24.10.26

Reivindicación del desconocido poeta en bable, Teodoro Cuesta, y su pique poético-regional con el profesor gaditano, Diego Terrero


Monumento realizado en mármol y bronce, obra de Arturo Sordo, dedicado a Teodoro Cuesta. 
Inaugurado en 1931 en su villa natal, Mieres (Asturias), para conmemorar el centenario de su nacimiento, erigido por comisión popular que se aprobó en 1927.

Y el enfocadu mar, ruxente, fieru,
con pasmu verdadero,
mirélu al ciel' umviar montes d' espuma
y lluego mansiquín besar l'arena...
añicáse la nav' ente la bruma.

Allí se enamora, se casa con Geltrudis, que le regala cinco hijos. Él nos regala a cambio poemas que hablan de amor; así escribe hablando de una de sus hijas, Concha:

Retueyu de míos entrañes,
gloria de to pá, Chitina,
mas chusca qu'el primer rayu
que barrunta'l claru día.
Tú, qu'al sol mirando'n tientes
lu viesti fuxir d'envidia
y ahumaste con tos güeyos
el mundo, qu'escurecía;


En 1856, es el director de la Banda de Música de Mieres, labor que desempeña con creciente fama, y después de dos años pasa a ser el director de la Banda de Música del Hospicio de Oviedo, todo un ascenso para la época. Aquí se revelan los fantasmas de su pasado y desempeña la labor asistencial ocupándose de los que más lo necesitan. El mierense insigne, niño huérfano de padre, es nombrado administrador del Hospicio en el año 1858. Estos años, abandona en parte la música, pero crece su obra literaria. Siempre en sus poemas, está presente el recuerdo de quien más lo necesita, a todos aquellos que lo pasan mal, que sufren por los males de otros, y dedica gran parte de su obra a narrar estos sufrimientos:


En nacer y morrer semos iguales, 
según diz Xuan el Foscu, los mortales, 
y que probes y ricos nos morremos 
po la sola razón de que nacemos....

 Esto pasa a los probes... desdicháos! 
y sufren en qüexáse resignáos,
pos saben que del probe fáis el casu
que se fáid' una cuca de ñarbasu.

Y los males también afectan al ilustre poeta Teodoro Cuesta y, como si de tiempos actuales se tratase, en 1888, después de 30 años de dedicación, tiene que retirarse anticipadamente de su cargo en el Hospicio de Oviedo por problemas económicos de la entidad benefactora; su declive económico se hace patente en el hecho de que nunca recibió el dinero de su jubilación. Pero muere con gran fama y reconocimiento (1895), a su funeral en Oviedo acude la multitud, ese pueblo al que supo llegar; Leopoldo Alas (Clarín) está —¡cómo no!— ese día. Dedicaron escritos en su muerte, y algunos centraban muy certeramente su dedicación al bien de los demás:

¿Qué has muerto tú? ¿Qué tú nos abandonas 
para buscar del cielo la alta senda?
 Mas si es triste verdad, la única ofrenda 
que puede darte el alma donde entronas, 
no son ni pueden ser ricas coronas 
que a vil precio se venden en la tienda. 
Padre y maestro para todos fuiste, 
Y no está bien con trapos pagarte, 
Que a tal vergüenza el alma se resiste. 
Aquí está nuestra ofrenda...en esta parte 
el que tú el corazón formar supiste, 
para siempre y, por siempre, recordarte.
Firmado por los hospicianos, Víctor Beltrán.

Teodoro Cuesta no tuvo que vivir el año del desastre español, la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898, y no tuvo que escribir sobre ello, pero ya en sus poemas dejaba plasmada la pena que sentía por su España:

¡Ay, probitina España...! ¡Patria mía! 
Fai qu'enturbien mios güeyos triste llantu, 
al ver que sufre España dolor tantu. 
Con dos guerres, y entrambes fraticides, 
plasmu del mundo semos... ¡Cuántas vides 
segaes lleva la mortal gadaña...! 
¡Cuánto gana la muerte con España...!

Y es que las guerras siempre estuvieron en el acontecer histórico de nuestro país, y la generación de Teodoro no es ajena a ellas: guerra contra los franceses, guerras carlistas (civiles), guerras en las colonias españolas...una sociedad castigada por el infortunio. No pasó por alto Teodoro Cuesta rendir homenaje a personajes insignes de lo más variado: Concepción Inmaculada, Calderón de la Barca, José Gavela, Isabel II, Alfonso XII, Alejandro Pidal, Elisa Vetter, Vital Aza, Ramón de Campoamor...un sin fin de figuras y personas a las que el poeta asturiano tenía en estima. Bien es cierto, que en muchos de estos casos, las dedicatorias eran consecuencia o plan premeditado, para conseguir los recursos necesarios para proyectos benéficos, por ejemplo, la visita de Isabel II (en la que Teodoro Cuesta, y un casi desconocido Eduardo Bustillo, dedicaron un himno musical acompañados por los niños del Hospicio de Oviedo) generó recursos al Real Hospicio asturiano, y a todas las instituciones de pobres por una cuantía valorada en treinta y un mil reales, todo un capital en momentos muy duros en la historia del Principado. 

En otras ocasiones, se observa en la obra poética de Teodoro (tenía, la clara intención de trasmitir conocimientos a las gentes de su Asturias, sobre personajes que él admiraba, una admiración fruto de trabajo; Jovellanos, formó parte de este pequeño grupo elegido para tal fin por el poeta asturiano. En sus obras escogidas, recopiladas en su obra más conocida: Poesías Asturianas de Teodoro Cuesta, con prólogo de Alejandro Pidal y Mon, editada en Oviedo por la Imprenta de Pardo Gusano y Compañía de la Calle de San José, número 6, en 1895. La obra es fruto del homenaje que le rinden grandes amigos literatos, entre ellos Clarín; uno de los sueños de Teodoro era que se publicase un libro que le sobreviviera y otro sueño, esta vez incumplido, fue ir a América a recitar sus poemas. 
En esta obra, donde se elige lo mejor del mierense, figuran dos poemas dedicadas a Xovino: "Loor al insigne Jovellanos" y "A la memoria de Jovellanos en el aniversario de su natalicio", si bien nombra al ilustrado en otros poemas, siempre resaltando su figura y su importancia para la Historia de España y, por ende, para la de Asturias. Teodoro Cuesta, atrae la atención del lector o del que escucha el recital, sin perder la gracia que le caracteriza hacia la figura de Jovellanos; busca lo que quiere resaltar y lo introduce maestramente en el texto, de forma didáctica y cercana, para divertimento de las gentes. 

Del aniversario del natalicio, compone el poema firmado en Oviedo el 3 de enero de 1872. En él, habla de la falta de ciencia y cultura del pueblo, critica la situación, y retrata a Jovellanos con estas palabras (traducido:

Humilde, sabio, noble, buen cristiano, 
generoso, gentil, fiel, caballero; 
bueno a carta cabal, sencillo y llano 
ídolo supo ser del mundo entero: 

(en asturiano) 
De los pobres padrín, cual ñadie humanu 
con cervera, conseyos y dinero 
más llantos enxugó que cien cascáes
 dagua arrastren consigo desbordáes.

 

La tumba olvidada del bable
Sepulcro de Teodoro Cuesta en el Cementerio de El Salvador (Oviedo)


Hoy, Teodoro Cuesta, permanece olvidado. Enterrado en el cementerio de Oviedo sin mención alguna. Quiso el destino —que este humilde escribiente— conociese su historia en las investigaciones sobre el Hospicio Real de Asturias, y que, arañando en los archivos y libros viejos, localizase su tumba; una tumba que ni el registro del cementerio tenía entre los personajes insignes enterrados entre sus muros. Ahí reposa junto a su mujer, algún hijo muerto por las enfermedades de la época que le tocó vivir —algunos incluso sin registrar— y otros parientes enterrados en fecha más actual. Fotografié su tumba, insté al funcionario del cementerio que hiciese una anotación en el registro sobre que en esa tumba estaba enterrado Don Teodoro Cuesta, y di cuenta a la Consejería de Cultura, Política Llinguística y a la Academia de la Llingüa Asturiana. 
Les dejo este escrito, para que ustedes juzguen y conozcan; para que en su pensamiento rindan un pequeño tributo a un poeta de nuestro pueblo, y para que el fuego del olvido no haga cenizas de Don Teodoro. Hagamos justicia.

Sol de Dios, malencónica llunina, 
Facéi que so la tumba de Tiadoro 
Caiga, de día, rayos de lluz de oro 
Y lluz también, de nuechi, amorisina 
Herbines que crecéis nel campusantu, 
Florecéi pal poeta, él vos quería: 
Floriquines, dai tóes vuestru llantu 
D 'orbayacla y d'aromes á porfía. 
Porque fó bonu, so alma ta nel cielu; 
So cuerpo aquí nos brazos de la muerte... 
Non fagais ruidu...pa que non despierte!

Bernardo Acevedo Oviedo 3 febrero 1895


De Diego Terrero, nacido en Cádiz en 1830, sabemos de su existencia literaria en andaluz por su relación con el poeta y músico asturiano Teodoro Cuesta con el que mantuvo una buena amistad. Seguramente esta se forjó en Oviedo, en donde el matemático gaditano, autor de Lecciones de aritmética y de álgebra elemental ejercería de profesor, y más en concreto en el Círculo Mercantil e Industrial de Oviedo, en donde Terrero era el presidente de la sección literaria que organizaba quincenalmente una velada poético-musical y a la que asistía Teodoro Cuesta, el poeta asturiano más popular del siglo XIX. Los dos amigos mantuvieron una “polémica” en verso sobre las excelencias de Asturias y Andalucía; uno en andaluz –Diego Terrero-, y otro en asturiano –Teodoro Cuesta.
El pique poético-regional entre los dos amigos que mantuvieron en las veladas del Círculo, lo inició el gaditano en 1870 con una primera carta a la que no tardó en responder Teodoro, mejor poeta que el matemático. Con su respuesta, Teodoro ganó el reloj de oro que ofrecía como premio el Círculo Mercantil. De este cruce de cartas -la última de 1881- salió este libro


Hace 90 años que se publicó el “librito” ANDALUCÍA Y ASTURIAS”. POLÉMICA EN LOS DIALECTOS ANDALUZ Y BABLE. Escrito por el matemático andaluz, Diego Terrero y Teodoro Cuesta, el poeta asturiano más popular del siglo XIX; desde entonces no pasa un día en que no pregunten en las librerías si queda algún ejemplar. 
Aquí tienen la oportunidad de leer esta Polémica, que llegó a despertar tanto interés. Esta cuarta edición tiene el mérito de publicar la última poesía que escribió Teodoro Cuesta, encontrada entre sus papeles y notas, poesía dedicada a su amigo del alma Diego Terrero.

 Fuente: Datos proporcionados por el ovetense Dr. Julio R. de la Rúa

Un día sin pecado. El romance de Pedro Salinas, poeta del amor del 27, en Calp (1932)

 


En un sobre que hoy se custodia en Harvard hay una anotación a mano: «El Ifach de «Día sin pecado»». Dentro, una fotografía del Peñón tomada desde la ventana de una fonda de Calp. Es una carta dirigida a Katherine Reding, la mujer para quien Pedro Salinas escribió La voz a ti debida (1933), uno de los grandes libros de amor de la poesía española.

El poema al que se refiere nació aquí. En un sendero del Peñón, cara al mar, un día de agosto de 1932. Durante setenta años nadie supo quién era la amada de ese libro. Hoy sabemos también dónde empezó.

Un relámpago en Madrid
Es verano de 1932, Pedro Salinas tiene cuarenta años. Es catedrático, poeta de la generación del 27 y hombre de orden. Está casado con Margarita Bonmatí, cuya familia tiene una finca en El Altet, junto a Alicante, donde los Salinas pasan los veranos.

Del 11 de julio al 6 de agosto dirige en la Residencia de Estudiantes el Curso de Vacaciones para Extranjeros. El primer día, a su clase sobre la generación del 98 llega tarde una profesora del Smith College de Massachusetts: Katherine Prue Reding, nacida en Kansas en 1897. Solo queda libre una silla al fondo de la mesa. Él la conquista hablando de literatura, de arte, de historia. Ella se deja deslumbrar. Él lo resumirá después en un verso: «conocerse es el relámpago».


La primera carta. Pedro Salinas la envió a Mallorca con matasellos del 1 de agosto de 1932, días antes del encuentro en el Peñón. Años después, Katherine anotó en el sobre: «First letter to Mallorca. P. took C. B. and me to the station». Salinas las había acompañado a la estación a ella y a su colega Caroline Bourland. Houghton Library, Harvard University.

El 1 de agosto, Salinas la acompaña a la estación con su jefa de departamento, Caroline Bourland: se van a Mallorca. Él se retira a El Altet. Empieza entonces una correspondencia casi diaria que durará quince años. Salinas baja a Alicante a recoger las cartas en Lista de Correos y las lee en el Club Náutico. Ese verano, se queja, no tiene coche.

El día de Calp
La primera carta. Pedro Salinas la envió a Mallorca con matasellos del 1 de agosto de 1932, días antes del encuentro en el Peñón. Años después, Katherine anotó en el sobre: «First letter to Mallorca. P. took C. B. and me to the station». Salinas las había acompañado a la estación a ella y a su colega Caroline Bourland. Houghton Library, Harvard University.
En la segunda quincena de agosto, Katherine cruza desde Mallorca y pasa una noche en un hotel de Alicante. A la mañana siguiente, Salinas va a buscarla. No sabemos cómo llegan a Calp. Pero sabemos adónde van: al Peñón.

Ella lleva un vestido amarillo de florecitas menudas. Se sientan en un sendero, cara al mar, y él la abraza. Años después le contará que sus ojos, buscando algo a lo que agarrarse para no olvidar nunca ese instante, se fijaron en las flores del vestido. Esa fue la semilla del poema.

El poema es «¡Qué día sin pecado!», incluido en La voz a ti debida. Una espuma que fue «blanca, blanca, blanca». Cuerpos y rocas igual de inocentes, a mediodía. Un beso dado «sin tener que pedir / perdón a nadie, a nada». Katherine lo recordará como una tarde en la playa de Ifach, «un día precioso», y lo contará entre sus poemas favoritos.

Después vienen Tarragona y Barcelona. Se despiden el 27 de agosto. Ella sigue hacia París y embarca en Cherburgo, en el Columbus, rumbo a Nueva York. Él vuelve por Valencia. En el tramo hacia Alicante, le escribe, el camino desde el Peñón ha dejado de ser geografía. Es solo una serie de recuerdos: «Aquí me dijo esto». Ese mismo día intenta leer y no lo consigue. Las letras del libro se le reordenan en otras palabras: «Katherine, amor, ella, Peñón de Ifach».

Desde la ventana de la fonda

El 8 de septiembre de 1932, con Katherine a punto de embarcar en Cherburgo, Salinas le escribe desde El Altet. Le confiesa que, después del baño de la mañana, escribe su nombre en la arena, cerca del agua, para que una ola se lo lleve. Y le envía dos fotografías. Una lleva al dorso, escrito a máquina: «Peñón de Ifach, Calpe, Alicante, desde la ventana de la fonda.». Salinas comenta la suerte que ha tenido al «hallar» las fotos. No las ha encargado: las ha encontrado.


El autor de la foto es Juan Guerrero Ruiz, murciano y secretario del Ayuntamiento de Alicante desde 1931. En 1927 había venido a Calp con tres pintores murcianos, Juan Bonafé, Luis Garay y Ramón Gaya. Se alojaron en la Fonda Querol, en la actual calle del Mar, a la que el pueblo llamaba de la Chima. La había abierto como casino, a finales del siglo XIX, el arriero Antonio Querol Boronat, que también abastecía de petróleo al pueblo. Al enviudar, sin hijos, su mujer, Joaquina Pastor, la tía Xoxima, la mantuvo abierta hasta la vejez. Tenía cinco habitaciones y una terraza famosa, abierta a la bahía, y durante años la frecuentaron artistas y escritores. Agradecemos a Andrés Ortolà estos datos locales que ampliaremos más adelante.

Guerrero los fotografió dentro de la fonda. Garay la pintó al óleo y le dedicó uno de los cuadros. El Museo Ramón Gaya de Murcia conserva fotografías de Guerrero tituladas «Peñón de Ifach, 1927». Todo apunta a que el Peñón que viajó a Massachusetts se vio desde una ventana de la Chima.


El Peñón de Ifach desde la ventana de la fonda, fotografiado por Juan Guerrero Ruiz. Al dorso: «Peñón de Ifach, Calpe, Alicante, desde la ventana de la fonda. Juan Guerrero, fecit». Pedro Salinas la envió a Katherine Reding con su carta del 8 de septiembre de 1932. Houghton Library, Harvard University.

El Peñón que vuelve

Calp no desaparece de las cartas. El 30 de diciembre, de vuelta en Alicante para descansar tres días, le envía un cable a Northampton: «Wonderful August hours vividly present». Escrito desde Alicante, es difícil no leer en esas horas maravillosas la mañana del hotel y el día del Peñón.

En enero de 1933 le explica que el presente solo es verdad en algunos grandes momentos de la vida, y pone un único ejemplo entre paréntesis: «¡Qué día sin pecado!». En febrero responde a una carta de ella sobre «el día de Calpe». Aquel día, le dice, fue la prueba de que su amor, sin salida hacia los lados, solo podía crecer hacia arriba: tenía que ser «elevación o catástrofe». En una lista de títulos burlescos la nombra «descubridora del Peñón» y «Sirena Mayor del Mediterráneo». Desde Málaga, en 1934, compara el mar con «el de Calpe y Tarragona».


Cable de Salinas desde Alicante, recibido en Northampton el 30 de diciembre de 1932. Houghton Library, Harvard University.


En febrero de 1935, con Katherine de nuevo en Madrid, Margarita descubre la relación e intenta quitarse la vida. Katherine intenta romper. Llega la guerra y Salinas se exilia en Estados Unidos. Las cartas se espacian.

La vida a la vista de todos: Pedro Salinas con Margarita Bonmatí, su esposa desde 1915, y sus hijos, Soledad y Jaime. Era la imagen de un catedrático de familia ordenada, que veraneaba cada año en El Altet. Ninguna de estas fotografías deja ver la otra vida que empezó en el verano de 1932, y que solo se conoció cuando se abrieron las cartas en 1999.

El 3 de junio de 1938, desde Wellesley, le escribe una vez más sobre aquel día. Le manda tres cosas: la traducción inglesa del poema, una foto del Peñón y una página de Gabriel Miró sobre Ifach. Le pide que las guarde juntas, porque son «la historia externa» de esa poesía. Son días en que la aviación bombardea Alicante. 
La página de Miró, de Años y leguas, termina con una frase que podría servir de epígrafe al poema: «He aquí la vieja virginidad del mundo».

La turista de Kansas

Vista desde la historia del turismo, Katherine Reding es una viajera de su tiempo. Una profesora norteamericana que hace el circuito culto de Europa: Madrid, Mallorca, Alicante, Calp, Tarragona, Barcelona, París y el transatlántico desde Cherburgo. Y como cualquier turista, se lleva un recuerdo. Le cuenta a Salinas que guarda un nardo y un «tallo del peñón». Él le responde: «guarda muchos nardos míos». Un trozo de Ifach viaja así a Northampton, Massachusetts, en 1932.

Las cartas no dicen qué flores eran. Si el nardo se cogió en la arena de Ifach, pudo ser un nardo marino, la azucena de mar de las playas mediterráneas. Florece precisamente en agosto, blanca y perfumada al atardecer. El tallo del Peñón no pudo ser, en cambio, de su flor más célebre, la silene de Ifac. Florece en primavera y, para entonces, los botánicos ya no la encontraban en el Peñón.

Pedro Salinas murió en Boston el 4 de diciembre de 1951, meses después de verla por última vez. Katherine guardó las cartas casi treinta años. En julio de 1979, desde Pasadena, las donó a Harvard con una condición: que nadie las leyera hasta pasados veinte años. Se abrieron en julio de 1999. Ella ya no vivía. Gracias a ella sabemos que uno de los grandes poemas de amor del siglo XX se sembró en Calp, mirando al peñón de Ifach.

La vida a la vista de todos: Pedro Salinas con Margarita Bonmatí, su esposa desde 1915, y sus hijos, Soledad y Jaime. Era la imagen de un catedrático de familia ordenada, que veraneaba cada año en El Altet. Ninguna de estas fotografías deja ver la otra vida que empezó en el verano de 1932, y que solo se conoció cuando se abrieron las cartas en 1999.

MARCO BITTNER

23.10.26

Presentación del libro "Desde mi rincón del arte"


 

Un día para el recuerdo:
Hay días que se quedarán grabados en la memoria, y el de hoy ha sido, sin duda, uno de ellos. Todo lo vivido durante la presentación de mi libro ha sido una gran aventura, una de esas experiencias que no olvidaré nunca. 
Ver el Salón de Actos de la Academia lleno de caras conocidas no tiene precio. 

Con mi agradecimiento a todas las personas que lo han hecho posible, especialmente a la Junta Directiva de la Academia, la presentadora del acto, la académica de Santa Cecilia: Inmaculada Moreno Hernández y al fotógrafo, Juan Romero.

El libro, es un compendio de artículos publicados, a lo largo de varios años en mi blog “Desde mi rincón del arte.” Nunca imaginé que aquellos escritos, nacidos sin otra pretensión que la de ordenar mis recuerdos y compartir algunas investigaciones, terminarían reunidos en un volumen. Quiero dejar constancia, que estos artículos nacen desde mi más profunda intimidad.

A continuación podrán ver una galería de fotografías:
MUCHAS GRACIAS.





















Gonzalo Díaz Arbolí
Académico de Santa Cecilia

19.10.26

LAS CABAÑUELAS:


Muchos habréis oído hablar de las cabañuelas, un método de predicción a largo y corto plazo en las zonas rurales del sur de España, es el ámbito donde más se practica este método arraigado a la tradición popular, basado en las observaciones meteorológicas sistemáticas llevadas a cabo durante los primeros días del mes de agosto. Las cabañuelas siguen arraigadas en el mundo rural, a pesar de carecer de base científica.

Sin embargo, sería prácticamente imposible un estudio de las “Cabañuelas” sin hacer previamente referencia a sus orígenes, los cuales se podrían encontrar en la “Fiesta de las Suertes” ó “Zamuc” incluida en el ceremonial del año nuevo babilónico llamado “Akitu” ó en su correspondiente versión semita de la “Fiesta de los Tabernáculos”.

Aunque los meteorólogos consideran que en la predicción a corto plazo es fiable, no ocurre igual con la predicción a largo plazo. En España estas predicciones eran usadas frecuentemente hasta el año 1.940 en que se fueron sustituyendo por el Almanaque Zaragozano.

Actualmente, los expertos en “Cabañuelas” realizan sus observaciones a través de las indicaciones que obtiene sobre las formas de las nubes, la dirección del viento, las características del sol, la luna, las estrellas, la niebla, el rocío de la mañana, el arco iris o el granizo.

Los expertos procuran situarse en el campo, sobre un punto elevado para aislarse de la contaminación de las ciudades, generalmente se acompaña de una o dos personas más, pues la observación debe ser permanente veinticuatro horas del día y además para constatar opiniones sobre lo observado.

Cada provincia tiene sus propias “Cabañuelas” pues el radio de acción de las previsiones no supera los 80 km.

El método más tradicional y que se utiliza de forma general es el siguiente: agosto se divide en dos períodos, es decir, del 1 al 12 y del 13 al 24 del mismo mes.

Se analizan los días de agosto, desde que sale el sol hasta que se pone, el estado del cielo, la humedad y el viento, así que aquí también entra en juego la memoria de cada uno. Se supone que el primer día del mes haría referencia al tiempo que va a hacer en enero del mes siguiente, el día dos de agosto al mes de febrero del año posterior, y así sucesivamente hasta el día doce que se cerraría el año con diciembre.
Gonzalo Díaz Arbolí
19/10/2026
 


UN ÁNGEL MENOS EN PATRÍA, UN ÁNGEL MÁS EN EL CIELO

 

Hoy quiero recordar a tres de los muchos perros que formaron parte de mi vida y de la de mi familia. Tres compañeros de cuatro patas que participaron, sin saberlo, en algunos de los momentos más felices de mi infancia, mi adolescencia y también, en parte, de mi vida adulta.
La primera fue una perrita pequeña que apareció un día por el cortijo de mis padres, y que, seguramente, había sido abandonada en la carretera cercana. Llegó sucia, hambrienta, asustada y tan cubierta de barro y suciedad que parecía completamente negra. Mi madre la recogió, la curó con paciencia, le dio de comer y la bañó.
Cuando terminó de lavarla apareció el milagro: bajo toda aquella tristeza y suciedad se escondía una preciosa perrita blanca como la nieve. Mi madre la llamó Blanquita

Entre ellas nació algo difícil de explicar. No era la relación entre una dueña y su mascota; era algo mucho más profundo. Blanquita seguía a mi madre a todas partes, la esperaba, la observaba, la obedecía, la acompañaba en silencio. Y mi madre la quería como solo se quiere a aquellos seres que llegan a tu vida sin pedir nada y terminan dándotelo todo.

La segunda fue otra perrita mestiza. Un vecino se la regaló a mi padre cuando apenas era un pequeño puñado de vida recién nacida, y a la que le pusimos de nombre Lobina. Creció junto a nosotros y, durante mi adolescencia y juventud, se convirtió en mi sombra. Juntos recorrimos montes, arroyos y charcas. Llevábamos los pavos y las cabras a los pastos mientras descubríamos senderos que parecían secretos para el resto del mundo. En aquellos años en los que uno empieza a descubrir quién es, ella siempre estaba allí. Sin preguntas. Sin condiciones. Sin faltar jamás.

Pero hoy escribo especialmente por el tercero: por Roko. Un pastor alemán enorme que murió hace tan solo unos días.
La primera y única vez que lo tuve entre mis brazos era apenas un cachorro que todavía tomaba biberón. Después, como vivía lejos, me marché y no regresé a casa hasta más de dos años después.

Cuando volví, Roko ya era un perro impresionante. Grande, fuerte y majestuoso; recuerdo perfectamente nuestro reencuentro: se acercó despacio, observándome fijamente, y yo le tendí la mano. La olió durante unos segundos que me parecieron eternos, porque estaba asustado de cómo podría reaccionar, y entonces ocurrió algo que nunca olvidaré: se levantó sobre sus patas traseras, apoyó las delanteras sobre mis hombros y comenzó a lamerme la cara.

Me reconoció y no sé cómo pudo hacerlo, porque apenas me había visto una vez siendo un cachorro. Pero allí estaba, demostrando, una vez más, que la memoria del corazón es mucho más poderosa de lo que imaginamos. Lo abracé emocionado y durante los días que pasé en casa me acompañó muchas veces a un monte cercano llamado El Cerro. Caminábamos juntos entre los senderos y era imposible no sentir que me estaba cuidando. No me quitaba la vista de encima ni un instante. Él, lógicamente, no sabía que El Cerro no tenía secretos para mí, y pensaría que, al no conocer el lugar, podía perderme en cualquier momento, y, sin duda, estaba dispuesto a rastrear, lentisco por lentisco, hasta encontrarme.
Hoy estoy triste. Muy triste, pero también siento una pequeña felicidad mezclada con la pena de su muerte, porque en Patría, el lugar donde viví hasta los dieciocho años, hay un ángel menos caminando por sus campos y sus montes, y en el cielo, si de verdad existe como quiero creer, hay un ángel más corriendo libre entre senderos infinitos.

Gracias, Blanquita. Gracias Lobina, amiga de mis montes y mis arroyos. Gracias, Roko, por acompañarme en distintos momentos de la vida y por dejar huellas que ni el tiempo ni la muerte podrán borrar jamás. Porque algunos perros no pasan por nuestras vidas, ¡SE QUEDAN PARA SIEMPRE EN NUESTRO CORAZÓN!
Luis Manzorro: 26.10.2026

17.10.26

Juan Ramón Jiménez

Zenobia y JRJ

 No podemos olvidar que un día como hoy, 23 de diciembre, nació en Palos de Moguer Juan Ramón Jiménez. Era en 1881, y han pasado 145 años... ¡145 años ya!

«Nací en Moguer (Andalucía) (¡qué nombre!), la noche de Navidad de 1881. Mi padre era castellano y tenía los ojos azules; mi madre es andaluza y tiene los ojos negros. La blanca maravilla de mi pueblo guardó mi infancia en una casa vieja de grandes salones y verdes patios. De estos dulces años recuerdo muy bien que jugaba muy poco y que era gran amigo de la soledad; las solemnidades, las visitas, las iglesias, me daban miedo...»

La existencia de Juan Ramón es de una entrega total y absoluta a su obra. Lector infatigable, atento a todas las corrientes de la lírica universal, durante sesenta años produjo incesantemente su obra poética y crítica; animó revistas literarias ─algunas de ellas, redactadas únicamente por él─; renovó la presentación tipográfica de los libros de versos; intentó una ortografía personal; pronunció conferencias y dicto cursos universitarios sobre poesía. La figura de Juan Ramón Jiménez pudo ser (por su entusiasmo y por su calidad) el símbolo de la literatura española del siglo XX

DIARIO DE UN POETA RECIÉN CASADO
La familia de Zenobia Camprubí ejerció una férrea oposición a la relación de esta con Juan Ramón Jiménez. La madre llegó a llevarse a la joven a Estados Unidos con la excusa de hacer una laaaaarga visita a la familia (cuanto más larga, mejor) para conocer a un recién nacido nietecito. Lo que la buena señora no sabía era que Juan Ramón ya había pactado con la que iba a ser su esposa y valiosísima compañera intelectual, en secreto, ir a buscarla a Nueva York para casarse con ella. Se podrán imaginar el patatús de doña Isabel Aymar cuando llegó a enterarse de que su hija “Zenobita” iba a casarse irremisiblemente con “ese Jiménez” como ella lo llamaba. Zenobia, ante las fuertes presiones y argumentaciones, llegó a tener sus dudas; Juan Ramón, sin embargo, no parece que hubiera dudado nunca. Es divertido imaginarse la situación del hermano preferido de Zenobia, Jo, y los equilibrios de diplomático-malabarista de este cuando una sensatísima pero enamorada Zenobia le pide opinión. La joven lo hace por carta y por carta le responde el hermano lo siguiente: “Yo siempre he tenido recelos de la gente de arte y literatura, en cuanto a la solidez de su psicología y carácter”. Ahí queda eso, debió de pensar.

Pero en fin, estos cotilleos de salón, aunque ya se sabe que distraen mucho, son la cáscara frívola de una almendra muy valiosa, fundamental para la poesía española: la redacción de Diario de un poeta recién casado. El libro se escribió en ese viaje de ida y vuelta que realizó a Estados Unidos para casarse con Zenobia y su redacción se inicia el 17 de enero de 1916 prolongándose hasta finales de ese mismo año. El último poema fechado es de octubre, aunque a este le suceden otros, ya sin datar, que se corresponden con la parte VI del libro: “Recuerdos de América del Este escritos en España”. El volumen se debió de terminar ese mismo año, pues eso indica la cubierta; aunque en los datos de la edición, sin embargo, figura ya la fecha de 1917 que fue cuando debió de quedar impreso y encuadernado.

Cuando, dormida tú, me echo en tu alma
y escucho, con mi oído
en tu pecho desnudo,
tu corazón tranquilo, me parece
que, en su latir hondo, sorprendo

JRJ. Diario de un poeta recién casado
9 de abril. Poema XCII. América del Este

Con todo, la importancia de estos poemas en verso y en prosa, trasciende con mucho las anécdotas rosas que les he contado arriba. Treinta y seis años después, Juan Ramón diría a Ricardo Gullón que el Diario, es un libro “metafísico” y su “mejor libro” y el propio Gullón escribiría que “después del Diario de un poeta recién casado no se podía seguir escribiendo como antes”.
Hoy sabemos que es verdad y que ese peculiar diario de 1916 ha sido absolutamente renovador para nuestra literatura.

Hablar del creador de Platero y yo es hacerlo de uno de los mayores poetas de la lengua española. A continuación podéis leer una selección de los mejores poemas de Juan Ramón Jiménez.

Vino, primero, pura
Vino, primero, pura,
vestida de inocencia.
Y la amé como un niño.

Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes.
Y la fui odiando, sin saberlo.

Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros…
¡Qué iracundia de yel y sin sentido!

…Mas se fue desnudando.
Y yo le sonreía.

Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.

Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda…
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!

Nocturno 

¿Quién pasará mientras duermo,

por mi jardín? A mi alma
llegan en rayos de luna
voces henchidas de lágrimas

Muchas noches he mirado
desde el balcón, y las ramas
se han movido y por la fuente
he visto quimeras blancas.

Y he bajado silencioso…
y por las finas acacias 
he oído una risa, un nombre
lleno de amor y nostalgia.

Y después, calma, silencio,
estrellas, brisa, fragancias…
la luna pálida y triste
dejando luz en el agua…


Hallarme en las manos jazmines con sol, con el primer sol; saber que amanece en mi corazón; oír en el alba una sola voz…

Gonzalo Diaz Arbolí

16.10.26

Hechos históricos, 1633

 


La frase «Eppur si muove» (en español, «Y, sin embargo, se mueve») es una expresión legendaria atribuida al astrónomo Galileo Galilei.

El origen de la frase: Según la tradición popular, Galileo pronunció estas palabras en italiano tras verse obligado a retractarse públicamente de su teoría heliocéntrica (que afirmaba que la Tierra gira alrededor del Sol) ante el tribunal de la Santa Inquisición en el año 1633.
Mito o realidad: Los historiadores señalan que no existen evidencias históricas contemporáneas de que Galileo haya dicho esa frase en el juicio. La primera vez que aparece por escrito esta anécdota es más de un siglo después, en 1757, en una publicación del escritor Giuseppe Baretti.
El significado actual: Más allá de su veracidad histórica, la frase se utiliza hoy como un símbolo de la resistencia de la verdad científica frente a la censura o el dogmatismo.

El escritor y viajero ilustrado Giuseppe Baretti afirmó que después de la abjuración Galileo pronunció la frase «Eppur si muove» (‘Y, sin embargo, se mueve’). Para Stillman Drake, historiador de la ciencia y experto en la obra de Galileo, no es verosímil que en ese momento en el que Galileo no se encontraba libre, pronunciara ante el tribunal de cardenales de la Inquisición una frase que contradecía su abjuración. Para Stillman, si esa frase fue pronunciada lo fue en otro momento.

Galileo ante la Inquisición en Roma (1633). Fuente: UniversalImagesGroup / Getty Image

Apócrifa o no, la divisa se ajusta a Galileo por su actitud frente a la autoridad que representaba la Iglesia en las verdades de la fe, y frente a Ptolomeo y Aristóteles en las verdades de la ciencia, ambas verdades acordes con una visión del cosmos en el que la Tierra era el centro alrededor del cual rotaban el resto de cuerpos celestes, y no tanto por ser él quien hubiera planteado la alternativa, pues ésta es copernicana, ni porque la autoridad eclesiástica, entre la que se encontraban amistades y protectores del mismo Galileo, impidiera su estudio o divulgación, pues así se hacía sin problemas en occidente.

Efectivamente, el Renacimiento era un hervidero de ideas que replanteaban la visión global de la realidad, de la cual la misma Iglesia no era ajena, entre cuyos doctores figuraban no pocas eminencias en filosofía natural, y que tomaban la teoría heliocéntrica como una hipótesis que podía contemplarse, siempre sin desbordar las fronteras de las matemáticas y la física, y en ningún caso poner en duda la realidad convenida en las Escrituras, que para ello tenía Roma censores para revisar y la Inquisición para juzgar.

La defensa de la visión copernicana en la misma Roma por parte de un ya prestigioso Galileo, forzó en 1616 a su amigo el cardenal Belarmino a la admonición de no divulgar la teoría heliocéntrica. Así lo hizo, retirándose a Florencia y manteniendo una buena relación con la Iglesia. No obstante, durante el pontificado de Urbano VIII, con el que tuvo varias audiencias sobre el asunto, redactó y llevó a censura su Diálogo sobre sistemas máximos, en el que confrontaba los dos sistemas astronómicos planteando, siempre como hipótesis, una teoría heliocéntrica combinable con la exégesis bíblica, pero, por error o dolo, Galileo tomó como oficial y completa lo que según la Iglesia era una revisión oficiosa e incompleta de su libro, publicándolo en Florencia en 1632.

Roma lo interpretó como un incumplimiento de lo proscrito en 1616, procesándolo con casi setenta años. En ese sentido, el proceso fue más por un acto de desobediencia que por la descalificación del sistema ptolemaico establecido y defendido por la Iglesia. Así, la defensa de Galileo versó más en acomodar la nueva teoría heliocéntrica a la hermenéutica (Teoría de la interpretación de los textos) canónica, exponiendo el escrito como justamente lo contrario de lo que era acusado, que a desacreditar los hechos bíblicos relegándolos a una interpretación mítica o poética. Su abjuración ante el tribunal de la Inquisición hizo que la sentencia, dictada en la iglesia de Santa María sopra Minerva el 22 de junio de 1633, le condenara a arresto que llevó a cabo en su domicilio de Arcetri.

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LA HISTORIA REAL de GALILEO GALILEI, el TELESCOPIO, sus inventos y su VIDA | BIOGRAFÍA

Gonzalo Díaz Arbolí
Fuente: Wikipedia

14.10.26

El haiku debe describir el momento.

 

Antonio Rodríguez Zarallo

Un haiku es una estrofa poética originaria de la literatura japonesa clásica que pretende expresar en sólo tres versos un sentimiento breve y sincero. El tradicional consta de 17 sílabas, dispuestas en tres versos de 5, 7 y 5 sílabas, sin rima y trata de conjugar el sentimiento poético y el artístico.

El haiku es concisión y síntesis, una de las composiciones más difíciles que existen, nacida según los maestros japoneses, en un momento de gracia. La esencia espiritual del haiku está conectada con la ambición del poeta de fundirse con la naturaleza, de vivirla intensamente. Su técnica es un arte difícil cuyo dominio ayuda a sacarle al lenguaje su máxima expresividad.

A veces, un poema, un libro, un cuadro o un arpegio son suficientes para alumbrar la sombra y devolver al tedio cotidiano el brillo y el temblor de lo primigenio.

El haiku debe describir el momento.


Me llamaron la atención. Como intrépido ignorante que soy, me meto en muchos charcos por curiosidad, ya sabes, por aquello que nos mantiene vivos y vibrantes (como anguilas en el río)... de alguna manera, claro. Bueno, el significado del Kigo y el Kireji  (corte). Leí los del gran Basho, el creador y, a algunos de sus discípulos (Kikaku, el mas rebelde con nombre imborrable), de la escuela Shomon. Pero no es fácil entender esta poesía. En fin, me ha parecido una forma novedosa e interesante en la cultura nipona. Te envío algunos de mi cosecha, después de retocar algo con la IA, con la que no estoy felizmente de acuerdo bastantes veces. Ahí van una selección...

MAR

Las olas del mar —
un vestido se mece
viene brisa azul
..........................
Arena y playa,
florecen azucenas,
mar de olor blanco.
..........................
Espuma de mar,
clara a punto de nieve:
la ola la bate.
............................
Llueve en alta mar,
no cae sobre nadie.
Agua en el agua.
...........................
Sal de cristales,
corazón que derrama
mar sin latido.



El famoso haiku de la libélula involucra un hermoso e instructivo intercambio entre el maestro Matsuo Bashō y su alumno Takarai Kikaku. Es uno de los episodios más conocidos para ilustrar la filosofía del haiku y la compasión hacia la naturaleza (Aware).
Cuentan que Kikaku, impresionado por las alas rojas de una libélula, compuso originalmente el siguiente verso:

Composición de Kikaku:
Quítale las alas
a una libélula redonda
y será un pimiento rojo.

(Akatombo / hane wo tori-mashi / tōgarashi)

Bashō, al escuchar el verso de su alumno, intervino amablemente para corregir la actitud subyacente. Le enseñó que la poesía no debía basarse en la destrucción o el sufrimiento de la vida, sino en la creación y la apreciación de la belleza.
Bashō transformó la idea invirtiendo el proceso:

Corrección de Bashō:
Añádele alas
a un pimiento rojo
y será una libélula.

(Tōgarashi / hane wo tsukeya / akatombo)

Esta historia refleja fielmente la dinámica entre ambos poetas:
Maestro y Alumno: Kikaku fue uno de los discípulos más brillantes e influyentes de Bashō (perteneciente a los llamados Diez Filósofos o diez grandes discípulos de la escuela de Bashō).
Dos estilos contrastantes:
Kikaku tenía un estilo más ingenioso, urbano, dinámico y a menudo ingenioso o audaz.
Bashō promovía un estilo profundo, sereno, basado en la sencillez (Karumi), la soledad nostálgica (Sabi) y el respeto compasivo por todo ser vivo.
A través de esta corrección, Bashō no solo enseñó una regla de composición poética, sino una filosofía de vida Zen:
1. Compasión (Karuna): La poesía debe dar vida y celebrar la naturaleza, no mutilarla ni dañarla mentalmente para lograr una metáfora.

2. Transformación positiva: En lugar de restar (quitar las alas), el arte debe sumar e imaginar la belleza viviente (dar alas).
Fuente: IA
Antonio R. Zarallo



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Vídeo realizado por Gonzalo Díaz Arbolí

En este vídeo que acabamos de ver, la fuerza que tienen las palabras es algo misterioso, tanto que parecen obedecer a un orden interior desconocido. A veces surgen desde un profundo cráter como un manantial riquísimo, otras se niegan, huidizas hasta umbrías impenetrables…

Estos haikus están tomados del libro "Sendas del aire".  Las ilustraciones son del mismo autor. El proverbio chino “Una imagen vale más que mil palabras” no coincide con lo que para mí significa “la palabra”; la fuerza que tienen las palabras depende del contenido de las palabras, por esta razón concebí a los versos arrastrando a las imágenes, como tiradas por una cuerda, otorgándole así el predominio a la palabra. En realidad la traducción adecuada del proverbio chino debería ser “el significado de una imagen puede expresar diez mil palabras.

La banda sonora del vídeo, "Nocturno" Es una canción del dúo Secret Garden que ganó el Festival de la Canción de Eurovisión 1995 representando a Noruega. La canción fue interpretada en el concurso por Secret Garden acompañados de dos músicos invitados; la vocalista noruega Gunnhild Tvinnereim y la nyckelharpista sueca Åsa Jinder. Se trata de una canción de estilo 'new age', principalmente instrumental. La letra suma en total 24 palabras, y la vocalista interviene brevemente solo al principio y al final de la canción. El intermezzo de violín interpretado por la irlandesa Fionnuala Sherry toma el protagonismo en la mayor parte.