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26.11.25

Tertulia de los Cántaros. Los hombres inteligentes aprenden, los demás, enseñan. , Antón Chéjov.



Hoy 26 de noviembre de 2025, miércoles, día de tertulia. Ha amanecido frío, 7 grados C. y gracias a la generosidad de nuestro contertulio, José Luis Meléndez, hemos tenido la suerte de desayunar con migas extremeñas regada además, con un vino tinto especial, también de Extremadura. Parece que adivinó que con el frío las migas y más aún las hechas con la receta extremeña, nos hizo entrar en calor. Al probarla unas lágrimas resbalaron por nuestras mejillas, además sin pimentón de la Vera ni chorizo. Y a pesar de todo, nos supieron a gloria bendita.

Si lo piensas bien, la historia humana no es más que una conversación larguísima, interrumpida mil veces y retomada otras tantas. Pero hoy no aspiro a tanto: me basta con algo parecido a una tertulia entre amigos, aunque el término esté ya tan desgastado por su uso en los medios.
En España siempre hemos tenido buen ojo para las tertulias. Conversar es casi una necesidad vital: nos conecta, nos abre, nos enseña. Al fin y al cabo, “conversar” viene de dar vueltas juntos, de moverse alrededor de las ideas. Y el diálogo, desde Sócrates, ha sido la herramienta para buscar la verdad sin más armas que la ironía, la escucha y las palabras.
Una buena conversación necesita tiempo, calma y un mínimo de respeto. No es un ring para ver quién tiene razón, sino un espacio para disfrutar. Y aunque los interlocutores importan, tampoco demasiado: uno debería poder conversar hasta con el mismísimo diablo, siempre que acepte las reglas básicas. La primera: la cordialidad, esa mezcla de franqueza y amabilidad que nace del corazón.

El tema en sí no es lo esencial. Puede ser profundo o trivial, da igual, siempre que haya respeto y ganas de aprender. A veces aprender es solo ejercitar la paciencia. Pero la vanidad, la repetición, la intransigencia o el orgullo matan cualquier intento de diálogo. 
A una conversación real le hacen falta cuerpos, voces, tiempo compartido, hablar para reconocerse, hablar para entender el mundo un poco mejor. No hay cordialidad sin buena educación. Una buena conversación suele ser el comienzo de una buena amistad, pues la crea lazos de afectos y deja asuntos pendientes que obligan a nuevos encuentros.

Ya hemos comentado que el tema no es lo más importante de una buena conversación. Puede ser más o menos trivial, más o menos trascendente, pero siempre debe ser amable y, desde luego, un buen conversador ha de ser respetuoso con la posible ignorancia de la otra parte. Siempre se puede aprender algo, aunque solo sea a tener paciencia. Hablar por hablar es una arte a veces, pero en una buena conversación es más importante pensar lo que se dice que decir lo que se piensa. Aun así, las obviedades, las repeticiones, las vulgaridades no son bue consejeras en una buena conversación. Tampoco la vanidad, la intransigencia y el orgullo.

A la comunicación se le deba llamar conversación, que necesita del contacto, de la proximidad y del sonido de las palabras. Podría pensarse que conversar es un arte en peligro de extinción. Y mientras sigamos hablando, con alegría, con  entusiasmo, con  vitalidad, renace  la esperanza de que esa cosas que llamamos futuro es posible. Lo que no deja de ser un buen tema de conversación.

Reunión de la tertulia "Los Cántaros" Hacer clic sobre la imagen para visualizar el vídeo.

Galería de fotografías:



Tertulianos de Los Cántaros
Envejecer aprendiendo
26 de noviem,bre de 2025

21.6.25

En memoria de Eugenio W. Martínez Orejas. CUANDO LEO UN POEMA.

 

¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? 
Poesía...eres tú
No ha existido doncella alguna, que en el estallido de su exuberante juventud, no haya disfrutado en su casto vientre de crisálida el ansia expectante, el húmedo deleite que siempre ha despertado en su sangre el febril murmullo de estos versos de Gustavo Adolfo Bécquer al mismo tiempo que milagreaban ante su mirada tierna y blanda la figura amada y azul del príncipe que su imaginación le creaba.

Esta inesperada creación, esta figuración irreal, que ni es pasado ni presente, pero que los funde a los dos en un mismo instante y hace que el alma galope a espacios infinitos, hasta “oír las constelaciones piafar en sus establos” y llegar a los confines donde las palabras se despojan de su ornato exterior y nos entregan la claridad transparente de sus almas... Esta profana transubstanciación de lo irreal genera una apariencia que se convierte en idea real en nuestra mente. 
¡Y este es el prodigio de la poesía!: La acción, deliberada y consciente, de llevar a una mente ajena una ilusión irreal, pero convertida en una experiencia real. 

A los que todavía no frecuenten el entorno de la poesía, les propongo un amistoso reto: Déjense llevar por la curiosidad y dediquen un minuto para escuchar este soneto.
Estoy seguro de que se sorprenderán tan agradablemente, que incluso se decidan a acrecentar el placer de sus lecturas. 

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El creador de este nuevo mundo, el artesano que ha de dar forma al pensamiento y pensador que ha de dar forma a la artesanía, el poeta, ha de conseguir la asociación de la palabra con la música y con la matemática y la correspondencia del conjunto, la textura fonética o trazos que nos dibujen una visión hermosa, añadiendo los paralelismos de rima y ritmo de las estrofas. 
En las creaciones actuales se oscurecen un tanto los procesos tradicionales, pero sin llegar nunca a ser sustancialmente distintos.
Sin embargo, para el lector, el auténtico prodigio, la excelencia del gozo y el pleno disfrute reside en la metáfora, aunque otros tropos, variantes de la propia metáfora, de la sinécdoque y de la metonimia, le sirvan también de sabroso deleite por sus alardes imaginativos. 
Quizás el soneto con mayor riqueza metafórica, cuya lectura traspasa cualquier descripción de emociones y donde los efectos estéticos se codean con la perfección, es la inspirada escena, el excelso monólogo de Gerardo Diego ante el ciprés de Silos. 
En este soneto Gerardo Diego funde dos sentimientos contradictorios, uno de crisis y otro de exaltación, para desembocar en una experiencia real y en una emocionada y emocionante glorificación lírica, añadiéndole la exquisita delicadeza de presentárnoslo enjaulado en el riguroso y dorado molde de un soneto. 
Tan solo un poeta de la magnitud de Gerardo Diego puede hacer accesible a cualquier lector “la ansiedad de diluirse en tanta belleza”. 



                                                                                                                                          
  No le toques ya más, / que así es la rosa.”

Siempre he querido ignorar si el pronombre del primer verso es le o quizás lo o tal vez la, porque me deleita añadirle un tormento más a las tribulaciones de Juan Ramón Jiménez, introduciendo la turbia duda de si el pronombre sustituye al poema, a la belleza o al demonio meridiano que inclementemente le hostigaba con el señuelo de alcanzar la “poesía desnuda”, “la pasión de mi vida.” 



Lo cierto es, que el destino de todos los poetas ha estado siempre marcado por un ansia irreprimible de perfección, como la increíble peripecia de entusiasmo y vocación de Miguel Hernández. 
Desde su alta frente como las palmeras de su Orihuela natal, la sensual Oleza de Gabriel Miró, y su rudo cuerpo que emerge, con peculiar desaliño, entre el polvo que viaja con el rebaño de cabras, se está iniciando la urgente metamorfosis de una crisálida que devora con apasionada diligencia, primero periódicos y revistas e inmediatamente los versos de Espronceda, Bécquer, Garcilaso, Zorrilla, Rubén Dario, San Juan de la Cruz, Góngora, Virgilio, Fray Luis de León, Verlaine..... 


Era apremiante culminar con presteza las etapas de su completo desarrollo, para conseguir diferenciar su voz entre la de los poetas coetáneos. 
Se diría que era consciente del corto espacio de tiempo de que iba a disponer, para alcanzar el lugar privilegiado que hoy ocupa en la historia de la poesía castellana. 


Miguel Hernández tenía un carácter alegre y unos redondos e inquietos ojos, alimentados con la luz de su artística Oleza y todo ello unido a una singular capacidad creadora y a su irrenunciable vocación poética, derivan en esa versificación luminosa, que nos produce el mismo estremecimiento que un rayo de luz palpitando en nuestras venas. 
La sonoridad, la emoción lírica que Miguel Hernández le imprime a su caudalosa profusión de metáforas, nos transporta a los dominios de lo inefable. 
En la metáfora, la palabra común no es la palabra común, aunque lo sea, porque abandona temporalmente, en pirueta lingüística, su función real, para instalarse, por relación de semejanza, en un escenario imaginativo. 

Detengámonos en el sortilegio metafórico con el que nos revela el pudor de su novia, Josefina Manresa, al usurparle su primer beso: “Yo te libé la flor de tu mejilla, / y desde aquella gloria, aquel suceso, / tu mejilla, de escrúpulo y de peso, / se te cae deshojada y amarilla.” 
O cuando, joven, ultrajado y herido, se transmuta en toro, al que abandona su tempestuosa furia y llora. Era el adiós a su tormentosa y apasionada relación con Maruja Mallo: “Bajo su frente trágica y tremenda, / un toro solo en la ribera llora / olvidando que es toro y masculino.” 

Los diferentes tipos de metáfora superan la veintena y aun podría aglutinar a otros tropos o figuras retóricas entre la cuales, a veces, resulta difícil la distinción. Pero no es necesario adentrarse en un análisis tan pormenorizado para disfrutar la emoción de un poema. 


Los poetas nunca mueren
Eugenio W. Martínez

                                                               

31.10.21

En homenaje al poeta y escritor; Alberto Boutellier

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31 de octubre de 2021 Alberto Boutellier Caparrós, hubiese cumplido 88 años. 

Para conmemorar su aniversario.  Su familia y un grupo de amigos tertulianos, conquistado por la luminosa  iniciativa de uno de ellos, nos hemos congregados para colocar una placa en la verja del varadero de la avenida de la Bajamar, donde se encuentra rendido, vencido, abandonado y desolado un derrelicto en el Guadalete, icono y logotipo que fue durante décadas de nuestra ciudad: el Vapor de El Puerto. La placa muestra el poema: Victor Derrelictus, escrito por nuestro añorado Alberto poco antes de su muerte.

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En este acto, sencillo y entrañable te hemos invocado y, cerrando los ojos, la memoria nos ha deslumbrado y ya junto a ti, asidos a las bondades que tu inmensa humanidad,  desde esa otra dimensión que ahora ocupas, nos ha preguntado ¿Qué hacemos aquí? Precisamente estamos aquí por una de esas intuiciones extrañas y personales. Es la razón de haberte emplazado y que el recuerdo de tu bello poema, sea correa de transmisión para el mensaje que queremos lanzar. El poeta siempre ansía la permanencia de su voz, para que así, remueva conciencias y nos pongamos manos a la obra para recuperar el Vapor nuestro vapor. Alberto, tu presencia entre nosotros, muy unidos a tu familia, será perenne e imborrable, y estamos seguros de conseguirlo.

En nuestras conversaciones sobre poesía nos decías que, tu tiempo libre, te exigía numerosas disciplinas a compartir con la poesía y añadías: ¡Qué pronto se me hizo tarde! Cuántas horas dedicadas a la vida sin vivirla y qué pocas a soñarla!
Escribir es apasionante. Y publicar lo es aún más. Blas de Otero lo dejó inmortalizado en unos versos:
Porque escribir es viento fugitivo,
y publicar columna arrinconada.
Digo vivir, vivir como si nada
hubiera de quedar de lo que escribo.

Tener la oportunidad de que te lean es una sensación de gran responsabilidad y todo aquel que tiene el arrojo de mostrar su trabajo a la crítica del que lee me merece un gran respeto.
¿Qué se puede decir de alguien que ha acumulado tantos méritos, que ha sido tan humano? Sencillamente, gracias Alberto, gracias por haber sido tu amigo. Te fuiste sin molestar y en silencio, pero tu recuerdo y tu obra permanecerá en nosotros para siempre.

Transcribimos retazos de algunos comentarios escritos por los tertulianos:


1. Siempre quedará en nuestra memoria esos días tranquilos, cuando nos reuníamos en la tertulia. Tu sabiduría, tu templanza, tu solidaridad, el regalo de tu vitalidad y la forma tan cercana de comunicar tu cariño, -los abrazos- nos contagiaban y envolvían. Así conocimos al hombre bueno y generoso y, al comprometido por sus ideales sociales.

Hace unos días hablando en nuestras tertulias sobre el paso del tiempo y al transmitirle mi preocupación, me dijo: El pasado no existe, el presente es efímero y el futuro incierto, por tanto, no me preguntes más allá del día de hoy, que ya es mucho. Es un consejo de Séneca, añadió.

2. ¡Cómo nos duele, desde ayer, el silencio de tu voz!
Ahora, como nunca, queremos formar todos… ¡formamos todos parte! de tu familia, deslumbrados por el relámpago de amistad, cercanía, sinceridad y entusiasmo que tú has sido.
A todos nos acompañará siempre la sombra cálida del amigo, que desde la otra orilla, donde tú ya habitas, nos dictará el consejo, que, en cada momento, para no perder tu costumbre, nos ayudará a salvar los escollos a los que nos enfrente cualquier marejada de la vida y nos trasladará plácidamente al remanso y a la quietud de una ensenada.

3. Gran hombre, buen hombre, gran humanidad pero sobre todo, gran amigo.
Animoso con todos, aunque estuvieras preocupado o triste. Vital como nadie. Daba gusto verte entrar. Fuiste el alma de nuestra tertulia. ¿Qué vamos hacer ahora sin tu presencia y tu bonhomía? Palabra, esta última, que con frecuencia usabas al referirte a los demás, señal inequívoca de tu predisposición a ver, en todos los que te rodeaban, buenas personas. Y esa predisposición hacía que te preocuparas por los necesitados, en todos los sentidos; lo mismo regalabas compañía, que cariño, y todo lo que estuviese en tus manos para solucionar cualquier problema ajeno.
Considerado y respetuoso. En tus abrazos transmitías tantos buenos deseos que nos hacías sentir bien, reconfortados y seguros. Ahora nos dejas tristes ¡Imagínate!, pero nos recuperaremos pensado en que tú no querías caras apenadas.
Decías muchas veces que vivías, y había que vivir, pensando que ese día podía ser el último, por ello había que vivirlo, y ser feliz, minuto a minuto.

4. A veces decía tener dormidas las musas y las páginas escritas de una novela empezada con ímpetu juvenil se quedaban esperando a que despertasen para continuar creciendo hasta completar una nueva obra, otra mas y ya eran ocho. Todas escritas después de los sesenta años de edad. Era un hombre joven y sin embargo se ha ido. Joven a sus 84 años porque se puede ser joven a esa edad lo mismo que hay hombres de cuarenta que son ancianos vencidos por la vida y sin ilusiones. Él no, él era un joven impetuoso, vitalista, deseoso de dar a los demás todo cuanto poseía, generoso al máximo, inteligente, intelectual y artista pero sobre todo hombre, hombre en el sentido humanista de la palabra, un hombre de esos que uno piensa que si hubiera muchos como él, como ellos, el mundo sería distinto, más amable, más justo, pero precisamente si por algo se caracteriza el mundo es por lo injusto que es. Como suele decir la cultura popular “Siempre se van los mejores” y en este caso el dicho popular está plenamente justificado.

5. Nuestras conversaciones eran fugaces, intensas, sí, pero de cierto laconismo. Mirando más hacia el interior; navegando siempre por el alma. Cautivando el asombro. No sé si fue la última; da igual.
Tampoco sé cómo empezamos a hablar de la felicidad, me sorprendió su primer aserto:
 La felicidad no es una cosa sencilla, estoy convencido que no es para los débiles de carácter, ni para los veleidosos, y por supuesto, tampoco para los que fácilmente se dejan influir o para los que dudan. Hace falta una enorme cantidad de energía para ser feliz ─miraba hacia adelante pensando, probablemente, sus siguientes palabras.
Cierto que la teoría de la felicidad quizás sea fácil, el saber llevar a cabo es lo complicado. Esquemáticamente es posible que baste eso de tener pensamientos felices para ser feliz, pero ¿cómo persistimos en la posesión de pensamientos felices?

6. No he tenido la suerte de haber compartido más tiempo de relación cercana contigo. Pero en el período que nuestras trayectorias vitales nos puso en contacto: la Academia y nuestra tertulia semanal, han propiciado las ocasiones para que pudiéramos poner en común ideas e inquietudes, que suelen ser el germen natural de la identificación personal, que deviene en amistad. Tu acogida y tu capacidad para las relaciones humanas hicieron que, enseguida, sintiera como si te conociera desde casi toda la vida.
Me has enseñado que la amistad no se mide en “quinquenios”, sino por esa actitud, tan tuya, siempre abierta a conocer personas y a compartir, lo más importante: tu tiempo, tus inquietudes y tu permanente ilusión por casi todo.
Tus días no han tenido fronteras horarias, que te impidieran dar continuidad a estar en contacto con tantos seguidores en las redes sociales. O redactar ese “articulillo”, que tenías la atención de poner a disposición de los que somos menos asiduos, o inconstante, en esos medios en los que tú, rompiendo tópicos, te has prodigado de tal manera que podíamos considerarte tan “nativo digital” como tus hijos o tus nietos.

La muerte no es el final  (San Agustín de Hipona)

7.
La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado.
Yo soy yo, vosotros sois vosotros.
Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo.
Dadme el nombre que siempre me habéis dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho.
No uséis un tono diferente. No toméis un aire solemne y triste.
Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí.
Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra.
La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no se ha cortado.
¿Por qué estaría yo fuera de vuestra mente? ¿Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista?
Os espero; No estoy lejos, sólo al otro lado del camino.
¿Veis? Todo está bien.
No lloréis si me amabais. ¡Si conocierais el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudierais oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos! ¡Si pudierais ver con vuestros ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudierais contemplar como yo la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!
Falleció serenamente el día 19 de mayo de 2016

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La Tertulia de los Martes