Joan Margarit nació en Sanaüja, Lleida, el 11 de mayo de 1938. Fue director del Laboratori del Institut Nacional de Control de Qualitat a l’Edificació en Barcelona, catedrático de Cálculo de estructuras de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona.
Publicó su primer libro en castellano, la única lengua que le habían enseñado a escribir por la dictadura franquista, en 1963, tardó diez años en publicar la segunda. Des 1980 escribió su obra poética en catalán y él mismo la traducía al castellano. Publicó numerosos poemarios.
Fue uno de los mejores poetas en español y catalán de su generación, y su obra ha sido reconocida con numerosos premios, entre ellos los más importantes de ambas lenguas: Premio Nacional de Literatura de la Generalitat de Catalunya 2008, Premio Nacional de Poesía y el Rosalía de Castro ambos en 2008, Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, Premio Poetas del Mundo Latino de México 2013, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2019 y Premio Cervantes 2019.
Falleció el 16 de febrero en Sant Just Desvern, en Barcelona.
Para Joan Margarit en el poema hay que crear las condiciones necesarias para que sea posible la vida: "un poema es poca cosa, pero fuera de la poesía, del arte, está la intemperie, no hay nada".
EL IDEAL DE MUJER
El ideal de mujer, que Joan Margarit espera, a la sombra amable que le acompañaría en la vida, mientras el otoño sucede y suena, mientras él la piensa entre hojas secas, se enfrenta en plena madurez al recuerdo de juventud y de su pura adolescencia; exultante juventud contra el abismo de la desesperanza. En ambos, a medias entre el descaro y la timidez, la confesión explícita de que está ocultando la identidad de la mujer que los provoca, se trata sólo de una mujer única y distinta de todo y de todas las demás.
Oración para J. M. R
Música del amor; que te escondías
en sitios negros, dulces, como rosas del jazz,
enciende el día azul, extiéndete debajo de los pinos
y haz que brillen las flores, los muros y la tierra.
Sé aquella agua secreta que esperaba,
y, un instante, devuélvenos
la niña eterna que hoy abandonamos
en pozos invisibles.
Un poco de un instante, para que nos ayude
a no llorar de miedo y de vergüenza
sintiendo su misterio de bondad.
Danos, música de oro, unas lágrimas limpias
como la vida que hoy enterraremos.
Música santa, hazle compañía,
tú que vienes del otro mundo al nuestro,
tú que ya sabes cómo es su silencio.
El ideal del poeta trazado por él mismo, a su gusto y por su mano. La perdió, la buscó desesperadamente, (era un amor tan frágil, era una idea) que se lo llevó el viento. El poeta asume su derrota y el lector se sobrepone como puede a tanta pena.
No sirve que nos preguntemos quién es la mujer ideal de Margarit, dónde se esconde o si tiene o tuvo alguna vez existencia real, y no sirve que nos lo preguntemos, sobre todo, porque no importa. Hablamos de poesía, no de biografía, y esa mujer plural y cambiante existe porque existen ciertos poemas que así lo atestiguan, que llegan a nosotros como recién escritos y ellas florecen en sus versos, no se marchitan.
Hoy que la soledad
es la última forma del amor,
esta triste ciudad ha hecho que pierda
lo que había perdido, ya, de ti.
¿A qué has venido?
¿Quién eres, si eres sólo
la imagen en el fondo del pozo de mí mismo?
He quemado tu cuerpo en mi interior,
todo ha llegado demasiado tarde.
EL DOLOR
¿Cómo era Margarit por dentro? ¿Qué escondía en la estructura recóndita de su corazón? Porque Margarit era un poeta que persuadía, que contagiaba, sobre todo el dolor, lo que pretendía era emocionar. El poeta no habla de lo que quiere hablar, sino de lo que puede y necesita decir, y suele pasarse media vida buscándolo.
Nadie ha madurado sin haber sufrido ninguna conmoción, ninguna pérdida, ninguna angustia, y los buenos poemas muestran siempre lo importante que es la experiencia del dolor, el dolor que le marcó de forma indeleble la vida, desde los años de su niñez en la España gris de la posguerra hasta, el sufrimiento durante la larga enfermedad y muerte de su hija Joana, afecta del Síndrome de Rubinstein-Taybe, que tanto le dolió y que tanto le enriqueció y que, supuso una experiencia decisiva capaz de transformar los sentimientos y las razones de existir. De ahí surgió un libro, Joana, un libro vivido y sentido que un padre se ve forzado a aceptar lo inevitable. Escribir no le salvó pero sí le ayudó.
Tienes la misma
edad que yo tenía
cuando empezaba a soñar en encontrarte.
No sabía aún, igual que tú
no lo has
aprendido aún, que algún día
el amor es esta arma cargada
de soledad y de melancolía
que ahora te está apuntando desde mis ojos.
Tú eres la muchacha que yo estuve buscando
durante tanto tiempo cuando aún no existías.
Y yo soy aquel hombre hacia el cual
querrás un día dirigir tus pasos.
Pero estaré entonces tan lejos de ti
como ahora tú de mí en este semáforo.
En una entrevista declaró: “Poco hay que consuele de las miserias de la vida. Creo que la búsqueda de la belleza es la antesala de lo que llamo una zona de verdad, pero te lo tienes que buscar. Tienes que vivir tu vida, con lo positivo y lo negativo. Y todo eso es complejo, cuesta. Si te regalan algo, desconfía; o bien no sirve para nada o te piden algo a cambio."
Es una ópera en tres actos, con música de Léo Delibes (1836 – 1891), y libreto en francés de Edmond Gondinet y Philippe Gille, basado en la novela Rarahu ou Le Mariage de Loti.
Delibes compuso la música entre 1881 y 1882, y la obra fue estrenada en el Teatro de la Opéra-Comique de París el 14 de abril de 1883.
Argumento
La acción transcurre en la India, en la época de la conquista colonial inglesa, a finales del siglo XIX.
ACTO I
Jardín exuberante, con un río al fondo.
Los fieles de Brahma se reúnen para la oración, en el jardín que es el refugio secreto de Nilakantha, sacerdote brahman que ha prometido vengarse de los conquistadores, a pesar de que el culto está prohibido por los ingleses, tras la plegaria entonada por la sacerdotisa Lakmé, hija de Nilakantha, dirigida a sus dioses. Una vez terminada la ceremonia, el sacerdote parte hacia la ciudad próxima en la que debe tener, el día siguiente, una gran fiesta, y deja a Lakmé al cuidado de sus servidores, Hadji y Mallika. La joven se quita sus joyas y las deja sobre un banco; después se prepara con su sierva Mallika para el baño (Dúo “vienes Mallika) y para recoger flores de loto azul.
Se acerca un grupo de ingleses que sin ningún reparo penetra en el jardín. Este grupo está integrado por Ellen, la hija del gobernador, su amiga Rose y de su dueña Mistress Benton, acompañadas por dos oficiales Frederic y Gerald. Frederick les advierte que no toquen las flores ya que algunas son venenosas, él ha reconocido al guardia de Nilakantha, y exhorta a sus amigos a la prudencia, mientras les habla de Lakmé y de como su padre ha hecho de ella casi una diosa que vive en este retiro aislada del mundo; entonces ellos no pueden evitar el burlarse de las costumbres hindúes y comparar los encantos de sus mujeres con los de las europeas. Tanto las mujeres como los hombres se preguntan cómo pasará el tiempo la joven .Cuando se van a ir, una de las chicas se fija en las joyas abandonadas en el banco. Gérald, despreciando toda prudencia, le promete hacer un dibujo de ellas. Cuando el joven se queda solo piensa en la mujer a la que adornan todos aquellos aderezos escondiéndose, al ver que alguien se acerca.
Lakmé y Mallika regresan del baño. La muchacha se pregunta por qué siempre está triste. Al ver a Gérald grita asustada. Cuando acuden los sirvientes, les dice que no ha sido nada y les pide que vayan a buscar a su padre. Después le advierte al inglés que se juega la vida y que debe olvidar el haberla visto, pero Gérald se siente fascinado por ella. El oficial inglés desafía el peligro y se lanza a una declaración de amor.
Al oír que su padre regresa, Lakmé le ruega al inglés que se vaya. Él tiene el tiempo justo para huir cuando la voz del brahamin se deja oír. El sacerdote, desgraciadamente, se ha dado cuenta que su refugio ha sido violado y jura que matará al extranjero que ha penetrado en sus dominios.
ACTO II
Mercado de un pueblo.
La plaza hierve de movimiento; Mistress Bentson, atraída por el exotismo, es víctima de varios robos. Se oye una campana. Es la hora de cerrar. Empieza el festival religioso. Aparecen Gérald y Ellen, su prometida. Frederick le dice al joven que el regimiento saldrá antes del amanecer del día siguiente a perseguir a un grupo de rebeldes.
Lakmé y su padre, disfrazados de pordioseros, entran en la plaza. A pesar de que la joven trata todavía de disculpar al inglés que profanó el recinto sagrado, su padre espera encontrarlo para vengarse, aunque también le entristece la preocupación de su hija.
Para que el inglés se dé a conocer obliga a la joven a cantar una balada que cuenta la historia de la hija de un paria que socorrió a un joven perdido en el bosque, el que resultó ser Visnú, el hijo de Brahma, quien en agradecimiento se la llevó al cielo a vivir entre los dioses. Nilakantha entonces obliga a Lakmé a que siga cantando hasta que la muchacha ve a Gérald y se desmaya en sus brazos.
Aunque el padre lo reconoce nada pueda hacer en este momento. Un grupo de soldados cruza el escenario mientras Nilakantha promete vengarse esa noche.
El fiel Hadji le dice a Lakmé que si puede ayudarla en algo que se lo diga, ya que siempre ha hecho lo que la joven ha querido. Gérald, por fin se encuentra ante su amada. Esta confiesa que le quiere a pesar de adorar a un dios diferente, y le ofrece la oportunidad de vivir siempre juntos en un lugar del bosque donde la joven tiene una cabaña. Se acerca la procesión de los brahmanes que se dirige al templo de Dourga. Frederick se siente preocupado por la expresión de éxtasis de Gérald, e intenta hacer entrar en razón a su amigo hechizado, le recuerda que su seguimiento partirá el día próximo por la mañana, a pesar de todo, confía que al otro día, cuando partan, ya se habrá olvidado de todo. Nilakantha y sus hombres han podido apresar a Gerald y uno de ellos lo ha herido con un puñal. Creyéndole muerto, Lakmé corre a su lado, pero sólo se trata de una herida leve, y con gran alegría y la ayuda de Hadji se lo lleva para esconderlo en el refugio del bosque.
ACTO III Jardín con una cabaña de bambú.
Gérald yace sobre un lecho de hojas mientras Lakmé lo arrulla con una nana. Cuando despierta, la joven le cuenta lo sucedido. El inglés, exaltado por el amor que siente, quiere abandonarlo todo y quedarse a vivir con Lakmé. En la lejanía se oyen las voces de los amantes que se dirigen a la fuente cuyas aguas confieren el amor eterno. Lakmé se ofrece a ir a buscar su agua para que ambos la beban. Gérald se queda solo. Entra Frederick, quien ha seguido los rastros de sangre por el bosque. Tras apelar al compromiso que tiene Gerald con Ellen, y al hecho de que dentro de pocas horas el regimiento partirá, el militar le recuerda su honor de soldado. Entonces Gérald, que hasta este instante estaba decidido a dejarlo todo por Lakmé, comprende que no podría vivir sabiendo que ha traicionado a su patria.
Vuelve la joven y nota que algo ha pasado. A lo lejos se escucha el batallón de soldados que marcha a su destino. Entonces comprueba que el deber llama a su amado. Sin decir nada, mastica una flor venenosa y luego, tras beber el agua, le da la copa a Gérald. El veneno surte efecto con rapidez
Nilakantha aparece, siempre movido por un deseo de venganza y reconoce al inglés; el oficial se ofrece para que el brahamin lo apuñale, pero Lakmé se interpone: él ha bebido el agua de la fuente sagrada, y estará protegido a partir de ahora y permanecerán unidos para siempre. Entonces, ella muere y su padre, exaltado, piensa en la vida eterna que ahora gozará su hija y se alegra de saberla cerca de los dioses. Mientras tanto, el joven llora desconsoladamente.
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Siempre que he visitado Toledo me ha venido a la memoria Vejer, de la Frontera con Reino Nazarí. Ambas fronteras durante el lento proceso de avance de la cristiandad, Vejer fue conquistada 165 años más tarde. Tienen una genética similar, ambas fortalezas militares como elementos fronterizos. Sin conocerse, tienen los mismos padres a modo de matrimonio adúltero.
Y fue en este pueblo soñado, donde nace y crece en el momento justo, 7 junio de 1935, en el núcleo rural de Patría nuestro personaje, Manuel Manzorro Pérez.
Su formación, a la sombra de un mítico apellido de agricultores, representa unos valores concretos: el trabajo y el esfuerzo de sol a sol, sudoriento, rompiéndole el pecho a la tierra con barba de días y renegrida la tez por los hornos de agosto.
De sus poemas transcribo: tantos vendavales cumplidos a quemarropa, o cuando recordaba a su amigo Pepe Sánchez en su atalaya del Monte-Patría:
Tu llegaste antes que yo
a esta vecindad antigua de los pobres,
y siempre sentí al verte, buen amigo
como un tropel de estribos y de árboles....
Las grandes penalidades que caracterizaron la vida de los campesinos de aquella época hizo que, fuesen calando en su sensibilidad de artista, un léxico y un paisaje rural propio, voces que aluden a una realidad ya casi desaparecida, sin embargo, el paisaje permanece intacto como testimonio del paso del tiempo.
Y esto equivale a decir que el hombre no puede tener una visión absoluta de las cosas hasta que no miremos el azul del cielo o las verdes campiñas de trigo.
Dónde habrán caído, aquellas tardes de trigales tan altos
trigales que a golpes de viento fueron suaves océanos en mis manos.
El descubrimiento de la belleza de la Naturaleza y de por medio la poesía.
Amante de la lectura sumado a la magia de las palabras viejas y sonoras que escuchaba en su entorno, encontraba allí la palabra precisa, en un mundo que él sentía y no podía expresar, y decidió entonces desarrollarlo como actitud, para soltarlo como una pandorga al viento. Esa era su misión, enseñar por medio de la poesía, a quienes no conocían la rica terminología de arabismos e hispanismos procedente de antiguos cultismos, para que el hombre de hoy, vislumbre, al menos, la existencia de un acervo cultural que jamás debería caer en el olvido. Como nunca perderán la dignidad señorial los hombres del campo.
Hoy han vuelto de súbito a hundirse
otra vez, las herraduras
en la arena infantil de la memoria
y de pronto me ha parecido de día;
es triste todo
y dulce también igual que era.
............
Todo quedó en su sitio al despuntar el alba.
Abandonamos el patio al clarear el día
y olía la silente luz difusa por los carriles,
igual que un tomillar recién cortado,
o un socaire de orégano y colmenas.
Del poema: Foto que hizo la memoria
Desde hace muchos años trabaja en beneficio y honor de Vejer de la Frontera; su obra como pintor y poeta dedicada a su ciudad natal, le han convertido en embajador de nuestro pueblo. Es por sobrados méritos, el claro ejemplo de una personalidad desbordante y única, tiene su mundo propio y goza de ese mundo. Manzorro ha cedido siempre al magnetismo de un universo que le invoca.
El artista no es nada sin su don, pero el don no es nada sin trabajo. Émile Zola
Monte patría desde el pozo "Reo"
EL LOCO DE LOS POZOS. CUENTO:
Los campos de Vejer están sembrados de viejos pozos. Algunos apenas se distinguen entre los matorrales; otros se inclinan cansados, con el brocal resquebrajado y las piletas cubiertas de verdín. Son las huellas del tiempo.
Una mañana, cuando el sol apenas empezaba a dorar las lomas, unos vecinos del Pago de Patría vieron pasar a un muchacho por el carril. Era joven, fuerte como un gañán, y caminaba con paso firme cargando brochas y cubos llenos de cal.
Se detuvo en el pozo Redor —al que llamaban así porque tenía una pileta redonda alrededor del brocal— y, sin decir palabra, empezó a encalarlo. Con paciencia fue cubriendo de blanco la piedra gastada, como si quisiera devolverle la dignidad perdida.
Al día siguiente, también al alba, volvieron a verlo pasar. — ¿Dónde irá hoy? —se preguntaron. Lo siguieron con la mirada y lo vieron inclinarse sobre el pozo de los Manzorro y repetir la misma tarea: brocha, cal y silencio.
Y así, día tras día, el muchacho cruzaba los campos con sus cubos blancos. Así los vecinos comenzaron a llamarle “el loco de los pozos” entre risas.
Pero el muchacho no parecía oírlos. Seguía caminando cada amanecer, como guiado por una llamada antigua que solo él entendía.
Pasó el tiempo. Y una tarde clara, al oriscán, alguien reparó en algo que antes no habían visto: los pozos brillaban a lo lejos como pequeñas lunas blancas. Brocales, piletas y pilones resplandecían limpios, como si el campo entero hubiera sido salpicado de luz. Entonces comprendieron que no era locura. Era amor.
El zagal de Diego no estaba blanqueando piedras. Estaba devolviendo memoria al campo.
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Pozos de la campiña vejeriega de cuadros pintados `por Manuel Manzorro.
En la actualidad reside y trabaja, pintando, escribiendo, leyendo, rodeado de olivos y ruiseñores disfrutando del silencio y la soledad en el Núcleo Rural de Santa Lucía de Vejer de la Frontera.
La muerte sorprendió a Aquilino Duque este septiembre, como vaticinó, joven, en su poema ‘Elegía andaluza’ incluido en su primer libro ‘Calle de la luna’ (1958): «Sé que cuando me muera... que será cualquier día de fines de verano...».
Nació el 6 de enero de 1931 y murió en Bormujos (Sevilla), 2021. Realizó estudios jurídicos en Sevilla, en Cambridge, en Reino Unido y en Texas; vivió en Ginebra y Roma como funcionario internacional entre 1961 y 1975 y fue profesor invitado en varias universidades extranjeras.
Académico de la Real la Sevillana de Buenas Letras, Premio Nacional de Literatura en 1974. Obtuvo los premios Leopoldo Panero y Fastenrath que concede la Real Academia Española, doctor honoris causa por la Universidad Inca Garcilago de la Vega, de Lima, Washington Irving, de cuentos Casa de América, José María Pemán de periodismo...
Autor de: 12 poemarios, 13 novelas, 5 memorias, 18 ensayos, 4 viajes y paisajes, 6 traducciones.
En la presentación que hizo, con motivo de la exposición de su íntimo amigo, pintor y poeta, Manuel Manzorro hace casi un par de meses, dijo: "Siempre digo que no somos como nos vemos en un espejo, sino como nos ven los demás. Vida y obra son una misma cosa y lo que el artista silencia por pudor o por modestia, la obra lo proclama a los cuatro vientos".
'Un poeta que no pertenece a su generación
Luis Alberto de Cuenca, que ha analizado la poesía de Duque, ha dicho que se trata de un poeta "que no pertenece a su generación" por ser "una poesía libre, desvinculada, postmodernista, y marcada por la nostalgia, el cultivo elegíaco de la infancia y el cosmopolitismo, con una evidente confluencia con Foxá".
"Con su oído privilegiado, Aquilino Duque puede acercarse a cualquiera de las bellas artes, maneja las estrofas clásicas y populares, maneja la rima sin retórica, con la naturalidad que le es propia, y siendo un poeta andaluz por los cuatro costados convierte ese apego al terruño en un lenguaje universal", según De Cuenca.
"Su poesía es contenida, no torrencial, porque su concepto poético es de obligatoriedad, de necesidad, no de escribir por escribir; y es un mérito que toda su obra poética esté en un volumen que no supera las quinientas páginas", ha agregado de Cuenca.
Así describía hace muchos años la Real Plaza de Toros portuense:
Me viera yo en tus carteles
una tarde marinera
haciendo con tu bandera
señas a mis timoneles.
Lejos de los redondeles
no sé que sangre te espera.
Ni que torillo abantos
te acribillan a cornadas,
de grímpolas y lepantos.
El Último Viaje de Antonio Machado
Déjelo todo, madre; ya nada vale nada.
Junto al río los juncos calan sus bayonetas.
España pesa mucho y es larga la jornada…
Hay que dejarlo todo en las cuentas.
Hogar y hogar errante quedan por los caminos:
aquí un colchón, allá unas cacerolas…
Mirad todos al pueblo de los tristes destinos
soltar lastre y perder raíces españolas.
Soldado, tú que avanzas hacia la primavera
con el cuatro de espadas ceñido de laureles,
¿no has encontrado acaso junto a la carretera
una maleta llena de papeles?
No dispares, soldado, contra tanta grandeza.
Ordena el alto el fuego.
Bájate del caballo, descubre tu cabeza
y lee esos papeles aunque los quemes luego.
Así sabrás quién iba con tanto fugitivo,
Y si amas a España, y si buscas su gloria,
Pide para tus sienes no el laurel: el olivo.
Ven a hablarnos de paz, pero no de victoria
Aquilino Duque, año de 1963
Hoy, desde este humilde blog, queremos recordar su categoría de poeta, escritor, ensayista, y traductor. Al mismo tiempo mostramos nuestras condolencias a su viuda e hijos, a sus amigos, especialmente, a Manuel Manzorro. Con nuestra tristeza por su pérdida. Sit tibi terra levis, poeta imprescindible.
Derrama, querida luna, tu brillo plateado a través del verdor de las hayas, donde fantasías y formas oníricas vuelan siempre tras de mí... Sueñe sus piezas y abandónese a su inspiración.
La denominación nocturno, se le daba en el siglo XVIII a una pieza tocada generalmente en fiestas de noche, sin que la pieza tuviese nada que ver con la evocación de la misma. Sin embargo, el género ‘nocturno’, siendo considerado como una pieza para piano solo, de un único movimiento, con un carácter inicialmente evocador de la noche, surge en el siglo XIX, y es un género muy característico del Romanticismo. Los nocturnos son generalmente piezas tranquilas, expresivas y con un carácter lírico, y a veces llegan a ser algo oscuras.
La noche... Son miles los términos que asociamos a esta palabra; sueños, oscuridad, miedo, intimidad, horror, soledad, romanticismo, muerte, sombra, tiniebla…
En el siglo de las Luces el Conocimiento estaba ligado a la claridad, a la luz (de ahí el nombre). La luz es el emblema clásico del racionalismo. Con la época romántica la filosofía de la noche adquiere un significado nuevo; ésta se relaciona con lo irracional. El romanticismo europeo detesta la gran luz cartesiana, Como explica Vladimir Jankélévitch: “El hombre de medianoche descubre las virtudes positivas y el poder de las tinieblas; se siente bien en el negro porque, como las aves nocturnas, él está especialmente dotado para sentir y ver en la noche.”
Es la noche que incita a la confidencia y a la meditación (a veces coloreada de religiosidad), a las acciones clandestinas, que es metafísica y que altera algo en nuestro interior, que agita nuestros corazones. Noche que hará nacer en el alma romántica una serie de emociones y despertará viejos terrores adormecidos.
Lo nocturno no es solamente el consuelo de los afligidos. Es también el cielo negro, sin esperanza y sin aurora.
Nocturnos de John Field:
Franz Liszt alaba a John Field y a estas piezas, a las que denomina como “verdaderas obras de sensibilidad, que han mantenido su gracia juvenil al lado de muchas cosas que han quedado obsoletas”. El encanto que encontró en estas piezas está contenido en la melodía y en una delicada armonía”, reflejan toda la simplicidad del instinto, deleitándose en dar una infinita variedad expresiva a la inocente y jubilosa poesía de los sentimientos que llenan el corazón” y continúa List: “el título de nocturno se ajusta perfectamente a estas composiciones, llevando nuestros pensamientos a esas horas en que el alma se vuelve únicamente hacia ella misma, precipitándose hacia misteriosas regiones del cielo estrellado”.
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Los nocturnos de Field se caracterizan por una suave
melodía cantábile, que fluye sobre un acompañamiento arpegiado, combinando la
expresividad con la sencillez, tanto armónica como melódica, así como por el
uso del pedal de resonancia, que le da más profundidad al sonido. Fue el
primero que introdujo un género que no pertenecía a ninguna de las categorías
establecidas, en el que los sentimientos y la melodía reinaban solos. Él abrió
el camino para todas las composiciones que desde entonces aparecieron bajo el
título de canciones sin palabras, baladas, impromptus, etc.”
En conclusión estos nocturnos tienen un carácter
relativamente sencillo, muy basados en los sentimientos, pero con un
carácter en general tranquilo, o bien llegando a “crear” en ocasiones cierto
ambiente de tristeza y melancolía. En ellos se observa un gran predominio de
las tonalidades mayores, y de los tiempos lentos.
Resumen biográfico:
John Field(Dublín, 26 de julio de 1782 - Moscú, 23 de enero de 1837) fue un compositor y pianista irlandés. Fue muy bien
visto por sus contemporáneos y por su forma de tocar y las composiciones
influenciaron en muchos compositores importantes, como Chopin, Brahms, Schumann y Liszt.
Inició sus estudios de piano con su abuelo, del mismo nombre,
organista profesional, y, más tarde, con Tommaso Giordani -músico de origen
napolitano-. Fue el hijo mayor de Robert Field, de profesión violinista. Debutó
a los 9 años, con una buena acogida. Su familia se trasladó a Londres, allí,
su padre consiguió que recibiera clases del pianista, compositor y constructor
de pianos Muzio
Clementi. Atrajo favorables comentarios
de Joseph Haydnpor
sus interpretaciones. A los 17 años presentó su primer concierto para piano
(escribió un total de siete). Considerado un excelente pianista, no se le tuvo
en la misma consideración hasta que en 1801 publicara su primer conjunto de
sonatas para piano, dedicadas a Clementi.
Cuando Clementi se trasladó a Rusia, Field le acompañó como
demostrador de pianos. Allí consolidó su propia carrera como concertista,
dividiendo sus actuaciones entreMoscú y San
Petersburgo, pasando a residir en dicha
ciudad a partir de su matrimonio, en 1810. En 1831, y con la salud deteriorada
debido a un doloroso cáncer de recto,
fue a Londrespara seguir el
tratamiento médico. Regresó aRusia, pasando por Francia e Italia, donde estuvo nueve meses hospitalizado en Nápoles.
Ayudado por una familia aristocrática rusa, regresó a Moscú en
1835. Allí compuso sus últimos nocturnos durante
sus últimos dieciséis meses de vida. Murió en Moscú.
El primer y el quinto Nocturno de esta colección están marcados por una felicidad radiante, podríamos llamar el florecimiento de una felicidad, obtenida sin penas.
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En el segundo los tonos son más oscuros, como aquellos de la luz en un jardín sombrío. Podríamos creer que en este canto se siente una ausencia, si, como se suele decir, la ausencia es un mundo sin sol.
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Pero en el último, el núm. 18, las formas se dibujan distintas, los contornos como si un calor incluso opresivo hubiera disipado la niebla matinal.
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Como dice mi amigo Eugenio, ahora nos queda "pinchar en uno de los nocturnos, cerrar los ojos y dejar que la mano izquierda de la pianista, con sus arpegios dulces y reiterativos, nos sumerja en los oscuros ébanos de la noche, mientras la melodía de la derecha nos susurra, sin palabras, un sonoro, cromático y misterioso cuento de hadas"
En letras de oro escrito, como me aconseja mi amigo Julio. ¿Qué sería del blog sin vuestras generosas y cabales aportaciones? Gracias, muchas gracias, amigos.
Pasión de Cristo es la denominación convencional utilizada para englobar los episodios evangélicos que narran los sucesos protagonizados por Jesucristo entre la última cena y su crucifixión y muerte el ciclo narrativo puede detenerse ahí —comprendiendo aproximadamente una noche y el día siguiente— o continuarse con su entierro y resurrección, al tercer día —el cómputo cronológico ha sido históricamente objeto de debate—. También es el tema más utilizado en el arte cristiano.
La palabra castellana "pasión" proviene de la latina passĭo, -ōnis,. Hace referencia a los sufrimientos de Cristo, entre los que se incluyen: la traición de uno de sus discípulos (Judas Iscariote) y la negación de otro (San Pedro), la oración del huerto (aceptación trágica de su destino mientras los apóstoles, dormidos, le dejaban solo en el Huerto de los Olivos —Getsemaní—), su prendimiento (tras ser señalado con el "beso de Judas" y renunciar a que sus discípulos le defendieran), su periplo judicial entre Anás, Caifás, Pilatos y Herodes (el juicio de Cristo, con sus interrogatorios y enigmáticas respuestas), en el transcurso del cual se producen diversos episodios de burlas y torturas a cargo de los soldados (Cristo en la columna, coronación de espinas, los llamados improperios), la presentación a la multitud (Ecce Homo), la alternativa presentada a elección popular (salvar a Cristo o a Barrabás), su condena a muerte con el "lavado de manos" de Pilatos, el Via Crucis (el camino, cargado con la cruz, atravesando Jerusalén —por la actualmente llamada Via Dolorosa— hasta el monte Calvario —Gólgota—, con varias caídas —debe ser ayudado por Simón de Cirene— y encuentros —con Verónica, que le seca el rostro, con su madre, con las mujeres de Jerusalén—), el expolio (ser despojado de sus ropas), y la crucifixión entre dos ladrones (Dimas y Gestas).
Son innumerables las obras de arte que representan episodios de la Pasión de Cristo, es un tema recurrente en el arte cristiano. Su representación puede adecuarse estrictamente a los límites propios del concepto "Pasión".
Entre los más representados que se encuentran en el Museo del Prado están:
01. Entrada de Cristo en Jerusalén. Anthony van Dyck
02. La última cena. Juan de Juanes
03. Lavatorio. Tintoretto
04. El Prendimiento. Francisco y Rodrigo de Osona
05. El Prendimiento de Cristo. Antonio Van Dick
06. Cristo de Gethsemaní. Carl Heinrich Bloch
07. La flagelación de Cristo. Anton Raphael Mengs
08. Cristo ante Pilatos. Giaquinto Corrado
09. Cristo a la Columna. Giandomenico Tiepolo
10. Coronación de espinas (La Flagelación). Juan Correa de Vivar
11. El Expolio de Cristo. Tiepolo Giandomenico
12. La Flagelación de Cristo. Giaquinto Corrado
13. Ecce Homo. Juan de Juanes
En este vídeo pueden ver los cuadros y fragmentos muy detallados.
La banda sonora del vídeo es, "La Coral venir hijas, ayúdame a quejarme", de la Pasión según San Mateo, BWV 244, está escrita para voces solistas, doble coro y doble orquesta por Johann Sebastian Bach.
Se ha definido como el más rico y noble ejemplo de la historia de la música sacra. Consta de dos grandes partes conformadas por 68 números. El texto del evangelio de San Mateo, capítulos 26 y 27, es cantado literalmente por un evangelista, y las personas de la trama (Cristo, Judas, Pedro, etc.) por los demás solistas.
Alrededor del texto bíblico se agrupan coros, corales, recitativos y arias con la intención de interpretar el texto.
No se sabe con certeza si la Pasión según San Mateo fue compuesta en 1727 o 1729. Aunque se relaciona directamente con la música fúnebre para el príncipe Leopoldo de Anhalt-Cöthen, se desconoce si la cantata fúnebre sirvió como modelo para la pasión o si la pasión fue el modelo de la cantata. Es la obra más extensa del compositor.
Andrés Gaos Berea, (el gallego errante) compositor, violinista y director de orquesta, nacido en La Coruña, en 1874 en el seno de una importante familia de comerciantes musicales gallegos y fallecido en Mar del Plata, Argentina en 1959.
Cuando contaba con pocos meses, su familia se traslada a la ciudad de Vigo, estudiando violín y piano, instrumento que también llegará a tocar con gran solvencia. Estudió con el violinista Eduardo Dorado.
El 14 de agosto de 1884 debutó en Pontevedra y dos días después ganó su primer galardón como intérprete. Al terminar sus estudios primarios, con doce años, la Diputación Provincial de La Coruña lo pensionó para estudiar violín (1885-89) con Jesús de Monasterio en la Escuela Nacional de Música y Declamación de Madrid, esta Diputación renovó su apoyo a Gaos el 11 de abril de 1889 con una beca para tomar clases privadas con Eugène Ysaye (otoño de 1889 a marzo de 1890) en Bruselas. En 1890 no consigue ingresar como alumno en el Conservatorio de París y regresa a Galicia.
Lieder: Andrés Gaos piano, Alejo Amoedo
Con apenas 20 años, hará su primera gira por América, para terminar instalándose finalmente en Argentina en 1895, donde conoció a su futura esposa, la cantante y violinista América Montenegro (1876-1949) con la cual se casó el 6 de febrero de 1896 en Montevideo y tuvo cinco hijos. Residieron en España durante nueve meses y en agosto de 1900 el matrimonio se asentó en Buenos Aires como profesores del Conservatorio de Alberto Williams en el cual Gaos se dedicó primordialmente a la enseñanza del violín y, esporádicamente, a la composición de música de salón y a las giras de conciertos. Divorciado en 1917, se casó con su alumna Luisa Guillochon, en 1924 decide trasladarse a Francia, donde la familia Gaos-Guillochón permanece ocho años. El 19 de febrero de 1933 regresan definitivamente a Buenos Aires. Durante dos años Gaos trabaja como profesor de música del Colegio Nacional Mariano Moreno y en 1935 es nombrado Inspector de Enseñanza Secundaria Normal y Especial del Estado, puesto que desempeñará hasta su jubilación en 1948.
En este país desarrollará una importante actividad educativa, interpretativa, compositiva y, como director de orquesta (fue el director de la orquesta que representó a Argentina en la exposición de París de 1937).
Tanto la prensa extranjera como la española lo consideran el mayor representante de la escuela española de violín y lo llaman habitualmente el “Sarasate del porvenir”. Cabe destacar las buenas críticas que recibe de músicos tan importantes como Joaquín Turina
Rosa de abril (basada en un poema de
Rosalía de Castro)
Su labor compositiva se orientó principalmente hacia diversos géneros de música popular (canciones, danzas, obras para concursos institucionales), en su mayor parte publicados en vida del autor, nueve melodías casi todas destinadas a los recitales de América Montenegro, y piezas de lucimiento para sus propios recitales, casi todas inéditas o publicadas recientemente.
Desde 1899 publicó obras para violín y piano, canciones de concierto en francés y en español. Entre 1912 y 1916 compuso varias obras corales, una de las cuales fue galardonada por la Asociación Wagneriana de Buenos Aires. En 1916 obtuvo un premio en Tucumán -donde transcurre la acción de su única ópera, "Amor vedado", -que no llegó a estrenarse- la música y la letra del himno oficial del Centenario de la Independencia Argentina.
Sinfonía nº 2 “En las montañas de Galicia”
Su catálogo de música de concierto se limita a una ópera, una sinfonía, un poema sinfónico, cuatro cuadros sinfónicos, un Allegro para violín y orquesta, dos obras para orquesta de cuerdas, una sonata para violín y piano y una suite para piano. Impresión nocturna y la Sinfonía nº 2 “En las montañas de Galicia”
Si bien Gaos nunca llegó a ser un violinista de fama internacional, es posible que sus obras ocupen algún día un lugar destacado entre los compositores del siglo XX.
Los aficionados a la música giramos siempre sobre lo mismo: Albeníz, Granados, Falla...Y nos olvidamos de Gaos, Bacarisse, Quiroga...
Debemos seguir explorando para encontrar esos excelentes músicos desconocidos.
Impresión nocturna - Víctor Pablo Pérez - Orquesta Sinfónica de Galicia
Lamentablemente, han sido muchos los años en los que la figura de Javier Egea (1952-1999) ha pasado más desapercibida de lo que debiera en la esfera literaria y editorial de nuestro país. Sin embargo, gracias a la gran labor desempeñada recientemente por críticos, estudiosos y editores, su poesía es hoy mucho más accesible y puede ser leída y admirada por todos aquellos que deseen sumergirse en su fascinante universo poético.
Nació en Granada en 1952 y desde su más temprana juventud manifestó una clara inclinación hacia la poesía. De modo que en su adolescencia comenzó a escribir versos tratando de imitar a los grandes autores a los que había leído y abordando el gran tema literario por antonomasia: el amor. No obstante, a pesar de que esas primeras composiciones, aparecidas mayoritariamente en su primer poemario, "Serena luz del viento" (publicado en 1974 y con composiciones fechadas entre 1969 y 1972), siguen la línea del poeta adolescente que confiesa sus sentimientos a través de los versos, en ellas puede apreciarse el gran magisterio ejercido por Lorca o Bécquer, que le otorgan una perfección técnica y un dominio de los metros poco conocido en poetas de esa edad. "Serena luz del viento" fue por ello muy bien recibido en el panorama literario de comienzos de los años 70, pues presentaba un estilo alejado tanto de la poesía novísima como de la poesía social; en efecto, uno de los rasgos más característicos de este poemario fue el empleo de estrofas clásicas. Pero frente a este clasicismo formal, el contenido de muchas de estas composiciones presentaba un fuerte erotismo, algo que le trajo al joven Egea alguna que otra complicación.
La influencia de Federico G. Lorca se puede apreciar en esta declaración:
Yo me sentaba a la sombra de los pinares a leer aquellos versos: por sus líneas tersas mis tímidos y asombrados ojos de adolescente treparon a otras nubes y bajaron también a los más negros pozos de la angustia [...]. Mi deuda personal, histórica, con su poesía resulta impagable. En el desván del corazón guardo todo mi respeto y cariño para este poeta tocado por el sueño, la luna y el frío [...]. En la fiebre poética, en el dolor de luz, en la constante intuición de la muerte, en la trágica pasión de vivir, nos hemos encontrado a cada paso.
Su primer poemario: Serena luz del viento (1974).
En la búsqueda de su poesía materialista y abordando el tema amoroso, Egea había escrito "Paseo de los tristes" a finales de 1981, y es precisamente en los siguientes años cuando un grupo de poetas y amigos van a aglutinarse en torno a una ideología común y van a llevar a cabo toda una serie de actos y manifiestos. Así, por ejemplo, en mayo de 1982 Javier Egea y Luis García Montero escribieron el "Manifiesto albertista", que dedicaron a Rafael Alberti y ante quien lo leyeron, manifestándole su admiración incondicional.
Transcripción de un fragmento del Manifiesto:
...Romper la identificación con la sensibilidad que hemos heredado significa también participar en el intento de construir una sentimentalidad distinta, libre de prejuicios, exterior a la disciplina burguesa de la vida. Como decía Machado, es imposible que exista una poesía nueva sin que exprese definitivamente una nueva moral, ya sin provisionalidad ninguna. Y no importa que los poemas sean de tema político, personal o erótico, si la política, la subjetividad o el erotismo se piensan de forma diferente. Porque el futuro no está en los trajes espaciales ni en los milagros mágicos de la ficción científica, sino en la fórmula que acabe con nuestras propias miserias. Este cansado mundo finisecular necesita otra sentimentalidad distinta con la que abordar la vida. Y en este sentido la ternura puede ser también una forma de rebeldía...
Y al final, el silencio definitivo...
He muerto muchas veces. Mi vida es una muerte acostumbrada. Como un suicidio, a los veintiséis años, pasé cuarenta y ocho horas en coma tras haber ingerido un tubo de somníferos...]. Pero parece que las pastillas estaban pasadas de fecha y su poder letal había disminuido. Volví a morir con el primer amor; otra vez con la muerte de mi madre; de nuevo con la de mi padre. He muerto en cada relación amorosa de las muchas que encontré o me reservó un destino. He muerto con la explotación y con las guerras. Se muere a diario por la asfixia de las relaciones capitalistas. Quevedo habló de “presentes sucesiones de difunto”; Lorca de “marineros definitivos”. Yo, mediante la poesía, he intentado transformar esa muerte diaria en vida. Espero que la muerte definitiva sea una más en este largo proceso fúnebre.
Poeta frágil que se fue antes de tiempo dejando un vacío a su alrededor.
Fue un romántico completo hasta en su muerte, depresivo, sensible, sublimando el amor hasta cuando se materializaba.
No me resisto a transcribir estas estrofas de su poema:
19 de mayo. Pensión Fátima
en donde la pregunta del abrazo desnudo
supo al fin el porqué de tanta lucha,
la clave del sudor sobre las sábanas,
y la virginidad redonda, amanecida,
reconoció la llave de su casa madura,
con una verde mano le puso rumbo exacto
y la llevó a su centro
y siempre siempre siempre
nació allí la tormenta del esperado amor
como una racimo…
…que fue la geografía de mi primer amor,
el mapa donde tuvo mi gran pasión su cuna
En un momento determinado yo me vi en la necesidad de analizar el amor no ya en un medio ideal y etéreo, sino de hacerlo con los pies en la tierra. Y esto, no sólo yo, sino todo un grupo de poetas de Granada que llevamos una misma trayectoria ideológica y que partimos de un mismo análisis de la experiencia cotidiana, que sabemos que la poesía no hay que esperarla como la lluvia, que sabemos que hay que trabajar y empeñarse a diario a base de estudiar, de vivir, de leer, de contactar unos con otros, dejándose de divismos y manteniéndonos dignos en todo momento, sin llegar nunca a venderse en medio de toda la sórdida estructura capitalista de la explotación y de la muerte.
El 29 de julio de 1999, renunció a seguir viviendo en un mundo que no le agradaba.
Considerado uno de los poetas españoles más importantes de los años ochenta, fue uno de los padres del movimiento poético "La otra sentimentalidad" junto con Luis García Montero y Álvaro Salvador. Consiguió, entre otros premios literarios, el Premio Antonio González de Lama de la Diputación de León por su libro Troppo marey el Premio Hispanoamericano de poesía Juan Ramón Jiménez por Paseo de los tristes.
La vigencia de su obra, 22 años después de su muerte, es total. Al tocar temas universales como el poder, la libertad, la esperanza y el compromiso político. Es un poeta verdadero. Su figura respira verdad vital y literaria. Algo así como lo que le ocurre a poetas consagrados como Antonio Machado, sostiene el investigador literario, Jairo García Jaramillo, profesor y poeta, uno de los mayores expertos en la obra de Egea, al que dedicó su tesis, autor también de "Javier Egea: la búsqueda de una poesía materialista" (2005).
Con una mirada retrospectiva los tratadistas teóricos del siglo XII el tema de la polifonía buscando referencias sobre la interpretación de algunos cantos a varias voces en la música culta de tipo religioso de la zona de Francia. Recordemos que el Canto Romano Antiguo habría efectuado un viaje de ida y vuelta para retornar a su punto de origen transformado por las influencias de la Liturgia Galicana. El canto gregoriano es el canto oficial de la Iglesia Católica. Es una música vocal, monódica (a una sola voz) y "a capella" (sin acompañamiento de instrumentos). El canto gregoriano es una enorme colección de obras vocales puesta bajo la advocación del papa San Gregorio I Magno (590-604)), por una leyenda que falsamente le atribuye su invención. Pero el canto gregoriano no es obra de un solo hombre, ni siquiera de una sola generación, ni apareció en un solo lugar concreto. Es la obra acumulada de muchos cantores, en muchos lugares y durante muchos tiempos; sin embargo cristaliza en un repertorio muy unido que se extiende por todo el occidente cristiano medieval. El canto gregoriano es la expresión musical de fe de la Iglesia, manifestada en su liturgia y que se ha mantenido durante siglos. Pero también es un patrimonio inmaterial de la humanidad, digno de ser oído como auténtica obra de arte.
Desde los primeros tiempos del cristianismo, los fieles recurrieron a la música para solemnizar los cultos, siguiendo la tradición judaica del canto de los salmos. San Pablo menciona salmos, himnos y canciones espirituales (Ef 5, 19. Col 3, 16). Al irse cristianizando las diversas comarcas occidentales se iban desarrollando diversos estilos de canto, al mezclarse con las costumbres locales. De este modo aparecen el canto ambrosiano en Milán, el canto viejo-romano en Roma, el canto mozárabe o visigótico en la Península Ibérica, el canto galicano en Francia, o el canto beneventano en el sur de Italia.
Lo que hoy llamamos canto gregoriano surge en Francia, al desarrollarse el rito romano en contacto con el ambiente galicano. En el siglo VII la visita del papa Esteban II al reino franco pone en contacto ambas tradiciones musicales y litúrgicas. Tras esto Carlomagno pone todo su interés en unificar la liturgia cristiana en todo su imperio como manera de legitimizar su reinado, basándose en esta refundición sobre el ritual romano. El papado aprobará esta unificación, y la promoverá en toda la Europa occidental (Islas Británicas, estados germánicos, Italia, reinos ibéricos...). Algunos ritos y cantos regionales sobreviven algún tiempo, pero al final este nuevo canto "franco-romano" se impondrá por toda Europa.
Fuente: Síntesis tomado de la Revista de Música Culta FILOMÚSICA
Dibujo del arquitecto Carlos Hurtado Casanova. Pulsar para ampliar
Paseando esta mañana, como tantas otras, por la “Avda. de la Bajamar”, donde el Guadalete deja de ser río para ser mar, mientras esperaba a un amigo, portuense de nacimiento y sentimiento, apoyado en la baranda del cantil, más que imaginar, soñé que en ambas márgenes de la ría había barcos pesqueros y buques de carga atracados, afanados en las tareas de carga y descarga: sal y pescados, vino en botas y a granel, mercancías procedentes de América y Filipinas. Todos ellos daban vida a este río del que hoy nos hemos olvidado.
Hoy, El Puerto–ciudad- vive de espaldas a su río, y su puerto, como tal, languidece, por no decir se muere, con un par de pesqueros amarrados, una draga que no draga, unos cuantos derrelictos y dos diques flotantes que esperan, hace no sé cuánto tiempo, que alguna embarcación vare en ellos. Éstos en la margen izquierda, la más industrial.
Si recreamos la vista en la margen derecha, la que debía ser - y puede serlo si ponemos empeño en ello - el vestíbulo de entrada a la ciudad, la fachada principal de nuestra ciudad,- “la de los cien palacios”- lo que vemos son fachadas desconchadas de edificios en ruinas, bolsas de aparcamientos, un varadero abandonado con el esqueleto podrido, tapando sus vergüenzas – para más vergüenza - con harapos, del que ha sido durante décadas el icono y logotipo de la ciudad: “El Vaporcito”
No sé si a nuestras autoridades, políticas y marítimas, les dará vergüenza. A mí, como vecino, y como marino que ha vivido media vida en la mar, y de la mar, sí. Sí me da vergüenza, por eso me atrevo a plantear una idea para revitalizar la ribera de nuestro “Río del Olvido” y no volver a olvidarnos de él.
Hace ya algún tiempo, al poco del percance que sufrió el Vapor del Puerto, cuando se trajo al varadero de la Bajamar para terminar su vida, me preguntaron si era posible su recuperación. Entonces, sin verlo, me atreví a decir que sí, lo que no pude cuantificar fue el coste de la restauración, pues no conocía el estado interior del mismo. Es más, ofrecí mis conocimientos y experiencia en buques propulsados a vapor para instalar en él una caldera y una máquina alternativa a vapor, en vez del motor diésel que tenía montado, y así, su propulsión concordara con su denominación: “El Vapor del Puerto”.
Esta propuesta traería, además de la consiguiente restauración del casco y habilitación de la embarcación por profesionales de la carpintería de ribera, la recuperación y adaptación del varadero para crear una escuela de esta especialidad, e instruir en el montaje y manejo de la instalación propulsora a vapor, a todo aquél que le interesara.
Hoy, la carpintería de ribera está siendo reconocida y potenciada por las instituciones como patrimonio industrial y cultural. Astilleros como el de Nereo, en Pedregalejo, están haciendo restauraciones y réplicas de barcos históricos, barcos de recreo y jábegas tradicionales de pesca de la costa malagueña. En Conil de la Frontera, Carpintería de Ribera Muñoz Ruiz, se dedica a la construcción artesanal de barcos pesqueros, combinando la madera con la fibra de poliéster.
En Orio (Gipuzkoa), se ha recuperado Mutiozabal, el último astillero de carpintería de ribera de la costa vasca, que desempeña una doble función: ser un centro divulgativo del patrimonio naval de la cuenca del río Oria, y centro de recuperación y construcción de embarcaciones tradicionales de pesca y recreo.
Ontziola, en Pasajes de San Juan, es otro de los astilleros de ribera recuperado por la Agencia de Desarrollo Comarcal Oarsoaldea (ADCO) creada para promocionar la zona de Pasajes y su entorno.
Iniciativas como éstas podrían llevarse a cabo en nuestra ciudad recuperando el varadero donde se encuentra hoy lo que queda del “Vapor”, pidiéndole la concesión a la Autoridad Portuaria; creando la citada escuela de carpintería de ribera para hacer barcos de madera y de fibra; de carpintería de blanco, para hacer mobiliario de barcos y otros usos, una actividad que volvería a dar vida a nuestro río y a nuestro Puerto.
Si esta propuesta se tuviera en consideración, yo ofrezco mi colaboración, aportando mis conocimientos y experiencia, para llevarla a cabo sin ningún otro interés que el de potenciar esta actividad en nuestra ciudad.
Ignacio Pantojo Vázquez
(Marino)
Artículo editado en el Diario de Cádiz. Marzo 2019