Uno de los pájaros más populares de España simboliza el declive de especies cercanas a los humanos que, a pesar de presentar poblaciones numerosas, están en riesgo ante cambios ambientales bruscos como los que genera la agricultura intensiva o la caza masiva
Un jilguero posado sobre un cardo. J. Need shutterstock
El jilguero, una de las aves más comunes y reconocibles de España, está experimentando un declive progresivo a pesar de que aún existen millones de ejemplares. Esto lo convierte en un símbolo del problema más amplio que afecta a muchas especies “cotidianas”: parecen abundantes, pero sus poblaciones disminuyen de forma constante sin que la mayoría de la gente lo perciba.
El principal error es pensar que una especie numerosa no está en riesgo. La historia demuestra lo contrario, como ocurrió con la paloma migratoria, que pasó de ser una de las aves más abundantes del mundo a extinguirse en apenas un siglo debido a la caza masiva y la pérdida de hábitat. Este ejemplo sirve de advertencia: los cambios ambientales bruscos pueden afectar incluso a especies muy numerosas.
En el caso del jilguero, las causas de su declive están directamente relacionadas con la actividad humana. La agricultura intensiva elimina las plantas silvestres de las que se alimenta y utiliza pesticidas que reducen los insectos y semillas disponibles. Además, la transformación del paisaje en cultivos uniformes elimina espacios clave como barbechos o lindes. A esto se suma la captura masiva histórica para el canto (silvestrismo), hoy prohibida pero aún presente de forma ilegal.
El problema no afecta solo al jilguero. Según datos europeos, muchas aves comunes están disminuyendo, especialmente las ligadas a medios agrícolas. Esto es grave porque las aves cumplen funciones esenciales en los ecosistemas, como dispersar semillas, controlar plagas o mantener el equilibrio natural.
Jilguero en vuelo SEO /shutterstock
Organizaciones como SEO/BirdLife insisten en que no hay que esperar a que una especie esté al borde de la extinción para actuar. La clave es proteger lo cotidiano: los parques, los campos y los entornos cercanos donde viven estas aves.
Para frenar este declive, se proponen varias medidas. A gran escala, es fundamental cambiar el modelo agrícola hacia prácticas más sostenibles, reduciendo pesticidas y recuperando espacios naturales dentro de los cultivos. También es necesario reforzar la vigilancia contra la captura ilegal de aves. A nivel urbano y ciudadano, se puede favorecer la biodiversidad evitando jardines uniformes de césped y promoviendo zonas con plantas autóctonas y silvestres que proporcionen alimento y refugio.
En definitiva, el futuro del jilguero y de muchas otras especies depende de actuar a tiempo. Proteger estas aves no es solo conservar su belleza o su canto, sino mantener el equilibrio de los ecosistemas de los que también depende la vida humana.
Ingeniosa idea, pero choca directamente con varias leyes básicas de la física, sobre todo con cómo funciona el movimiento en sistemas ligados a la Tierra.
La clave está en esto: no estamos “quietos” sobre la Tierra, sino que ya nos estamos moviendo con ella debido a su rotación. Ese fenómeno se explica por la inercia y la gravedad: todo lo que está cerca del planeta (personas, objetos, aire, incluso satélites bajos) comparte su movimiento.
Si construyes esos anillos “sobre el suelo”:Estarían sometidos a la misma gravedad que tú. Y también compartirían la rotación terrestre. Resultado: se moverían contigo, no se quedarían quietos esperando que la Tierra “gire debajo”. Es decir, no ganarías nada: seguirías viajando con la Tierra.
¿Y si intentas dejarlos quietos en el espacio? Aquí es donde la cosa se complica mucho:
1. Dentro de la atmósfera
Si el anillo se quedara quieto respecto al espacio: La Tierra giraría debajo… pero también la atmósfera. Eso generaría vientos de más de 1.000 km/h. La fricción sería brutal: destruiría cualquier estructura casi instantáneamente.
2. Fuera de la atmósfera (como satélite) Entonces entras en mecánica orbital:
Para no caer, necesitas moverte rápido (como cualquier satélite). A unos 800 km de altura, un satélite tarda ~90 minutos en dar la vuelta al planeta. Eso es mucho más rápido que la rotación terrestre. La única excepción es la órbita geoestacionaria:
Está a unos 36.000 km de altura.
Ahí sí puedes “quedarte sobre el mismo punto”. Pero solo funciona sobre el ecuador y requiere condiciones muy específicas.
¿Se puede “quedar quieto” respecto a la Tierra?
Sí, pero no de forma pasiva:
Necesitarías motores constantemente activos.
Tendrías que compensar gravedad, rozamiento del aire y fuerzas externas.
En la práctica sería más parecido a una nave espacial gigante suspendida.
Entonces, ¿se puede usar la rotación para viajar?
Solo de forma indirecta. De hecho, ya lo hacemos:
Los cohetes aprovechan la rotación terrestre para ahorrar energía al lanzarse hacia el este (esto está ligado al efecto Coriolis y la velocidad tangencial de la Tierra).
Pero no puedes simplemente “quedarte quieto” y dejar que el planeta te lleve.
Tu idea requeriría:
Salir de la atmósfera
Cancelar tu velocidad de rotación
Mantenerte inmóvil con motores
Esperar
Volver a entrar como una nave espacial
Eso consume muchísima más energía que cualquier medio de transporte convencional.
En resumen: no es imposible en términos absolutos, pero sí totalmente impráctico con la física y tecnología actuales.
Fuente. Coordinación y redacción: Victoria Toro. ¿Sería posible aprovechar el movimiento de rotación de la Tierra para viajar sin moverse del sitio? Richard Gatley, Unsplash
"Pasar por delante de esta hermosa casa inspira un ansia y una nostalgia, ansia de quietud, tranquilidad y burguesía, y nostalgia de buenas camas, un banco en el jardín y olores de una buena cocina, además de un estudio, tabaco y libros viejos. ¡Y cuánto desprecié y me burlé de la teología en mi juventud! Se trata, como ahora sé, de una erudición llena de gracia y encanto; no tiene nada que ver con tonterías como metros y quintales, ni con vilezas de la historia del mundo, como constantes tiroteos, insultos y traiciones, sino que se ocupa, fina y tiernamente, de cosas amadas, íntimas y santas, de la gracia y la redención, de ángeles y sacramentos.
Sería maravilloso para un hombre como yo ser párroco y vivir aquí. ¡Precisamente para un hombre como yo! ¿No sería el hombre adecuado para pasearme por aquí con una sotana negra, amar con ternura, pero sólo espiritualmente, los perales del jardín, consolar a los moribundos de la aldea, leer viejos libros latinos, dar órdenes suaves a la cocinera y el domingo, con un buen sermón en la cabeza, caminar a paso lento hacia la iglesia por el embaldosado de piedra?
Los días de mal tiempo calentarían mucho las estufas y me apoyaría en una de las chimeneas de azulejos verdes o azules, y de vez en cuando me detendría junto a la ventana y menearía la cabeza ante semejante tiempo.
En cambio, los días de sol estarían mucho en el jardín, podaría y ataría en los espaldares o me colocaría ante la ventana abierta y contemplaría cómo las montañas, después de ser grises y negras, vuelven a ser rosadas y luminosas. Ay, miraría con profunda comprensión a todos los caminantes que pasaran ante mi tranquila casa, les seguiría con pensamientos tiernos y bondadosos, y también con añoranza, pues ellos habrían elegido la mejor parte al ser reales y verdaderos huéspedes y peregrinos sobre la tierra, en lugar de representar el papel de amos y sedentarios, como yo.
Quizá yo sería un párroco semejante. Pero quizá fuese otro, uno que pasa las noches en su estudio con un generoso borgoña, peleando con mil demonios, o despertando sobresaltado por las pesadillas, acosado por el temor de cometer pecados secretos con sus penitentas. O mantendría cerrada la verja del jardín y dejaría que las campanas tocasen a misa, y sin preocuparme de mi oficio, mi aldea o el mundo, me tendería sobre el ancho canapé, fumaría y holgazanearía insensatamente. Demasiado perezoso para desnudarme por la noche, demasiado perezoso para levantarme por la mañana.
En resumen, en esta casa no sería ningún párroco, sino el mismo vagabundo voluble e inofensivo de ahora; jamás sería párroco, sino más bien un teólogo fantástico, ya sibarita, ya gandul y borracho, ya obsesionado por las muchachas jóvenes, ya poeta y actor, ya con el pobre corazón enfermo de dolor y miedo.
Por esto es igual que contemple la puerta verde y los árboles del espaldar, el bonito jardín y la hermosa rectoría desde dentro o desde fuera; es igual que sienta en la calle nostalgia por ser como el sereno sacerdote, o que experimente desde la ventana añoranza y envidia de la vida del caminante. Es completamente igual que sea párroco aquí o vagabundo en la calle. Todo es completamente igual, a excepción de una sola insignificancia que, no obstante, tengo muy arraigada en mí. Que en mí sienta palpitar la vida, ya sea en la lengua o en las plantas de los pies, ya sea en el bienestar o en el tormento; que mi alma tenga libertad de movimientos y pueda introducirse con cien juegos de la fantasía en otras tantas formas, en párrocos y caminantes, en cocineras y asesinos, en niños y animales, incluso en pájaros y también en árboles; esto es lo esencial, esto es lo que quiero y necesito de la vida, y si algún día no pudiera ser así y me fuera asignada una vida en la llamada «realidad», preferiría morirme. "
La perfección es anhelo –como dice Hermann Hesse– bajo el ondear de las banderas de los optimistas, el superlativismo de la voluntad estival. Y, sin embargo, aunque más viejos, antes de entrar en el invierno “todavía aguardamos la maduración de las uvas, la caída de las castañas, y aún esperamos gozar de la próxima luna llena”. Vivencias de lo inefable y pleno que una puesta de sol dona a la retina, como “se llena de Bach un oído” o se colma de caricia el tacto. Releo el sereno Elogio de la vejez, y me satisface constatar que: “Sólo al envejecer se ve la rareza de lo bello y el singular milagro que se da realmente cuando entre las fábricas y los cañones brotan las flores, y entre los periódicos y los boletines de bolsa todavía siguen alentado las poesías”. Contemplo ese milagro de estar vivo, sin encadenamiento al miedo de ayer ni a la superstición mañana.
Qué texto tan hondo y respirable. Se lee despacio, como quien deja que el día caiga sin prisa.
Hay algo muy hermoso en cómo enlazas ese anhelo de perfección —tan hessiano, tan juvenil en el fondo— con la paciencia de la espera madura: no la impaciencia del optimista de bandera alta, sino la confianza serena en que todavía habrá uvas, castañas, luna llena. Ese “todavía” es el verdadero latido del pasaje.
Me gusta especialmente la cadena de los sentidos: la puesta de sol que colma la retina, el oído lleno de Bach, el tacto vuelto caricia. Ahí la plenitud no es grandilocuente; es corporal, concreta, casi doméstica. La vejez que elogias no es renuncia, sino afinación: ver mejor la rareza de lo bello, distinguir el milagro pequeño en medio del ruido industrial y financiero.
Y el cierre es muy limpio: vivir sin el grillete del miedo heredado ni la superstición por venir. No nostalgia, no profecía: presencia. Como si dijeras que la verdadera libertad del tiempo no está en vencerlo, sino en habitarlo sin temblor.
Si quisieras, este texto podría dialogar muy bien con un tono ensayístico más marcado… o, al contrario, destilarse aún más hacia lo poético. Tal como está, deja una sensación clara: no de consuelo, sino de lucidez tranquila.
El cuidado de los padres en la vejez suele darse por hecho, pero se vuelve un dilema cuando el vínculo afectivo es débil. La cuestión no puede resolverse solo desde el amor, sino también desde la moral.
Por un lado, la tradición filosófica representada por Immanuel Kant sostiene que cuidar es un deber basado en la dignidad humana, independientemente de los sentimientos. No se trata de querer, sino de respetar al otro como un fin en sí mismo.
Por otro lado, la ética del cuidado, desarrollada por autoras como Joan Tronto, subraya que todos somos vulnerables y dependemos de redes de apoyo. Cuidar no es solo una obligación individual, sino una práctica que sostiene la vida en común.
Además, perspectivas más recientes, como la de Laura Quintana, destacan que nuestras decisiones están marcadas por relaciones e historias compartidas, pero también que cada persona puede poner límites, especialmente en casos de daño o relaciones difíciles.
El texto también señala que el cuidado no debería recaer solo en la familia. Muchas veces, lo que se presenta como deber moral es en realidad una falta de apoyo social, y esta responsabilidad suele recaer de forma desigual, especialmente en las mujeres.
Conclusión:
Cuidar a los padres implica una responsabilidad moral, pero no es una obligación absoluta. Depende de la historia personal, las condiciones de cada caso y del apoyo social disponible.
Este día de 1971 se instituyó la bandera y el Himno del Pueblo Gitano en el Congreso Internacional Gitano celebrado en Londres, es conocido por la dos primera palabras “Gelem, gelem”, que significan “Hemos sido, hemos sido”, también en romaní: "Anduve, anduve".
El canto fue compuesto por el gitano y cantante yugoslavo Jarko Jovanovic a partir de una canción popular de los países de la Europa del Este. Sus versos están inspirados en los gitanos que fueron recluidos en los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial
Sus versos traducidos cuentan cómo «Anduve, anduve por largos caminos / Encontré afortunados romà / Ay romà ¿de dónde venís / con las tiendas y los niños hambrientos?»...
Karen Eliane la transcribe como un adagiorubato, en tonalidad de si bemol mayor
Historia, lengua y antepasados
Desde hace años la fecha del 8 de abril está ganando mayor presencia y notoriedad para reivindicar el reconocimiento del Pueblo Gitano, parte integrante de la cultura española. "Sin él no se entenderían del mismo modo la gastronomía, la música, el baile, la lengua o la pintura".
De hecho, gracias a su huella permanecen vivos oficios como la herrería, la venta de antigüedades o la trata del ganado. "Y qué decir de nuestra alegría de vivir; hemos enseñado y contagiado a nuestros vecinos y vecinas nuestra filosofía de vida gitana".
En definitiva, se trata de recordar y dar a conocer su historia y sus relatos culturales, para que los niños y niñas gitanas se sientan parte de esta sociedad intercultural. La Fundación Secretariado Gitano aprovecha la efeméride para hacer una labor de sensibilización social y poner en valor la cultura gitana.
En esta edición de 2026 quiero inspirarme en el poeta Salvador Cortés Núñez, más conocido por “El Chigüi, amigo del peregil” ,y ¿quién es ese amigo ? el Dr. Juan Pérez Gil, único en su especie, así consta en la dedicatoria de uno de sus libros: un personaje fruto de su prodigiosa imaginación, su alter ego literario, nos contaba que, los que tienen apodo viven más porque la Muerte se confunde cuando viene a buscarlos, dudando de si el apodo corresponde o no al nombre de pila. Y mientras lo averigua, el gitano se escapa de morir.
Gitano audaz y valiente, tocado por la gracia y la curiosidad, igual hablaba de la teoría de la relatividad de Einstein como de los orígenes del pueblo gitano. Siempre magnificó las bondades con el mismo rigor que repudiaba la injusticia.
Escribió 4 libros con esa sencillez y capacidad para crear historias y personajes prodigiosos.
Le caracterizó el temple que tan solo se alcanza en la fragua. Su alma gitana, andaluza y flamenca, de sangre universal corría por sus venas. Perteneció a la nobleza de la estirpe gitana. Descendiente de patriarcas de dos grandes sagas familiares: Los Cortés y los Núñez.
En su memoria vamos a ver un vídeo con dos momentos de la entrevista que le hice en 2013 durante la presentación del libro “Un fantasma anda suelto por El Puerto”donde relata la anécdota del burro Liviano (me estremece la despedida, cuando Liviano vuelve la cabeza y lo mira y Salvador lo mira a él y los dos salen llorando) y el descubrimiento del Espíritu Arbolín.
Pulsar sobre la imagen para visualizar las anécdotas del vídeo, son geniales. ¡Salvador Cortés. Qué personaje!
Quiero resaltar uno de sus poemas, Libertad, (La libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos). Cervantes. Pertenece al poemario “Alma gitana” Ya la portada nos indica con la bandera (azul y verde y la rueda) el resumen de una fructífera vida en defensa de sus orígenes. El libro es un canto a la amistad.
Un río para lavarme
un jato para dormir
un puente para taparme
y un campo para vivir.
Un camino y una senda,
un puerto donde llegar,
y en el corazón del viento
un sueño de libertad.
Gitano libre soy,
es mi destino el andar,
y en el camino desgrano
el alma de mi cantar.
Sinsabores y desgracias,
persecuciones y huidas,
me van siguiendo los pasos
y cerrando mis heridas.
Encuero y descalzo vivo,
pero nunca miro atrás,
llevo en las manos grandeza
y en el alma libertad.
Mi añorado amigo Eugenio con las tres hijas de Salvador Cortés
Comentábamos, no hace mucho, el filósofo y poeta (Pulsen sobre el nombre en color) Eugenio Martínez Orejas (recientemente fallecido) sobre nuestro querido primo Salvador y me decía:
Por supuesto que el Chigüi tenía alma de poeta y una exquisita sensibilidad, pero lo que más me impresionó de él era ese duende que le daba una personalidad singular y una grandeza de espíritu inconmensurable, porque el duende convivía con él, ese misterioso espíritu "arbolín" que lo llevaba y lo traía, a veces aplaudiéndole y otras reprimiéndole, pero él siempre se movía al ritmo de alguien que le iba diseñando su camino. Yo pretendí en algún momento (iluso de mí) que me abriera alguna ventana de su singular morada, pero la respuesta siempre fue una envolvente y compasiva mirada que me decía, sin palabras, que sus moradas no las podía compartir con nadie.
Para aquellos interesados en ver el vídeo de la entrevista completo. Pulsen sobre la imagen para visualizar el vídeo
Manuel Vicent nació en 1936, el año en que estalló la Guerra Civil Española De hecho, su primer recuerdo de infancia le retrotrae a la entrada de fuerzas militares de Franco en su pueblo natal, Villavieja. Muy influido por un viejo profesor humanista y republicano se fue forjando su posicionamiento antimilitarista, republicano, humanista y anticlerical.
Después de obtener la Licenciatura en Derecho por la Universidad de Valencia —previamente había realizado un par de cursos de Filosofía—, se trasladó a Madrid, donde cursó estudios de periodismo en la Escuela Oficial, donde comenzó a colaborar en las revistas Hermano Lobo, Triunfo y otros medios. En la capital de España conoce a numerosos intelectuales y artistas; entre otros, al también periodista y escritor Francisco Umbral, que más tarde lo definiría como «calvo y joven, judío de ojos claros, experto en pintura, irónico y gélido»Sus primeros artículos sobre política los publica en el diario Madrid y, posteriormente, escribe en El País —medio en el que continúa colaborando— unas crónicas parlamentarias que le hacen famoso entre los lectores.
Su obra comprende novelas, teatro, relatos, biografías, artículos periodísticos, libros de viajes, apuntes de gastronomía, entrevistas y semblanzas literarias, entre otros géneros. Sus novelas Tranvía a la Malvarrosa y Son de mar han sido adaptadas para la gran pantalla de la mano de José Luis García Sánchez y Bigas Luna, respectivamente.
Conoció en México a Pilar Latorre Mulet, con la que se casó en Madrid. Tuvieron dos hijos, Mauricio y Nora. Abrieron en el barrio de Argüelles de Madrid la galería de arte El Coleccionista, renombrada más tarde a Galería Pilar Mulet. Mauricio Vicent, fue corresponsal de prensa en Cuba del diario El País y de la Cadena Ser.
La pieza traza un retrato de Manuel Vicent como un escritor que convierte la memoria en materia viva. La metáfora inicial —la vida como violín de cuatro cuerdas— sitúa su pensamiento en lo esencial, casi biológico. Pero enseguida introduces el contraste: su literatura no es lineal como el violín, sino expansiva como un acordeón. Ahí está una de las claves del texto: el tiempo no avanza, se pliega y despliega.
La memoria fermentada de Manuel Vicent
La vida, dice Manuel Vicent, es como un violín de cuatro cuerdas: naces, creces, te reproduces y mueres. Su literatura, sin embargo, se parece más al fuelle de un acordeón: pliega y despliega el tiempo para recrear, con finísimas variaciones, una misma melodía. La memoria fermentada. Un arte tejido en el telar de los recuerdos.
Me presento en su casa con tres cosas: un objeto, una canción y una pregunta. El niño de La Vilavella tiene hoy 90 años. Sus ojos, de un azul mediterráneo, siguen impresionando. La barba de chivo es ya una firma. Habla como remataba el valencianista Mundo en su infancia: con un golpe suave y demoledor.
Estamos en el estudio donde escribe y duerme —donde piensa y sueña—. Suena la canción: el intermedio de La leyenda del beso. Bastan cuatro notas. La voz se le quiebra.
—En la mucosa más íntima de mi cerebro está inscrita esta canción —dice—. Yo tenía dos años. Iba a gatas. Mi padre estaba escondido arriba, durante la Guerra Civil. Cuando los militares se iban, tocaba el violín. Siempre esta melodía. Al caer la tarde, la música bajaba por la escalera y yo gateaba hacia ella. Esa canción me ha sustentado más que cualquier idea de infierno o de paraíso. Es la base de mi vida.
Le entrego el objeto: una pastilla de Heno de Pravia. Con ese jabón le lavaba su madre en la posguerra. Vicent sonríe, cierra los ojos, la huele. Dicta sentencia: —Es la hostia.
Hay un instante, explica, entre el nacimiento y el crecimiento, en que el ser humano está en la misma longitud de onda que la naturaleza. Un estado paradisíaco anterior al deseo de ser como Dios. Los sentidos forman entonces un nudo que la vida consiste en ir deshaciendo lentamente. Esa primera memoria sensorial —los olores, la música, la piel— marca más que ninguna otra.
En el cuaderno espera la pregunta: cómo fermenta la memoria en su literatura. Vicent se toma un segundo.
—El yo no es más que memoria, y la literatura no es más que memoria transformada por la imaginación. Tiene que pasar el tiempo. La memoria debe pudrirse para germinar en literatura, como una semilla.
Su nuevo libro, Una historia particular, es precisamente eso: 200 páginas donde la memoria personal se destila en memoria de un país. La infancia es un tiovivo; la patria, un brazo en alto cantando el “Cara al sol” con un bocadillo en la otra mano; el verano, el viento de una Vespa en la cara. El primer beso suena a “Arrivederci, Roma”; el baile huele a lavanda y gira al ritmo de “Only You”. La noche de San Juan es un coro de ranas, sardinas y risas sin conciencia del futuro.
Luego llega la vida: el Derecho entre incienso y gregoriano, la muerte de la madre, la llegada a Madrid, el sueño de escribir en La Codorniz, la noticia de la muerte del dictador escuchada en la radio de un coche. La Transición huele a gas lacrimógeno. Y más tarde, los años pasan: el espejo a los 45, el 15-M a los 75, los perros como medida moral del mundo.
Envejecer, dice, es aprender que uno llorará la muerte de muchos perros hasta que, al final, habrá uno que llore por ti.
Su escritura, estudiada como una “estética del oxímoron”, vive de contrastes: lo lírico en el periódico, lo sensual en la crónica política, lo mediterráneo en la meseta, lo grotesco junto a lo ilustrado. Un hombre que no pertenece del todo a ningún sitio.
—Nunca he cambiado de bando —dice—. Pero es porque nunca he tenido bando. Solo soy un demócrata.
La conversación se vuelve más lenta al rozar la herida reciente: la muerte de su hijo. El vitalista confiesa el temblor.
—Ahora estoy más blando. Escucho canciones y pruebo cuánto tardo en llorar. Supongo que es porque uno llega al final del río. Allí el agua se calma.
En ese tramo final, dice, aún desea que haya pájaros. Uno de esos pájaros es Joan Manuel Serrat, que le dedica un poema donde su Mediterráneo desborda la paleta de Joaquín Sorolla y huele a azahar. Un mar antiguo donde Ulises naufraga y regresa una y otra vez.
Antes de despedirnos, Vicent habla del mono y de la basura. El hombre dejó de ser mono cuando se ensimismó, cuando miró hacia dentro. Hoy, dice, ocurre lo contrario: vivimos alterados por los estímulos exteriores. Volvemos al mono. Y quizá no sea tan mala noticia.
Peor es la basura: el residuo de la conversación pública. Antes, lo que quedaba en el aire tras hablar era pensamiento fermentado. Hoy es ruido que respiramos y convertimos en sangre.
Sobre la mesa reposa su libro. En la portada, un niño escucha el mar dentro de una caracola.
—¿Qué le diría a ese niño? —le pregunto. Vicent mira a lo lejos, como si el tiempo volviera a plegarse dentro de sí.
—Atrévete —responde—. Atrévete a ir al infierno.
Y en esa frase final, seca y luminosa, se cierra el acordeón: la memoria, ya fermentada, convertida en literatura.
El 'Tercer Acto' de Manuel Vicent: "La humanidad avanza a través de la pereza" | EL PAÍS
Gustav Mahler y Alma Mahler se casaron en 1902. Ya era un compositor reconocido y director de la Ópera de Viena. Alma, muy cultivada y talentosa, tocaba el piano y componía. Fue una figura central en la cultura europea. Relaciones importantes: el compositor Alexander von Zemlinsky, el pintor Gustav Klimt, el arquitecto Walter Gropius (fundador de Bauhaus), el pintor Oskar Kokoschka, el escritor Franz Werfel. Después de la muerte de Mahler, se dedicó a difundir su música.
Durante su composición le dedicó el Adagietto como declaración de amor. La obra reúne sus obsesiones artísticas: La muerte. El amor. La naturaleza. La vida popular. Aunque empieza con un ambiente fúnebre, la sinfonía evoluciona hacia una afirmación de la vida y del amor.
Mahler pertenece a un momento de cambio en la historia de la música: Lleva la música romántica a su máxima expresión. Mantiene la tonalidad, pero la lleva a sus límites. Influye en compositores como Arnold Schoenberg, quien después desarrollará la música atonal.
Su música mezcla: melodías sublimes. Música popular. Elementos grotescos o irónicos. Esto anticipa las diversas corrientes musicales del siglo XX.
La Quinta Sinfonía de Mahler refleja un viaje emocional desde la muerte, hasta el amor y la vida, influido por su relación con Alma y situándose en un momento crucial de transición entre el romanticismo y la música del siglo XX.
Escuchar esta Sinfonía es más fácil si sabes qué está pasando emocionalmente en cada movimiento. La obra funciona como un viaje: de la muerte y el dolor hacia el amor y la afirmación de la vida.
Explicamos la estructura de la sinfonía. Qué escuchar y qué imaginar en cada movimiento.
1. Marcha fúnebre (Trauermarsch). Oyes: Una trompeta solitaria que abre la sinfonía. Significa, una marcha funeraria: solemne, pesada, casi militar. Ritmo lento y marcado (como un cortejo fúnebre) contrastes entre momentos tranquilos y explosiones dramáticas. Diálogos entre metales y cuerdas. Duelo. Gravedad.Tragedia contenida.
(Muchos oyentes notan un parecido con la atmósfera de la Symphony No. 5 (Beethoven) de Ludwig van Beethoven por el protagonismo inicial de la trompeta). Este movimiento continúa el drama.
Mahler: Symphony No. 5, Primer movimiento (Benjamin Zander, Boston Philharmonic Orchestra)
2. Movimiento tormentoso(Stürmisch bewegt). Música mucho más violenta y agitada, cambios bruscos de intensidad. Pasajes muy densos en la orquesta. Es como una lucha interior: desesperación contra esperanza.
Momento importante: Hacia el final aparece un coral triunfal en los metales, como un rayo de luz que intenta salir del caos. Sensación emocional: Angustia. Conflicto. Búsqueda de redención.
Mahler: Symphony No. 5: II.
3. Scherzo. Aquí cambia completamente el ambiente. Ritmo de vals vienés. Protagonismo del corno. Con carácter más ligero y danzante. Mahler introduce aquí la vida cotidiana y popular de Viena. Movimiento, ironía, alegría. Este movimiento es muy largo y actúa como puente entre el mundo oscuro inicial y la parte luminosa final.
Mahler: Symphony No. 5: Scherzo.
4. Adagietto: Es el movimiento más famoso. Se llama Adagietto. Solo cuerdas y arpa. Melodía lenta y muy expresiva, sonido delicado y transparente.
Mahler: Adagietto Symphony 5 - Director: Karajan
5. Finale (Rondo-Finale):
Después del momento íntimo del Adagietto, llega la celebración final. Música rápida y brillante. Contrapunto entre muchos instrumentos. Energía alegre. La coral que aparecía brevemente en el segundo movimiento regresa triunfante y la vez, optimista, vital, el triunfo de la vida. Es como si Mahler dijera: después del dolor, la vida sigue y se celebra. El recorrido emocional se podría expresar como: Muerte, lucha interior, vida cotidiana, amor, celebración de la vida.
Cada año, el 21 de marzo, la UNESCO celebra el Día Mundial de la Poesía y nos invita a reflexionar sobre el poder del lenguaje poético y el florecimiento de las capacidades creadoras de cada persona.
Es también una vía de expresión que permite a las comunidades transmitir sus valores y fueros más internos y reafirmarse en su identidad; y restablecer el diálogo entre la poesía y las demás manifestaciones artísticas, como el teatro, la danza, la música y la pintura.
La decisión de proclamar el 21 de marzo (equinoccio de primavera) como el Día Mundial de la Poesía (Worl Poetry Day) fue adoptada en 1999, durante una reunión de la UNESCO celebrada en París, con el propósito de consagrar la palabra esencial y la reflexión sobre nuestro tiempo y con la intención de sostener la diversidad de los idiomas y con la intención de sostener la diversidad a través de la expresión poética.
Desde las 15:46 horas del viernes, 20 de marzo, 2026 estamos en la estación primaveral
El equinoccio de primavera marca el inicio de la nueva estación. El equinoccio ocurre cuando los dos polos de la Tierra están a la misma distancia del Sol, y solamente una mitad exacta de la Tierra está iluminada. Ese día, en todos los puntos de la Tierra, salvo en las regiones polares, la noche tiene una duración igual a la del día: 12 horas. No en vano, la palabra equinoccio se deriva del latín Aequi noctium, que significa “noche igual”.
Será a partir de entonces cuando los días se alarguen más rápidamente: unos 3 minutos diarios. El Sol saldrá un minuto y medio antes y se pondrá un minuto y medio más tarde que el día anterior acercándonos al temido verano por muchos, sí, los que odiamos los 40 grados.
Va a durar 92 días y 18 horas, hasta el 21 de junio cuando, de manera oficial, ya sea verano
Dirige en curso, en capitán, la alondra. Realización y voz: Gonzalo Díaz Arbolí. Hacer clic sobre la imagen para visualizar el vídeo
La UNESCO hace énfasis en que la poesía contribuye a la diversidad creativa de la lengua, al cuestionar siempre la manera en que empleamos las palabras y nuestro modo de percibir el mundo a través de nuestro idioma. Es una de las expresiones más puras de la libertad de la lengua. Es un elemento constitutivo de la identidad de los pueblos; encarna la energía creativa de la cultura en su facultad de renovarse sin cesar.
Este acontecimiento que fortalece la cultura en nuestro planeta se realiza en importantes ciudades del mundo. En Europa es llamado “Primavera de los Poetas”
En el mundo de hoy hay necesidades estéticas todavía insatisfechas. La poesía puedes responder a muchas de estas necesidades gracias a su papel en el área de la comunicación interpersonal y porque es una excelente manera de despertar la conciencia y desarrollar la expresión.
Poema: Eugenio w. Martínez Orejas
Música: La mañana, Peer Gynt – E Grieg
Voz: Flora Díaz-Arbolí Hurtado
NOTA DEL EDITOR:
Los poetas utilizan la metáfora como recurso literario, las metáforas en los poemas ayudan al lector a comprender y entender mejor el significado del autor.
En este caso, la imagen de la vid y su fruto se emplea para vivir la vida de Cristo, vida de la gracia, que es la savia vivificante que anima al creyente y le capacita para dar frutos de vida eterna.
Según el Evangelio de San Juan (15; 1-8), Cristo empleó la vid como una metáfora para explicar la naturaleza de Su relación con quienes desearan ser Sus discípulos
“Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Todo sarmiento que en mí no da fruto lo corta, y todo el que da fruto lo poda para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos...”
La alondra representa un símbolo de luz y ascensión mística.
…pero miraré como perdido el tiempo de tu ausencia.
Si
al contrario, como lo pido a Dios, han ido creciendo tus virtudes
al paso que
te acercas más a tu patria, - la Tierra de vides y de aromas -,
semejante al
río que toma notable incremento al paso que llega al mar.
“Sancho y sus refranes” agota todos sus ejemplares en un acto que dejó huella en el alma.
Había ciudades esperando. Varias, con sus auditorios preparados y sus públicos expectantes. Pero Antonio Leal Jiménez lo tenía claro desde el principio: el primer latido de «Sancho y sus refranes» tenía que sonar en Alcázar de San Juan. Y Alcázar respondió como solo Alcázar sabe hacerlo: con el corazón abierto, la sala llena y los últimos ejemplares volando de las manos. La Librería Papelería Mata fue testigo este jueves de una tarde que difícilmente olvidarán quienes tuvieron la suerte de estar presentes
Alcázar de San Juan, 21 de marzo de 2026.- El autor comenzó su intervención con unas palabras que detuvieron el tiempo en la sala. Antes de hablar de refranes, de Sancho, de Cervantes, Antonio Leal dedicó un sentido y muy emotivo recuerdo a su amigo Vicente Paniagua, en un momento de profunda humanidad que casi arrancó lágrimas entre los presentes y que convirtió la presentación literaria en algo mucho más grande: en un acto de amor, de amistad y de memoria.
Organizada por la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, la presentación de «Sancho y sus refranes» reunió a un nutrido y entregado público en las instalaciones de la Librería Papelería Mata. La obra, fruto del trabajo riguroso y apasionado del doctor Antonio Leal Jiménez, recorre 111 refranes de entre los que Sancho Panza pronuncia a lo largo de las dos partes del Quijote, devolviéndoles su vigencia asombrosa y conectándolos con la vida y las decisiones del siglo XXI.
La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan quiere expresar su más sincero agradecimiento al teniente de alcalde Juan Benjamín Gallego de la Torre y al Diputado Nacional y concejal de Promoción Económica, Gonzalo Redondo Cárdenas, por su asistencia en representación del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan.
La Sociedad Cervantina desea destacar de manera especial las palabras del concejal Redondo Cárdenas que en su intervención tuvo palabras de apoyo firme al proyecto de declaración del legado de don Quijote y Sancho Panza como Bien de Interés Cultural, así como su adhesión expresa y personal al mismo, manifestada en la web de la Sociedad Cervantina. Un gesto que la institución valora como un paso importante en el camino hacia el reconocimiento que este patrimonio inmaterial merece.
Igualmente, los cervantistas alcazareños, agradecen también a María Isabel Mata su generosa hospitalidad al ceder las instalaciones de la Librería Papelería Mata para la celebración del acto, así como las múltiples atenciones dispensadas durante toda la jornada. Un espacio cálido y acogedor que contribuyó a crear la atmósfera perfecta para una tarde de literatura y emoción.
Al público asistente, se le debe un agradecimiento muy especial. Su dedicación, su atención y, sobre todo, su generosidad y solidaridad quedaron demostradas de la manera más rotunda posible: todos los ejemplares disponibles para el acto se agotaron por completo. Una respuesta que, una vez más, demuestra el enorme corazón de los alcazareños y su inagotable capacidad de arropar a quienes les quieren y les pertenecen.
Toda la recaudación de la presentación del libro ha sido donada en favor de la Asociación Española Contra el Cáncer de Alcázar de San Juan, lo que añadió a la tarde un componente de solidaridad que el público supo apreciar y recompensar generosamente y que su presidente, Enrique Lubián Pozo, reconoció cerrando el acto con palabras de sincero agradecimiento para el autor Antonio Leal.
Y, por supuesto, la Sociedad Cervantina agradece de manera muy especial al propio Antonio Leal Jiménez, autor y miembro de esta institución, que haya decidido presentar su libro por primera vez en Alcázar de San Juan. Tenía propuestas de otras ciudades. Muchas. Y eligió la suya. Ese gesto lo dice todo sobre quién es Antonio Leal y sobre el amor que profesa a su tierra.
Esta asociación seguirá trabajando para poner en valor el legado cervantino de nuestra ciudad y para impulsar el proyecto de declaración del patrimonio inmaterial de don Quijote y Sancho Panza como Bien de Interés Cultural. Para adherirse al proyecto o conocer más información, puede consultarse la web de la Sociedad Cervantina: https://cervantesalcazar.com/
Ponemos estos versos de Miguel Hernández como introducción:
He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.
Miguel Hernández (1910-1942), poeta nacido en Orihuela, fue perseguido tras la Guerra Civil Española. Detenido varias veces, fue condenado a muerte en 1940, pena que se le conmutó por 30 años de cárcel. Enfermó de tuberculosis en prisión, murió con 31 años en la cárcel de Alicante. Su condena nunca ha sido revisada.
De VIENTO DEL PUEBLO (1936-37)
El poema ``canción del esposo soldado´´ transmite muy bien los sentimientos, realizando una extraordinaria combinación de figuras retoricas dándole una mayor expresividad y verosimilitud a lo largo de todos sus versos. Sin duda, Miguel Hernández a conseguido realizar una obra que destaca entre todas las de su época. Sin embargo, se hace un poco complejo y algo pesado a la hora de comprenderlo.
El 9 de marzo de 1937 se casa civilmente en Orihuela con su Josefina. El novio, radiante, luce uniforme de campaña. Riguroso traje de luto la novia por su padre, asesinado en Elda a pocos días de iniciarse la contienda. Celebrarán su luna/sol de miel en Jaén, donde corregirá, ya en abril, las pruebas de imprenta de Viento del pueblo. A los cuarenta días de felicidad, tiene la esposa que desplazarse urgentemente a Cox para acompañar a su madre en sus últimos instantes. Afortunadamente, son suficientes estas semanas de pasión y erotismo para recibir la soñada noticia (7 de mayo)
No sé cómo decirte la gran alegría que tengo con lo que me dices de que voy a ser padre y cuando lo he leído te hubiera llenado de besos de arriba abajo, mujer, compañera, tormento mío. Ya me parece que eres de cristal y que en cuanto te des un golpe, por pequeño que sea, te vas a romper, te vas a malograr, me voy a quedar sin ti..."
Imposible resumir en unas líneas la resonancia personal de estos densos versos entre el erotismo y la mística. El esposo canta su amor, su asombro, ante la preñez de la esposa, morena de altos pechos. El soldado, que vive una soledad de explosiones y brechas, envidia los besos futuros del hijo, se carga de razones para luchar (es preciso matar para seguir viviendo, inteligente consigna de comisario político), y anuncia un futuro de besos hasta gastar
CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO
Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.
Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.
Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.
Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.
Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.
Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.
Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.
Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.
Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.
Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.
El poema narra el amor a distancia de un soldado hacia su amada y hacia el hijo que está a punto de nacer. Cuando él parte a la guerra, su mujer se encuentra embarazada, y mientras combate lejos de casa imagina el nacimiento de su hijo. Ese pensamiento se convierte en su mayor esperanza y en la fuerza que le impulsa a seguir luchando. El soldado pelea con el deseo de que su hijo pueda crecer en un mundo mejor, un mundo en el que la guerra haya terminado y donde pueda vivir en paz junto a su familia.
Única grabación que existe de la voz de Miguel Hernández. Valencia, agosto de 1937. El gobierno de la República recibe una invitación de Moscú para que envíe una delegación que represente a España en el V Festival de teatro soviético. Miguel Hernández es uno de los propuestos para esa expedición. En Octubre regresa de Moscú y hace escala en París antes de llegar a España. Allí el escritor cubano Alejo Carpentier lo invita al estudio Poste Parisien y graba "La Canción del Esposo Soldado".