva al arcipreste de Medina pidiéndole que olvidara el encargo anterior y que concertara la compra de piedras en la cantera de La Laja, “ya que tengo entendido que es de excelente calidad y a muy buen precio”. Ninguna referencia a las críticas recibidas.

El sacerdote y escritor José María León y Domínguez, en sus ‘Recuerdos Gaditanos’, tras mencionar la anécdota anterior recuerda haber visto en los Boletines Eclesiásticos de la época varias anotaciones relativas a la efectiva compra de piedra de la cantera de La Laja. El error del arcipreste de Medina salvó a la Catedral de Cádiz de un importante desastre.
Historias de Cádiz del sacerdote y escritor José María León y Domínguez, en sus ‘Recuerdos Gaditanos’
La confusión del arcipreste asidonense tras recibir la petición del prelado de la diócesis gaditana, Juan José Arbolí y Acaso salvó a la Catedral de Cádiz de un importante desastre.


27.1.26

La IA: un nuevo maestro para el aprendizaje humano


Se me ha ocurrido una analogía que es, al menos, curiosa, creo que hablar de inteligencia artificial hoy en día es, en cierto modo, hablar de la relación entre maestro y alumno. Desde luego no es nada sencillo crear una IA realmente valiosa, pero tampoco lo es encontrar usuarios que sepan aprovechar todo su potencial. Y así como un alumno nunca debería olvidar al maestro que le enseñó sus primeros pasos, tampoco deberíamos pasar por alto que detrás de cada avance tecnológico hay personas, equipos e investigaciones que hicieron posible lo que hoy utilizamos.

Estamos viendo que quienes se inician en el uso de la IA suelen hacerlo con ilusión y curiosidad. Descubren nuevas herramientas que les permiten aprender, crear o resolver problemas de maneras diferentes. Ese entusiasmo inicial es fundamental, pero también es importante mantenerlo en el tiempo. A mi modo de ver, la IA no debe verse como un fin en sí misma, sino como un medio para ampliar nuestras capacidades.

Muy probablemente el verdadero valor aparece cuando humanos y máquinas trabajan juntos. La IA aprende gracias a los datos y a los retos que le planteamos, mientras que nosotros podemos apoyarnos en sus capacidades para pensar de forma distinta y alcanzar metas más ambiciosas. Sin duda se trata de una relación de colaboración, en la que la creatividad humana y la potencia tecnológica se refuerzan mutuamente. El deseo de aprender y la voluntad de usar la IA de manera responsable son claves para el futuro. La inteligencia artificial no está aquí para sustituirnos, sino para complementarnos. Pero debemos saber equilibrar su fuerza con nuestra capacidad crítica, así podremos construir un futuro donde la tecnología sea una herramienta de progreso compartido.

Es evidente que cada generación ha heredado conocimientos y herramientas que le permitieron avanzar. Hoy nos toca a nosotros hacer lo mismo con la IA: dejar un legado que no solo resuelva los desafíos del presente, sino que inspire a quienes vendrán después.

A juicio nuestro la IA no representa un final, sino el comienzo de una nueva etapa en la historia del aprendizaje humano. Un trayecto en el tiempo en el que podemos imaginar más, aprender más y crear más, siempre que mantengamos vivo el espíritu de colaboración y descubrimiento.

9.12.25

El artista y la modelo

La fotografía que encabeza este artículo, pertenece a una escena de la película: El escultor y la modelo:


En el verano de 1943, en una Francia ocupada que respira miedo y silencio, un viejo escultor - un hombre gastado por los años y la locura humana- descubre, sin buscarlo, un último destello de vida. Ese fulgor llega en forma de una joven española que huye de un campo de refugiados: frágil  y fuerte a la vez, luz inesperada en tiempos de penumbra. su presencia despierta en él algo que creía perdido: el deseo íntimo, profundo, que le transmiten una serena alegría casi igual a cuando los caballos de su sangre piafaban en sus venas y el ansia de volver a crear.



En el taller de la montaña, mientras la luz resbala por la piel de la modelo y por las manos torpes del artista, ambos conversan con una cercanía desnuda sobre aquello que los rodea: la vida y su fugacidad, la muerte y su sombra, la guerra que arranca sentidos, la juventud que late, la vejez que recuerda, la belleza que se empeña en sobrevivir incluso entre ruinas. El arte se convierte en un refugio sensorial, un espacio donde cada gesto, cada mirada y cada silencio adquieren un peso íntimo sin necesidad de buscarlo.


¿Puede un artista contemplar un cuerpo sin conmoverse? ¿Puede la belleza mantenerse ajena al dolor del mundo? ¿Se puede vivir sin comprometerse con nada excepto con la creación? Quizá por eso su desenlace sorprende: brusco, racional, casi una negación de la delicada tensión que la historia ha ido construyendo. Porque, al final, en este refugio de mármol y carne, lo que falta —lo que tal vez debería haber sido el centro secreto de todo— es aquello tan simple y tan complejo llamado amor.

Hacer clic sobre la imagen para visualizar el vídeo

El Artista y la Modelo - Tráiler oficial

Gonzalo Díaz Arbolí


4.10.25

El duelo por la vida no vivida: por qué nos pesa la nostalgia del “¿qué hubiera pasado si...?”



La tendencia a imaginar pasados alternativos —esos que habrían existido si hubiésemos tomado otra decisión— nos lleva, inevitablemente, a preguntarnos en el presente cómo pudo haber cambiado nuestro destino.
Mirar al pasado es, hasta cierto punto, inevitable: es la forma que tenemos de preguntarnos si vamos por el buen camino.

Transcurrían los años cincuenta del pasado siglo, aquellos tristes años de la posguerra española.
El regreso al pueblo de un joven de diecinueve años frustrado, sin ilusiones ni esperanzas.
Desengañado por la decisión y el miedo de sus padres, tuvo que elegir entre continuar cursando la carrera militar y su evidente peligro en la guerra de Ifni de 1958 o volver a la incertidumbre del regreso a su pueblo. 
Pero,  -“la loca de la casa” como llamaba Santa Teresa a la imaginación-, empieza a soñar y añorar el pasado. 
Por qué nos pesa la nostalgia del "¿qué hubiera pasado si...?"

A lo largo de la vida nos enfrentamos a decisiones cruciales que nos conducen por caminos determinados. Sin embargo, con el paso del tiempo, es común que nos preguntemos cómo habría sido nuestro destino si hubiésemos seguido otra senda, un camino más amplio lleno de matices y aprendizajes.

Este ejercicio mental —imaginar lo que pudo ser— es una forma de razonamiento hipotético que puede tener funciones útiles: aprender de los errores, prepararnos para el futuro, consolarnos ante lo negativo o incluso disfrutar del éxito al pensar en lo que evitamos.

Tomar una decisión es, en el fondo, asumir la responsabilidad de nuestro propio rumbo. Elegimos libremente quién queremos ser. Y una vez hecha la elección, mirar atrás es la forma más humana de preguntarnos si realmente hicimos bien.
Así nace el “¿y si…?”, ese impulso de imaginar cómo habría sido el presente de haber tomado otro camino.
Pero el destino siempre tiene sus propios planes. ¿Quién decide el destino? ¿O son las circunstancias? O tal vez sea una combinación de ambos. En última instancia, cada elección, por pequeña que sea, nos lleva a donde estamos hoy y eso tiene un valor esencial.

Desde hace mucho tiempo, vengo planteándome esta cuestión. Si miramos atrás  ¿cómo contemplamos el pasado? , ¿con los ojos de entonces o con los ojos de este momento ? ¿tendré  hoy las mismas convicciones para valorar hechos o acontecimientos del pasado, que hace setenta años?

Puede que la nostalgia esconda un sentimiento más de “vida que se acaba” que de recuerdos de un tiempo que fue mejor. Antes, no era consciente del fin próximo; el futuro aparecía como frontera muy lejana.  El tiempo vuela; las decisiones y la memoria puede llevarnos a un entendimiento más profundo de nosotros mismos y las historias que llevamos dentro.  Nos queda menos y ahora  lo sabemos, y todo el pasado se vuelve bello y amable.  Este proceso puede brindarnos calma, pero al mismo tiempo despierta la tristeza de lo que pudo ser.

La memoria es un acto de amor hacia nosotros mismos y aquello que hemos perdido; lo que eres, lo que nunca quieres perder, a la vez que nos ayuda a mantener vivas las experiencias y a conectarnos con nuestra esencia. En su complejidad radica también la belleza de la vida: el poder de vivir en el presente mientras llevamos con nosotros los ecos del pasado.


Gonzalo Díaz Arbolí

29.7.23

Sólo en el interior de uno mismo se encuentran todas las respuestas. Ahí está la verdad.


In interiore hominis habitat veritas
En el interior del hombre habita la verdad
Son palabras de san Agustín, allá por los comienzos del siglo V

Cuando estudiábamos filosofía en bachillerato, aprendimos esta sentencia de San Agustín: "En el interior del hombre habita la verdad". Significa que mediante la introspección podemos llegar a comunicarnos con Dios y que hay que desatender los asuntos mundanos, como las propiedades o el dinero.
Pero son palabras que hoy siguen encontrando su eco en el marco de nuestras vidas. El corazón humano está roto a causa de los intereses de aquellos que tienen la responsabilidad de educar. Y es la causalidad personal, como estructura que nos conforma en un universo abierto a los otros con quienes convivimos, la que nos fuerza a conocer nuestra historia, a poder contar nuestra historia.

María Zambrano, en un contexto diferente al de san Agustín, pero con muchos elementos comunes, decía: «Persona es lo que subsiste y sobrevive a cualquier catástrofe, a la destrucción de su esperanza, a la destrucción de su amor. Y sólo entonces se es persona en acto, enteramente, porque se cae en un fondo infinito donde lo destruido renace en su verdad, en un modo de no perderse. Ser persona es ser capaz de renacer tantas veces como sea necesario resucitar".


Extracto del ensayo "Adentro" de Miguel de Unamuno

Sal pronto de ahí y aíslate por primera providencia; vete al campo, y en la soledad conversa con el universo si quieres, habla a la congregación de las cosas todas. ¿Que se pierde tu voz? Más te vale que se pierdan tus palabras en el cielo inmenso a no que resuenen entre las cuatro paredes de un corral de vecindad, sobre la cháchara de las comadres. Vale más ser ola pasajera en el Océano, que charco muerto en la hondonada.

Hay en tu carta una cosa que no me gusta, y es ese empeño que muestras ahora por fijarte un camino y trazarte un plan de vida. ¡Nada de plan previo, que no eres edificio! No hace el plan a la vida, sino que ésta lo traza viviendo. No te empeñes en regular tu acción por tu pensamiento; deja más bien que aquélla te forme, informe, deforme y trasforme éste. Vas saliendo de ti mismo, revelándote a ti propio; tu acabada personalidad está al fin y no al principio de tu vida; sólo con la muerte se te completa y corona. El hombre de hoy no es el de ayer ni el de mañana, y así como cambias, deja que cambie el ideal que de ti propio te forjes. Tu vida es ante tu propia conciencia la revelación continua, en el tiempo, de tu eternidad, el desarrollo de tu símbolo; vas descubriéndote conforme obras. Avanza, pues, en las honduras de tu espíritu, y descubrirás cada día nuevos horizontes, tierras vírgenes, ríos de inmaculada pureza, cielos antes no vistos, estrellas nuevas y nuevas constelaciones. Cuando la vida es honda, es poema de ritmo continuo y ondulante. No encadenes tu fondo eterno, que en el tiempo se desenvuelve, a fugitivos reflejos de él. Vive al día, en las olas del tiempo, pero asentado sobre tu roca viva, dentro del mar de la eternidad; al día en la eternidad, es como debes vivir.

Te repito, que no hace el plan a la vida, sino que ésta se lo traza a sí misma, viviendo. ¿Fijarte un camino? El espacio que recorras será tu camino; no te hagas, como planeta en su órbita, siervo de una trayectoria. Querer fijarse de antemano la vía redúcese en rigor a hacerse esclavo de la que nos señalen los demás, porque eso de ser hombre de meta y propósito fijos no es más que ser como los demás nos imaginan, sujetar nuestra realidad a su apariencia en las ajenas mentes. No sigas, pues, los senderos que a cordel trazaron ellos; ve haciéndote el tuyo a campo traviesa, con tus propios pies, pisando sus sementeras si es preciso. Así es como mejor les sirves, aunque otra cosa crean ellos. Tales caminos, hechos así a la ventura, son los hilos cuya trama forma la vida social; si cada cual se hace el suyo, formarán con sus cruces y trenzados rica tela, y no calabrote.

Reconcéntrate para irradiar; deja llenarte para que rebases luego, conservando el manantial. Recógete en ti mismo para mejor darte a los demás todo entero e indiviso. «Doy cuanto tengo», dice el generoso; «Doy cuanto valgo», dice el abnegado; «Doy cuanto soy», dice el héroe; «Me doy a mí mismo», dice el santo; y di tú con él, y al darte: «Doy conmigo el universo entero». Para ello tienes que hacerte universo, buscándolo dentro de ti. ¡Adentro! 
 Año de 1900

15.6.23

Elogio de las sombras de Jorge L. Borges y Finnegans wake de James Joyce

El libro: “Elogio de las sombras” de Jorge Luis Borges fue escrito en Cambridge en 1968 y publicado en 1969.
Al leerlo vemos un tema que se repite incansablemente y, este es el instante. ¿Pero qué se entiende por instante?
Para Borges el instante no sería un momento fugaz, sino la circularidad máxima del tiempo que hace imposible no cuestionarnos la concepción de instante. 
Esta idea del tiempo la vemos repetidas en sus versos, porque para Borges el tiempo es algo más que el simple “número del movimiento según el antes y el después”, como lo había definido Aristóteles. Para la física (tanto clásica como moderna) el tiempo es en sí otro plano sobre el que suceden los hechos, a la manera del espacio. Siempre le gustó esta frase de Séneca: "Hubo una sola noche entre la máxima ciudad y ninguna"... y esto nos lleva al siguiente poema titulado “James Joyce”. 

En su primer verso  dice: “En un día del hombre están los días del tiempo, es un resumen perfecto del “Ulises”. Monumental metáfora del día. 

Son catorce versos:
En un día del hombre están los días
del tiempo, desde aquel inconcebible
día inicial del tiempo, en que un terrible
Dios prefijó los días y agonías
hasta aquel otro en que el ubicuo río
del tiempo terrenal torne a su fuente,
que es lo Eterno, y se apague en el presente,
el futuro, el ayer, lo que ahora es mío.
Entre el alba y la noche está la historia
universal: Desde la noche veo
a mis pies los caminos del hebreo,
Cartago aniquilada, Infierno y Gloria.
Dame, Señor, coraje y alegría
para escalar la cumbre de este día.
(Borges, 35)
.
Jorge Luis Borges. en su “El jardín de senderos que se bifurcan” creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades.
En el libro podemos leer la "Paradoja de Olbers". Teoría según la cual, en un universo estático, de edad infinita y con una distribución isotrópica de las galaxias, la disminución de la luminosidad de estas con la distancia quedaría compensada con su número en sucesivas capas esféricas con centro en la Tierra, por lo que el cielo nocturno aparecería uniformemente iluminado, en vez de aparecer oscuro.

Y esto nos conduce a una duda existencial, en la que podríamos imaginar, como una imagen casi cinematográfica, infinita cantidad de instantes flotando en alguna dimensión, infinita cantidad de instantes que en realidad son uno sólo, son multitud e individualidad a la vez, son vida y muerte, luz y sombra... pero permanecen en la sombra, están ahí, y no somos capaces de notarlo. Borges sí, tal vez por eso escribió este Elogio de la sombra, porque descubrió en ella los instantes (el instante) y su devenir.

Una curiosidad: 

Estructura del quark del neutrón y del protón
Los quarks son un tipo de partícula subatómica elemental, que entra dentro de la categoría de los fermiones, y cuyas fuertes interacciones constituyen la materia de los núcleos atómicos. 
Los descubridores del quark bautizaron su hallazgo con una palabra extraída de la novela de James Joyce, Finnegans wake (El despertar de Finnegan), más precisamente de la frase «Three quarks for Muster Mark». “Tres quarks para Muster Mark”. En esta frase, Joyce toma el verbo inglés quark ‘graznar’, para crear un sustantivo de significado parecido a ‘graznido’, bastante diferente del sentido que le dieron los físicos norteamericanos, Gell-Mann y George Zweig en 1963, una palabra extraída de una frase absurda de la novela Finnegnans Wake de James Joyce: 

Es decir, en inglés wake, entre otros, significa “velatorio”. En el primer capítulo se relata el velatorio de Finnegan, un albañil muerto a causa de un accidente, y su despertar o resurrección al caer sobre su cuerpo unas gotas de whisky.

Se publicó en 1939. James Joyce se había pasado los anteriores diecisiete años escribiéndolo, desde poco después de acabar su Ulises. 
En 1941, tras afirmar que su último libro tendría entretenidos a los críticos durante al menos doscientos años, murió. Por ahora, su profecía se cumple: han pasado casi ochenta y ni siquiera hay un acuerdo completo sobre de qué se trata la novela. De hecho, ni siquiera hay un acuerdo generalizado acerca de si, en efecto, es una novela.
Y es cierto, las traducciones de esas obras han sido siempre un acontecimiento.
El  escritor argentino José Salas Subirat lo intentó, pero no pudo. En 1957 dijo: “Lo estuve leyendo durante los últimos diez años y todavía no lo he entendido". 


El reto que planteaba el Finnegans era muy superior. En más de siete décadas no hubo ni una sola traducción completa, sino apenas unas pocas ediciones muy parciales. Salvador Elizondo se propuso una traducción anotada de la obra, pero se dio por satisfecho al concluir… la primera página. García Tortosa tradujo el capítulo ocho, conocido como “Anna Livia Plurabelle”, que por estar escrito en un lenguaje bastante cercano a lo común y corriente es el más “sencillo” de la obra, y la editorial Cátedra, de Madrid, lo publicó como libro en 1992. Un año después, Lumen, de Barcelona, sacó a la venta un volumen de menos de trescientas páginas al que presentaba como el Finnegan's wake de James Joyce, pero con la aclaración de que era un “compendio y versión de Víctor Pozanco”. La crítica lo destrozó. No es nada fácil, está claro, meterse con un libro así.

Zabaloy después de traducir Ulises, para subir al nivel más alto de la obra joyceana: empezó a leer el Finnegans wake. Su teoría es, que se trata de una novela onírica, pero no a la manera de la gente que “pone un cuadernito junto a la cama y toma notas para no olvidarse del sueño”. Joyce, señala su traductor argentino, “escribió de tal manera que quien lo lee, si se permite una lectura semejante, empieza a ver esas cosas sin necesidad de explicárselas. No es que te des cuenta y pienses ‘ah, esto quiere decir tal cosa’, sino que de manera intuitiva vas viendo el sueño de otro, que por momentos es grotescamente complicado y por otros de una claridad que cuando llega te encandila y ya no puedes ver nada porque es demasiado claro”.
Sin embargo, al llegar a la página doscientas cuarenta, Zabaloy comprendió que se le perdían por el camino tantas cosas que no tenía sentido seguir así. De esa forma encontró el método: “No aclarar ni enderezar las palabras del texto, sino mantener en el lector de la lengua española la misma sorpresa, la misma maravilla del lector en inglés.” Tradujo el famoso capítulo ocho y quedó satisfecho. “No porque fuera una gran traducción, sino porque me gustó el proceso”, cuenta. “Encontré la enorme satisfacción que había sentido traduciendo el Ulises". Listo, no necesitaba otra cosa. Mi vida para los próximos años estaba resuelta: en vez de pegarme un tiro o ahorcarme, podía traducir el Finnegans wake. Y lo hice.”

Fuentes:
Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Vocabulario Científico y Técnico

Ensayo, El instante en Elogio de la Sombres de Jorge L. Borges de Ismael Rivera
De La palabra del día, por Ricardo Soca
Revista, Letras libres

Dedicado a mi amigo, Julio R. de la Rúa
Gonzalo Díaz-Arbolí




16.12.21

EL MITO DE LA CREACIÓN. DESDE LA CAVERNA SIN DISTANCIAS

 

                                      Pulsar en la imagen: Vídeo.  Voz, Flora Díaz Hurtado


“En un atardecer del comienzo de las Fiestas del Año Nuevo, donde el sacerdote recitaba con ritmo pausado los versos de un viejo poema que narra la existencia del caos primigenio, un amasijo de agua y barro indefinidos, la lucha espantosa entre el caos y la creación, y luego un perfecto orden por parte de la justicia del dios Zeus”. 

Leyendo el libro Teogonía, -poema griego el cual tiene como objetivo dar una breve explicación del orden del mundo basado en la divinidad y el triunfo que puede tener el bien sobre el mal-. En la primera parte del mito de sucesión. (v. 116 – 210), en donde se mencionan las deidades que representan elementos cósmicos: Caos, Gea y Eros. 

El proemio, donde Hesíodo narra cómo se creó el mundo a partir del Caos y desde allí el nacimiento de muchos dioses y las hazañas que ellos podían realizar. Tiene una línea muy fina entre el mito y la realidad, Hesíodo intentó pintar una afirmación en la cual se busque explicación a los comienzos del mundo. En todo el poema se describe cómo se originó el mundo y cómo los dioses fueron involucrados en ellos. 



El mito de la creación 
Uno de los componentes principales de la Teogonía es la presentación del «Mito de la sucesión», en donde se cuenta como Cronos derrocó a Urano, y cómo a su vez Zeus derrocó a Cronos y sus Titanes, y cómo finalmente Zeus se estableció como el gobernante final y permanente del cosmos. 

     Urano (el Cielo) inicialmente tuvo 18 hijos con su madre, Gea (Tierra): los doce Titanes, los tres Cíclopes y los tres Hecatonquiros, pero al odiarlos, los escondió en algún lugar dentro de Gaia. 

     Angustiada, Gea formó una hoz hecha con firmeza e instó a sus hijos a castigar a su padre. Solo su hijo Cronos, el Titán más joven, estaba dispuesto a hacerlo. 

     Gea escondió a Cronos y le dio la hoz, creando una emboscada, y cuando Urano se acostó con Gea, Cronos extendió la mano y castró a su padre. 
Esto permitió que nacieran los Titanes y que Cronos asumiera el mando supremo del cosmos. 

El autor nos recuerda que, es la explicación de la creación del hombre y siempre en el sentido de la bondad, porque la maldad sólo se genera cuando él la acepta.

Recordé los versos del poemario “Desde la caverna sin distancias” de Eugenio Martínez Orejas. Poema II:


Fusión agujero negro


Y cuando todo efunda solemne de las sombras 
y se arranquen los goznes de las jaulas, 
para que agiten los vuelos sus alas 
en firme gavilán que al cielo asola, 
aún podrá un hechicero aleve de las horas 
transir en oropeles escarlata 
las graduables babeles que levantan 
cóncavos arquitectos con sus lluviosas fórmulas... 

y cuando todo efunda solemne de las sombras 
y vengan los recuerdos como páginas rotas 
lanzadas al viento en inconclusa amalgama 
de apagados rumores de banderas y espadas 
y abandone el viajero su quietud en el claustro, 
su idiocia isomorfa, sus inconexos pasos, 
la marchita llamada de los siglos, 
buscará en el misterio dar forma a sus sentidos, 
elevando sus rumbos al cielo de los pájaros, 
en densidad celeste, en plenitud de instinto, 
al saberse empujado hacia el continuo, 
a su tierra de herencia que ilumina el olivo. 

Pero aún urdirán sus vanas paradojas 
forjadores de límites y artífices de proras, 
en pases fulgurantes de modelos 
con el honor de cruces al demérito 
y con sus grandes ojos vagando en desconcierto 
de sus dominios y poder incrédulos... 

y cuando todo efunda solemne de las sombras 
y de su patrio olvido resurja la memoria 
y las constelaciones cierren su última ronda 
y se ampare el sosiego en sus tranquilas órbitas... 

Entonces será en todo el triunfo de la aurora.


Fuente:  Wikipedia 

Gonzalo Díaz Arbolí




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16.3.21

DESDE LA CAVERNA SIN DISTANCIAS. Eugenio W. Martínez Orejas

 


En frágil barca y vientos tan contrarios
me encuentro en alta mar y sin gobierno,
tan falto de saber, de error cargado,
que yo mismo no sé ni lo que quiero,
y tiemblo de calor, y ardo de frío.
Francesco Petrarca.- Cancionero

                         Mayéutica contra Renitencia

             

Lectura completa del poema, pulsar AQUÍ.

Notable y elocuente poema en forma de diálogo socrático del filósofo ante su cercana muerte. 
Ya saben que la Mayéutica es el método con que el maestro, mediante preguntas, va haciendo que el discípulo descubra nociones que en él están latentes, contra la resistencia que se opone a hacer o admitir algo.
En el 2º retablo, la penúltima estrofa, juega desde el miedo en el camino de la vida, el miedo siempre en vilo, cuya respuesta es la sombra de un misterio inexplicable.




Eugenio Martínez, nacido en El Bierzo y portuense de adopción, poeta grande. 

Difícil explicar sobre alguien al que su modestia le niega ser conocido. Es una persona que no se deja tentar por la vanidad, no hace alarde de su sabiduría, antes al contrario, aprendió de Santo Tomás de Aquino que, es más bello iluminar que brillar.

Sabemos de su extraordinaria formación académica, de una intensa y rigurosa formación filosófica, y una auténtica personalidad humanística. Siente pasión por la lectura de los clásicos, de nuestros escritores de la Generación del 98 y de los poetas de la Generación del 27. También aprendió en su adolescencia que para ser un buen cristiano hay que tener fe y un poquito de sentido común.

El poemario es de una gran originalidad tienen un notable sentido rítmico, musicalidad, un cuidado formal y una riqueza léxica difícil de encontrar en los poemas que ahora se escriben. Eso además de la hondura en el contenido, las referencias filosóficas y mitológicas constantes y un escepticismo vital lo acercan mucho a la estética del Barroco.
 
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Gonzalo Díaz Arbolí


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19.1.21

LA FÍSICA Y EL ARTE: UNA VISIÓN APASIONADA. Capítulo 8 de 8


Esperando a Godot y Malone muere de Samuel Beckett, son piezas literarias divulgadas hacia 1950, donde lo absurdo y la relatividad de todas las cosas filtran la escena y diálogos de los personajes. Oigamos parte del diálogo de Vladimiro y Estragón en Esperando a Godot:

—¿Es hoy sábado? No, ¿será más bien domingo? 
¿O lunes? ¿O viernes? 
—O jueves. 
—El tiempo se ha detenido. 
— No lo crea, señor. 
—Vaya, ya pasó otro día. 
—Todavía no. 
—Pase lo que pase, para mí no ha pasado (...) 
—Te digo que anoche no estuvimos aquí. Lo has soñado. 
—Y, según tú ¿dónde estábamos anoche? 
—No lo sé. En otra parte. En otro compartimiento. 
—Bueno. No estuvimos ayer aquí 

Estimamos que es de referencia obligada la magnífica novela En busca de Klingsor del mejicano Jorge Volpi, en la que narra la figura de Einstein caminando a través de los pasillos del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton: 

[...] desde su época de Berlín, a Einstein le encantaban las caminatas. Todos los días acostumbraba realizar a pie el recorrido entre el Instituto y su casa y le agradaba compartir esos minutos con alguien con quien charlar. Solo eran unos instantes, pero sus interlocutores los valoraban como sublimes momentos de iluminación. Muchos de los ilustres físicos que visitaban Princeton lo hacían con la esperanza de compartir uno de estos recorridos con el profesor… 

En esta novela Volpi comenta diversos aspectos sobre las ideas de Einstein en relación con la ciencia y la política. Narra la expedición preparada por sir Arthur Eddington para verificar la teoría de la relatividad midiendo la curvatura de la luz durante un eclipse de sol ocurrido en África en 1919. Destaca la paradoja llamada de Einstein-Podolsky-Rosen que trata de demostrar que “Dios no juega a los dados“, como sugiere la mecánica cuántica. 




Ahora vamos a internarnos en el campo de la poesía
. Comenzaremos citando a Pablo Neruda, que en algunos poemas de Residencia en la Tierra, como en Galope muerto”, “El reloj caído en el mar” y en “Las furias y las penas, difuminadamente, habla en términos relativistas. En Galope muerto“, dice: 

Para conocer su simbología, lo analizan en: Pulsar en los 2 siguientes versos:

En “El reloj caído en el mar”, escribe: 

“...Hay tanta luz sombría en el espacio 
y tantas dimensiones de súbito amarillas... 
Es un día domingo detenido en el mar un día como un buque sumergido... 
Hay meses seriamente acumulados en una vestidura... Los pétalos del tiempo caen inmensamente...”, 

y en “Las furias y las penas”, expresa: 

“…Es una sola hora larga como una vena, 
y entre el ácido y la paciencia del tiempo arrugado transcurrimos...” 

Igualmente, el poeta venezolano Jorge Enrique Mújica esboza nítidamente la relatividad en un texto de Intentos: 

“Un tren aparece sobre el puente 
en una línea voraz, un avión se pierde 
hasta un punto 
y ellos, los que viajan, son solo un punto 
o una línea 
aunque vean el cielo abierto o a los lados 
el campo desolado”. 


Ciertamente no podemos dejar de citar en nuestro discurso, al poeta, matemático y físico chileno, premio Cervantes 2011, Nicanor Parra cuya obra ha tenido una profunda influencia en la literatura hispanoamericana. Es considerado el creador de la denominada «antipoesía». Parra es, lo dijo el prestigioso crítico Harold Bloom, 
«incuestionablemente, uno de los mejores poetas de Occidente» recita en Cronos: 

En Santiago de Chile 
los 
días
son 
interminablemente
largos:
 Varias eternidades en un día 
...sin embargo las semanas son cortas
los meses pasan a toda carrera 
y los años parecen que volaran.”. 

Con otro enfoque, otra vez el citado premio Cervantes, el poeta Nicanor Parra, en Poemas y antipoemas” publica Los vicios del mundo moderno”, donde expresa: 

“…Los vicios del mundo moderno 
... La desintegración del átomo, 
El humorismo sangriento de la teoría de la relatividad...” 

Estas líneas del poeta Nicanor Parra, están asociadas con las consecuencias negativas de las aplicaciones de la teoría de la relatividad, como la liberación de la energía termonuclear, capaz de destruir todo lo que existe, la proliferación de bombas atómicas y otras armas. En realidad, la relatividad puso en las manos del hombre la posibilidad de usar, para el bien o para el mal, la inmensa e inimaginable acumulación de energía almacenada en el interior de todos los átomos del universo. 



O la reflexión del autor en Relatos cuánticos José Iraides Belandria, sobre el cálculo tensorial de Einstein, y la curvatura de la luz por efecto de la gravedad: 

            No sé cuándo Dios te regaló la hermosa luz curvándose más allá de todas las  galaxias, o cuándo grabó sobre una piedra la geometría del tiempo, dibujando el tensor del universo, el misterio de la gravedad y la tangente que cruza la vertiente  estelar   del punto negro...” 

Podríamos seguir asociando física y arte a través de la energía, de la entropía, del átomo y de la incertidumbre cuántica, y cómo no, a través de las ondas y de la luz hasta llegar a los "atractores extraños" y a la física del caos, y encontrarnos con García Márquez y su descripción de la destrucción de Macondo por un huracán devastador, fue una consecuencia del impredecible efecto mariposa, ya saben que en los sistemas complejos y caóticos se puede generar el efecto mariposa, según el cual, el aleteo de una mariposa en el Amazonas puede causar una tormenta en Japón. ¿No parece una alegoría clara y coincidente con lo ocurrido en el mítico Macondo. 

La Ciencia nos describe las leyes que rigen el comportamiento de la materia el Arte intenta penetrar más profundamente en el corazón de la Naturaleza e incluir en su descripción la parte psíquica del Universo, inseparable de la materia. La Ciencia se limita al exterior de las cosas. El artista ambiciona una comunión directa con el sujeto que observa, para descubrir el interior de las cosas. Como permanece exterior a los objetos, la Ciencia puede describir recurriendo a la inteligencia y al lenguaje claro, racional, de un mismo significado para todos. La obra de arte, queriendo acceder a la parte más íntima de los objetos, se expresa en un lenguaje más intuitivo y es además una proyección del artista hacia lo que hay de menos racional y de más profundo en el individuo. 

Mas sobre Macondo, pulsar AQUÍ.

De todos modos, la Ciencia y el Arte se nos presentan como dos disciplinas humanas que se complementan para permitir al hombre situarse en relación al cosmos y colocarse mejor en la corriente evolutiva. La Ciencia participa tal vez un poco más del Conocimiento, el Arte tal vez un poco más del Amor, pero ambos son de hecho inseparables y conducen a nuestro Universo hacia una siempre creciente unidad. 

Quisiera terminar con esta frase del autor dramático francés ─hoy casi olvidado─ Henri-René Lenormand, que señala los estrechos vínculos del Conocimiento y del Amor, y, por tanto también, de la Ciencia y del Arte: 
«Nada se aprende si no es por el Amor, nada puede saberse si no es entregándose» 

Muchas gracias señoras y señores por su atención.

Ignacio Pérez Blanquer