3.2.26

El desconocido archivo de fotografías del Museo del Prado

 

Detalle de 'Las lanzas' (1894-1954), de Diego Velázquez. / ALBERTO OTERO HERRANZ

El Museo del Prado ha sacado a la luz una parte poco conocida de su historia: su archivo fotográfico. Aunque el Prado es universalmente conocido por sus pinturas, en sus depósitos se ha conservado durante más de siglo y medio un importante conjunto de fotografías que documentan tanto las obras como la vida del museo. Este fondo, reunido de manera progresiva y sin una intención inicial expositiva, se presenta ahora por primera vez en una muestra dedicada exclusivamente a la fotografía: El Prado multiplicado, abierta al público hasta el 5 de abril.

Una de las obras centrales de la muestra es Las lanzas de Diego Velázquez, de la que se exhiben múltiples reproducciones realizadas a lo largo del tiempo. Algunas de estas imágenes eran adquiridas por los visitantes como recuerdo, mientras que otras se utilizaban con fines educativos y de investigación. Las copias —realizadas en albúmina, carbón o gelatina— muestran la diversidad de tamaños, procedimientos y usos, y subrayan la función comunicativa de la fotografía aplicada al arte.

Vista de la Galería Central con el acceso al establecimiento para la venta de fotografías José Lacoste y Juana Roig. / CEDIDA

La exposición reúne 44 imágenes seleccionadas de un archivo que supera las 10.000 fotografías, consideradas de gran valor histórico y artístico. Según su director, Miguel Falomir, se trata de una colección extraordinaria que permite comprender cómo se ha construido visual y simbólicamente el Prado a lo largo del tiempo. Las fotografías no solo reproducen las obras maestras del museo, sino que también documentan los espacios, la disposición de las salas y la evolución museográfica de la institución.

Vista de la sala de Murillo José Lacoste (1872-¿?), fotógrafo, y Juana Roig (1877-1941), editora Papel a la gelatina. Firmada. 1902-9 Procede del Archivo del Museo del Prado. (Foto: Museo Nacional del Prado)

El recorrido expositivo comienza con algunas de las primeras fotografías que se mostraron en el museo y propone un paseo visual por las distintas estancias del edificio de Villanueva. A través de estas imágenes, se pone de relieve el papel fundamental de la fotografía como medio de difusión del patrimonio artístico, ya que permitió que fragmentos del museo llegaran a los hogares de personas que nunca lo habían visitado. Esta colección fotográfica es, además, la más joven del Prado. Aunque ya se había mostrado parcialmente en una retrospectiva sobre el grafoscopio en 2004, fue entonces cuando se inició un proceso sistemático de recopilación y catalogación del material, tal como explica la comisaria de la exposición, Beatriz Sánchez.


'Ofrenda a Venus', de Tiziano Hauser y Menet (act. 1890-1996). / CEDIDA

Las primeras campañas fotográficas de las obras comenzaron en la década de 1860, en un contexto técnico muy distinto al actual. Debido a la baja sensibilidad de los procedimientos fotográficos de la época, los cuadros solían trasladarse al exterior para aprovechar mejor la luz natural. Tras la toma, el negativo se procesaba y se obtenían copias positivas que los fotógrafos podían vender en distintos formatos. El análisis de estas prácticas permite a la exposición trazar un discurso sobre la evolución de los materiales y las técnicas fotográficas desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la primera mitad del XX.

La infanta Margarita de Austria, de Velázquez Braun (act. 1889-1910). / CEDIDA

Más allá de su interés artístico, estas fotografías ofrecen valiosa información sobre la historia del museo. Permiten observar cómo se colgaban las pinturas de forma muy concentrada en las paredes, el mobiliario y los sistemas de calefacción de la época, o incluso la aparición ocasional de personas en salas que solían fotografiarse vacías. Algunas imágenes fueron tomadas antes de que ciertas obras ingresaran en el Prado, cuando aún pertenecían al Museo de la Trinidad, lo que amplía su valor documental.

Vista de la sala de la reina Isabel junto a una vista actual. Foto: Museo Nacional del Prado.

La difusión de la imagen del Prado fue posible gracias al trabajo de destacados fotógrafos y empresas de proyección internacional, como Juan Laurent, José Lacoste, Braun, Moreno o Anderson. A comienzos del siglo XX, la  de la tarjeta postal —favorecida por técnicas de impresión más económicas como la popularización de la fototipia— permitió que las imágenes del museo y de sus colecciones alcanzaran un público mucho más amplio, consolidando una nueva forma de relación entre el arte, la fotografía y la comunicación visual.  

Fuente. Pedro del Corral. El periódico de España
Gonzalo Díaz Arbolí

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