No hay pieza más curiosa de la cara que la barbilla. Por ella se puede definir claramente la personalidad y otros aspectos interesantes de la persona que examinamos. Muchas veces nos dejamos llevar por la impresión de una mirada, los pequeños o grandes ojos de diferente color, los labios finos o gruesos, e incluso por la forma de la nariz o de las formas de las olvidadas orejas. De todos estos elementos, o en su conjunto, sacamos nuestras propias conclusiones de una persona: Esa mirada es franca , limpia, serena. Este sujeto es de fiar. Ese no, porque tiene los labios finos, apretados y la nariz torcida hacia abajo. Aquella que tiene los labios carnosos debe ser muy sensual… Pero poco decimos de la barbilla de cada uno. Y sin embargo es la parte que puede darte una información más fidedigna de quien intentamos sacar rasgos de su forma de ser o actuar.
La barbilla o mentón es el vértice del ángulo que forman las dos ramas mandibulares. Cuando este ángulo es agudo refleja un cara afilada, de persona dada a la reflexión, a la sensibilidad positiva o negativa e incluso a la avaricia si se acompaña de una nariz aguileña y un vértice prominente. Si éste es cuadrado, enseguida sale a la mente un tipo militar o un fuerte campesino, dado a actuaciones de esfuerzo y sacrificio con energía. Claro que un ángulo obtuso en una mujer no le favorece en su físico, independiente del mentón. Es decir, una cara ancha, debido a una apertura excesiva de las ramas mandibulares, hacen a una mujer poco atractiva, a pesar de los grandes o hermosos ojos que le acompañen. El mentón huidizo es el que se echa para atrás en la cara, más claro mirando el perfil, mientras que la punta de la nariz sobresale más de lo normal, quizás para compensar el peso de esa huida . Son personas retraídas, tímidas, sensibles, poco dadas a hablar, difíciles de sintonizar con ellas.
La barbilla también refleja un estado de ánimo. Un día, en la estación, esperando que llegara mi tren me encontré a un conocido. Le saludé y me dijo: “Me pareció verte por aquí el otro día paseando con la barbilla hundida”. Significaba claramente un estado de ánimo deprimido según su percepción. Pensé que era inútil manifestarle que hacía frío ese día y con mi postura protegía mi garganta, así que le pregunté por su resentida salud y terminamos pronto ese encuentro.
Otro día iba en el tren y subieron en una estación dos varones de edad media. Uno era grueso, calvo y de regular estatura. El otro llevaba gafas, era más alto, de cara afilada y abundante pelo. Parecían dos trabajadores de la misma empresa que suelen coger el tren a la misma hora para desplazarse al lugar de trabajo. Se sentaron justo al otro lado de mi asiento, separándonos el pasillo. Como no los había visto antes en mis múltiples desplazamientos despertaron mi letargo mañanero y mi curiosidad, por lo que inicie el proceso de observación mirándoles prudentemente de perfil. No había duda, me dije tras realizar mi análisis, la barbilla les delataba. Les examine detalladamente . En la cara de uno de ellos, la línea de la frente era recta y mientras que la de al lado estaba echada un poco hacia atrás . La nariz de uno era achatada mientras que la de al lado era mas afilada. Es decir, eran bastante diferentes en su aspecto y configuración. Sin embargo, tenían exactamente las mismas barbillas, pequeña y redonda, que se correspondían con una similar comisura de los labios. Saqué la conclusión tras varias revisiones coincidentes: Eran hermanos. No hablaron nada durante el trayecto , pero confirmaron mis conclusiones cuando se despidieron, antes de bajarse del tren . Se dieron un beso en cada mejilla y fijaron una fecha para verse nuevamente en casa de uno de ellos.
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