29.7.23

Sólo en el interior de uno mismo se encuentran todas las respuestas. Ahí está la verdad.


In interiore hominis habitat veritas
En el interior del hombre habita la verdad
Son palabras de san Agustín, allá por los comienzos del siglo V

Cuando estudiábamos filosofía en bachillerato, aprendimos esta sentencia de San Agustín: "En el interior del hombre habita la verdad". Significa que mediante la introspección podemos llegar a comunicarnos con Dios y que hay que desatender los asuntos mundanos, como las propiedades o el dinero.
Pero son palabras que hoy siguen encontrando su eco en el marco de nuestras vidas. El corazón humano está roto a causa de los intereses de aquellos que tienen la responsabilidad de educar. Y es la causalidad personal, como estructura que nos conforma en un universo abierto a los otros con quienes convivimos, la que nos fuerza a conocer nuestra historia, a poder contar nuestra historia.

María Zambrano, en un contexto diferente al de san Agustín, pero con muchos elementos comunes, decía: «Persona es lo que subsiste y sobrevive a cualquier catástrofe, a la destrucción de su esperanza, a la destrucción de su amor. Y sólo entonces se es persona en acto, enteramente, porque se cae en un fondo infinito donde lo destruido renace en su verdad, en un modo de no perderse. Ser persona es ser capaz de renacer tantas veces como sea necesario resucitar".


Extracto del ensayo "Adentro" de Miguel de Unamuno

Sal pronto de ahí y aíslate por primera providencia; vete al campo, y en la soledad conversa con el universo si quieres, habla a la congregación de las cosas todas. ¿Que se pierde tu voz? Más te vale que se pierdan tus palabras en el cielo inmenso a no que resuenen entre las cuatro paredes de un corral de vecindad, sobre la cháchara de las comadres. Vale más ser ola pasajera en el Océano, que charco muerto en la hondonada.

Hay en tu carta una cosa que no me gusta, y es ese empeño que muestras ahora por fijarte un camino y trazarte un plan de vida. ¡Nada de plan previo, que no eres edificio! No hace el plan a la vida, sino que ésta lo traza viviendo. No te empeñes en regular tu acción por tu pensamiento; deja más bien que aquélla te forme, informe, deforme y trasforme éste. Vas saliendo de ti mismo, revelándote a ti propio; tu acabada personalidad está al fin y no al principio de tu vida; sólo con la muerte se te completa y corona. El hombre de hoy no es el de ayer ni el de mañana, y así como cambias, deja que cambie el ideal que de ti propio te forjes. Tu vida es ante tu propia conciencia la revelación continua, en el tiempo, de tu eternidad, el desarrollo de tu símbolo; vas descubriéndote conforme obras. Avanza, pues, en las honduras de tu espíritu, y descubrirás cada día nuevos horizontes, tierras vírgenes, ríos de inmaculada pureza, cielos antes no vistos, estrellas nuevas y nuevas constelaciones. Cuando la vida es honda, es poema de ritmo continuo y ondulante. No encadenes tu fondo eterno, que en el tiempo se desenvuelve, a fugitivos reflejos de él. Vive al día, en las olas del tiempo, pero asentado sobre tu roca viva, dentro del mar de la eternidad; al día en la eternidad, es como debes vivir.

Te repito, que no hace el plan a la vida, sino que ésta se lo traza a sí misma, viviendo. ¿Fijarte un camino? El espacio que recorras será tu camino; no te hagas, como planeta en su órbita, siervo de una trayectoria. Querer fijarse de antemano la vía redúcese en rigor a hacerse esclavo de la que nos señalen los demás, porque eso de ser hombre de meta y propósito fijos no es más que ser como los demás nos imaginan, sujetar nuestra realidad a su apariencia en las ajenas mentes. No sigas, pues, los senderos que a cordel trazaron ellos; ve haciéndote el tuyo a campo traviesa, con tus propios pies, pisando sus sementeras si es preciso. Así es como mejor les sirves, aunque otra cosa crean ellos. Tales caminos, hechos así a la ventura, son los hilos cuya trama forma la vida social; si cada cual se hace el suyo, formarán con sus cruces y trenzados rica tela, y no calabrote.

Reconcéntrate para irradiar; deja llenarte para que rebases luego, conservando el manantial. Recógete en ti mismo para mejor darte a los demás todo entero e indiviso. «Doy cuanto tengo», dice el generoso; «Doy cuanto valgo», dice el abnegado; «Doy cuanto soy», dice el héroe; «Me doy a mí mismo», dice el santo; y di tú con él, y al darte: «Doy conmigo el universo entero». Para ello tienes que hacerte universo, buscándolo dentro de ti. ¡Adentro! 
 Año de 1900

4 comentarios:

Manoli C. dijo...

La batalla de Unamuno con la fe y la razón: "Agranda la puerta Padre para que pueda pasar......."

Anónimo dijo...

"En el interior del hombre habita la verdad". ¿Pero que verdad? Porque cada uno tenemos nuestra verdad. La verdad del trio de las Azores, (acabo de leer un artículo), era la necesidad de mentir para justifica una guerra que ha destruido un país y ha provocado, y sigue, la muerte de más de medio millón de niños, y uno de los culpable se pavonea por España dando lecciones.

"Persona es la que subsiste y sobrevive a cualquier catástrofe..." ¿Qué son entonces los que provocan esas catástrofes y son admirados y respetados?

La vedad es que ese "animal racional", basado en el pensamiento y la razón, que dice que somos, estamos perdiendo a pasos agigantados esas dos cualidades: unos son esclavos del poder y del dinero, y otros, la gran mayoría, títeres de los otros.

En fin, si el pensamiento y la razón nos está llevando a destruir nuestro PARAÍSO a base de acumular beneficios, contaminando los océanos, los bosques, el aire, el espacio... quizá a la palabra "razón" haya que sustituirla por "sinrazón"
Tu entrada de hoy, amigo Gonzalo, es para meditar, pensar, analizar... para, quizá, no llegar a ninguna conclusión, y tengamos que volver a donde empezamos.

Inmaculada Moreno dijo...

Magnífica entrada.

Gondiazar dijo...

Gracias amigo Anónimo por tus razonados comentarios. Pero creo que tus reflexiones están muy apegadas a la vida política.

La entrada se refiere a pensamientos sublimes dentro de la moralidad (en mi opinión los políticos, puede que la conozcan, pero absolutamente no la practican).

Partimos de la sentencia de San Agustín: "En el interior del hombre habita la verdad". Es decir que, mediante la meditación podemos llegar a comunicarnos con Dios.

En la actualidad, sin mezclarlas con la religión y mucho menos con la política, la podemos utilizar en el siguiente contexto: El corazón humano es un universo abierto a los otros con quienes convivimos y más nos vale apoyarnos en el amor para no perdernos y ser capaces de renacer tantas veces como sea necesario y sobre todo no estar obsesionados con las riquezas terrenales. Muy difícil de llevar a la práctica.

Con modestia un consejo, “ser más humildes y mucho más espirituales”. Amén.

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