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| Vista aérea del faro de Punta Jandía al sur de la Isla |
El sur de Fuerteventura se presenta como un territorio indómito, alejado de la masificación turística que caracteriza a otros puntos del archipiélago canario. Su paisaje, marcado por una inmensidad desértica que invita a la introspección, combina dunas interminables, lagunas efímeras, volcanes, acantilados y playas casi infinitas. Esta aparente aridez esconde, sin embargo, una riqueza natural y geológica excepcional que ha valido a la isla el reconocimiento como Reserva de la Biosfera por la Unesco.
Más allá de los principales núcleos poblados —Corralejo, Puerto del Rosario y Morro Jable—, la isla despliega una paleta cromática cambiante de tonos ocres, rojizos, negros y blancos que varían según la luz. A ello se suma un cielo nocturno de gran pureza, certificado por la Fundación Starlight, que convierte enclaves como el mirador astronómico de Sicasumbre en puntos privilegiados para la observación de las estrellas.
La ruta hacia el extremo meridional conduce a la península de Jandía, una antigua isla unida a Fuerteventura por el istmo arenoso de La Pared. Este espacio singular, de origen volcánico y escasamente habitado, conserva un carácter primitivo que refuerza la sensación de aislamiento y conexión con la naturaleza. En su silencio y vastedad, el sur majorero se revela como un destino para perderse, desconectar y redescubrir la grandeza de lo esencial.
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| Playa del Sotavento |
Un horizonte volcánico bañado por aguas cristalinas que pisaron hace unos años los personajes de Han Solo y Chewbacca al servir de escenario como Savareen para la película Han Solo: Una historia de Star Wars (2018). Este planeta ficticio de Star Wars se mimetizó por un tiempo con la pátina salvaje de la playa de la Barca, en el municipio de Pájara y al este de la península. Un colchón de arena en contraste con el azul intenso del mar y en el que tirar nuestra toalla durante horas, bien para relajarse o para observar el parque eólico de Cañada La Barca, pionero en el uso de energía del viento para la producción de agua potable que suministra a la isla.
Y es que si hay algún elemento de la naturaleza que defina con rigor el talante de Fuerteventura ese es el viento.
Cuando René Egli aterrizó en la isla en 1984 quedó fascinado con las extraordinarias condiciones que ofrecían las corrientes de aire en la playa de Sotavento para la práctica de windsurf. Apasionado de este deporte, el empresario suizo decidió levantar en esta costa, junto a la cadena hotelera Meliá Hotels International, una escuela donde enseñar esta disciplina y también kitesurf. La que ellos mismos catalogan como la mayor del mundo; cuenta con 25.000 clientes que se mueven hasta sus confines cada año. Con más de 35 años de experiencia a sus espaldas, no solo es el lugar oportuno para iniciarse en la práctica de estos deportes, sino también para contemplar en verano a algunos de los mejores deportistas que compiten en la Copa del Mundo de Windsurf, Wingfoil y Kitesurf celebrada desde hace décadas. Cuenta también con una zona de chill out en la que fundirse con el atardecer que refleja la laguna, un fenómeno intermitente que llega a albergar cuatro kilómetros de aguas tranquilas en las fases de luna llena y nueva.
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