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17.9.26

Concesión del título: "Vejeriego Migrante"

Calle José Castrillón 9. Con parte de mi familia en la casa donde nací
 y viví hasta los 22 años. 19 dic. 2025

Hace no sé cuánto tiempo estoy queriendo, -esto debe ser un solecismo vejeriego de lo contrario es una infracción a la lengua española- (Antonio Muñoz), lanzar la siguiente idea: Establecer el título de “Vejeriego Migrante”. Se concedería a toda aquella persona que se encuentre lejos de su patria chica y haya dado pruebas de estar muy unido a ella en espíritu. Seguro estoy de que este título les haría sentirse aún más vejeriegos. 
Para ello se podrían añadir a los galardones que se conceden cada 24 de octubre con motivo de la Conmemoración del día en que Vejer fue declarado ciudad.  

Para mi Vejer, es un sentimiento permanente en el corazón y, los vejeriegos/as un intercambio de latidos. ¡Cuántas veces soñado! Y sueño con la bondad de sus gentes, bien formadas y con actitud a creer y querer contribuir a su desarrollo . Recuerdo una frase de Paulo Coelho: "La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante".  

Hoy, he vuelto a mi pueblo y he visitado los lugares de mi infancia y adolescencia que, a pesar de visitarlo con cierta frecuencia, me siento un forastero o mejor un fantasma que vivió muchos años y que ahora camina por un mundo que le es ya casi ajeno.  Las casas, las calles, los rincones tan queridos en otros tiempos y la Plaza de la Iglesia ¡Ay! La Plaza de la Iglesia, de tantos recuerdos que, a veces tengo la sensación de haber vivido muchos, muchos años, casi un siglo de historia, o quien sabe si más; ya no me quedan amigos, apenas tres o cuatro, y evoco a los ausentes y creo que camino con ellos, con una tristeza que duele. Pero al menos no han muerto a manos del olvido. Esta sensación de estar fuera del tiempo, no solo existencial sino también histórico agrava el sentimiento de extranjería que me asalta cuando vuelvo, pero que definitivamente siempre me despierta sensaciones inolvidables de amor y cariño con un aviso lleno de nostalgia.

Llegué muy temprano. ¡Ahora! ¡ahora!, iba yo diciéndome con los ojos fijos en la carretera, y al revolver la primera curva, me encontré de golpe con su esplendorosa presencia, no había en el mundo lugar más bonito que aquel  en lo alto de la loma. Hasta entonces el paisaje había sido monótomo y callado y ahora se hacía expresivo y locuaz. Tenía que recordar tantas y hermosas cosas. Caminé por las calles de mi infancia, de mis juegos: Corredera, Colegio del Divino Salvador, José Castrillón, Arco de la Segur…(lugar mágico de recuerdos y emociones). Evoqué con nostalgia otros tiempos, las oportunidades que la inocencia dejó pasar y tuve la sensación de que la vida, en realidad, fueron aquellos años fundamentales en que empezábamos a mirar la existencia; la luz de la adolescencia es, en verdad, la que nos acaba iluminando siempre.


Pertenezco a una generación que tuvimos que encontrar nuestro futuro lejos de nuestro lugar de nacimiento. Siempre he llevado a Vejer en el corazón y la boca, transmitiendo por todas partes sus valores éticos; valores como la amistad, la lealtad, la generosidad y solidaridad, el compromiso, la humildad... Todo ello aprendido en Vejer, en la casa de mis padres. 
Pero alejarse no es olvidar, porque en realidad el tiempo de los pueblos permite que la vida de unos esté indisolublemente unida a los de otros, quizás porque todos somos uno.
Es un orgullo pertenecer, a este rincón del planeta lleno de historia y de cultura, e invitamos a sus residentes y a la diáspora expandida por el mundo que, lo llevamos como embajadores donde quiera que vayamos, a que encontremos en Vejer ese bello lugar donde merece la pena estar en cualquier época del año.

Qué hermoso resulta para un “migrante” volver a escuchar las voces amigas, volver a oír tu nombre pronunciado por alguien que te recibe con un cálido abrazo, que te hace reordenar ideas y descubrir alguna de las virtudes y secretos de tu mundo interior y saber que la amistad de aquella época sigue vigente setenta años más tarde.

A lo largo de mi ausencia de Vejer, me han preguntado: de dónde soy y siempre he respondido: Corría el año 1943, eran mis primeros recuerdos infantiles, y me veo al lado de mí padre en el Santo (el lugar de mayor altitud de Vejer) lanzando una pandorga. Era una tarde azul. Y me enseñaba a elevarla. Desde entonces sé muy bien cuál es mi patria, mi gente y mi paisaje.

Acuarela del dibujante y arquitecto, Carlos Hurtado Casanova

Rainer María Rilke, poeta austriaco, afirmaba que “La infancia es nuestra verdadera patria, donde nos reconocemos, donde nos encontramos; es un sentimiento positivo, primario y prácticamente inevitable de amor y de justo orgullo a nuestro terruño. 
La ambición humana, la del corazón es la que me lleva a reivindicar mi condición de vejeriego que me honra, que con orgullo, amor y altruismo llevo conmigo desde que nací.
Puedo proclamar que en ninguno de los sitios que he visitado se me ha despertado el más mínimo de los sentimientos como los que experimento cada vez que vuelvo a mi pueblo: Vejer de la Frontera de todas las fronteras, porque las tiene entre mar y tierra, entre moros y cristianos, entre llanuras y montes, entre la realidad y el sueño. 
Cuando mi padre fallece (noviembre de 1,966) y mi familia abandona Vejer, (aunque consideramos que nunca nos fuimos completamente del todo); el más pequeño de mis hermanos, Javier, era todavía un niño. Después de unos años de ausencia volvió un verano y escribió este poema, que para nosotros simboliza la añoranza, sentimiento tan humano y que, como mencioné anteriormente, emana del respeto y gran amor por nuestro pueblo que siempre nos inculcaron mis abuelos y padres.
Sí, echamos de menos a Vejer, sus gentes, sus calles y la grandiosidad del paisaje que vemos desde la Corredera. Al final, el corazón se nos va a su querencia.

Orgulloso y altivo, así eres tú.
Y en tu cima de pinos y de piedras
donde el viento es libre y la luna
esparce su argentada aura,
fui aprendiendo a vivir de forma placentera.

Adoré tu belleza, tu luz y tu silencio.
Adoré tu noche intensa y estrellada.
Adoré tu cielo impasible de septiembre,
y te adoré a ti, en la paz de tu mirada.

Te dije adiós un día de noviembre,
y ya en la despedida se me rompía el alma,
por el miedo a no verte eternamente,
y perder esa quietud tan bien amada.

¡Y ahora! ¡Este verano!
Cuando el alba serpentea entre los pinos,
y aparece la luz, y las sombras entrecortadas
dan paso a la mañana,

tú, te perfilas puro
y a contraluz del infinito
tienes aire de cruzado solitario,
donde se oyen rumores, que despiertan,
recuerdos ya olvidados.

Tu silencio,
que llena de sonidos
las calles soleadas y las umbrías,
hacen renacer las esperanzas
de un reencuentro,
entre el que soy y el que ya he sido.

Porque, el volver a ti,
después de tanto tiempo sin tenerte
¡Después de una búsqueda infinita,
de un lugar que pudiera parecérsete!
es encontrar de nuevo una mirada,
de gozo de amor y de ternura.
De un embrujo que te hiere y que te mata,
y que a su vez, te ofrece su hermosura.

Ya si puedo esperar pacientemente
El momento en que al fin todo es resuelto.
Pues mi alma feliz es nuevamente,
y el amor que puse en ti, me lo has devuelto. 
Javier Díaz Arbolí 1982

Vejer es uno de esos pueblos de los que, cada crepúsculo se despide con el inconfesado temor de que, durante la noche, se haya ido volando como un bando de grullas.

Hacer clic sobre la imagen para visualizarlo
       Vídeo de fotos que tomé en un fin de semana de estancia en Vejer en 2013.
           
Gonzalo Díaz-Arbolí
Académico de Bellas Artes Santa Cecilia
28 de julio 2024

10.8.26

25 de agosto, San Luis Rey de Francia. En memoria de mi madre, Luisa Arbolí .

 La Madre es ese ser que ama a su hijo tal como es, aunque no sea como ella quisiera

León Tolstoi. Escritor ruso, 1828-1910


Nació el 17 de junio de 1909, en Chipiona, hija de José Arbolí Navarro y de Ana María Romaríz García. Tuvieron tres hijos, fue la más pequeña, siempre la llamaron "La chica". Murió el 27 de diciembre de 1979, en Cádiz.
Llegó a Vejer en 1923 con 14 años, su padre había sido destinado como secretario en propiedad del Ayuntamiento de Vejer de la Frontera.

Cuentan las crónicas sociales de aquella época que, la señorita Luisita Arbolí con sus 18 primaveras, tenía muchos admiradores, pero en contra de la voluntad de sus padres, se enamoró locamente de Pepito Díaz; las razones: sus ojos verdes y unas larguísimas pestañas negras que parecían pintadas, buen deportista, futbolista profesional y un buen pianista.

Con 22 años contrajo matrimonio con José Díaz Muñoz de 26 años, el 12 de enero de 1932 en Vejer. Tuvieron nueve hijos. En realidad fueron más, uno llamado Servando que murió con cinco meses y un aborto de mellizos. Después nombraron a otro Servando ya que por tradición en todas las familias Arbolí se repite este nombre.
Nunca podré, queridos padres, agradeceros el regalo de la vida. Gracias a ello he podido conocer a 4 hijos y 6 nietos maravillosos. ¡Merece la pena vivir!





Y hoy, me arrepiento, en lo más hondo de mi alma, de no haberte dicho más veces te quiero, de no abrazarte, de no besarte, de no ayudarte lo suficiente; de no haberte valorado, de no haberme dado cuenta de la entrega y del sacrificio extremo que hiciste por tus nueve hijos; de no contarte mis sueños, de no haberte preguntado por los tuyos, de tantas preguntas y ansiadas respuestas que se quedaron demoradas en el sendero de mi adolescencia y juventud. Y siento con intensidad y tristeza, no haber sido consciente de mi responsabilidad y que, mi más sentido y ardoroso último beso ya no pudieras percibirlo.
Hoy, llegado el momento en que ya no hace daño la vida que se pierde, sigo añorando tu dulzura y tus caricias, ya irremediablemente perdidas. 

Su manera de querer y, sobre todo, de amar a su familia nos enseñó lo que de verdad importa. Ahora sus hijos estamos unidos por ella. Y a sus 31 nietos le quedan tantos momentos de cariño que les recordarán cuanto los quiso.


Su amor seguirá siendo nuestro refugio y nuestra fuerza. Y todo lo que nos dio seguirá uniéndonos, porque mientras permanezca en nuestros corazones, ella seguirá estando con nosotros.


Recuerdos los olores: El aroma de la alhucema automáticamente me transporta a la infancia, me recuerda tu ternura, cuando me bañabas y el rezo del “bendita sea tu pureza…”ese olor que lo impregnaba todo como no creo que exista otro igual.


También el olor del jazmín de la maceta del balcón del comedor de nuestra casa en Vejer, especialmente en las tardes de primavera y verano cuando permanecía abierto todo el día. El recuerdo del aroma que llenaba aquella mesa grande para nueve hermanos, la abuela Ana y una de sus hermanas, Tití, que nos visitaba con mucha frecuencia. Papá esperaba a las dos en punto para que todos estuviésemos sentados alrededor de la mesa, solo Servando era capaz de llegar tarde y después de la reprimenda su respuesta le arrancaba una sonrisa cómplice, Manolo, el Cid Campeador como le llamaban mis hermanas y, con el ánimo por las nubes por el título, bajaba todos los días al portal la basura en la oscuridad de la noche, a cambio pedía siempre para comer a mediodía patatas fritas con huevos. También en las peleas entre hermanos, sobre todo M.Carmen y Servando. M.Carmen tenía una frase mágica que utilizaba en casos extremos: "Servando como te pareces a Omar Sharif". Y se producía el milagro: "de verdad hermana". Discusión resuelta y vuelta a las risas...Desde aquel balcón vimos un día, asombrados, a Javier con ocho años, a lomos de un enorme elefante anunciando un circo que por aquellos días actuaban en el pueblo. ¡Cuántos recuerdos!

Mientras hice el servicio militar, llegaba los viernes por la tarde, en el "coche de la hora" a pasar el fin de semana en casa, cuanto más me acercaba al hogar, el olor del puchero que a diario hacía mamá, se acrecentaba y al subir la escalera lo inundaba todo. 

Mis hermanas haciendo las tareas de la casa, -nunca aprendí a hacer una cama-. Las sacrificadas y heroínas jóvenes de entonces. Eran otros tiempos, felizmente hoy superados.



No te detengas en mi tumba a llorar.
No estoy ahí, no estoy dormida.
Soy los mil vientos que soplan,
soy la suave nieve que cae,
soy la suave lluvia de otoño,
soy los campos de granos maduros,
estoy en el silencio de la mañana,
soy el rápido impulso ascendente
de hermosas aves en vuelo circular.
Soy las estrellas que brillan en la noche,
estoy en los pétalos que florecen,
en los pájaros que cantan,
en cada pequeña cosa.
No te detengas en mi tumba a llorar.
No estoy ahí, no he muerto.
POEMA. De Mary Elizabeth Frye

Gonzalo

2.1.26

Relato breve de las vivencias de José Luis Meléndez en su refugio de Olivenza

 

Desde nuestro refugio oliventino, asentado en la ladera de la Sierra de Alor, en el antiguo enclave de Santo Domingo de Guzmán se asienta un valle antiguo y mágico hasta Táliga, —un corredor natural suavemente encajado entre lomas— conocido desde siempre por su microclima benigno y su fertilidad, donde los vientos son suaves y la tierra responde al hombre con generosidad. El paisaje se despliega como un palimpsesto de siglos, hoy silenciosas. Fueron escenario de una historia densa y fronteriza, marcada por la fe, la guerra y los tratados y se caracteriza por su valor estratégico.  No es casual que, tras la conquista cristiana de Badajoz en 1230 por Alfonso IX de León, este territorio entrara en los procesos de reorganización y repoblación que definieron la frontera occidental peninsular. Desde entonces fue tierra de guarda y paso, frontera viva entre reinos y señoríos.


Durante los siglos XIII y comienzos del XIV, el valle formó parte de los dominios de la Orden del Temple, fundada en 1119 y suprimida en 1312 por el papa Clemente V. Los templarios administraron estas tierras como espacio de defensa, tránsito y explotación agraria, dejando una huella profunda en la ordenación del territorio, los caminos y los límites jurisdiccionales. Tras la disolución del Temple, muchas de sus posesiones pasaron, en el ámbito portugués, a la recién creada Orden de Cristo en 1319.


El destino del valle quedó definitivamente ligado a Portugal tras el Tratado de Alcañices de 1297, que fijó de manera estable la frontera entre los reinos de Castilla y Portugal. Olivenza, Táliga y su entorno permanecieron bajo soberanía portuguesa durante más de cinco siglos, hasta 1801, cuando el Tratado de Badajoz, en el contexto de la llamada Guerra de las Naranjas, alteró de nuevo el equilibrio fronterizo. Ya  no fue raya fija, sino tierra de trato, de guerra y de alianzas mudables. Más quedó en el valle la memoria de lo pasado, que no se borra con escritura ni con decreto.


Aún hoy, en la quietud del paisaje, persiste el recuerdo de aquel tiempo largo: una frontera que no fue línea, sino territorio vivido; un valle donde la historia no se impuso de golpe, sino que se sedimentó lentamente en la piedra, en los caminos y en la luz cambiante de la Sierra de Alor.


Idea e imágenes de José Luis Meléndez
Desde su refugio Oliventino

Así, esta tierra y su historia se revelan como un espacio donde pasado y presente dialogan en silencio. La dehesa extremeña, con su mar verde de encinas viejas y solitarias, no solo dibuja un paisaje, sino una forma de entender el tiempo: pausado, profundo y lleno de memoria. Un lugar donde la historia permanece viva y la paz se respira como parte esencial de esta región.


29.7.25

Santiago Ramos Plaza: el poeta alcazareño que no merece este silencio

 



El pasado 25 de julio celebramos la fiesta de Santiago, el apóstol y patrón de España. Cada año, mucha gente se une a esta celebración, pero hoy quiero hablar de otro Santiago.

Uno que no hizo el Camino ni llegó a Compostela. En lugar de eso, era viajero habitual en el “correíllo” y caminaba por su pueblo con libretas llenas de poesía, donde plasmaba versos sencillos llenos de verdad. Era un poeta que hablaba y escribía con verdadero amor a Alcázar de San Juan, usando plumas de la imprenta Mata.

Cantaba a su gente, a esas caras que había conocido siempre, a las historias de infancia y a las largas tardes; a las calles que lo vieron crecer y al paisaje que lo abrazaba. Un poeta manchego, con voz humilde y mirada limpia que algunos lo nominaron “poeta del pueblo”, desconociendo que, en realidad, su poesía es universal. Nunca buscó premios ni fama: se entregó por completo a sus versos, dejando su alma en cada palabra, sabiendo que tenía que darlo todo.

Sus poemas reflejan el amor profundo que emanaba de su espíritu por su gente y por la tierra que lo vio nacer, con una sensibilidad que no se aprende: se lleva dentro. Y, como suele pasar con quienes aman de verdad, parece que ha quedado en el olvido.

Santiago no murió solo una vez; también murió cuando su pueblo dejó de pronunciar su nombre. ¿Qué queda de él ahora? ¿Dónde está ese reconocimiento natural para quien dejó tanto en sus versos? ¿Por qué no hay homenajes, ni placas, ni calles con su nombre? La respuesta está en el silencio: un silencio que nace de la indiferencia y de nuestra costumbre de olvidar.

Una parte de su cuerpo descansa bajo tierra, junto a Doña Acacia. Sus poemas, en cambio, permanecen guardados en rincones que nadie visita. Y pocos, se toman la molestia de recordarlos. Hacerlo no es solo justicia para él, sino también una forma de reconocernos a nosotros mismos. Porque en sus versos estamos también nosotros.

Si dejamos que se pierdan, una parte de lo que somos también lo hará. Nuestro querido poeta no escribió para ser recordado, pero eso no quiere decir que debamos olvidarlo. Al contrario, al hacerlo, de alguna forma, nos recordamos a nosotros mismos.

Antonio Leal Jiménez
Académico de Santa Cecilia


14.4.25

Fábula de un primer amor


Transcurrían los años cincuenta del pasado siglo, aquellos tristes años de la posguerra española.

Elena, una adolescente de trece años preciosa, llena de alegría, de risa fácil, viveza,  adelantada a su tiempo, con una noción muy clara de lo que quería, caminaba diariamente por las mismas calles en su camino al Colegio del Divino Salvador.

Javier, un adolescente espigado de catorce años. No contaminado aún por la condena del pan y del sudor. En esa edad en que aún somos naturaleza. Apasionado por la música, soñaba con convertirse en un famoso pianista. A pesar de las dificultades Javier mantenía viva su pasión por la música y compaginaba sus estudios de bachillerato con las clases que tomaba en horas extraordinarias de su abuelo profesor de música. En sus tardes libres paseaba solo por el silencioso parque de Las Quebradas donde reflexionaba sobre sus problemas: sus estudios y futuro, lástima que no se conserven los  versos y las palabras que escribió para Elena. Esas palabras que han intervenido en todos los sueños, palabras que nos sobrevivirán y hablaran por nosotros cuando hayamos muerto.  Las ilusiones perdidas que, cómo las ilusiones que se pierden no suelen ser reemplazadas por otras.  Reflexionaba en cómo su mundo, propio e irrepetible, con sus minucias de sucesos se perderían con él. Algo único y prodigioso muere irreparablemente con cada un de nosotros.


Elena y Javier estudiaban en el mismo Colegio. Hablaban sobre los libros que habían leído sentados en la Plaza de España, compartían sus sueños y esperanzas de futuro, junto a las confidencias recíprocas o las promesas que se disipaban con el mismo candor que las pronunciaban. El recuerdo inolvidable de un vestido camisero a rayas blanco y rosa. Entre risas y conversaciones profundas, comenzaron a enamorarse. (La risa la definía, contagiaba su felicidad).


Cada encuentro se convertía en un oasis de felicidad. Cuando una hora parece un segundo.


Pero el amor de Elena y Javier no era fácil. Los tiempos tristes y sombríos de la posguerra había sembrado divisiones y resentimientos en la sociedad, y sus familias no estaban exentas de ellos. Aun así, parecía que su amor era más fuerte que cualquier barrera.
Asombra pensar como ha cambiado el mundo en tan poco tiempo. Los recuerdo llenos de rencor y tristeza, pero también de cierta ataraxia, como si la calma fuera el único refugio posible. 
Creo que fue entonces, al conocerlos, cuando lo vi todo con claridad: aquella historia no era solo la suya, sino también la nuestra, la de un país que intentaba recomponerse. Me sentí como quien se asoma furtivamente a una ventana para descubrir a esa clase de terratenientes que vivían ajenos al dolor común, envueltos en su esplendor y abundancia, pero que al fin y al cabo eran solo ignorantes camperos cargados de dinero. La memoria de lo vivido no se acaba nunca.
Como en todas las vidas, en la mía ha habido unos cuantos momentos esenciales, deslumbrantes de tan reveladores, que arrancan del alma las verdades más hondas y recónditas. Son instantes que te dicen más de ti mismo y del mundo que todos los libros y la sabiduría de los maestros, y que ya no te abandonan.
Porque el viaje al pasado tiene mucho de mágico; en sus remotos y azarosos parajes habitan, sin duda, las sirenas y todas las maravillas que se quedaron sin vivir, pero que aún palpitan en lo más hondo del corazón. Y es que, a veces, el pasado no acaba nunca de pasar…


Evocación de las lejanas vivencias del ayer y sus momentos felices: Los paseos en pandilla a los Pinares de la Barca o a las Huertas del Pago de Santa Lucía lanzándonos por la vereda de los valientes; las niñas, con su típica sagacidad, dejaban solos a las parejas que se atraían; en una ocasión para llegar a la cima Javier tomó de la mano a Elena y el sentimiento fue como un regalo divino, era el placer. Pese a la singularidad de la época que nos tocó vivir y  represión moral a la que estábamos sometidos en aquellos años. Hoy, lamentamos profundamente los besos y caricias robados por la estricta censura eclesiástica y social de aquella época. En aquellos hermosos días, se vivía un amor, casto, delicado, romántico, un amor cándido y lleno de ternura pero, con el corazón enardecido. Solo bastaba mirarnos, eso era todo. 

Pero el destino siempre tiene sus propios planes. Quizá el orgullo eligió, sin querer, lo menos doloroso y fue el culpable del abandono de tanto amor, y así la oscuridad les llevó a los recuerdos tratando de alejar los sueños sin conseguirlo.

Pasaron los años, Elena y Javier luchando contra las adversidades, a pesar de la distancia, nunca olvidaron el primer amor que encontraron el uno en el otro.

En la historia de los primeros amores, puede ocurrir que el anhelo de ayer no nos inspire ya otra cosa que un poco de nostalgia, de tristeza por algo que en su día fue intenso y aspiraba a ser definitivo, y que al cabo solo nos dejó el testimonio hiriente del tiempo que se fue, y la alegría maltrecha de un entonces que, a pesar de todo, se obstina aún en palpitar.


¿Quién decide el destino? ¿Por qué un amor tan firme no resistió el desafío de la vida? ¿O son las circunstancias? En una época fueron los más felices del mundo y esa etapa lo confirmó.


La vida es ese rastro de recuerdos que deja

el estallido del amor primero,

cuyo resplandor se va acumulando en el alma.

Pasa el implacable tiempo que quisiera detenido,

más, a pesar de todo, se obstina aún en sus latidos.


Reflexión
Desde hace mucho tiempo, vengo planteándome esta cuestión: si miramos atrás en esta romántica historia, ¿cómo contemplamos el pasado?, ¿con los ojos de entonces o con los ojos de este momento ? ¿tendremos  hoy las mismas convicciones para valorar hechos o acontecimientos del pasado, que hace setenta años?
Puede que la nostalgia esconda un sentimiento más de “vida que se acaba” que de recuerdos de un tiempo que fue mejor. Antes, no era consciente del fin próximo; el futuro aparecía como frontera muy lejana. Ahora, el tiempo vuela, nos queda menos…y lo sabemos, y todo el pasado se vuelve bello y amable. 
La memoria es la manera de retener lo que amas, lo que eres, lo que nunca quieres perder.

Siempre quedará el torrencial gozo que ya solo existe en la memoria durante el tiempo atemporal de la ilusión y el tiempo oxidado por las horas de la rutina, sintiendo ahora, al repensar esos recuerdos, la cercanía y la brisa cálida de quien se recrea en sus propias vivencias. Todavía vibra el corazón en los mismos acordes del tiempo que se fue.

Adios a la juventud, a mis sueños, a mis errores...¡Dios mío!


Ayer leí una bonita reflexión que anoté: «El camino hacia adelante siempre existe, y con cada paso que des, la niebla se irá disipando poco a poco. Cruzar la niebla requiere coraje y fe, que provienen de la confianza en tus habilidades y la esperanza en el futuro. Incluso si no puedes ver claramente el camino, da el siguiente paso.» 



Corte de la película "Rojo y negro"
Con nostalgia
Gonzalo Díaz Arbolí

19.2.24

Primer aniversario de la muerte de, Eugenio Martínez Orejas, que está en el Cielo.

El próximo día 26 de febrero de 2024 a las ocho de la tarde, se celebrará una misa, por su alma, en la Basílica Menor Ntra. Sra. de Los Milagros, por el alma de nuestro añorado amigo, Eugenio.

  En memoria del amigo que tanto brilló. 

…pero miraré como perdido el tiempo de tu ausencia. 
Si al contrario, como le pido a Dios, han ido creciendo tus virtudes 
al paso que te acercas más a tu patria, - la Tierra de vides y de aromas -, 
semejante al río que toma notable incremento al paso que llega al mar

Ha pasado un año desde que te fuiste y tu luz nos sigue iluminando en la tertulia.
Eugenio fue un premio para mí, tenerte como amigo.
Julio de la Rúa
 Eugenio ya disfruta en la nueva tierra de vides y de aromas… 
                            
Avanzamos desde lo oscuro mientras hablamos de la vida y de la muerte.
Ya ha pasado un año desde que recibimos aquella tristísima noticia que nos produjo tanto dolor.
A medida que han pasado los meses pensamos que la noción de la muerte, el hecho de que algún día moriremos la conocemos desde siempre, pero cuando ocurre, es difícil aceptar la realidad y tomamos conciencia de la relevancia de cada uno de los instantes que forman nuestra vida...
Tertulianos en la actualidad

Cuatro de estos tertulianos ya no está con nosotros

Tuvimos la suerte de conocerlo y disfrutar de su amistad desde que se trasladó desde Barcelona a El Puerto de Santa María.
Sabemos de su extraordinaria formación académica, de una intensa y rigurosa formación filosófica, y una auténtica personalidad humanística. Difícil hablar sobre alguien al que su modestia le niega ser conocido y reconocido. Era una persona que no se dejaba tentar por la vanidad, no hacía alarde de su sabiduría, antes al contrario, aprendió de Santo Tomás de Aquino que, es más bello iluminar que brillar.

Vamos a recordarlo a través de sus poemas:
¿Qué podemos escribir de un hombre de espíritu tan poderoso? ¿Dónde están las palabras? 
En el reposo de su jubilación se sentía feliz con el sosiego que da el estudio, el encuentro con uno mismo, el recogimiento y los pensamientos.
Durante este periodo realizó una selección de sus poemas que recopila en su libro “Huésped conmigo”, poemario intimista, cálido, sincero; escrito respetando los cánones tradicionales del metro y de la rima.
El segundo poemario, "Desde la caverna sin distancia" nos sorprendió con una virtuosa creación inscrita en una fina sensibilidad, fruto de largas reflexiones que han reactivado todo el conjunto de valores conservados gracias a su formación intelectual en la búsqueda de Dios por la vía de la interioridad. Eso además de la hondura en el contenido, las referencias filosóficas y mitológicas constantes y un escepticismo vital lo acercan mucho a la estética del Barroco.
El libro es todo un tesoro de misteriosos significados y raras intuiciones, que dan fe de que nuestra existencia no fue del todo en vano.
Al iniciar la lectura, ya, el epígrafe cronológico nos impresiona: ”En todos los lugares palpita nuestro enigma,. Somos los inocentes y crueles juguetes de la vida. Hasta que un bruto alazán nos descabalga de su grupa, antes de llegar a los abismos donde se sientan los jueces, que ordenarán sus destinos de recompensa o castigo”.

Estas son algunas de las estrofas del luminoso poema que cierra su segundo poemario: “Hacia la nueva tierra” de una espiritualidad y misticismo que trasciende la religión…

Dirige el curso, en capitán, la alondra
a través de las grietas de las horas,
de espacios palpitantes, de torrenciales norias
hacia la nueva tierra de vides y de aromas…

Al fulgor de la vida no hay gracia que lo iguale,
aunque jamás podamos prolongarle un instante,
porque al gesto solemne de un yo con sus perfiles
el ardor de la frente lo acompaña en sus límites
como domada fiera, como amansado buitre….

Sigue ordenando el curso, hasta el final, la alondra
y al hombre oscuro desde su raíz luminosa.

Pero dirige el curso, en capitán, la alondra
hacia la nueva tierra de vides y de aromas.
Algo ondea en el agua del jardín
que va gritándole a los cielos, sí.

Poema: Eugenio W. Martínez Orejas. Música: La mañana, Peer Gynt – E Grieg. Voz: Flora Díaz-Arbolí Hurtado

Los poetas utilizan la metáfora como recurso literario, las metáforas en los poemas ayudan al lector a comprender y entender mejor el significado del autor.
En este poema, la vid y su fruto se emplea para vivir la vida de Cristo, vida de la gracia, que es la savia vivificante que anima al creyente y le capacita para dar frutos de vida eterna.
Según el Evangelio de San Juan (15; 1-8), Cristo empleó la vid como una metáfora para explicar la naturaleza de Su relación con quienes desearan ser Sus discípulos.
La alondra representa a Dios, un símbolo de luz y ascensión mística.
Dicho de otra manera: El canto de la alondra es el vino que nos lleva con él en la copa de oro, el valle de este mundo: la alondra son los bosques y los arroyos, los corazones de los hombres…


La lectura de este poemario proporciona una placentera satisfacción. Es original, abundan notables aciertos poblados de aromas bíblicos, filosóficos y sociales. Los poemas tienen ritmo, un cuidado formal y una riqueza léxica difícil de encontrar en los poemas que ahora se escriben. Eso además de la hondura en el contenido, las referencias filosóficas y mitológicas constantes y un escepticismo vital lo acercan mucho a la estética del Barroco. 
Teresa Moncayo

Gracias por todo lo que nos enseñaste, querido amigo.
Siempre estarás en nuestra memoria.
Los Tertulianos de Los Cántaros
26 de febrero de 2024

10.2.24

Visita a Vejer, mi pueblo.

Calle José Castrillón, 9  (mi calle) y los hermanos: Gonzalo (9 años), Manolo, Ana M., Servando y Mari Carmen.

Vejer donde nací: donde forjé amistades que duran toda la vida y donde siempre me siento en casa, sin importar cuánto tiempo haya pasado o cuán lejos haya viajado. Sus calles, sus casas, sus paisajes y las personas que conocemos en nuestros primeros años de vida dejan una huella imborrable en nuestra memoria. Los momentos felices, las aventuras y los juegos infantiles están profundamente ligados al lugar. Estos recuerdos están cargados de emociones y un sentido de pertenencia que es difícil de encontrar en otro lugar. Son a menudo ideales y se asocian con una sensación de seguridad y bienestar.
Decir "quiero a mi pueblo" no es solo una expresión de cariño, es una afirmación de identidad y raíces que trasciende el tiempo y la distancia. Es una declaración profunda de amor y gratitud. Es reconocer la importancia de nuestras raíces y apreciar el lugar que ha moldeado mi carácter.

Fotografía de Fran Basallote Marín

"Hay ciudades que parecen hechas de sentimiento, de poesía, de nostalgia; ciudades por las que circula un alma casi visible, palpable, que se adentra en ti y se funde a tu vida en un instante." Esta frase del poeta, Ricardo Molina, describe perfectamente mis sentimientos. 

La calle José Castrillón donde viví, de tantos recuerdos: los juegos infantiles, los primeros amores, el olor del jazmín que mi madre regaba en el balcón de la casa…y vuelvo a los espacios donde la nostalgia me ha devuelto: aquellos rincones queridos de mi intimidad, a la mágica fantasía donde el corazón ha cimentado el artilugio emocionado de la evocación.

Todavía, cuando lo visito conservo su belleza en la memoria de mi infancia y juventud; gracias a su luminosa cal,  paradigma del más puro blanco, que grita a lomos de ese cerro que en su cima tiene conserva aún molinos de viento.
Acaricio con mis manos la insinuante piel de la cal de sus paredes, mil veces blanqueadas con ondulaciones que alcanzan reflejos brillantes como la nieve; no me habría sorprendido ver brotar de ellas, las azuladas y sencillas flores amarillas de la retama.
Y recuerdo aquellos juegos a plena carrera por sus calles, en aquel laberinto de callejones andalusíes que nos hacían crecer fuertes de piernas y corazón, lamentablemente hoy, convertidas en un lento caminar por el peso de unas piernas envejecidas por 85 años, y a pesar de todo, su hermosura siempre me ha retrotraído, inexorablemente, al mágico escenario de mi añorada infancia y juventud.

Contemplo los castillos de la luna,
escuela de los ángeles. Vejer de la Frontera,
en la súbita nieve con que ensalzas
mis ojos al extremo de la tierra.
Frontera, sí, de arriba,
del aíre que te goza y te serena
cristalizando el vuelo de palomas
donde España concluye y se embelesa.
DIONISIO RIDRUEJO

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Las fotografías las tomé durante un fin de semana que lo visité.

Mi pueblo es más que un lugar en el mapa; es una parte de mi ser, una fuente de orgullo y una joya que siempre llevaré conmigo. No importa dónde esté o cuánto tiempo pase, siempre habrá una parte de mí que pertenece a mi querido pueblo: Vejer de la Frontera.

Gonzalo Díaz Arbolí. 2 -9-2023


24.7.23

Camino de Santiago. El mito de Villadangos del Páramo, la entrega de cien doncellas cristianas a los moros.

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Los orígenes del culto a Santiago en Hispania permanecen en la oscuridad de los tiempos. A finales del siglo VIII se difunde en el noroeste de la Península Ibérica la leyenda de que Santiago el Mayor había sido enterrado en estas tierras, tras evangelizarlas. Así, ocho siglos después de la muerte del Apóstol Santiago, en el año 813, un ermitaño llamado Pelayo, o Paio, vio una estrella posada en el bosque Libredón. Se lo comunicó al obispo Teodomiro, obispo de Iria Flavia, actual Padrón. Una vez allí descubrieron en la espesura la antigua capilla, donde existe un cementerio de época romana. En las actuales investigaciones se cree que este hecho pertenece más al mundo de la leyenda que al real, si bien es cierto que la profusión de las peregrinaciones ha sido de tal magnitud, que no podemos dejar de sospechar sobre sus orígenes. El descubrimiento del sepulcro coincide con la llegada al reino asturleonés de mozárabes huidos de las zonas dominadas por los musulmanes, buscando poder practicar sus creencias religiosas.

Remontándonos a los orígenes de las peregrinaciones jacobeas peninsulares, tenemos que hablar como fecha clave del siglo X. Dichas peregrinaciones están ligadas de forma inexorable a Sancho III, el Mayor de Navarra, quien dio el impulso definitivo al camino francés. Las influencias que comenzaron a llegar a partir de esta fecha tienen un tinte europeo, donde el mundo galo tuvo especial repercusión. Aspectos tales como la reforma Gregoriana, la introducción de la nueva letra carolina que sustituye a la visigótica hispana o la influencia de Cluny, que atravesaba las fronteras para poblar nuestros monasterios y abadías.

En crónicas antiguas, quizá desde tiempos de Carlomagno, se le llamaba simplemente el Camino. Hoy, este camino tiene diversas variantes, pero prácticamente, el más conocido y seguramente más utilizado es el que comienza por Francia y termina en Santiago de Compostela.

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Por mi experiencia dejo constancia del deleite, es un verdadero placer caminar por aquellas zonas arboladas, umbrías y torrenteras, pastos y escarpados, un paisaje cautivador, sobre todo el trayecto desde el Bierzo a Santiago, lo mismo ocurre con las capillas o ermitas, que suelen encontrarse en ciudades o pequeños pueblos, básicamente son muy similares y aportan poca variedad. Pero no se trata de realizar una exposición paisajística,
Hoy tratamos de escribir sobre, Villadangos del Páramo y su leyenda; en aquella época conocida como Viadangos; mantenía una estructura similar a la actual y fue el hilo conductor de los peregrinos medievales que caminaban hacia Santiago, siguiendo la ruta del camino francés.

Detalle del relieve de la puerta
de la Iglesia de
Villadangos del Páramo.
Dibujo de Carlos Hurtado.
Leyenda:
En Villadangos del Páramo, tenemos una historia entrañable; la entrega de cien doncellas cristianas a los moros.
El motivo de la creación de esta leyenda habría sido animar a la población a luchar contra los musulmanes, para poder contrarrestar el espíritu de guerra santa con la que luchaban estos y que les conseguía el Paraíso.
La primera crónica que cita esta legendaria aparición fue narrada (hacia 1243) por Rodrigo Jiménez de Rada, obispo de Osma y arzobispo de Toledo.
El tributo de las cien doncellas fue un reconocimiento de la supremacía del Emirato de Córdoba sobre el reino de Asturias, entre finales del siglo VIII y mediados del siglo IX.

En el año 783, Mauregato (hijo bastardo de Alfonso I de Asturias) toma el trono asturiano con la ayuda de Abderramán I, con quien se compromete al pago del tributo de las cien doncellas por su colaboración, 50 de la nobleza y otras 50 plebeyas. Los caballeros de Simancas, a los que les correspondía entregar a siete doncellas nobles, haciendo honor a sus principios, y ante el horror que les producía la visión de una damas de la nobleza, pudiendo rebajarse a realizar trabajos manuales, y sobre esta base, actuando en el real sentido de la palabra, deciden cortar las manos a este tributo, y entregarlas mancadas. Aquí podemos suponer la satisfacción de estas doncellas, que aun siendo parte de un pago, y por ello con pocos derechos a exigir a sus nuevos dueños, conservaban el honor de no renunciar a los principios en que habían sido educandas. Debemos señalar igualmente, el sacrificio, la angustia, el dolor y el sufrimiento de aquellos nobles caballeros, al tener que cortar las manos a esas desgraciadas damas, en base a mantener la ortodoxia de sus principios.
De la aportación plebeya, nada dicen las crónicas, con lo que debe suponerse que los caballeros renunciaron a cualquier intervención quirúrgica, que impidiera cumplir con el cruel destino que se las suponía, ya que se sospechaba que iban destinadas a satisfacer los bajos instintos y desfogue sexual de sus nuevos dueños. Estas escaparon mejor.

El ser humano hace el Camino de Santiago por la necesidad de encontrar respuestas y expectativas, es un viaje reflexivo, transformador. Ahí está la esencia del Camino. Si uno es consciente de estas circunstancias y a ellas añade un componente religioso, su camino se convierte en peregrinación.
Es, desde luego, un lugar entrañable, donde se da una solidaridad desconocida en el mundo actual de urgencias y empujones en el que nos movemos.

Confesión:

Hace 17 años que deje de peregrinar a Santiago. Siempre que hice el camino (siete veces, lamentablemente la edad me impide repetir) encontré algo diferente, como un pintor que dibuja un paisaje, un camino, un monasterio… o una reflexión, porque de eso trata hacer el camino, repasar, detenerse unos momentos en tu vida, con todos los recuerdos propios o escritos por otros. Quizá sea lo que más se parezca a una historia de amor, con todo lo inexplicable e indescifrable, ese laberinto eterno y misterioso del peregrino y que ya forma parte de mi vida.

Y todas estas reflexiones siguen señalando a un mismo lugar, donde he sentido las mismas sensaciones de hace 20 años y sé que si regreso las volveré a sentir y es, llegar al Monte del Gozo y ver en la lontananza la luminosa silueta de la catedral de Santiago de Compostela. 



Hacer clic en la imagen para visualizar el vídeo 

Para aquellos interesados en el arte del dibujo, disfruten de la belleza de estas imágenes


Fuentes: 
Villadangos en la Historia. Una Villa en el Camino a Santiago hacia 1111, Naroa Miguélez
Prólogo del libro de dibujos: Campo de Estrellas de Carlos Hurtado Casanova
Youtube, Wikipedia
Gonzalo Díaz-Arbolí

11.6.23

La adolescencia

Adolescentes en el río Iro de Chiclana


La palabra “adolescente” guarda relación con el verbo "adolecer", que significa experimentar dolencias y/o padecer algún defecto. 
Según Unicef son adolescentes las personas que tienen entre 10 y 19 años. Desde un punto de vista biológico la adolescencia coincide, aproximadamente con la pubertad, etapa en la que los seres humanos experimentamos importantes cambios fisiológicos, principalmente a nivel sexual y cognitivo.
Se asocia a: inmadurez y problematicidad. En general, la adolescencia es percibida por las personas adultas como un periodo problemático, debido a que los chicos y las chicas están expuestos a mayores riesgos por la contradicción entre sus aspiraciones de autonomía, su evolución afectivo-sexual y su inmadurez psicosocial.

En el aspecto emocional, la llegada de la adolescencia significa la eclosión de la capacidad afectiva para sentir y desarrollar emociones que se identifican o tiene relación con el amor. 
El amor es un concepto universal relativo a la afinidad o armonía entre seres humanos, se interpreta como un sentimiento relacionado con el afecto y el apego, y resultante y productor de una serie de actitudes, emociones y experiencias. En el amor romántico el deseo pasional y de intimidad. El adolescente puede hacer uso de su autonomía y comenzar a elegir a sus amigos y a las personas que va a querer.

Adolescentes en la Puerta del Sol de la Prioral de El Puerto de Santa María

Fábula de un Primer amor:
Transcurrían los años cincuenta del pasado siglo, aquellos tristes años de la posguerra española.

Elena, una adolescente de trece años preciosa, llena de alegría, de risa fácil, viveza,  adelantada a su tiempo, con una noción muy clara de lo que quería, caminaba diariamente por las mismas calles en su camino al Colegio del Divino Salvador.

 

Javier, un adolescente espigado de catorce años. No contaminado aún por la condena del pan y del sudor. En esa edad en que aún somo naturaleza. Apasionado por la música, soñaba con convertirse en un famoso pianista. A pesar de las dificultades Javier mantenía viva su pasión por la música y compaginaba sus estudios de bachillerato con las clases que tomaba en horas extraordinarias de su abuelo profesor de música. En sus tardes libres paseaba solo por el silencioso parque de Las Quebradas donde reflexionaba sobre sus problemas: sus estudios y futuro, lástima que no se conserven los  versos y las palabras que escribió para Elena. Esas palabras que han intervenido en todos los sueños, palabras que nos sobrevivirán y hablaran por nosotros cuando hayamos muerto.  Las ilusiones perdidas que, cómo las ilusiones que se pierden no suelen ser reemplazadas por otras.  Reflexionaba en cómo su mundo, propio e irrepetible, con sus minucias de sucesos se perderían con él. Algo único y prodigioso muere irreparablemente con cada un de nosotros.


Elena y Javier estudiaban en el mismo Colegio. Hablaban sobre los libros que habían leído sentados en la Plaza de España, compartían sus sueños y esperanzas de futuro, junto a las confidencias recíprocas o las promesas que se disipaban con el mismo candor que las pronunciaban. El recuerdo inolvidable de un vestido camisero a rayas blanco y rosa. Entre risas y conversaciones profundas, comenzaron a enamorarse. (La risa la definía, contagiaba su felicidad).



Cada encuentro se convertía en un oasis de felicidad. Cuando una hora parece un segundo.

Pero el amor de Elena y Javier no era fácil. Los tiempos tristes y sombríos de la posguerra había sembrado divisiones y resentimientos en la sociedad, y sus familias no estaban exentas de ellos. Aun así, parecía que su amor era más fuerte que cualquier barrera.

Asombra pensar como ha cambiado el mundo en tan poco tiempo. Los recuerdo llenos de rencor y tristeza, pero también de cierta ataraxia, como si la calma fuera el único refugio posible. 
Creo que fue entonces, al conocerlos, cuando lo vi todo con claridad: aquella historia no era solo la suya, sino también la nuestra, la de un país que intentaba recomponerse. Me sentí como quien se asoma furtivamente a una ventana para descubrir a esa clase de terratenientes que vivían ajenos al dolor común, envueltos en su esplendor y abundancia, pero que al fin y al cabo eran solo ignorantes camperos cargados de dinero. La memoria de lo vivido no se acaba nunca.
Como en todas las vidas, en la mía ha habido unos cuantos momentos esenciales, deslumbrantes de tan reveladores, que arrancan del alma las verdades más hondas y recónditas. Son instantes que te dicen más de ti mismo y del mundo que todos los libros y la sabiduría de los maestros, y que ya no te abandonan.
Porque el viaje al pasado tiene mucho de mágico; en sus remotos y azarosos parajes habitan, sin duda, las sirenas y todas las maravillas que se quedaron sin vivir, pero que aún palpitan en lo más hondo del corazón. Y es que, a veces, el pasado no acaba nunca de pasar…


Evocación de las lejanas vivencias del ayer y sus momentos felices: Los paseos en pandilla a los Pinares de la Barca o a las Huertas del Pago de Santa Lucía lanzándonos por la vereda de los valientes; las niñas, con su típica sagacidad, dejaban solos a las parejas que se atraían; en una ocasión para llegar a la cima Javier tomó de la mano a Elena y el sentimiento fue como un regalo divino, era el placer. Pese a la singularidad de la época que nos tocó vivir y  represión moral a la que estábamos sometidos en aquellos años. Hoy, lamentamos profundamente los besos y caricias robados por la estricta censura eclesiástica y social de aquella época. En aquellos hermosos días, se vivía un amor, casto, delicado, romántico, un amor cándido y lleno de ternura pero, con el corazón enardecido. Solo bastaba mirarnos, eso era todo. 

Pero el destino siempre tiene sus propios planes. Quizá el orgullo eligió, sin querer, lo menos doloroso y fue el culpable del abandono de tanto amor, y así la oscuridad les llevó a los recuerdos tratando de alejar los sueños sin conseguirlo.

Pasaron los años, Elena y Javier luchando contra las adversidades, a pesar de la distancia, nunca olvidaron el primer amor que encontraron el uno en el otro.

En la historia de los primeros amores, puede ocurrir que el anhelo de ayer no nos inspire ya otra cosa que un poco de nostalgia, de tristeza por algo que en su día fue intenso y aspiraba a ser definitivo, y que al cabo solo nos dejó el testimonio hiriente del tiempo que se fue, y la alegría maltrecha de un entonces que, a pesar de todo, se obstina aún en palpitar.


¿Quién decide el destino? ¿Por qué un amor tan firme no resistió el desafío de la vida? ¿O son las circunstancias? En una época fueron los más felices del mundo y esa etapa lo confirmó.


La vida es ese rastro de recuerdos que deja

el estallido del amor primero,

cuyo resplandor se va acumulando en el alma.

Pasa el implacable tiempo que quisiera detenido,

más, a pesar de todo, se obstina aún en sus latidos.


Reflexión
Desde hace mucho tiempo, vengo planteándome esta cuestión: si miramos atrás en esta romántica historia personal, ¿cómo contemplamos el pasado?, ¿con los ojos de entonces o con los ojos de este momento ? ¿tendré  hoy las mismas convicciones para valorar hechos o acontecimientos del pasado, que hace setenta años?
Puede que la nostalgia esconda un sentimiento más de “vida que se acaba” que de recuerdos de un tiempo que fue mejor. Antes, no era consciente del fin próximo; el futuro aparecía como frontera muy lejana. Ahora, el tiempo vuela, nos queda menos…y lo sabemos, y todo el pasado se vuelve bello y amable. 
La memoria es la manera de retener lo que amas, lo que eres, lo que nunca quieres perder.

Siempre quedará el torrencial gozo que ya solo existe en la memoria durante el tiempo atemporal de la ilusión y el tiempo oxidado por las horas de la rutina, sintiendo ahora, al repensar esos recuerdos, la cercanía y la brisa cálida de quien se recrea en sus propias vivencias. Todavía vibra el corazón en los mismos acordes del tiempo que se fue.

Adios a la juventud, a mis sueños, a mis errores...¡Dios mío!


Ayer leí una bonita reflexión que anoté: «El camino hacia adelante siempre existe, y con cada paso que des, la niebla se irá disipando poco a poco. Cruzar la niebla requiere coraje y fe, que provienen de la confianza en tus habilidades y la esperanza en el futuro. Incluso si no puedes ver claramente el camino, da el siguiente paso.» 

Demos el siguiente paso. La claridad llegará.



Corte de la película "Rojo y negro"

Para saber más sobre el amor, hacer clic en: Entrevista del "Loco de la colina" a Antonio Gala
Con una profunda nostalgia
Gonzalo Díaz Arbolí