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23.4.23

EL GRAN DESCONOCIDO ALMIRANTE ESPAÑOL: FERNANDO SÁNCHEZ DE TOVAR

 

Las primeras referencias a Sánchez de Tovar proceden de la guerra entre Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón. El castellano participó en la expedición naval contra la Corona de Aragón de 1359 como capitán de una galera de Pedro I. Sin embargo, al igual que Ambrosio Bocanegra y su padre, cambió de bando a partir de 1366 para luchar junto al hermano bastardo del Rey, Enrique de Trastámara. El marino castellano entregó Calahorra como parte de su traición a Pedro, a lo que éste respondió matando a su hermano Juan Sánchez de Tovar. Y es que precisamente aquellos métodos brutales de actuar eran los que, con toda probabilidad, le habían empujado a pasarse al bando Trastámara.


El digno sucesor de Bocanegra
Con el ascenso al trono de Enrique de Trastámara tanto Bocanegra como Sánchez de Tovar fueron recompensados por sus buenos servicios y puestos al frente de la flota castellana enviada en ayuda de Francia en la Guerra de los 100 años. Así, mientras Bocanegra contaba su botín e identificaba a los ilustres prisioneros tomados en la batalla de La Rochella, entre ellos el yerno del Rey de Inglaterra; Fernando Sánchez de Tovar llevaba a cabo sus propias conquistas en los puertos ingleses del norte de Francia. Entre 1372 y 1373, Castilla y Francia se apoderaron de toda la costa entre Burdeos y Ouessant , dejando aisladas las posesiones británicas en el continente. Como recuerda Víctor San Juan en su libro «22 derrotas navales británicas» ( Navalmil ), en ese desastroso año para los ingleses «la única leve compensación de la Royal Navy será la captura de siete naos castellanos por el Conde de Salisbury en marzo».
A la muerte de Ambrosio de Bocanegra, Enrique II otorgó una carta de merced a Fernán Sánchez de Tovar con el oficio de Almirante Mayor de la Mar con fecha del 22 de septiembre de 1374. Y aquí comienza la azarosa historia de nuestro personaje.


Españoles conquistan el Támesis; las hazañas de nuestro Almirante
Esta historia es digna de contar y ser recordada, y esta historia tiene un nombre: Fernando Sánchez de Tovar. Estamos hablando del único almirante que entró en el Támesis, saqueó el corazón de Inglaterra y volvió victorioso con su botín y el miedo pintado en las caras de sus enemigos. Porque la hazaña de Sánchez de Tovar no fue un hecho aislado: arrasó repetidas veces la costa sur de Inglaterra sin que la Pérfida Albión pudiese hacer nada por impedirlo.
Remontémonos al siglo XIV. España aún no ha terminado de ocupar todo su territorio, pero dos reinos se elevan por encima de los demás: Castilla y Aragón. En Europa suenan tambores de guerra: Francia e Inglaterra luchan despiadadamente en la Guerra de los 100 años, en este momento Inglaterra no domina toda su isla, pero grandes extensiones de Francia están bajo su control. Europa retumba en el conflicto y muchos reinos toman partido por uno de los dos bandos, y nosotros no somos una excepción. El rey Enrique II de Castilla firma una alianza con Carlos V de Francia para combatir al común enemigo: los ingleses.

Primeros enfrentamientos
Inglaterra ha usado con éxito muchas veces el canal de la Mancha como barrera para defenderse de ataques e invasiones, pero esta vez no resultó: Castilla no sólo tenía flota, sino que era la mejor de toda Europa occidental. Y fue precisamente esa flota, formada por los mejores barcos y marinos que los astilleros sevillanos podían ofrecer, la que se enfrentó a los ingleses en las frías aguas del canal.
Los españoles juntaron una armada de 22 galeras dispuestos para el combate, mientras tanto, la escuadra inglesa (36 barcos) se dirigía al puerto de La Rochelle custodiando otros 14 barcos repletos con el tesoro real para financiar las tropas del continente. Era el 22 de junio de 1372, y la flota castellana barrió por completo a la inglesa, haciéndose con todo su tesoro. El puerto sería tomado un mes más tarde por Ruiz Días de Rojas.

Así lo cuenta el cronista inglés Jean de Froissart, “... por muy caro que lo pagaran los barones, caballeros y escuderos que allí fueron muertos o capturados, el rey de Inglaterra perdió más que nadie pues por aquella derrota se perdió luego todo el país...”. Jean, cronista oficial de la corte inglesa, comentaba algo contrariado por la derrota, que “...allí fue capturado el conde (de Pembroke, almirante inglés) y todos los que estaban en su barco fueron muertos o apresados...”, y también que “...No pudo escapar nadie...” Comenta también la marcha de los castellanos a la mañana siguiente “...En lo alto de los mástiles llevaban grandes telas a modo de pendones con las armas de Castilla, tan largos que los extremos chocaban a menudo con el agua, y era hermoso de contemplar...”. La escuadra la mandaban los almirantes Díaz de Rojas, Cabeza de Vaca, Fernando de Pión y el genovés Ambrosio Bocanegra.

Un año después, en 1374, muerto ya el genovés, la flota castellana saquea dos veces la isla de Wight, asistida por unas pocas galeras francesas. Es ya el almirante Don Fernando quien las comanda, puesto que demostró su valía en la batalla de Nájera al lado del rey y se hizo merecedor de su confianza. La imparable armada continúa su campaña de acoso y saqueo hasta que, al año siguiente, otra flota inglesa le sale al paso en la bahía de Borneuf y es derrotada por completo: los españoles son dueños indiscutibles del canal de la Mancha.


Las costas inglesas a merced de los castellanos
El rey Eduardo de Inglaterra no ve otra solución: firma un armisticio en la localidad de Brujas, y los mares del canal y, lo que es más importante, las rutas comerciales con la rica Flandes, caen en manos hispanas.
Pero las circunstancias en Inglaterra no mejorarían. El rey recibió fuertes críticas del Parlamento y hubo de hacer dimitir a varios ministros, poco después fue apartado y murió, dejando la corona a un niño de diez años. Los nobles ingleses no se resignan a perder su ventaja comercial y reanudan las hostilidades. Fue entonces el gran momento de Tovar.
Al mando de 50 galeras y con más de 5.000 hombres (incluida una pequeña escuadra de apoyo francesa), se dirigió a las costas inglesas y destruyó Rye y la zona de los cinco puertos (Plymouth, Porthsmouth, Darthmouth, Lewes, Folkestone), además de "pasear" de nuevo por la isla de Wight. Los barcos españoles recuerdan a los ingleses las letales incursiones vikingas de la época anterior.

Los ataques siguen ininterrumpidos, mientras los ingleses tratan de reunir más flotas y mejoran sus sistemas de defensa costeros, pero nada detiene a esos demonios castellanos. Es entonces cuando Fernando decide golpear al mismísimo corazón del orgullo inglés: tras arrasar de nuevo la costa, se dirige al este y remonta el Támesis en dirección a Londres. Llega muy cerca, hasta el pueblo de Gravesend, lo toma y lo incendia. Las llamas pueden observarse perfectamente desde la Torre de Londres, y el rey debió de sentir muy de cerca el acero de las espadas españolas. Así lo narra Pedro de Escavias: "E de allí, enbióbeyntegaleas en ayuda del rrey de Françia, con don Fernán Sánchez de Tovar, su almirante, los qualesfizieron gran guerra aquel año por la mar a los yngleses. Entraron por el río de Artamisa, fasta çerca de la çibdad de Londres, donde galeas de enemigos nunca jamás entraron".

"Dónde nunca jamás entraron", pues, efectivamente, ningún enemigo volvió a hollar el Támesis después de Fernando Sánchez de Tovar. Por desgracia, Fernando tenía otras batallas que librar por su rey y su nación, así que abandonó la aún más difícil empresa de atacar el mismo Londres y retornó a España, donde dio su vida en el asedio de Lisboa, cuatro años después, que ayudó a tomar para Castilla como ofrenda y muestra de cómo vivió: invicta y honorablemente.


Investigaciones realizadas por:
Javier Díaz Arbolí

Fuentes: Real Academia de la Historia, Wikipedia, Youtube

15.3.23

Álvaro de Bazán y Guzmán, Capitán General de la Mar. Marqués de Santa Cruz. Granada, 12-XII-1526 – Lisboa (Portugal), 9-II-1588.



Almirante de Felipe II. Hijo primogénito del armador y general del mar del mismo nombre y al que conoce la historiografía como Álvaro de Bazán, el Viejo, y de Ana de Guzmán, hija del conde de Teba y marqués de Ardales. Se crió en las casas de los Bazán en Granada que ocuparon una manzana en el entorno de Reyes Católicos-Plaza Isabel la Católica. Posiblemente haya sido el más grande marino que ha dado la Armada Española.

Desde su infancia tuvo Bazán relación con el mundo marítimo mediterráneo, viviendo en Granada pero en continua relación con Gibraltar, base de las Galeras, de cuyo castillo fue nombrado alcaide perpetuo a los nueve años (2 de mayo de 1535), aunque bajo la supervisión paterna hasta contar con edad y juicio suficientes para regirlo efectivamente. Debía de ser ya muy prometedor, pues así se expone en la cédula de concesión, pero se atendía una vez más a premiar méritos heredados “acatando vuestra suficiencia y habilidad y los muchos y leales servicios que el dicho vuestro padre nos ha hecho, y esperamos que vos nos haréis [...]”.

Fue el primero en usar galeones de guerra, la utilización por primera vez de la infantería de marina, los famosos tercios del mar, para llevar a cabo operaciones anfibias... fue clave en la victoria de Lepanto o en la ofensiva contra Túnez, sin olvidar la batalla de la isla Terceira en la conquista de las Azores, la toma de Lisboa y otras muchas.


Nombrado en 1540 Álvaro de Bazán, el Viejo, capitán general del mar Océano con competencia “sobre la guarda del mar del poniente de España, que es desde el estrecho de Gibraltar, hasta Fuenterrabía”, su hijo embarcó con cargo en su armada desde 1542 y asistió dos años después al combate naval de Muros (25 de julio de 1544), en el contexto de la guerra entre Carlos V y Francisco I que finalizó con la paz de Crépy. Tras el saqueo de Lage, Corcubión y Finisterre por parte de una armada francesa al mando de Monsieur de Sanna, ésta fue derrotada por Álvaro de Bazán que apresó veintitrés naves enemigas.

Durante el combate, la capitana de España, donde iban embarcados padre e hijo, embistió a la de Francia y la echó a fondo, rindiendo a continuación a una nao que venía en su socorro. El vencedor se dirigió por tierra a Santiago a dar gracias, y quedó Álvaro de Bazán, el Mozo, con sólo dieciocho años, al mando de toda la escuadra hasta que volvió a embarcar su padre en La Coruña.

Como respuesta a la política agresiva de Isabel I de Inglaterra, Álvaro de Bazán convenció a Felipe II en 1586 de que le permitiera organizar la invasión de aquel país, para lo que preparó un plan que, por la diversidad y complejidad de medios que requería, así como por la necesidad de salir a proteger con su armada las flotas de Indias (27 de mayo de 1587), tuvo que demorar su puesta en práctica para desesperación del monarca español, que recriminó al de Santa Cruz por ello. Cuando ya parecía todo dispuesto, una epidemia de tifus exantemático volvió a retrasar la salida de la mayor flota que habría de cruzar hasta entonces el Océano, y acabó con la vida de Álvaro de Bazán. A finales de diciembre de 1587, la división de Miguel Oquendo había llegado a Lisboa con afectados por esta peste a la que se denominó “tabardillo de pintas coloradas” y al mes siguiente se había extendido a toda la flota, por lo que hubo que evacuar a los enfermos a los hospitales de tierra. Allí los había visitado el marqués de Santa Cruz, contagiándose casi al mismo tiempo que recibía la noticia de su cese y del nombramiento del duque de Medina sidonia como capitán general.

Álvaro de Bazán otorgó testamento, la víspera de su muerte, ante Martín de Aranda, auditor general de la armada con la que había ganado la batalla de las islas Terceras, y su cadáver embalsamado fue enterrado en la iglesia parroquial de Santa María del Viso, en espera de la finalización de las obras del convento de San Francisco, fundado por él. Este traslado no pudo efectuarse hasta 1643. Abandonado este convento al ser desamortizado, se restituyeron sus restos a la Iglesia (22 de julio de 1836) y en 1863 se rehízo su enterramiento. En 1988 se trasladaron finalmente a la capilla del inmediato palacio, que continúa siendo propiedad de los Bazán y actualmente alberga el archivo histórico de la Armada, que lleva su nombre.

No es demasiado conocido, para el gran público, fue un granadino de pura cepa. No ha habido otro hombre de océanos con mayor y mejor hoja de servicios en la Historia de España. Nadie como él conquistó tantas islas, ciudades y apresó tantos barcos enemigos. Fue fiel servidor de Carlos V y Felipe II, cuando la Armada española era de las más respetadas y temidas. Fue él quien convenció al rey de que había que invadir Inglaterra. Precisamente murió en Lisboa mientras preparaba la flota que había de conquistarla.


Fuentes: Real Academia de la Historia
Wikipedia
Youtube
Gonzalo Díaz-Arbolí

17.12.21

Apuntes sobre las gestas de la historia de España. La Leyenda negra española...

¿Por qué en el país que protagonizó las mayores hazañas de la Historia y sin cuyo liderazgo ni el cristianismo ni Occidente habrían logrado sobrevivir, sus ciudadanos tienen tan mal concepto de su pasado y su presente?

¿Qué ocurre en España para que los españoles odiemos incluso a nuestro país? ¿Qué extraño sortilegio se guarece en el alma de los habitantes de esta vieja nación para que no existan autoestima ni orgullo de pertenencia?
 

La leyenda negra española es una teoría defendida por la corriente historiográfica que afirma la existencia y difusión de propaganda antiespañola. Sus defensores afirman que sus raíces se remontan al siglo XVI, cuando fue originalmente un arma política y psicológica que fue utilizada por los rivales de España, originalmente neerlandesa e inglesa, con el fin de demonizar el Imperio español, su gente y su cultura, minimizar los descubrimientos y logros españoles, y contrarrestar su influencia y poder en los asuntos mundiales.

 


Debido a que los españoles tienen interiorizada y asumida la leyenda negra, nadie creería, por ejemplo, que John Smith, el de Pocahontas, estaba basado en Juan Ortiz (un marino español cautivo por nativos americanos en Florida) , Robinson Crusoe en Pedro Serrano (un capitán español que en 1526 sobrevivió a un naufragio en un banco de arena del Mar Caribe), Mr Livingston supongo... no supongas, lo que descubrió estaba ya descubierto y documentado dos siglos antes por el misionero español Pedro Páez.

 
Darwin copió a Félix de Azara, que llevaba ya tiempo gritando lo de la evolución de las especies y la selección natural; de hecho Darwin lo mencionó en su libro, pero lo borró en la versión final.
 
James Cook encontró a los Hawahianos cocinando con cacerolas y chapurreando palabras españolas.
 
Hawai fue descubierta por el malagueño Ruy López de Villalobos a mediados del XVI, y la Antártida por Gabriel de Castilla en 1601. Pero la medallita se la puso Cook que robó los mapas españoles en Manila en 1768 y siguió el rumbo de estos para salír en los libros de historia.
 
El salvaje oeste no era salvaje, era español con pueblos y caminos españoles. Hasta el jefe indio Jerónimo hablaba español y estaba bautizado.
 
En Nueva Zelanda y Australia había descendientes españoles cuando Tasman puso el primer pié en la isla.
 
Nos hemos criado con películas donde los piratas robaban tesoros de los barcos españoles, pero la realidad es que sólo un 3% de los galeones que llegaban de América fueron robados por piratas, y él mayor botín del mar lo consiguió Luis de Córdova y Córdova, que apresó 55 barcos británicos de una sola tacada cargados de oro.
 
El impresionante gesto militar de Blas de Lezo, doblegando a una flota británica el 19 de abril de 1741, de 180 barcos, defendiendo Cartagena de Indias.
La ambición del objetivo británico iba más allá de romper el monopolio comercial en el Caribe; pretendía, cortando en dos la América hispana, sentar las bases para apoderarse de toda ella y, naturalmente, privar a España de sus caudales. Y para ello puso en pie la mayor expedición naval de la historia hasta el siglo XX.
Afortunadamente, gracias al valor y la astucia del teniente general Blas de Lezo, la brillante defensa de Cartagena de Indias dio como resultado un desastre completo para la Armada británica, que tuvo que retirarse con enormes pérdidas humanas y materiales. La derrota cayó en Londres como una bomba. Tal es así, que el rey inglés Jorge II prohibió a los historiadores toda mención de lo ocurrido, bajo pena de muerte.
 

 En 1589, los ingleses perdieron otra de más de 140 galeones al intentar atacar La Coruña. Pero sólo hemos oído hablar de la Armada Invencible y Trafalgar.

Alaska era española y Taiwan también.

Para piratas, Pero Niño, que entró por el Támesis hasta Londres, y no Drake que huyó a nado dejando a su hermano y su flota entera, que fue hundida por los españoles en el caribe.

El Gran Cañón del Colorado es una garganta gigantesca excavada por el río Colorado en el norte del estado de Arizona, hoy día en los Estados Unidos, y durante tres siglos parte de la Corona española. El primer descubridor del Gran Cañón fue un español, García López de Cárdenas, un extremeño natural de la ciudad de Llerena.
 

           Ferrer-Dalmau:  El descubrimiento español del Cañón del Colorado

La escena recoge el momento en el que López de Cárdenas se asoma al enorme tajo («entonces vimos una gran barranca») e intenta llegar al río, en 1540. Tres siglos antes de que los noreamericanos "conquistaran" el Oeste y cuatro siglos antes de que Hollywood rodase sus películas. 
 
     Ferrer-Dalmau: Cabeza de Vaca, el "primer gran defensor de los indios" 

"Nos llaman genocidas los que no han dejado un indio vivo, y nos llaman racistas los que prohibían el matrimonio interracial hasta 1967".
 
Y así un largo etc. etc. etc. de cosas que casi ningún español sabe ni le han contado.

La historia de España y del mundo la escriben los anglosajones, principalmente Inglaterra, y antes Holanda, ahora EEUU, y aquí la enseñan en el colegio como la escriben ellos...
 
Pero no olvidemos de lo que nos atañe más directamente, a modo también de punible hipocresía española. En España, entre cuyas características de conducta social pueden señalarse la ingratitud y la envidia. 
Bienvenida la recuperación de la memoria, pero que ésta sea completa, que incluya la desvergüenza de nuestro tradicional comportamiento. ¡Son tantos los casos! ¡Civiles y militares! ¡Religiosos y laicos! ¡De reyes y súbditos! …
Fuente: Internet.
Gonzalo Díaz-Arbolí

29.12.20

BLAS DE LEZO: HIPOCRESÍA INGLESA, SÍ; ESTULTICIA RENCOROSA ESPAÑOLA, TAMBIÉN.

 Cartagena de Indias 1.741: Más que una victoria.

Es un buena ocasión para recordar las hazañas del héroe nacional Blas de Lezo y Olavarrieta (también conocido como el Almirante "patapalo" .

El insigne marino guipuzcoano residió con su familia en el número 70 de la calle Larga, de El Puerto de Santa María, en el año 1736 y su viuda e hijos permanecieron en la vivienda hasta el fallecimiento de la mujer, Doña Josefa Mónica Pacheco Bustios, pertenecía a una familia de hacendados del valle de Locumba, en el reino del Perú, donde nació el 6 de mayo de 1709; en el año 1743 fue enterrada en el Convento de Santo Domingo, situado en la calle del mismo nombre.  En El Puerto fue conocida como "La Gobernadora".


Su elevación a la máxima categoría de héroe español por la victoriosa defensa de Cartagena de Indias, el gesto militar del 19 de abril de 1741, frente a la “formidable flota jamás vista en la historia” (a excepción de la utilizada en el desembarco de Normandía), al mando del Almirante inglés Edward Vernon, que estaba formada por 195 navíos, 3.000 cañones y unos 25.000 ingleses apoyados por 4.000 milicianos más de las colonias norteamericanas, mandados éstos por Lawrence, hermanastro del que sería Presidente Washington.


Nos hemos venido preocupando desde entonces de la ‘leyenda negra’, de la ‘maldición del inglés’ a Lezo, de la hipocresía de los políticos desde el ya entonces Reino Unido celebrando la victoria (?) y acuñando monedas conmemorativas. Sí, una desvergüenza, ¡cómo no!
Pero nos olvidamos de lo que nos atañe más directamente, a modo también de punible hipocresía española, de la lamentable conducta de entonces perpetuada hasta los aledaños del presente. Debemos recordar la actuación nefasta del virrey Sebastián de Eslava, quien, al menos presupuestamente por celos profesionales, no soportando la magnitud del triunfo de su subordinado. Tras acabar la guerra, escribió un diario atribuyéndose la victoria contra Inglaterra, falseando datos, que envía a primeros de junio al Rey y días más tarde le cursa una carta pidiendo el ajusticiamiento de Lezo. Don Blas muere, tras una epidemia de peste, en septiembre de 1741. Y aún más, se le entierra en una tumba desconocida y sin el reconocimiento merecido. En la actualidad se busca el lugar donde reposen sus restos.

Obra del pintor, Juan Herrador Granero

En España, entre cuyas características de conducta social pueden señalarse la ingratitud y la envidia, Lezo sería olvidado. Bienvenida la recuperación de la memoria, pero que ésta sea completa, que incluya la desvergüenza de nuestro tradicional comportamiento. ¡Son tantos los casos! ¡Civiles y militares! ¡Religiosos y laicos! ¡De reyes y súbditos! … Y a todo lo largo de la historia. La culpa principal nos corresponde a nosotros. El caso de Blas de Lezo sólo es paradigmático. Pero no miremos a Inglaterra. ¡Ya está bien!

Francisco González de Posada
Dr. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, y en
Teología, Filosofía, Sociología, Medicina y Filosofía Hispánica
Extracto de una de sus conferencias

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 Pulsar AQUÍ, para descargar un Comic sobre de Blas de Lezo,