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16.11.21

Cap.III. Discurso de Investidura del académico de Santa Cecilia, Luis del Olmo. Las palabras son bellas artes.



Las palabras también son bellas artes.
Cuando se comprueba esta realidad, hay que preguntarse: ¿Debemos creer en las palabras?
¿Por qué no condenarlas por crímenes a la humanidad y enviarlas al infierno?
Tenemos una opción, solamente una…
En vez de condenarlas, hagamos algo más positivo.
Hagamos que la palabra sea una de las bellas artes.
Cuando se convierte la palabra en una obra de arte, cuando consigue lo mismo que una pintura, una escultura, o un momento musical, se llega al otro de forma pacífica, evocando y provocando un diálogo.

El que admira una pintura de Fray Angélico o de Van Gogh entra en diálogo con ella, pero no por la vía del razonamiento sino de la emoción. Lo mismo sucede con el que contempla una escultura de Miguel Ángel, o de Chillida.

. La palabra ha de llegar al otro, no tanto por la vía de la emoción, cuanto por el adecuado y fecundo intercambio de ideas.
. La palabra, considerada como una de las bellas artes, no ha de temer la controversia, todo lo contrario, si la provoca, es señal de que ha cumplido el fin de comunicar.
. La palabra considerada como una de las bellas artes, ha de utilizar su poder para romper el silencio temeroso, para rebelarse contra la obediencia borreguera, para superar con sus argumentos a la inepta docilidad.
. La palabra, considerada como una de las bellas artes, no es un grito insultante, una consigna autoritaria, una soflama que ordena y manda.
. La palabra, considerada como una de las bellas artes, busca el receptor del mensaje con el objetivo de mantener un diálogo.
. La palabra considerada como una de las bellas artes consigue convertirse en un medio personal de comunicación.


Y aquí de lo que se trata es de comunicar.
Hemos hablado de las primeras palabras del humano. Admiración e interrogación. Pero de las dos, las que hace que la persona busque una explicación coherente no es la admiración sino la interrogación.
La admiración conduce a la obediencia ciega, a la fe del fanático. Sin embargo, la interrogación se cuestiona los innumerables porqués que le ofrece la vida y busca una respuesta.
El Admirativo acepta lo que le echen. El Interrogativo no da nada por supuesto, no sigue la senda de todos, sino que se plantea una opción personal.
Al hombre de la interrogación, la comunicación le ofrece si no una respuesta, por lo menos un cauce para que pueda expresar sus inquietudes.
La comunicación no siempre da respuestas, pero proporciona encuentros. Y ese puede ser un buen camino.
El fanático cree que lo sabe todo sobre todo, se cree dueño de la verdad y se sube a un estrado a proclamarlo a los cuatro vientos.
Ese no es un comunicador, y más le vale que aprenda la lección de estos versos de Machado:
¿Tu verdad? No, la verdad!
Y ven conmigo a buscarla.
La tuya guárdatela.



Fuente: 
Discurso de Investidura del Ilmo. Sr. Luis del Olmo. Capítulo III.

13.11.21

Cap.I. Discurso de Investidura del académico de Santa Cecilia, Luis del Olmo. La Comunicación Humana.

 


Antes de hablar de la radio como una de las bellas artes, hay que tratar de la comunicación.
¿Qué es la comunicación?
Acudimos a otra academia, la de la Lengua, y en su tercera acepción, define la comunicación como la Transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor.
Tres protagonistas tiene la comunicación: el emisor, el receptor, y el mensaje.

La Comunicación Humana.
A nosotros nos queda la forma más humana y distintiva de la comunicación. Nos queda la palabra. Los científicos definen a la especie humana como “Homo sapiens” y también como “Homo loquax”. Aquel “Pienso luego existo” que expresó Descartes en su día, se tendría que completar con este otro argumento. “Pienso luego hablo”

Cuando el ser humano se puso de pie, comprobó que una vez erecto, descubría una nueva forma de contemplar el mundo y relacionarse con él. Su mandíbula se retrajo, aumentó su volumen craneal, y su laringe se modificó de modo que podía articular sonidos de una forma distinta.

Había nacido la palabra. Dicen los teóricos que el lenguaje nace del grito, que la primera palabra fue una interjección, un “oh” de asombro ante alguna maravilla de la Naturaleza, un “ay” de miedo, un “eh” de llamada de atención, un “huy” de suspiro.

Inmediatamente después de la interjección, nació la interrogación. Del “Oh”, paso al “Qué”. Y del ¿Qué?” al ¿Por qué? A partir de esos gritos esenciales surgió la palabra, movida por una necesidad perentoria, la de comunicarse.


El hombre primitivo había descubierto al receptor perfecto de sus comunicaciones. El Otro. Al estar erecto, sus dos brazos ya no tocaban el suelo, tocaban al otro, bien para ahogarlo, bien para abrazarlo.

Ya tenemos al ser humano que habla. Su voz recorre en forma de ondas el aire y llega al oído del otro. El otro recibe el mensaje y responde. Se produce la comunicación.

A la conciencia de un YO que pensaba y transmitía en palabras sus pensamientos, siguió la de un TU que escuchaba, y un EL, que era el principal mensaje de la comunicación. YO, TU, EL. Habían nacido los pronombres.
Después llegaron los nombres que refrendarlos con el Otro.

Conforme iba poniendo nombres a los objetos que le rodeaban, entraba en posesión de ellos. Nombrarlas era la forma más incipiente de hacer familiares las cosas más extrañas. En cualquier caso, existía una necesidad urgente de encontrar en ese otro una respuesta a los interrogantes del universo.

                Pulsar la imagen para visualizar el vídeo.  
Tomado del último poema del libro "Desde la caverna sin distancias" 
“Hacia la nueva tierra”  de una espiritualidad  y misticismo que trasciende la religión….


Fuente: Discurso de Investidura del Ilmo. Sr. Luis del Olmo. Capítulo I.