El poema habla de una soledad muy concreta: no es la de estar físicamente solo, sino la de echar en falta a alguien en medio del ruido, la fiesta y la vida que sigue.
La barra del bar es clave: no es solo un lugar, es un refugio. Ahí te colocas en un estado casi ritual —la copa no es solo bebida, es símbolo. Cuando dices “como si fuera un sudario”, estás asociando el acto de beber con algo casi fúnebre: estás velando una ausencia, como si esa persona estuviera “muerta” en tu vida, pero no en tu mente.
Luego aparece una idea muy interesante: no bebes para olvidar, sino para recordar más intensamente.
Eso rompe con el tópico. En tu poema, beber no anestesia, sino que consagra el recuerdo, lo hace más presente, más sagrado incluso.
El contraste exterior/interior también está muy bien marcado:Fuera: colores, música, gente, alegría, vida. Dentro (de ti): vacío, obsesión, ausencia.
Y ahí está el núcleo emocional: puedes estar rodeado de estímulos, pero todo pierde valor si esa persona no está. Lo dices de forma muy directa con “todo me importa un huevo”, que le da un tono muy humano, muy real, sin adornos.
En la última parte, el poema se vuelve más intenso y casi desesperado:ya no solo recuerdas, quieres que esa persona siga viviendo en ti, incluso propones algo fuerte: “que bebas de mis decepciones”.
Eso sugiere una relación donde estás dispuesto a entregar incluso lo negativo, como si el sufrimiento fuera lo único que te queda para compartir.
El cierre (“ven, que ya estoy sufriendo”) es directo, sin metáforas: pura necesidad. Ya no hay orgullo, solo llamada.
En resumen, el poema trata sobre:la imposibilidad de sustituir a alguien el recuerdo como refugio y condena. El alcohol como ritual emocional, no como escape y una dependencia afectiva que roza lo doloroso, pero también lo sincero.
San Juan de Ortega, es un hito en el Camino de Santiago. Está situado a medio camino entre Villafranca Montes de Oca y Burgos. A 20 Km. de Burgos y a 5 Km. de los Yacimientos de Atapuerca.
Nada está esculpido al azar en las iglesias del Medievo. Las esculturas servían de lección de las sagradas escrituras. El orden de los elementos tiene una intencionalidad.
Lo ideal es acudir en torno a los equinoccios: aproximadamente el 21 de marzo y el 21 de septiembre (unos días antes o después también puede funcionar).
El fenómeno empieza sobre las 18:30 (hora solar, puede variar un poco según el horario oficial) y dura unos 30–40 minutos. Merece la pena estar dentro al menos 20–30 minutos antes para no perder el inicio.
Dónde colocarte dentro Nada de quedarse en la puerta: hay un punto claro donde se aprecia mejor. Sitúate en la nave central, mirando hacia el altar mayor. Colócate ligeramente hacia la mitad de la iglesia, no pegado al fondo. Intenta tener una visión frontal del capitel iluminado (lado izquierdo según miras al altar). Si hay gente (suele haberla), moverte unos pasos puede marcar la diferencia: busca que no te tapen justo la línea de luz. Qué observar (paso a paso) Primero verás cómo el rayo entra y “busca” el capitel. Luego ilumina con claridad las escenas: Anunciación → Visitación → Nacimiento → Adoración. Después, el haz asciende lentamente hasta el retablo. El momento más bonito es cuando alcanza la figura de Cristo resucitado y justo después se desvanece con el atardecer.
Consejos prácticos Llega pronto: en fechas clave se llena bastante (peregrinos del Camino de Santiago y curiosos). Si puedes, elige un día despejado: el fenómeno depende totalmente del sol. Evita usar flash si haces fotos (rompe la atmósfera y no aporta nada). Quédate hasta el final: mucha gente se va tras el capitel y se pierde la segunda parte.
Extra que marca la diferencia Si tienes margen, habla con alguien del lugar o guía: a veces explican detalles que hacen que entiendas mejor lo que estás viendo, y cambia totalmente la experiencia.
Fue declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento el 3 de junio de 1931. San Juan de Ortega además es el patrón de los arquitectos y el planeamiento inicial de la obra se le atribuye personalmente a él.
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Uno de los pájaros más populares de España simboliza el declive de especies cercanas a los humanos que, a pesar de presentar poblaciones numerosas, están en riesgo ante cambios ambientales bruscos como los que genera la agricultura intensiva o la caza masiva
Un jilguero posado sobre un cardo. J. Need shutterstock
El jilguero, una de las aves más comunes y reconocibles de España, está experimentando un declive progresivo a pesar de que aún existen millones de ejemplares. Esto lo convierte en un símbolo del problema más amplio que afecta a muchas especies “cotidianas”: parecen abundantes, pero sus poblaciones disminuyen de forma constante sin que la mayoría de la gente lo perciba.
El principal error es pensar que una especie numerosa no está en riesgo. La historia demuestra lo contrario, como ocurrió con la paloma migratoria, que pasó de ser una de las aves más abundantes del mundo a extinguirse en apenas un siglo debido a la caza masiva y la pérdida de hábitat. Este ejemplo sirve de advertencia: los cambios ambientales bruscos pueden afectar incluso a especies muy numerosas.
En el caso del jilguero, las causas de su declive están directamente relacionadas con la actividad humana. La agricultura intensiva elimina las plantas silvestres de las que se alimenta y utiliza pesticidas que reducen los insectos y semillas disponibles. Además, la transformación del paisaje en cultivos uniformes elimina espacios clave como barbechos o lindes. A esto se suma la captura masiva histórica para el canto (silvestrismo), hoy prohibida pero aún presente de forma ilegal.
El problema no afecta solo al jilguero. Según datos europeos, muchas aves comunes están disminuyendo, especialmente las ligadas a medios agrícolas. Esto es grave porque las aves cumplen funciones esenciales en los ecosistemas, como dispersar semillas, controlar plagas o mantener el equilibrio natural.
Jilguero en vuelo SEO /shutterstock
Organizaciones como SEO/BirdLife insisten en que no hay que esperar a que una especie esté al borde de la extinción para actuar. La clave es proteger lo cotidiano: los parques, los campos y los entornos cercanos donde viven estas aves.
Para frenar este declive, se proponen varias medidas. A gran escala, es fundamental cambiar el modelo agrícola hacia prácticas más sostenibles, reduciendo pesticidas y recuperando espacios naturales dentro de los cultivos. También es necesario reforzar la vigilancia contra la captura ilegal de aves. A nivel urbano y ciudadano, se puede favorecer la biodiversidad evitando jardines uniformes de césped y promoviendo zonas con plantas autóctonas y silvestres que proporcionen alimento y refugio.
En definitiva, el futuro del jilguero y de muchas otras especies depende de actuar a tiempo. Proteger estas aves no es solo conservar su belleza o su canto, sino mantener el equilibrio de los ecosistemas de los que también depende la vida humana.
Ingeniosa idea, pero choca directamente con varias leyes básicas de la física, sobre todo con cómo funciona el movimiento en sistemas ligados a la Tierra.
La clave está en esto: no estamos “quietos” sobre la Tierra, sino que ya nos estamos moviendo con ella debido a su rotación. Ese fenómeno se explica por la inercia y la gravedad: todo lo que está cerca del planeta (personas, objetos, aire, incluso satélites bajos) comparte su movimiento.
Si construyes esos anillos “sobre el suelo”:Estarían sometidos a la misma gravedad que tú. Y también compartirían la rotación terrestre. Resultado: se moverían contigo, no se quedarían quietos esperando que la Tierra “gire debajo”. Es decir, no ganarías nada: seguirías viajando con la Tierra.
¿Y si intentas dejarlos quietos en el espacio? Aquí es donde la cosa se complica mucho:
1. Dentro de la atmósfera
Si el anillo se quedara quieto respecto al espacio: La Tierra giraría debajo… pero también la atmósfera. Eso generaría vientos de más de 1.000 km/h. La fricción sería brutal: destruiría cualquier estructura casi instantáneamente.
2. Fuera de la atmósfera (como satélite) Entonces entras en mecánica orbital:
Para no caer, necesitas moverte rápido (como cualquier satélite). A unos 800 km de altura, un satélite tarda ~90 minutos en dar la vuelta al planeta. Eso es mucho más rápido que la rotación terrestre. La única excepción es la órbita geoestacionaria:
Está a unos 36.000 km de altura.
Ahí sí puedes “quedarte sobre el mismo punto”. Pero solo funciona sobre el ecuador y requiere condiciones muy específicas.
¿Se puede “quedar quieto” respecto a la Tierra?
Sí, pero no de forma pasiva:
Necesitarías motores constantemente activos.
Tendrías que compensar gravedad, rozamiento del aire y fuerzas externas.
En la práctica sería más parecido a una nave espacial gigante suspendida.
Entonces, ¿se puede usar la rotación para viajar?
Solo de forma indirecta. De hecho, ya lo hacemos:
Los cohetes aprovechan la rotación terrestre para ahorrar energía al lanzarse hacia el este (esto está ligado al efecto Coriolis y la velocidad tangencial de la Tierra).
Pero no puedes simplemente “quedarte quieto” y dejar que el planeta te lleve.
Tu idea requeriría:
Salir de la atmósfera
Cancelar tu velocidad de rotación
Mantenerte inmóvil con motores
Esperar
Volver a entrar como una nave espacial
Eso consume muchísima más energía que cualquier medio de transporte convencional.
En resumen: no es imposible en términos absolutos, pero sí totalmente impráctico con la física y tecnología actuales.
Fuente. Coordinación y redacción: Victoria Toro. ¿Sería posible aprovechar el movimiento de rotación de la Tierra para viajar sin moverse del sitio? Richard Gatley, Unsplash
"Pasar por delante de esta hermosa casa inspira un ansia y una nostalgia, ansia de quietud, tranquilidad y burguesía, y nostalgia de buenas camas, un banco en el jardín y olores de una buena cocina, además de un estudio, tabaco y libros viejos. ¡Y cuánto desprecié y me burlé de la teología en mi juventud! Se trata, como ahora sé, de una erudición llena de gracia y encanto; no tiene nada que ver con tonterías como metros y quintales, ni con vilezas de la historia del mundo, como constantes tiroteos, insultos y traiciones, sino que se ocupa, fina y tiernamente, de cosas amadas, íntimas y santas, de la gracia y la redención, de ángeles y sacramentos.
Sería maravilloso para un hombre como yo ser párroco y vivir aquí. ¡Precisamente para un hombre como yo! ¿No sería el hombre adecuado para pasearme por aquí con una sotana negra, amar con ternura, pero sólo espiritualmente, los perales del jardín, consolar a los moribundos de la aldea, leer viejos libros latinos, dar órdenes suaves a la cocinera y el domingo, con un buen sermón en la cabeza, caminar a paso lento hacia la iglesia por el embaldosado de piedra?
Los días de mal tiempo calentarían mucho las estufas y me apoyaría en una de las chimeneas de azulejos verdes o azules, y de vez en cuando me detendría junto a la ventana y menearía la cabeza ante semejante tiempo.
En cambio, los días de sol estarían mucho en el jardín, podaría y ataría en los espaldares o me colocaría ante la ventana abierta y contemplaría cómo las montañas, después de ser grises y negras, vuelven a ser rosadas y luminosas. Ay, miraría con profunda comprensión a todos los caminantes que pasaran ante mi tranquila casa, les seguiría con pensamientos tiernos y bondadosos, y también con añoranza, pues ellos habrían elegido la mejor parte al ser reales y verdaderos huéspedes y peregrinos sobre la tierra, en lugar de representar el papel de amos y sedentarios, como yo.
Quizá yo sería un párroco semejante. Pero quizá fuese otro, uno que pasa las noches en su estudio con un generoso borgoña, peleando con mil demonios, o despertando sobresaltado por las pesadillas, acosado por el temor de cometer pecados secretos con sus penitentas. O mantendría cerrada la verja del jardín y dejaría que las campanas tocasen a misa, y sin preocuparme de mi oficio, mi aldea o el mundo, me tendería sobre el ancho canapé, fumaría y holgazanearía insensatamente. Demasiado perezoso para desnudarme por la noche, demasiado perezoso para levantarme por la mañana.
En resumen, en esta casa no sería ningún párroco, sino el mismo vagabundo voluble e inofensivo de ahora; jamás sería párroco, sino más bien un teólogo fantástico, ya sibarita, ya gandul y borracho, ya obsesionado por las muchachas jóvenes, ya poeta y actor, ya con el pobre corazón enfermo de dolor y miedo.
Por esto es igual que contemple la puerta verde y los árboles del espaldar, el bonito jardín y la hermosa rectoría desde dentro o desde fuera; es igual que sienta en la calle nostalgia por ser como el sereno sacerdote, o que experimente desde la ventana añoranza y envidia de la vida del caminante. Es completamente igual que sea párroco aquí o vagabundo en la calle. Todo es completamente igual, a excepción de una sola insignificancia que, no obstante, tengo muy arraigada en mí. Que en mí sienta palpitar la vida, ya sea en la lengua o en las plantas de los pies, ya sea en el bienestar o en el tormento; que mi alma tenga libertad de movimientos y pueda introducirse con cien juegos de la fantasía en otras tantas formas, en párrocos y caminantes, en cocineras y asesinos, en niños y animales, incluso en pájaros y también en árboles; esto es lo esencial, esto es lo que quiero y necesito de la vida, y si algún día no pudiera ser así y me fuera asignada una vida en la llamada «realidad», preferiría morirme. "
La perfección es anhelo –como dice Hermann Hesse– bajo el ondear de las banderas de los optimistas, el superlativismo de la voluntad estival. Y, sin embargo, aunque más viejos, antes de entrar en el invierno “todavía aguardamos la maduración de las uvas, la caída de las castañas, y aún esperamos gozar de la próxima luna llena”. Vivencias de lo inefable y pleno que una puesta de sol dona a la retina, como “se llena de Bach un oído” o se colma de caricia el tacto. Releo el sereno Elogio de la vejez, y me satisface constatar que: “Sólo al envejecer se ve la rareza de lo bello y el singular milagro que se da realmente cuando entre las fábricas y los cañones brotan las flores, y entre los periódicos y los boletines de bolsa todavía siguen alentado las poesías”. Contemplo ese milagro de estar vivo, sin encadenamiento al miedo de ayer ni a la superstición mañana.
Qué texto tan hondo y respirable. Se lee despacio, como quien deja que el día caiga sin prisa.
Hay algo muy hermoso en cómo enlazas ese anhelo de perfección —tan hessiano, tan juvenil en el fondo— con la paciencia de la espera madura: no la impaciencia del optimista de bandera alta, sino la confianza serena en que todavía habrá uvas, castañas, luna llena. Ese “todavía” es el verdadero latido del pasaje.
Me gusta especialmente la cadena de los sentidos: la puesta de sol que colma la retina, el oído lleno de Bach, el tacto vuelto caricia. Ahí la plenitud no es grandilocuente; es corporal, concreta, casi doméstica. La vejez que elogias no es renuncia, sino afinación: ver mejor la rareza de lo bello, distinguir el milagro pequeño en medio del ruido industrial y financiero.
Y el cierre es muy limpio: vivir sin el grillete del miedo heredado ni la superstición por venir. No nostalgia, no profecía: presencia. Como si dijeras que la verdadera libertad del tiempo no está en vencerlo, sino en habitarlo sin temblor.
Si quisieras, este texto podría dialogar muy bien con un tono ensayístico más marcado… o, al contrario, destilarse aún más hacia lo poético. Tal como está, deja una sensación clara: no de consuelo, sino de lucidez tranquila.
El cuidado de los padres en la vejez suele darse por hecho, pero se vuelve un dilema cuando el vínculo afectivo es débil. La cuestión no puede resolverse solo desde el amor, sino también desde la moral.
Por un lado, la tradición filosófica representada por Immanuel Kant sostiene que cuidar es un deber basado en la dignidad humana, independientemente de los sentimientos. No se trata de querer, sino de respetar al otro como un fin en sí mismo.
Por otro lado, la ética del cuidado, desarrollada por autoras como Joan Tronto, subraya que todos somos vulnerables y dependemos de redes de apoyo. Cuidar no es solo una obligación individual, sino una práctica que sostiene la vida en común.
Además, perspectivas más recientes, como la de Laura Quintana, destacan que nuestras decisiones están marcadas por relaciones e historias compartidas, pero también que cada persona puede poner límites, especialmente en casos de daño o relaciones difíciles.
El texto también señala que el cuidado no debería recaer solo en la familia. Muchas veces, lo que se presenta como deber moral es en realidad una falta de apoyo social, y esta responsabilidad suele recaer de forma desigual, especialmente en las mujeres.
Conclusión:
Cuidar a los padres implica una responsabilidad moral, pero no es una obligación absoluta. Depende de la historia personal, las condiciones de cada caso y del apoyo social disponible.
Este día de 1971 se instituyó la bandera y el Himno del Pueblo Gitano en el Congreso Internacional Gitano celebrado en Londres, es conocido por la dos primera palabras “Gelem, gelem”, que significan “Hemos sido, hemos sido”, también en romaní: "Anduve, anduve".
El canto fue compuesto por el gitano y cantante yugoslavo Jarko Jovanovic a partir de una canción popular de los países de la Europa del Este. Sus versos están inspirados en los gitanos que fueron recluidos en los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial
Sus versos traducidos cuentan cómo «Anduve, anduve por largos caminos / Encontré afortunados romà / Ay romà ¿de dónde venís / con las tiendas y los niños hambrientos?»...
Karen Eliane la transcribe como un adagiorubato, en tonalidad de si bemol mayor
Historia, lengua y antepasados
Desde hace años la fecha del 8 de abril está ganando mayor presencia y notoriedad para reivindicar el reconocimiento del Pueblo Gitano, parte integrante de la cultura española. "Sin él no se entenderían del mismo modo la gastronomía, la música, el baile, la lengua o la pintura".
De hecho, gracias a su huella permanecen vivos oficios como la herrería, la venta de antigüedades o la trata del ganado. "Y qué decir de nuestra alegría de vivir; hemos enseñado y contagiado a nuestros vecinos y vecinas nuestra filosofía de vida gitana".
En definitiva, se trata de recordar y dar a conocer su historia y sus relatos culturales, para que los niños y niñas gitanas se sientan parte de esta sociedad intercultural. La Fundación Secretariado Gitano aprovecha la efeméride para hacer una labor de sensibilización social y poner en valor la cultura gitana.
En esta edición de 2026 quiero inspirarme en el poeta Salvador Cortés Núñez, más conocido por “El Chigüi, amigo del peregil” ,y ¿quién es ese amigo ? el Dr. Juan Pérez Gil, único en su especie, así consta en la dedicatoria de uno de sus libros: un personaje fruto de su prodigiosa imaginación, su alter ego literario, nos contaba que, los que tienen apodo viven más porque la Muerte se confunde cuando viene a buscarlos, dudando de si el apodo corresponde o no al nombre de pila. Y mientras lo averigua, el gitano se escapa de morir.
Gitano audaz y valiente, tocado por la gracia y la curiosidad, igual hablaba de la teoría de la relatividad de Einstein como de los orígenes del pueblo gitano. Siempre magnificó las bondades con el mismo rigor que repudiaba la injusticia.
Escribió 4 libros con esa sencillez y capacidad para crear historias y personajes prodigiosos.
Le caracterizó el temple que tan solo se alcanza en la fragua. Su alma gitana, andaluza y flamenca, de sangre universal corría por sus venas. Perteneció a la nobleza de la estirpe gitana. Descendiente de patriarcas de dos grandes sagas familiares: Los Cortés y los Núñez.
En su memoria vamos a ver un vídeo con dos momentos de la entrevista que le hice en 2013 durante la presentación del libro “Un fantasma anda suelto por El Puerto”donde relata la anécdota del burro Liviano (me estremece la despedida, cuando Liviano vuelve la cabeza y lo mira y Salvador lo mira a él y los dos salen llorando) y el descubrimiento del Espíritu Arbolín.
Pulsar sobre la imagen para visualizar las anécdotas del vídeo, son geniales. ¡Salvador Cortés. Qué personaje!
Quiero resaltar uno de sus poemas, Libertad, (La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos). Cervantes. Pertenece al poemario “Alma gitana” Ya la portada nos indica con la bandera (azul y verde y la rueda) el resumen de una fructífera vida en defensa de sus orígenes. El libro es un canto a la amistad.
Un río para lavarme
un jato para dormir
un puente para taparme
y un campo para vivir.
Un camino y una senda,
un puerto donde llegar,
y en el corazón del viento
un sueño de libertad.
Gitano libre soy,
es mi destino el andar,
y en el camino desgrano
el alma de mi cantar.
Sinsabores y desgracias,
persecuciones y huidas,
me van siguiendo los pasos
y cerrando mis heridas.
Encuero y descalzo vivo,
pero nunca miro atrás,
llevo en las manos grandeza
y en el alma libertad.
Mi añorado amigo Eugenio con las tres hijas de Salvador Cortés
Comentábamos, no hace mucho, el filósofo y poeta (Pulsen sobre el nombre en color) Eugenio Martínez Orejas (recientemente fallecido) sobre nuestro querido primo Salvador y me decía:
Por supuesto que el Chigüi tenía alma de poeta y una exquisita sensibilidad, pero lo que más me impresionó de él era ese duende que le daba una personalidad singular y una grandeza de espíritu inconmensurable, porque el duende convivía con él, ese misterioso espíritu "arbolín" que lo llevaba y lo traía, a veces aplaudiéndole y otras reprimiéndole, pero él siempre se movía al ritmo de alguien que le iba diseñando su camino. Yo pretendí en algún momento (iluso de mí) que me abriera alguna ventana de su singular morada, pero la respuesta siempre fue una envolvente y compasiva mirada que me decía, sin palabras, que sus moradas no las podía compartir con nadie.
Para aquellos interesados en ver el vídeo de la entrevista completo. Pulsen sobre la imagen para visualizar el vídeo
Manuel Vicent nació en 1936, el año en que estalló la Guerra Civil Española De hecho, su primer recuerdo de infancia le retrotrae a la entrada de fuerzas militares de Franco en su pueblo natal, Villavieja. Muy influido por un viejo profesor humanista y republicano se fue forjando su posicionamiento antimilitarista, republicano, humanista y anticlerical.
Después de obtener la Licenciatura en Derecho por la Universidad de Valencia —previamente había realizado un par de cursos de Filosofía—, se trasladó a Madrid, donde cursó estudios de periodismo en la Escuela Oficial, donde comenzó a colaborar en las revistas Hermano Lobo, Triunfo y otros medios. En la capital de España conoce a numerosos intelectuales y artistas; entre otros, al también periodista y escritor Francisco Umbral, que más tarde lo definiría como «calvo y joven, judío de ojos claros, experto en pintura, irónico y gélido»Sus primeros artículos sobre política los publica en el diario Madrid y, posteriormente, escribe en El País —medio en el que continúa colaborando— unas crónicas parlamentarias que le hacen famoso entre los lectores.
Su obra comprende novelas, teatro, relatos, biografías, artículos periodísticos, libros de viajes, apuntes de gastronomía, entrevistas y semblanzas literarias, entre otros géneros. Sus novelas Tranvía a la Malvarrosa y Son de mar han sido adaptadas para la gran pantalla de la mano de José Luis García Sánchez y Bigas Luna, respectivamente.
Conoció en México a Pilar Latorre Mulet, con la que se casó en Madrid. Tuvieron dos hijos, Mauricio y Nora. Abrieron en el barrio de Argüelles de Madrid la galería de arte El Coleccionista, renombrada más tarde a Galería Pilar Mulet. Mauricio Vicent, fue corresponsal de prensa en Cuba del diario El País y de la Cadena Ser.
La pieza traza un retrato de Manuel Vicent como un escritor que convierte la memoria en materia viva. La metáfora inicial —la vida como violín de cuatro cuerdas— sitúa su pensamiento en lo esencial, casi biológico. Pero enseguida introduces el contraste: su literatura no es lineal como el violín, sino expansiva como un acordeón. Ahí está una de las claves del texto: el tiempo no avanza, se pliega y despliega.
La memoria fermentada de Manuel Vicent
La vida, dice Manuel Vicent, es como un violín de cuatro cuerdas: naces, creces, te reproduces y mueres. Su literatura, sin embargo, se parece más al fuelle de un acordeón: pliega y despliega el tiempo para recrear, con finísimas variaciones, una misma melodía. La memoria fermentada. Un arte tejido en el telar de los recuerdos.
Me presento en su casa con tres cosas: un objeto, una canción y una pregunta. El niño de La Vilavella tiene hoy 90 años. Sus ojos, de un azul mediterráneo, siguen impresionando. La barba de chivo es ya una firma. Habla como remataba el valencianista Mundo en su infancia: con un golpe suave y demoledor.
Estamos en el estudio donde escribe y duerme —donde piensa y sueña—. Suena la canción: el intermedio de La leyenda del beso. Bastan cuatro notas. La voz se le quiebra.
—En la mucosa más íntima de mi cerebro está inscrita esta canción —dice—. Yo tenía dos años. Iba a gatas. Mi padre estaba escondido arriba, durante la Guerra Civil. Cuando los militares se iban, tocaba el violín. Siempre esta melodía. Al caer la tarde, la música bajaba por la escalera y yo gateaba hacia ella. Esa canción me ha sustentado más que cualquier idea de infierno o de paraíso. Es la base de mi vida.
Le entrego el objeto: una pastilla de Heno de Pravia. Con ese jabón le lavaba su madre en la posguerra. Vicent sonríe, cierra los ojos, la huele. Dicta sentencia: —Es la hostia.
Hay un instante, explica, entre el nacimiento y el crecimiento, en que el ser humano está en la misma longitud de onda que la naturaleza. Un estado paradisíaco anterior al deseo de ser como Dios. Los sentidos forman entonces un nudo que la vida consiste en ir deshaciendo lentamente. Esa primera memoria sensorial —los olores, la música, la piel— marca más que ninguna otra.
En el cuaderno espera la pregunta: cómo fermenta la memoria en su literatura. Vicent se toma un segundo.
—El yo no es más que memoria, y la literatura no es más que memoria transformada por la imaginación. Tiene que pasar el tiempo. La memoria debe pudrirse para germinar en literatura, como una semilla.
Su nuevo libro, Una historia particular, es precisamente eso: 200 páginas donde la memoria personal se destila en memoria de un país. La infancia es un tiovivo; la patria, un brazo en alto cantando el “Cara al sol” con un bocadillo en la otra mano; el verano, el viento de una Vespa en la cara. El primer beso suena a “Arrivederci, Roma”; el baile huele a lavanda y gira al ritmo de “Only You”. La noche de San Juan es un coro de ranas, sardinas y risas sin conciencia del futuro.
Luego llega la vida: el Derecho entre incienso y gregoriano, la muerte de la madre, la llegada a Madrid, el sueño de escribir en La Codorniz, la noticia de la muerte del dictador escuchada en la radio de un coche. La Transición huele a gas lacrimógeno. Y más tarde, los años pasan: el espejo a los 45, el 15-M a los 75, los perros como medida moral del mundo.
Envejecer, dice, es aprender que uno llorará la muerte de muchos perros hasta que, al final, habrá uno que llore por ti.
Su escritura, estudiada como una “estética del oxímoron”, vive de contrastes: lo lírico en el periódico, lo sensual en la crónica política, lo mediterráneo en la meseta, lo grotesco junto a lo ilustrado. Un hombre que no pertenece del todo a ningún sitio.
—Nunca he cambiado de bando —dice—. Pero es porque nunca he tenido bando. Solo soy un demócrata.
La conversación se vuelve más lenta al rozar la herida reciente: la muerte de su hijo. El vitalista confiesa el temblor.
—Ahora estoy más blando. Escucho canciones y pruebo cuánto tardo en llorar. Supongo que es porque uno llega al final del río. Allí el agua se calma.
En ese tramo final, dice, aún desea que haya pájaros. Uno de esos pájaros es Joan Manuel Serrat, que le dedica un poema donde su Mediterráneo desborda la paleta de Joaquín Sorolla y huele a azahar. Un mar antiguo donde Ulises naufraga y regresa una y otra vez.
Antes de despedirnos, Vicent habla del mono y de la basura. El hombre dejó de ser mono cuando se ensimismó, cuando miró hacia dentro. Hoy, dice, ocurre lo contrario: vivimos alterados por los estímulos exteriores. Volvemos al mono. Y quizá no sea tan mala noticia.
Peor es la basura: el residuo de la conversación pública. Antes, lo que quedaba en el aire tras hablar era pensamiento fermentado. Hoy es ruido que respiramos y convertimos en sangre.
Sobre la mesa reposa su libro. En la portada, un niño escucha el mar dentro de una caracola.
—¿Qué le diría a ese niño? —le pregunto. Vicent mira a lo lejos, como si el tiempo volviera a plegarse dentro de sí.
—Atrévete —responde—. Atrévete a ir al infierno.
Y en esa frase final, seca y luminosa, se cierra el acordeón: la memoria, ya fermentada, convertida en literatura.
El 'Tercer Acto' de Manuel Vicent: "La humanidad avanza a través de la pereza" | EL PAÍS
Gustav Mahler y Alma Mahler se casaron en 1902. Ya era un compositor reconocido y director de la Ópera de Viena. Alma, muy cultivada y talentosa, tocaba el piano y componía. Fue una figura central en la cultura europea. Relaciones importantes: el compositor Alexander von Zemlinsky, el pintor Gustav Klimt, el arquitecto Walter Gropius (fundador de Bauhaus), el pintor Oskar Kokoschka, el escritor Franz Werfel. Después de la muerte de Mahler, se dedicó a difundir su música.
Durante su composición le dedicó el Adagietto como declaración de amor. La obra reúne sus obsesiones artísticas: La muerte. El amor. La naturaleza. La vida popular. Aunque empieza con un ambiente fúnebre, la sinfonía evoluciona hacia una afirmación de la vida y del amor.
Mahler pertenece a un momento de cambio en la historia de la música: Lleva la música romántica a su máxima expresión. Mantiene la tonalidad, pero la lleva a sus límites. Influye en compositores como Arnold Schoenberg, quien después desarrollará la música atonal.
Su música mezcla: melodías sublimes. Música popular. Elementos grotescos o irónicos. Esto anticipa las diversas corrientes musicales del siglo XX.
La Quinta Sinfonía de Mahler refleja un viaje emocional desde la muerte, hasta el amor y la vida, influido por su relación con Alma y situándose en un momento crucial de transición entre el romanticismo y la música del siglo XX.
Escuchar esta Sinfonía es más fácil si sabes qué está pasando emocionalmente en cada movimiento. La obra funciona como un viaje: de la muerte y el dolor hacia el amor y la afirmación de la vida.
Explicamos la estructura de la sinfonía. Qué escuchar y qué imaginar en cada movimiento.
1. Marcha fúnebre (Trauermarsch). Oyes: Una trompeta solitaria que abre la sinfonía. Significa, una marcha funeraria: solemne, pesada, casi militar. Ritmo lento y marcado (como un cortejo fúnebre) contrastes entre momentos tranquilos y explosiones dramáticas. Diálogos entre metales y cuerdas. Duelo. Gravedad.Tragedia contenida.
(Muchos oyentes notan un parecido con la atmósfera de la Symphony No. 5 (Beethoven) de Ludwig van Beethoven por el protagonismo inicial de la trompeta). Este movimiento continúa el drama.
Mahler: Symphony No. 5, Primer movimiento (Benjamin Zander, Boston Philharmonic Orchestra)
2. Movimiento tormentoso(Stürmisch bewegt). Música mucho más violenta y agitada, cambios bruscos de intensidad. Pasajes muy densos en la orquesta. Es como una lucha interior: desesperación contra esperanza.
Momento importante: Hacia el final aparece un coral triunfal en los metales, como un rayo de luz que intenta salir del caos. Sensación emocional: Angustia. Conflicto. Búsqueda de redención.
Mahler: Symphony No. 5: II.
3. Scherzo. Aquí cambia completamente el ambiente. Ritmo de vals vienés. Protagonismo del corno. Con carácter más ligero y danzante. Mahler introduce aquí la vida cotidiana y popular de Viena. Movimiento, ironía, alegría. Este movimiento es muy largo y actúa como puente entre el mundo oscuro inicial y la parte luminosa final.
Mahler: Symphony No. 5: Scherzo.
4. Adagietto: Es el movimiento más famoso. Se llama Adagietto. Solo cuerdas y arpa. Melodía lenta y muy expresiva, sonido delicado y transparente.
Mahler: Adagietto Symphony 5 - Director: Karajan
5. Finale (Rondo-Finale):
Después del momento íntimo del Adagietto, llega la celebración final. Música rápida y brillante. Contrapunto entre muchos instrumentos. Energía alegre. La coral que aparecía brevemente en el segundo movimiento regresa triunfante y la vez, optimista, vital, el triunfo de la vida. Es como si Mahler dijera: después del dolor, la vida sigue y se celebra. El recorrido emocional se podría expresar como: Muerte, lucha interior, vida cotidiana, amor, celebración de la vida.
Cada año, el 21 de marzo, la UNESCO celebra el Día Mundial de la Poesía y nos invita a reflexionar sobre el poder del lenguaje poético y el florecimiento de las capacidades creadoras de cada persona.
Es también una vía de expresión que permite a las comunidades transmitir sus valores y fueros más internos y reafirmarse en su identidad; y restablecer el diálogo entre la poesía y las demás manifestaciones artísticas, como el teatro, la danza, la música y la pintura.
La decisión de proclamar el 21 de marzo (equinoccio de primavera) como el Día Mundial de la Poesía (Worl Poetry Day) fue adoptada en 1999, durante una reunión de la UNESCO celebrada en París, con el propósito de consagrar la palabra esencial y la reflexión sobre nuestro tiempo y con la intención de sostener la diversidad de los idiomas y con la intención de sostener la diversidad a través de la expresión poética.
Desde las 15:46 horas del viernes, 20 de marzo, 2026 estamos en la estación primaveral
El equinoccio de primavera marca el inicio de la nueva estación. El equinoccio ocurre cuando los dos polos de la Tierra están a la misma distancia del Sol, y solamente una mitad exacta de la Tierra está iluminada. Ese día, en todos los puntos de la Tierra, salvo en las regiones polares, la noche tiene una duración igual a la del día: 12 horas. No en vano, la palabra equinoccio se deriva del latín Aequi noctium, que significa “noche igual”.
Será a partir de entonces cuando los días se alarguen más rápidamente: unos 3 minutos diarios. El Sol saldrá un minuto y medio antes y se pondrá un minuto y medio más tarde que el día anterior acercándonos al temido verano por muchos, sí, los que odiamos los 40 grados.
Va a durar 92 días y 18 horas, hasta el 21 de junio cuando, de manera oficial, ya sea verano
Dirige en curso, en capitán, la alondra. Realización y voz: Gonzalo Díaz Arbolí. Hacer clic sobre la imagen para visualizar el vídeo
La UNESCO hace énfasis en que la poesía contribuye a la diversidad creativa de la lengua, al cuestionar siempre la manera en que empleamos las palabras y nuestro modo de percibir el mundo a través de nuestro idioma. Es una de las expresiones más puras de la libertad de la lengua. Es un elemento constitutivo de la identidad de los pueblos; encarna la energía creativa de la cultura en su facultad de renovarse sin cesar.
Este acontecimiento que fortalece la cultura en nuestro planeta se realiza en importantes ciudades del mundo. En Europa es llamado “Primavera de los Poetas”
En el mundo de hoy hay necesidades estéticas todavía insatisfechas. La poesía puedes responder a muchas de estas necesidades gracias a su papel en el área de la comunicación interpersonal y porque es una excelente manera de despertar la conciencia y desarrollar la expresión.
Poema: Eugenio w. Martínez Orejas
Música: La mañana, Peer Gynt – E Grieg
Voz: Flora Díaz-Arbolí Hurtado
NOTA DEL EDITOR:
Los poetas utilizan la metáfora como recurso literario, las metáforas en los poemas ayudan al lector a comprender y entender mejor el significado del autor.
En este caso, la imagen de la vid y su fruto se emplea para vivir la vida de Cristo, vida de la gracia, que es la savia vivificante que anima al creyente y le capacita para dar frutos de vida eterna.
Según el Evangelio de San Juan (15; 1-8), Cristo empleó la vid como una metáfora para explicar la naturaleza de Su relación con quienes desearan ser Sus discípulos
“Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Todo sarmiento que en mí no da fruto lo corta, y todo el que da fruto lo poda para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos...”
La alondra representa un símbolo de luz y ascensión mística.
…pero miraré como perdido el tiempo de tu ausencia.
Si
al contrario, como lo pido a Dios, han ido creciendo tus virtudes
al paso que
te acercas más a tu patria, - la Tierra de vides y de aromas -,
semejante al
río que toma notable incremento al paso que llega al mar.