De Oviedo a San Salvador de Priesca, el prerrománico asturiano dibuja una de las rutas culturales más fascinantes de Europa. No es solo un itinerario artístico: es el relato en piedra de un reino que, en pleno siglo IX, decidió afirmarse frente al mundo a través de la arquitectura.
Tras la caída del Imperio romano, la Europa cristiana desarrolló nuevas formas artísticas a partir del legado clásico, las influencias germánicas y los ecos orientales. Mientras el continente miraba hacia el arte carolingio, en las montañas cantábricas surgía algo distinto. El reino de Asturias, protegido por su geografía, impulsó una arquitectura sólida, íntegramente pétrea, que evitaba la madera y apostaba por soluciones técnicas avanzadas.
El uso sistemático de la bóveda de medio cañón, los contrafuertes exteriores y los arcos de medio punto peraltados convirtió al prerrománico asturiano en una auténtica vanguardia constructiva, casi dos siglos antes de que el románico se generalizara en Europa.
De los catorce edificios considerados puramente prerrománicos que han llegado hasta nosotros, nueve se concentran en Oviedo y sus alrededores.
La Cámara Santa de la catedral de San Salvador, en Oviedo.)
En el corazón de la ciudad se alza la Cámara Santa de la Catedral de San Salvador, mandada construir por Alfonso II el Casto. Este espacio, concebido como relicario regio, fue una pieza clave para reforzar el prestigio espiritual del reino. En su interior se custodian reliquias veneradas durante siglos, entre ellas el Santo Sudario, que convirtió a Oviedo en lugar de peregrinación medieval.
A pocos pasos se encuentra San Julián de los Prados, conocida como Santullano. Construida entre 812 y 842, es la mayor iglesia prerrománica conservada. Su exterior sobrio contrasta con un interior que aún conserva buena parte de sus frescos originales: frisos geométricos, arquitecturas pintadas y motivos vegetales que crean un espacio simbólico de profunda espiritualidad. Es uno de los conjuntos pictóricos altomedievales más importantes de Europa.
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Los frescos de la iglesia de San Julián de los Prados, una de las más antiguas del prerrománico astur .Gonzalo Azumendi
A tres kilómetros del centro de Oviedo, sobre una pradera en la ladera del monte Naranco, emerge la que muchos consideran la joya del arte asturiano: Santa María del Naranco. Levantada en 842 bajo el reinado de Ramiro I de Asturias, probablemente nació como palacio de recreo antes de transformarse en iglesia.
Su elegante estructura de dos pisos abovedados, el gran salón superior y las arquerías triples abiertas al paisaje la han convertido en icono de Asturias. La armonía de sus proporciones resulta asombrosa para una construcción del siglo IX.
El exterior de Santa María del Naranco.
Muy cerca se sitúa San Miguel de Lillo, que formaba parte del mismo conjunto palatino. Aunque solo se conserva una parte del edificio original, todavía pueden admirarse relieves y capiteles con influencias orientales que evidencian la ambición artística del momento.

San Miguel de Lillo, una de las joyas del prerrománico asturiano, en Oviedo .
Abandonando Oviedo por la A-64 en dirección a la costa, el paisaje se abre hacia el valle de Boides. Allí, en un claro rodeado de prados, aparece San Salvador de Valdediós, conocido popularmente como El Conventín.
Consagrado en 893 bajo el mecenazgo de Alfonso III el Magno, el templo presenta tres naves y restos de decoración pictórica con influencias mozárabes. Más tarde, la llegada de los monjes del Císter dio lugar al monasterio anexo que hoy acompaña al edificio original. El conjunto respira serenidad y constituye una de las experiencias más evocadoras de la ruta.

El interior de la iglesia de San Salvador de Valdediós, también llamada El Conventín.
La pequeña aldea de Priesca, a once kilómetros de Villaviciosa, guarda la última gran manifestación del prerrománico asturiano: San Salvador de Priesca. Consagrada en 921, ya en los estertores del reino, su arquitectura sencilla encierra una belleza discreta y restos de pintura mural que hablan de la continuidad de un estilo que pronto daría paso a nuevas corrientes.
Y así, repartidos por los pliegues del antiguo reino de Asturias, van surgiendo otras muchas evidencias de la actividad constructora de aquella dinastía, desde Alfonso II a su sucesor Ramiro o a Alfonso III el Magno —con quien llegaría el apogeo—, para fortalecer y dar identidad a sus territorios ante las amenazas identitarias.
La huella de aquella dinastía —desde Alfonso II hasta Alfonso III— se extiende también a otros enclaves como Santa Cristina de Lena, San Pedro de Nora, la iglesia de Santiago de Gobiendes, en Colunga o la singular fuente urbana de La Foncalada, único ejemplo de arquitectura civil prerrománica conservado en Europa.
Santa Cristina de Lena, otra de las joyas del prerrománico asturiano reconocidas por la Unesco.
La iglesia de Santiago de Gobiendes, en Colunga. La fecha de consagración del templo no está documentada. Hay que esperar al siglo x para encontrar una mención a la iglesia: figura en una donación que hace el rey Ordoño II a la iglesia de Oviedo el 8 de agosto del año 921, de la cual hay una copia inscrita en el Libro de los testamentos de la Catedral de Oviedo. No obstante, se cree que fue erigida en el último cuarto del siglo IX periodo final de la monarquía asturiana.
Se construyó en estilo prerrománico, aunque fue radicalmente reformada en 1853, cuando se construyó un pórtico y un nuevo ábside más amplio que el existente. Estas obras conllevaron la destrucción del pórtico tripartito original.
Se construyó en estilo prerrománico, aunque fue radicalmente reformada en 1853, cuando se construyó un pórtico y un nuevo ábside más amplio que el existente. Estas obras conllevaron la destrucción del pórtico tripartito original.

La iglesia de Santiago de Gobiendes, en Colunga. Agustin Orduna Castillo
La Foncalada, también en la ciudad de Oviedo, es un ejemplo único de construcción civil del prerrománico. Fue construida en el siglo IX durante el reinado de Alfonso III el Magno. En realidad, protege un manantial de agua potable que se recoge en una piscina cubierta. Verás que en su frontón está esculpida la Cruz de la Victoria con el alfa y el omega.
Recorrer estos templos es mucho más que visitar monumentos aislados. Es comprender cómo un pequeño reino de montaña utilizó la arquitectura para consolidar su identidad política y religiosa, diferenciándose del legado visigodo y del influjo carolingio. Entre prados, colinas y brumas atlánticas, el prerrománico asturiano sigue hablándonos con la misma sobria elocuencia con la que fue concebido hace más de mil años.
Recopilado por
Gonzalo Díaz Arbolí


2 comentarios:
Amigo Gonzalo, como asturiano enamorado del Prerrománcico Asturiano, te felicito por esta entrada-blog que expone de manera sencilla y atrayente, la belleza, la originalidad y la importancia transicional de este arte.
Mi consejo es ir a Asturias y conocerlo.
Muchas gracias Gonzalo
De nada, amigo Julio. Ya conozco parte de la costa (La bellísima villa marinera: Lastres) la elegante y culta, Oviedo, donde en un lagar aprendí a pinchar la sidra, gran parte del prerrománico y la playa de Gijón…Avilés…
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