30.8.24

Dirección de Orquesta.

          

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Algunos historiadores de la música creen que la dirección de grupos instrumentales con la ayuda de una batuta, un rollo de papel pautado o, sencillamente, con la mano, se practica desde el siglo XV. Pinturas antiguas parecen confirmar esa teoría. En esa época la música escrita no se dividía en compases y no era necesaria una mano directora para coordinar a los músicos. Hoy, a los amantes de la música clásica, la imagen del director de orquesta, de pie frente a los músicos, guiándolos con gestos suaves o apasionados, les resulta familiar, pero en el siglo XIX, de cuando data el oficio tal como hoy lo conocemos, el concepto de un director visible para toda la orquesta, batuta en mano, era novedoso.

Antes, el tempo se indicaba golpeando en la tarima del suelo con un bastón. Se cuenta que Jean Baptiste Lully, compositor de la corte francesa del siglo XVII, se dio, con el bastón, un golpe en el dedo gordo del pie mientras dirigía una cantata. La herida se le gangrenó y le ocasionó la muerte ese mismo año (1687). A principios del siglo XIX, Carl María von Weber, compositor alemán, prefería un precursor de la batuta menos peligroso que el bastón: un rollo de papel. Se cree que fue Louis Spohr (1784-1859), el primero en dirigir un concierto con batuta en mano, en Londres (1820). Lo mismo hizo Félix Mendelssohn en Leipzig en 1835.

Las primeras batutas se hacían de hueso o marfil con mango de madera de ébano; en la actualidad pueden ser de los más diversos materiales, desde plástico hasta fibra de carbono.

La posición del director de orquesta ha ido cambiando con el transcurso de los tiempos. Al principio se sentaba en el centro de la orquesta e indicaba el compás en el clavicordio o el órgano, tocando con una mano y dirigiendo con la otra. Su partitura consistía en un bajo cifrado o figurado – sistema de notación utilizado para clave u órgano -. Juan Sebastián Bach escribió: "El bajo figurado es la base musical más perfecta. Se ejecuta de manera que la mano izquierda toque las notas prescritas, en tanto que la mano derecha recurre a consonancias y disonancias…"

Beethoven fue uno de los que muchas veces dirigió así la orquesta, aunque también fue de los primeros en utilizar la batuta.
"Si el director utiliza una batuta, ésta debe convertirse en algo vivo, cargarse de electricidad que la haga un instrumento capaz de obedecer su más mínimo movimiento…". (Leonard Bernstein)

A finales del siglo XVIII, el primer violín – el Concertino – era quien llevaba la dirección de la orquesta pero como, generalmente, se colocaba en pie, frente a la concha del apuntador y de espalda a los músicos, tenía escaso contacto con la orquesta y difícilmente podía transmitir sus órdenes a los músicos. La primera vez que un director se colocó frente a la orquesta y de espalda al auditorio, fue en la inauguración del teatro wagneriano de Bayreuth, en 1876.

La creciente complejidad de las obras orquestales ha hecho necesario que la dirección orquestal experimente un rápido desarrollo. Al igual que los solistas virtuosos llevaban sus instrumentos al límite, los directores empezaron a establecer nuevos estándares de precisión y brillantez en las interpretaciones orquestales.

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Quinta Sinfonía de Beethoven en C Minor Op.67- Herbert Von Karajan

La dirección orquestal constituye hoy un verdadero arte, en el que la pericia técnica, los conocimientos musicales y la perspicacia psicológica del director son factores importantísimos. El director moderno no sólo indica el tempo y el ritmo, sino que también trata de penetrar en el pensamiento y conocer la intención del compositor para transmitírselos a la orquesta.

El compositor francés Charles Gounod, en una ocasión describió así al director de orquesta: "El director no es más que el conductor del carruaje del compositor: debe detenerse o acelerar el ritmo a su demanda. Si no lo hace bien, el compositor tiene derecho a bajarse y seguir a pie".

Héctor Berlioz, en la introducción de su tratado de dirección orquestal, destaca varias cualidades de un buen director: vigor, conocimientos de composición y una buena comprensión de los instrumentos de la orquesta. Pero también añade: "Un director debe poseer otros dones indefinibles, sin los cuales no se puede establecer la conexión invisible entre él y aquellos a los que dirige".

Berlioz: sinfonía Fantástica, H. 48: I. Rêveries – Passions · Berliner Philharmoniker · Herbert von Karajan

Cuando directores como Wagner o Berlioz dirigían obras de otros, no se limitaban a seguir las indicaciones del compositor, sino que interpretaban de acuerdo con sus propias impresiones de la obra. Hans von Bulow sostenía que la dirección orquestal era una interpretación subjetiva más que una lectura precisa de la partitura, y variaba los tempos a su antojo. Otros como el director austríaco Félix Weingartner, director de la Filarmónica de Viena, criticaba la subjetividad extrema del enfoque wagneriano, abogando por la fidelidad a la partitura y a las indicaciones del compositor. También se opuso a la teatralidad exagerada en el podio y a la gesticulación excesiva. Los puntos de vista de Weingartner sobre la interpretación han influido a numerosos directores y sus grabaciones constituyen un valioso testimonio de sus convicciones. El estilo de dirección de Weingartner era muy eficiente. De hecho, desde la perspectiva del público, daba la impresión de que estaba inmóvil.

Wagner: Los maestros cantores (preludio) - Josep Pons - Orquesta Sinfónica de Galicia

Fuente. Wikipedia, Youtube

Gonzalo Díaz-Arbolí

14.8.24

Leopoldo de Alba y Salcedo, uno de los vejeriegos más ilustrados

Puede que Leopoldo de Alba y Salcedo sea uno de los vejeriegos más ilustrados y uno de los que, sin duda alguna, merecería aparecer en una supuesta galería de paisanos ilustres.

Leopoldo de Alba y Salcedo


Nace en Vejer de la Frontera en 1843, hijo de Manuel de Alba, maestro de Vejer y de Soledad Salcedo y Mera. Muere en Madrid el 9 de octubre de 1913. Periodista, diplomático, político y escritor, perteneció al Partido Liberal-Conservador.

Como político: Fue elegido diputado a Cortes por el Partido Liberal-Conservador en representación del distrito de Sariñena (Huesca) en dos ocasiones: 1876 y 1879.

Como diplomático recordar que en 1884 fue nombrado enviado extraordinario y Ministro Plenipotenciario de España en China y Siam, "cerca de S.M. el emperador de China y Su Majestad el rey de Siam", que así es como se recoge en el libro "Evangelización y prestigio: primeros encuentros entre España y Corea", de Ernesto de Laurentis. También ocupó los cargos de Secretario de la Comisión Central de Estadística o Vicesecretario de la Comisión Central del Catastro.

Jugó un importante papel en el reconocimiento de Chiclana como ciudad. En agosto de 1876, mediante un Real Decreto del rey Alfonso XII, la entonces villa de Chiclana de la Frontera se convertiría en ciudad. Antes de que se publicara en la Gaceta de Madrid —Boletín Oficial del Estado de la época—, el alcalde de la ciudad, Francisco Manjón, recibió una carta del diputado a Cortes, en la que se podía leer: 
Muy Señor mío y de mi consideración; Queriendo dar a Chiclana una modesta prueba del cariño y consideración que le profeso y aprovechando mi carácter de Diputado, entablé las gestiones oportunas para ver de obtener el título de Ciudad, que por sus circunstancias merecía. Previniendo determinar inconvenientes, no me pareció del todo oportuno comunicación a Ud. de mi pensamiento; pero hoy en que aparece concedida tan honrosa distinción en “La Gaceta” del veinticinco, tengo el gusto de participarle por si estima ponerlo en conocimiento de la Corporación que tan dignamente preside"

Como periodista, dirigió periódicos como El Estandarte, La Opinión, La Patria, La política moderna o La Crónica de España. En sus Memorias, Pío Baroja escribe: "Alba Salcedo era un tipo curioso. Hablaba con acento andaluz un poco bronco. Había sido ministro de España en China y escrito varios folletos políticos en la época de la revolución de 1868 y en tiempos de Alfonso XII"
Dirigió en Madrid los periódicos La Prensa, La Patria, El Puente de Alcolea, El Estandarte, La Opinión, La Política Moderna y La Crónica de España.

Como escritor
es autor varias obras entre las que destacan: "La dictadura: apuntes históricos de actualidad" o de "La revolución española en el siglo XIX", dedicada a los generales Serrano, Prim y Topete y de la que en La Iberia se recomienda su lectura porque: "abraza el gran periodo histórico desde que, libertado Fernando VII de su cautiverio, empezó la triste serie de sus arbitrariedades y perfidias, hasta el triunfo de la Revolución de setiembre en los campos de Alcolea. Se remonta el señor Alba Salcedo a las causas primordiales del radical cambio político de nuestra patria, y así comienza a historiar los sucesos desde la promulgación del gran Código sancionado por las inmortales "Cortes de Cádiz". En La Correspondencia de España se puede leer la siguiente referencia: Comprende este libro los principales sucesos políticos ocurridos en España desde principios de siglo hasta la proclamación de la regencia del general Serrano. El autor pone de relieve en su obra los esfuerzos que ha tenido necesidad de hacer el pueblo español para conquistar su libertad.

No me resisto a colocar algunos párrafos del libro:
Reuniéronse las Cortes el 28 de Setiembre de 1821, y en ellas no hubo asuntos de interés general, cuando no se ocuparon más que de ordenanzas, códigos, división del territorio, etc., terminando sus tareas parlamentarias el 15 de Febrero de 1822.
El 10 de Marzo de dicho año se abrió la segunda legislatura, con arreglo a lo que disponía la Constitución, siendo nombrado Riego, como en desagravio por lo que había sufrido, presidente de ellas.
Los realistas, que estaban trabajando descaradamente para lograr su intento de hacer desaparecer el régimen constitucional, empezaron a obtener buenos resultados de su maquiavelismo.
Facciones por todas partes; motines en Aranjuez, en el que se gritaba: ¡Viva el rey absoluto, muera la Constitución! Insurreccionóse la guardia de palacio y mata al oficial por considerarlo liberal: se van al Pardo varios batallones, que entran en Madrid en la madrugada del 7 de Julio (1822), y atacan la Plaza Mayor, que defendía la Milicia Nacional y los liberales, quedando estos triunfantes y derrotados los batallones de la Guardia, que sufrieron innumerables pérdidas.
Se creó una terrible sociedad secreta del partido servil, llamada; El Ángel exterminador. 

Tanto el Diario ABC, como La Época o El Liberal dieron cuenta del fallecimiento de D. Leopoldo de Alba y Salcedo.

 

Gonzalo Díaz-Arbolí

Fuente: https://dpalabra.wordpress.com/personajes/leopoldo-de-alba-y-salcedo/



11.8.24

Franz Joseph Haydn (1732-1809) y su obra: La Creación, cuyo texto procede del Génesis,



Haydn fue, durante el siglo XVIII, el compositor más exitoso, más celebrado y más querido en Europa. Sentó las bases para el perfeccionamiento de la sinfonía, el cuarteto de cuerdas y la sonata para piano.

A los ocho años entró en el coro de la catedral de san Esteban, en Viena, donde su maestro, Georg Reutter, descubrió su portentosa voz y, aunque no recibió una buena instrucción musical, estudió la teoría e interpretación del piano por sí solo. Pronto tuvo la suerte de conocer al compositor y profesor de canto, Niccolò Porpora, quien lo admitió como alumno y acompañante en sus lecciones de canto. Además de composición le enseñaba italiano y le educaba la voz.
En 1755, obtuvo su primer puesto independiente como miembro del conjunto de cámara del príncipe Fürnberg, cuatro años más tarde, ya en 1760, cambió el rumbo de su vida al ser nombrado maestro de capilla de Eisentadt, por el príncipe Antón von Esterházi, el más noble, distinguido y rico de la nobleza húngara, a la vez que un apasionado amante de la música.
Aunque gozaba de libertad artística, su posición de servidor y dependiente del príncipe no le permitía la libertad social a la que él aspiraba, pero, en cambio, le valió para componer una fructífera obra: cinco misas, cuarenta cuartetos de cuerda, ciento veinticinco tríos para viola de gamba. En 1790, después de la muerte del príncipe, quedó libre y se trasladó a Viena donde, al fin, pudo reunirse con sus admirados colegas y amigos, especialmente con Mozart, al que le unía una estrecha amistad desde hacía años. Dos meses después emprendió su primer viaje a Inglaterra, invitado por el empresario Salomon, para interpretar sus nuevas sinfonías. En Londres compuso las sinfonías Sorpresa, Redoble de timbal y, por supuesto, la sinfonía Londres.

   La separación de la Luz y las Tinieblas.(1511) Miguel-Ángel. Capilla Sixtina, Vaticano
Durante su estancia en Londres, Haydn escucho los oratorios de Händel, lo impresionaron tan hondamente que al volver a Viena empezó a componer uno. El resultado fue una de las obras más apreciadas de Haydn: La Creación, cuyo texto procede del Génesis, de los salmos y, curiosamente, del Paraíso perdido de John Milton.
En La Creación, Haydn describe de forma programática pasajes del Génesis, como la caída del hombre, con efectos como flautas pastorales y representaciones musicales de los animales, desde el león hasta el gusano. La representación del texto "hágase la luz", donde se desatan todas las fuerzas orquestales de la forma más estruendosa posible, se hizo famosa de inmediato. El efecto dramático que tuvo en su estreno, en el palacio de Carlos Felipe de Schwarzenberg en Viena, la noche del 30 de abril de 1798, fue descrito por un colega suyo con estas palabras: En el momento que nace la luz, se podría haber pensado que los rayos brotaban de los mismos ojos ardientes del compositor. El aplauso del extasiado público vienés fue tan rotundo, que la orquesta no pudo continuar hasta pasados unos minutos.

Haydn contaba que, mientras componía La Creación, cuando la inspiración le fallaba, se detenía, se arrodillaba, rezaba y el Todopoderoso le enviaba la solución más adecuada para seguir escribiendo la partitura.

Lo que más destaca de este oratorio es la descripción musical, casi ingenua, de los distintos momentos del surgimiento de la vida. Sabemos que su valor es alegórico, nada más. Y, por otra parte, escuchando el diálogo entre voces e instrumentos, ¿qué importancia tiene la verdad científica frente a la belleza? ¿No es acaso la belleza el resultado de una ciencia inefable? En vísperas de una previsible carrera sin fin, habría que rebautizar el espacio con el nombre de las grandes piezas musicales que la humanidad ha producido en forma de triunfo de la especie. La confianza es un dios humano que hace maravillas.

Haydn creó la forma clásica del cuarteto de cuerda con dos violines, una viola y un violonchelo. También instituyó la estructura tradicional de cuatro movimientos y le dio un nuevo protagonismo a la forma. Sus más de ochenta cuartetos plenos de equilibrio, intimidad y diálogo entre los instrumentos, se convirtieron en el modelo a seguir durante siglos.

Haydn ostenta, con todo derecho, el título de “Padre de la Sinfonía”. La sinfonía clásica está representada, principalmente, por las últimas composiciones de Haydn. La suprema importancia de Haydn en la historia de la música, y de la sinfonía, se debe a tres razones principales:
- 1ª.- Introdujo un nuevo material temático al reemplazar el habitual, lleno e hinchado de acentos teatrales, por melodías frescas, sencillas y naturales basadas en la música popular.
- 2ª.- En el allegro de la forma sonata dio la máxima importancia a la sección central.
- 3ª.- Al hacer del minué un tiempo obligatorio estableció la sinfonía en cuatro movimientos.

Haydn usó siempre la forma sonata en el primer movimiento y, con frecuencia, en el último; por otra parte, el último tiempo suele ser un rondó-sonata, pero nunca el minué o giga de sus predecesores. También en el tiempo lento introdujo las variaciones – una novedad en la sinfonía - mientras que el minué se convertía, cada vez más, en una composición vigorosa y humorística sin perder su forma de danza.

Dúo de 'Adán y Eva' del oratorio "La Creación (1798, del austríaco Haydn) en la versión referencial de Karajan. 

El oboe, la orquesta, el 'tempo', las voces de los solistas y, posteriormente, el coro, combinan espectacularmente en esta versión para conseguir en el oyente un resultado abiertamente intimista si se cuenta con el ambiente y el medio reproductor adecuados. Las imágenes sólo pretenden acompañar la audición.

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Gonzalo Díaz-Arbolí

9.8.24

Personajes de Vejer de la Frontera: José Díaz Jiménez.



Recordamos a personas que nos precedieron en el camino de la vida y que por su trayectoria forman parte importante de la historia de Vejer, al que dieron lo mejor que tenían. Reconocer este hecho es, en última instancia, un acto de respeto hacia nuestra historia y hacia generaciones que trabajaron para forjar el mundo que hoy habitamos. 
El tiempo pasa inexorablemente, pero los antiguos recuerdos quedan como añoranza. Me refiero a mi abuelo, José Díaz Jiménez, cuya vida y legado están entrelazados con la rica historia cultural de nuestro pueblo.


Biografía:
Nacido en Cádiz en 1875 en el seno de una familia de músicos, desde temprana edad mostró una afinidad innata por el arte de la música. Sus padres, Pedro Díaz Andrades y Ana Jiménez Cabrera, reconocieron su talento y lo alentaron a seguir su vocación.

La teoría de las inteligencias múltiples fue ideada por el psicólogo, investigador y profesor de Harvard, Howard Gardner. En ella afirma que la inteligencia no es un elemento único sino un conjunto de diferentes capacidades específicas. De las ocho que enumeró, una de ellas es la musical y José Díaz Jiménez la poseía.

Estudió en Barcelona donde obtiene el título de Director de Orquesta y composición, dirigió orquestas de zarzuelas y como compositor escribió varias obras para Corales y Banda. Sabemos que la composición musical es un arte complicado, es una manifestación íntima que pretende transmitir al público el sonido en todos sus caracteres: la armonía, el ritmo, la estructuración formal, la tímbrica u orquestación.

Residente en Vejer desde su juventud, dedicó su vida a la música llevado de una gran vocación. Fue funcionario del Ayuntamiento de Vejer, gracias a su inteligencia, su grado de conocimiento musical y su personalidad. Como funcionario Municipal fue profesor de música en todos los colegios públicos y como sochantre creó y dirigió el coro que actuaba en los oficios divinos de la parroquia del Divino Salvador, pero su verdadero hito fue la creación de la Banda de Música al formarla con un grupo de vejeriegos entusiastas, que de forma altruista ofrecieron su tiempo a los ensayos y actuaciones públicas. Fue así como nació la Banda de Música Municipal de Vejer. Que con su mano experta dirigió y la convirtió en un símbolo de orgullo y unidad para la comunidad actuando en festivales, celebraciones y eventos cívicos en todo el pueblo.


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Familia Díaz Muñoz año 1915

Sin embargo, el destino le tenía reservado la seducción del amor, conoció a Josefa Muñoz Benítez, nacida el 10 de enero de 1874, hija de Luis Muñoz Hernández y Eloísa Benítez Manzorro. Su matrimonio se celebró en 1903, fue el fundamento sobre el cual construyó su vida y fue en Vejer donde encontró su hogar; renunciando a la plaza de organista de la Catedral de Cádiz.


Eloísa Benítez Manzorro

Dos años más tarde nació mi padre al que pusieron el nombre de José Teodoro María de la Oliva del Salvador. -El nombre no podía ser más vejeriego, para los que no recuerden son los patrones de Vejer, Virgen de la Oliva y Divino Salvador- y 10 años más tarde nació su hija Ana. Juntos criaron a sus dos hijos transmitiéndoles el legado de sus antepasados y la rica herencia de la música: Mi padre, José Díaz Muñoz fue un notable pianista y mi tía Ana tocaba muy bien el violín.
Dedicó su vida a enriquecer la vida cultural y social de Vejer donde dejó una marca indeleble.

En 1932 cuando la ciudad contaba con 16500 habitantes, fue nombrado, por su sensatez, prudencia y capacidades, Fiscal del Juzgado Municipal.

Aparte de un relevante organista fue un magnífico pianista, de fina sensibilidad y brillante ejecución, dedicando sus tardes libres a dar clase de solfeo y piano. Fue organista de la parroquia del Divino Salvador, y dirigió su coral durante muchos años. 
Recuerdo el ancestral “Canto de La Sentencia” de Jesucristo, el Jueves Santo dentro de la Parroquia, un caso único que se vive en Vejer en Semana Santa. Alguna vez en la voz de Pepita Díaz Arbolí, o de Lola Tamayo Ramón, las dos eran miembro de la Coral de la Parroquia.

Causa deleite rememorar su participación en la celebración de la novena a la Virgen de la Oliva durante el mes de agosto, acompañado del tenor sevillano, señor Villalba, y del barítono gaditano, señor Jiménez, que llenaban los espacios sagrados de nuestra iglesia de una música y unos cantos que enriquecían la solemnidad de la liturgia, elevando los corazones de los fieles creando un puente entre lo terrenal y lo divino.


La Banda de Música en 1917


Breve historia de la Banda de Música:

La historia de la Banda de Música en la primera mitad del siglo XX está marcada por los altibajos de la política y la sociedad. En 1917, la banda se disolvió en un acto de solidaridad con su director, que fue expulsado de su cargo debido a sus opiniones políticas, por apoyar al que a la postre sería el perdedor de las elecciones, el conservador Marqués de Tamarón.
El Golpe de Estado del General Primo de Rivera en 1923 hace que la Banda de Música vuelva a reunirse y que el Sr. Díaz Jiménez, como el ave fénix que renace de las cenizas, vuelva a dirigir la llamada ahora Banda de los Zapateros, en honor a los industriales y artesanos del pueblo, con sede en el Castillo.
Desde 1930 hasta 1936 cambian a llamarse “Gremios Unidos” y se trasladan a un local propio en la calle Sancho IV el Bravo, la cual sería disuelta por el Régimen de Franco.

A partir de esa fecha se inicia un vacío en la Banda Municipal de Música hasta que, a finales de la década de 1940, D. Manuel Sánchez Moreno (alias Palomita) la recompone, ahora con el nombre de “Los Músicos”.

A veces aparecen los recuerdos como envueltos en una neblina y no consigues que se despeje del todo, otras permanecen con fuerza en la memoria, como estos que cuento aquí.
Evoco en los años 40 y 50 ver y escuchar ensayar en el patio del Castillo, entrando a la derecha, una vez pasada la puerta en arco de herradura emblema del estilo arquitectónico morisco durante la dominación musulmana. Sé que, incluso a finales de los años 60, quedaron en aquel espacio algunos instrumentos abandonados de la banda.

También recuerdo asistir a la escuela pública instalada en el patio del Castillo y el nombre de mi maestro, Don Juan Carballeiro que, al pasar lista no decía los nombres de los alumnos sino el número que nos había asignado, yo era el número 41.



Me acuerdo de, cuando como una cantinela recurrente decía: Tengo que morir antes que Pepita, de lo contrario no lo podría soportar. Era tanto su amor, tanta su veneración por ella que, gracias a Dios, sus plegarias fueron escuchadas, falleció el 2 de febrero de 1954 dejando en Vejer un vacío inmenso, tenía 77 años; meses más tarde moría su amada Pepita, 


Conclusión:

Creo que Vejer debe reconocer al profesor, José Díaz Jiménez el enorme mérito de inculcar en los vejeriegos la afición y el amor por la buena música y su abnegado esfuerzo y trabajo en beneficio de ellos que, ha demostrado fue un valioso legado que perdura como guía para las generaciones venideras. Su compromiso con la música y la cultura sigue vivo, recordándonos el poder transformador del arte y la importancia de preservar y honrar nuestras raíces y tradiciones. 
En aquellos años Vejer era envidiado por los pueblos cercanos por su gusto musical.
Actualmente la Delegación Municipal de Cultura organiza muchos y diversos espectáculos musicales, además de otras entidades como, La Sociedad Económica de Amigos del País de Vejer, La Peña Flamenca y las notables actuaciones de la "Agrupación Musical Virgen de la Oliva",   todo ello como consecuencia de la herencia sembrada por el profesor titular de música D. José Díaz Jiménez. 
A veces siento envidia por la semejanza de la historia, con la Banda Municipal de la ciudad donde actualmente resido, El Puerto de Santa María, cuyo nombre coincide con la que fuera su director durante muchos años: Maestro Dueñas.


Firma  autógrafa de José Díaz Jiménez


Pero la historia de Vejer no estaría completa sin mencionar la contribución de los: "Los Gremios Unidos":


En los Gremios Unidos fueron muy numerosos los zapateros, por eso no extraña que 

el profesor Díaz Jiménez formara con ellos la banda de música.


No hay gobierno sin leyes y, por tal razón, los pueblos se han dotado de ordenanzas tanto para ellos mismos como para los gremios. Una ordenanza es, en el ámbito municipal, la plasmación de su derecho administrativo. En los gremios, fundamento de su organización. En ambos casos debían ser aprobadas por el Consejo Real. Su nacimiento tuvo lugar en plena Edad Media y llegó hasta el siglo XIX. Todas reflejan la actividad económica predominante en la región, proporcionando un marco para la cooperación y la solidaridad entre los diversos oficios y profesiones.

Año de 1876, Vejer de la Frontera: Don Juan Rodríguez Manzano individuo del Ayuntamiento de Veger de la Frontera con la misma villa sobre aprovación de las ordenanzas que ha arreglado la villa para su régimen y gobierno. Los vecinos pretendían proteger sus pastos y mieses frente otros ganados de fuera. El Fiscal se opuso a su aprobación por no haber intervenido en su redacción ni labradores ni ganaderos.

AHN, Cons. Leg.31.299


Me cuenta el historiador y actual presidente de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Vejer, don Antonio Muñoz Rodríguez que, su abuelo fue fundador y presidente de los Gremios Unidos en aquellos años y que, tenían su sede precisamente en el edificio que ocupó la Oficina Municipal de Recaudación y Arbitrios, instalado entonces en la parte superior de la terraza alta del Bar Trafalgar; la recuerdo muy bien, pues trabajé allí durante el año 1960, con D. Antonio Tirado que compatilizaba su empleo con la de Administrador de Transportes Comes. Muchos lo recordarán en la oficina que ocupaba junto a la cafetería del hotel Convento de San Francisco y antes al principio de la Corredera.

Lugar que ocupaba la Oficina Municipal de Recaudación y Arbitrios

Como decía Antonio Machado, “A distinguir me paro las voces de los ecos,/ y escucho solamente, entre las voces, una.”

“La verdadera patria del hombre es la infancia…” escribió Rilke: Vejer es y será mi infancia y mi orgullo convencido de saberme nacido en un lugar único, en ella me reconozco e invoco a mis padres a quienes debo el vínculo de amor con esta tierra, por sus campos y sus paisajes en los que he tenido la suerte de nacer a la vida. La palabra "Vejer" es sagrada, como sagradas son la tierra y la memoria. Y lo expreso parodiando a Tomas Tranströmer: las oscilantes lámparas subterráneas del poderoso sistema de mis raíces.

"Hay ciudades que parecen hechas de sentimiento, de poesía, de nostalgia; ciudades por las que circula un alma casi visible, palpable, que se adentra en ti y se funde a tu vida en un instante." Esta frase del poeta, Ricardo Molina, describe perfectamente mis sentimientos hacia mi pueblo: la calle José Castrillón donde nací y viví hasta los 22 años, los juegos infantiles, el olor del jazmín que mi madre regaba en el balcón de la casa, mi primer amor, aquellos rincones queridos de mi intimidad y, vuelvo a la mágica fantasía donde el corazón ha cimentado el artilugio emocionado de la evocación, a los espacios donde la nostalgia me ha devuelto.

Vejer, la misteriosa, donde existieron romanos, cristianos, moros y judíos, que pasearon añorantes por sus calles encaladas, y que invocaron con igual fidelidad el nombre de Beka, Besaro, Baesippo, Bekkeh, Vejer de la miel y Vejer de la Frontera, todos ellos erigieron el blanco caserío que hoy poseemos, y todos fueron artífices de su crecimiento y progreso.

Yo vuelvo a Vejer para saber de dónde vengo y para recordar por donde debo ir. Acaricio con mis manos la insinuante piel de la cal de sus paredes, mil veces blanqueadas con ondulaciones que alcanzan reflejos brillantes como la nieve; no me habría sorprendido ver brotar de ellas, las azuladas y sencillas flores amarillas de la retama.
Pero alejarse no es olvidar. Los pueblos no son las piedras de sus edificios ni sus calles, son las personas que la habitaron y las que allí siguen viviendo.

Mis padres nos enseñaron a amar a este pueblo: conservo celosamente la nota que, en el programa de la Velada en honor de la Virgen de la Oliva de 1966 escribió mi padre, decía así: Gonzalo, háblale a los niños de la Virgen de la Oliva y que cuando sean mayores la tengan siempre presente en sus oraciones. Muchísimos besos para todos de vuestros padres y abuelos.


Dejé Vejer en 1961 sin saber, como está escrito, que la historia de un hombre, es un largo rodeo alrededor de su pueblo. Cada vez que vuelvo me parece un lugar mágico. Lo visito siempre que puedo en busca de mi pasado, que es el futuro. Mi compromiso permanente es dar a conocer mi lugar de nacimiento, uno de los pueblos más bonitos de España, quienes alguna vez se hayan adentrado en la aventura de recorrer sus calles laberínticas de casas encaladas y azulejos nazaríes entenderá el motivo de su belleza y también tendrán la oportunidad de conocer las bondades que ofrecen sus habitantes: de grandes corazones, donde la solidaridad, el compromiso y la alegría son valores fundamentales, abierta al mundo, que acoge a cualquier visitante con los brazos abiertos y que deja una huella imborrable en todos aquellos que tienen la oportunidad de conocerla.

Nunca me cansaré de escribir sobre ello y no pierdo la ocasión de hacerlo frecuentemente.

En mis primeros recuerdos infantiles me veo al lado de mi padre en el Santo lanzando una pandorga. Me enseñaba a elevarla. Era una tarde azul. Desde entonces sé muy bien cuál es mi patria, mi gente y mi paisaje.

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Vejer, sus paisajes y sus calles

Gonzalo Díaz-Arbolí
Agosto 2024

                                                                                                                                                                            

12.7.24

Una canción irlandesa. Balada celta : Wild Mountain Thyme (Tomillo de montaña salvaje)


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Conservo en mi ordenador una balada popular celta titulada: Wild Mountain Thyme (Tomillo de montaña salvaje), que por su belleza la había guardado, incluso había traducido la letra al español de la versión en inglés.

Oh, el verano está llegando
y los árboles están floreciendo,
y el tomillo salvaje de montaña crece alrededor del brezo floreciente,
¿Irás, niña, irás?
E iremos todos juntos
para derramar el tomillo de montaña salvaje.
Si mi verdadero amor no me aceptara
seguramente encontraré otro,
para derramar el tomillo de montaña salvaje.
Oh, el tiempo de verano se acerca
y los árboles están floreciendo dulcemente
y el tomillo salvaje de montaña crece alrededor del brezo floreciente

La melodía actual de "Wild Mountain Thyme" probablemente se basó en un aire tradicional escocés, como se encuentra en la Colección de melodías de las tierras altas e islas de Escocia del capitán Simon Fraser (1816). Otros eruditos sugieren que la canción está basada en una vieja melodía tradicional escocesa "The Three Carls". 
"Wild Mountain Thyme" fue adaptada y grabada por primera vez por el músico de Belfast, Francis McPeake, en 1957 para una serie de la BBC. Esta adaptación creó la confusión de su origen. Me atrevería a calificarla como Escocesa/Irlandesa.

Pero los hados estaban a mi favor: Hace unos días vi una película titulada: “Una canción irlandesa” y de nuevo escuché la balada, me entusiasmó y quiero compartirla con vosotros mis lectores que, con seguridad,  vais a disfrutar, sobre todo, de la música.

Sinopsis de la película: 
No hay palabras para describirla. Es singular, excéntrica y presenta una complicada historia de amor. Una historia sencilla, con hermosos paisajes irlandeses y sobre todo la canción, que da título a la película, interpretada magistralmente en una parte de la cinta.
En los bucólicos paisajes de la Irlanda rural, podemos disfrutar de los más bellos paisajes de la ruta costera del Atlántica, con sus campos de cultivo en todo su esplendor y el majestuoso verdor de un paisaje enclavado bajo las montañas Nephin del condado de Mayo, donde aún se habla la antigua lengua gaélica; es sin duda uno de los mejores lugares para experimentar las tradiciones y la cultura irlandesa que hace que los espectadores caigan rendidos ante el increíble espectáculo del oeste de Irlanda. Es otro mundo. Es un cuento de hadas. 

Narra la historia de una pareja de amantes cuyas familias rurales se ven envueltas en un conflicto por un terreno muy disputado que separa sus dos granjas.
La obstinada granjera Rosemary Muldoon siempre ha amado a su tímido y especial vecino Anthony Reilly, pero este permanece impasible ante su hermosa admiradora. Todo se complica cuando el padre de Anthony amenaza con vender la granja de la familia a su sobrino estadounidense, en lugar de a su propio hijo.

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En un giro inesperado de los acontecimientos hablan de su situación en los exuberantes campos irlandeses. Termina llamándola la flor más hermosa que jamás haya visto. Sin embargo, Anthony lamenta haber perdido el anillo de su madre, razón por la cual no merece casarse con ella. Pero Rosemary es terca y se niega a renunciar a Anthony sin luchar. Entonces le revela que encontró el anillo y que lo ha tenido desde entonces. Se lo da a él, pero le dice que se lo quede porque siempre estuvo destinado a ser suyo. Los dos amantes se besan y terminan casándose.
En el montaje final todos los personajes se ven cantando el tema principal con los protagonistas ya casados.

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Gonzalo Díaz-Arbolí

 

5.7.24

Interpretación del 4º Movimiento (Coral) de la Novena Sinfonía de Beethoven


El caso del “tema de la alegría” merece una mención aparte, y da cuenta de la naturaleza meticulosa del compositor. Beethoven tuvo que ingeniárselas para encontrar la forma adecuada en la que incluir la gran masa coral que tenía en mente. Así, llegó incluso a componer más de 200 versiones del tema de la alegría, de entre las cuales una de ellas también fue reutilizada en su “Fantasía para piano, coro, y orquesta”.

En sus cuadernos personales, Beethoven plasmó sus inquietudes; la más importante de ellas era conseguir transmitir a través de su última sinfonía algo más que música. Es decir, quería contar una historia, y en el caso de la novena esa historia debía guardar relación con toda la humanidad.

No era la primera vez que Beethoven se enfrentaba a una idea sinfónica distinta a la habitual. Su tercera sinfonía, aparte de música, debía ser un homenaje a Napoleón. Así, el tono de la sinfonía es marcial y el adagio está compuesto en forma de marcha fúnebre en recuerdo de los soldados caídos. Beethoven compartía los ideales de la revolución francesa, y en un principio vio en la política de Napoleón la liberación de Europa; pero cuando éste se nombró a sí mismo emperador, Beethoven tachó enfurecido la dedicatoria sustituyendo el término “napoleónica” inicial por el de “heroica”. Eso sí, no cambió ni una sola nota del pentagrama.

En el caso de la sexta sinfonía “pastoral”, Beethoven altera de forma rotunda la forma sonata. En lugar de cuatro movimientos compone cinco, dos de ellos siguiendo la forma del scherzo. En rigor, la sexta no es una sinfonía, es música programática, es decir descriptiva. En este caso el compositor pretendía describir aquellos paisajes naturales donde había pasado su adolescencia.

Pues bien, con la novena sucede algo similar. Beethoven quería contar nada menos que la liberación de la humanidad.

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El primer movimiento representa el Destino cruel que ahoga a los hombres; de ahí que sea un movimiento algo pausado –maestoso–. Beethoven reajusta la forma sonata, introduciendo un tono sentimental melancólico (sobre todo el tema femenino), mientras que con otro tono, este más imitativo, describe al propio Destino (el tema masculino).

El segundo movimiento, el scherzo, es la respuesta que dirige al Destino cruel la humanidad. Es una reafirmación del hombre, pero no alegre, sino enfurecida, muy enérgica. Este movimiento tiene una arquitectónica sin duda espectacular, de unas proporciones inimaginables para la época. La arquitectónica alcanza su punto álgido cuando combina en las variaciones los ostinattos con golpes de percusión.

El tercer movimiento vuelve a ser triste, o mejor dicho, apagado. La humanidad no parece haber encontrado consuelo y se refugia en la religión. Este detalle es muy importante, pues con la religión la humanidad no se libera de la angustia, de ahí que el tono sentimental del movimiento no sea optimista, sino lánguido. Tiene una parte imitativa muy importante, pues comienza y termina muy lentamente, como si la música surgiera de la nada, como si nunca fuera a terminar de empezar o de acabar.

El cuarto movimiento es sin duda el más complicado. Sin duda Beethoven nos narra el triunfo de la humanidad, pero no de manera sencilla: la victoria está plagada de duelos entre la parte positiva y negativa. Este movimiento es un antecedente de los que años después compondrían Bruckner y Mahler, al querer reflejar el duelo entre la vida y la muerte. La introducción es trágica (de ahí la reexposición de la introducción del primer movimiento). Entre esa tragedia surge, como un halo de esperanza, el “himno de la alegría”, pero este halo se desvanece volviendo al tema trágico inicial.

Tras una pausa, el barítono se dirige al coro –la humanidad– y pronuncia un breve texto escrito por el propio Beethoven: “¡Oh, amigos, dejemos esos tonos! ¡Entonemos otros más agradables y más alegres!”. Entonces el coro acompaña al barítono para cantar el himno a la alegría

Alegría, hermosa llama de los dioses,
hija de Eliseo.
Entramos, ¡oh celeste deidad!, en tu templo, ebrios de fuego.
Tu hechizo funde de nuevo
lo que los tiempos separaron.
Los hombres se vuelven hermanos
allí por donde reposan tus suaves alas

Tras una breve pausa, Beethoven presenta al tenor, que recita más versos de Schiller acompañado por el coro masculino, a modo de una marcha militar.

Quien haya tenido la dicha
de poder contar con un amigo,
quien haya logrado conquistar a una mujer amada,
que su júbilo se una al nuestro.
Aun aquel que pueda llamar suya
siquiera a un alma sobre la tierra.
Mas quien ni siquiera esto haya logrado,
¡que se aleje llorando de esta hermandad!

Tras una complicada fuga, Beethoven introduce el tema de amor, el aire sentimental adquiere una apariencia suave, como si de una misa se tratara. No obstante, Beethoven está hablando de Dios. Se trata de imitar una ceremonia litúrgica. La participación de la soprano y contralto es sin duda reseñable.

Todos los seres beben de la alegría
del seno abrasador de la naturaleza.
Los buenos como los malos,
siguen su senda de rosas.
Ella nos da besos y vino
de un fiel amigo hasta la muerte,
Al gusano le concedió la voluptuosidad,
al querubín la contemplación de Dios.
Volad alegres como sus soles
a través del inmenso espacio celestial,
seguid, herma
alegres como héroes en pos de la victoria.

Parece que Beethoven encuentra el consuelo en la religión, pero en una religión acompañada de optimismo, de alegría. No sucede como en el tercer movimiento; ahora la religión no es un refugio, es la salvación de la humanidad. La música adquiere de nuevo proporciones gigantescas, imitando esa grandiosidad para preparar el triunfo final del hombre. Beethoven une el tema de amor con tonos más alegres, a modo de conclusión

¡Abrazaos millones de hermanos!
Que este beso envuelva al mundo entero.
Sobre la bóveda estrellada
Habita un padre bondadoso.
¿Flaqueáis millones de criaturas?
¿No intuyes, mundo, a tu Creador?
Búscalo a través de la bóveda celeste.
¡Su morada ha de estar más allá de las estrellas!

Los metales ascienden y las cuerdas tocan una última vez el “himno a la alegría”. La coda es vertiginosa, firme y rotunda. Beethoven estrenó su novena sinfonía el año 1824, ante una sala repleta de público y completamente sordo, junto con su también colosal “Misa solemnis”. No pudo oír los aplausos de la gente, pero sí pudo gozar del éxito de su obra.

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Versión para aquellos aficionados que deseen profundizar en su estudio  
Análisis de Tomás Gilabert. Profesor de análisis musical en el Conservatorio Superior de Valencia

Fuente: 
La 9ª Sinfonía de Beethoven. Analisis e interpretacion. Autor: Asier Pérez Riobello


4.7.24

Andrew Atroshenko. Pintor de la pasión y el movimiento


Lo primero que llama la atención al observar cualquiera de los lienzos de Andrew Atroshenko es la fuerza que transmiten. Fuerza a través del color, de la pincelada, de la emoción que emana de sus personajes.

Este pintor ruso, que nació en 1965 en Pokrovsk, fue considerado desde pequeño como un prodigio en materia de pinceles e ingresó desde muy niño en Bryansk Art College (Escuela de Arte de los Niños), para más tarde formar parte de la prestigiosa Academia de San Petersburgo. Después de graduarse en tan emblemática academia fue invitado a los Estados Unidos para participar en exposiciones y perfeccionar su formación. Estancia en tierras estadounidenses, que en palabras del pintor, fue de vital importancia para su obra, mucho más que los años de preparación en las escuelas artísticas rusas, ya que tomo conciencia de lo que quería transmitir a través de sus óleos.

Andrew Atroshenko es un pintor prolífico, que ha expuesto en multitud de galerías norteamericanas como europeas y ha participado en exposiciones colectivas, donde su obra ha cosechado un rotundo éxito.
En 1994 ya, colgó su obra en importantes exposiciones como la de San Petersburgo Reutlingen, Alemania…
Tras graduarse de San Petersburgo, en la «Academia de Arte en 1999», fue invitado a participar en el Grupo «Arte de la Bahía» de Nueva Inglaterra. Si bien el trabajo de Andrew se vendía con éxito en galerías de toda la Florida, California, Ohio y Arizona, el artista participaba en un gran número de exposiciones colectivas y subastas en Francia, lo que dio lugar a que su obra se venda a en todo el mundo.

Desde el año 2000, Andrew ha trabajado con los distribuidores de Europa Occidental y EE.UU., exposición y venta de sus pinturas en ciudades de EE.UU. como el Carmelo, de Scottsdale, Palm Desert, Las Vegas y Hawai. Dos de las piezas de Andrew se subastaron en Sotheby’s en 2002 y 2003.

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Poseedor de una técnica impresionante, consigue con sus expresivas pinceladas y sus enérgicos colores plasmar la pasión y el movimiento en sus retratos. Gracias a ellos vemos como la música y la danza son pilares fundamentales tanto en su arte como en su vida, aunque el propio Atroshenko reconoce que su inspiración parte del amor que siente por su esposa y a su hija.

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Fuentes: Wikipedia, Youtube
Gonzalo Díaz-Arbolí

3.7.24

Discurso de Investidura del Académico Gonzalo Díaz Arbolí.

  



ACADEMIA DE BELLAS ARTES SANTA CECILIA
DOS POETAS ACADÉMICOS:
José Luis Tejada Peluffo e Inmaculada Moreno Hernández

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL ILMO. SR. D. GONZALO DÍAZ ARBOLÍ EL DÍA 3 DE JULIO DE 2015 CON MOTIVO DE SU PÚBLICA RECEPCIÓN COMO ACADÉMICO DE NÚMERO DE LA DE BELLAS ARTES SANTA CECILIA
EL PUERTO DE SANTA MARÍA

Ilustrísima Sra. Presidenta, Ilustrísimos Señores Académicos, Dignisimas Autoridades, Señoras y Señores, familiares y amigos.
A veces, el azar distribuye regalos y favores de manera caprichosa. Estar aquí esta tarde, en esta iglesia fortaleza edificada sobre los cimientos de una mezquita del siglo X, que hizo erigir el monarca Alfonso X El Sabio, en honor de la Virgen, tras la toma de la ciudad, constituye para mí un favor altamente valioso. Nunca me lo hubiera imaginado, hasta que ilustres miembros del Cuerpo de Académicos y de la Junta Directiva de la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia, me distinguieron con el inmenso honor de proponer y aceptar mi nombre, para ocupar una silla en el Cuerpo de Académicos. Ello me ha provocado una especie de inquietud, ya que, unirme a las tareas que realiza el Cuerpo de Académicos, supone para mí un honor inigualable e imprevisto, por el esfuerzo que he de realizar, para corresponder a la confianza depositada en mí persona.
En una ocasión como ésta, quisiera ser capaz de transmitir, a todas las personas que forman parte de la comunidad académica, mi más profundo y emocionado agradecimiento por permitirme colaborar en los trabajos de los habitantes de esta honorable casa de Academo, el héroe en torno a cuya estatua reunía Platón a sus discípulos.

Me gustaría dirigir mi agradecimiento, en primer lugar, al Dr. D. Antonio Leal Giménez, que ha tenido a bien apadrinarme en este acto y a cuyo entusiasmo nunca seré capaz de corresponder. Decía Richard Bach: “La vida es, en parte, lo que nosotros hacemos de ella y, en parte, lo que hacen de ella los amigos que escogemos“.

En varias ocasiones me has comentado, amigo Antonio, cómo el agradecimiento está muy presente en la novela de D. Miguel de Cervantes, D. Quijote de la Mancha: En la escena en la que deja en libertad a los penados, que llevaban a las galeras, dice: “De gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y uno de los pecados que más a Dios ofende es la ingratitud”. Por eso es para mí un privilegio tener un amigo como tú. Gracias.

Quiero recordar también al Profesor D. Francisco González de Posada, quien, tiempo atrás, ya había sustentado mi propuesta y a los que ya en la cercanía, me apoyaron desde las primeras reuniones en las que surgió mi candidatura, como, Dña. Carmen Cebrián, D. José Luis Alonso de Santos, D. Emilio Flor, D. Enrique García Máiquez, D. Juan Gómez, Dña. Inmaculada Moreno, D. Ignacio P. Blanquer, D. Javier Maldonado y a D. Joaquín Solís, quien, antes de emprender su viaje sin retorno, dejo constancia escrita de su apoyo a mi candidatura. He de añadir, también, al Dr. D. Ángel Salvatierra y a los profesores D. Juan José Iglesias, D. Pedro Salvatierra y D. José M. Sevilla.

Mi profundo agradecimiento al poeta, Eugenio Martínez Orejas, que ha tenido a bien leer este discurso y ofrecerme su opinión enriquecedora.
Y no puedo dejar al margen de mis agradecimientos a la Junta Directiva, de donde procedo, con la cual he compartido los trabajos diarios propios de la misma. Mi reconocimiento, también, a vosotros, familiares y amigos, que me acompañáis, por vuestro cariño, por vuestro apoyo constante y porque no me cabe la más mínima duda de que el orgullo que yo siento hoy, lo sentís también vosotros en igual medida.
Gracias a todos.

Quisiera hacer un apunte urgente de mi andadura personal en la órbita que el destino me tenía designada:
En el año 1972 la barquilla de mi familia, empujada por las misteriosas olas de la nostalgia, llegó a El Puerto, para anclarse definitivamente en la orilla del Guadalete y regresar a la tierra de mis ancestros, para que, a partir de ese momento, fuésemos parte indivisible de ella y de ella retomásemos los recuerdos de mi abuela Ana Romaríz, de mis bisabuelos y mis tatarabuelos, todos naturales de esta ciudad que nos acogió con la certeza de recibir a uno de los suyos, y así percibir (parodiando a Tomas Tranströmer) las oscilantes lámparas subterráneas del poderoso sistema de mis raíces y que más cercanamente, y más unidas a estas tierras, vincularon a mi esposa y a mis hijos a la Academia, como estudiantes de música y pintura y a mí como socio colaborador.

Y ahora, con el pasar de los años, me veo aquí, dentro de los muros del Castillo de San Marcos, cuyas torres y almenas recortan su geometría sobre el cielo de la ciudad. Estoy seguro de que las almas de estas piedras guardan los monótonos bordones de las suras del Corán y las melodías de las Cantigas de Santa María do Porto, (cuyo tema está relacionado con la imagen de Santa María de El Puerto, su devoción, su santuario y sus milagros) y que también guardan las voces de los sabios judíos, musulmanes y cristianos de los que se hizo rodear el Rey Sabio y que fueron dando forma a un balbuciente castellano, desde la acabada arquitectura del latín, el árabe y el hebreo, hasta que posterior y definitivamente fue sometido a la disciplina gramatical por Don Elio Antonio de Nebrija y que con aquella novicia gramática, salida también, de una jovencísima imprenta, zarpó desde este Puerto de Santa María, en compañía de otros puertos y otras gentes, a la conquista del Nuevo Mundo.

Todo este conjunto de circunstancias, que confluyen en, la construcción de esta iglesia-fortaleza, quedaron reflejadas en las Cantigas de Alfonso X y nos podría conducir a la hipotética y emocionante sospecha de que fuesen la causa o el germen de la abundante proliferación de tantos poetas como ha habido y hay en El Puerto.

Pensando en el tema que elegiría para mi discurso, me asaltó la idea de que muchos de esos poetas han estado y están en relación con nuestra Academia. Y sin dudarlo decidí entonces que podría tratar de dos de estas figuras, conocidas especialmente por mí, que pertenecen a las dos últimas generaciones: José Luis Tejada, que nos dejó en 1988, e Inmaculada Moreno, miembro actual de nuestra corporación. Evidentemente comuniqué a la profesora Moreno Hernández mi intención… y no puedo agradecer colaboración alguna suya, porque rechazó mi idea y me ofreció otros temas. Le recordé que cada vez que leía sus poemas hacía que amase más la poesía. Y en cierta ocasión ella había manifestado que “La poesía es un intento desesperado de romper la soledad”. Seguí por tanto con mi proyecto, porque, afortunadamente, coincidió conmigo en la oportunidad del mismo su marido, el también profesor Eduardo del Pino, que sí me facilitó parte del material a hurtadillas de su mujer, cosa que le agradezco.

De la profesora, Inmaculada Moreno espero su benevolencia y no perturbar su modestia.
EL PUERTO DE SANTA MARÍA, TIERRA DE POETAS.
Quisiera comenzar con una introducción en la que haré una breve reseña de los poetas relacionados con la Academia.

El destino, las circunstancias o el prodigio han convertido a nuestra Ciudad en un generoso semillero de poetas.

Cuando en 1962 Don Manuel Martínez Alfonso, Académico de Santa Cecilia, presentó su tesis doctoral, la tituló. "El Puerto de Santa María en la Literatura Española" y, como no podía ser de otra manera, indudablemente el recorrido literario de su tesis partió desde las Cantigas que el Rey Sabio dedicó a la Virgen de los Milagros y llegó hasta las últimas creaciones de la joven poesía portuense. Esta obra, junto a la Antología poética de Autores Portuenses, que la profesora Rosario Guardiola Garijo publicó en 1991, (y que amablemente me dedicó) es de obligada consulta para todo aquel que quiera conocer los poetas y escritores que ha dado El Puerto de Santa María.

Por mi parte y, de manera más modesta, pero como prueba de admiración y reconocimiento, quiero recordar a los poetas académicos de nuestra ciudad refiriéndome, en primer lugar, a los que, infortunadamente, ya no se encuentran entre nosotros, como Juan Ignacio Varela, José Luis Tejada, Rafael Alberti, Manuel Martínez Alfonso y Manuel Pérez Casaux, pero sin olvidar a los que hoy, felizmente, siguen regalándonos su cercanía y su magisterio, como Javier Ruibal, e Inmaculada Moreno, quienes persisten en continuar dando esplendor a nuestra Academia y a El Puerto de Santa María.
Juan Ignacio Varela Gilabert, Poeta, Pregonero y Conferenciante. Nació en el El Puerto en 1924 y murió en 1997.

Una de las figuras más ilustres que ha dado nuestro Puerto a la cultura española en el siglo XX es el poeta, escritor, pintor, ilustrador y cartelista, Rafael Alberti. Nace y muere en El Puerto de Santa María. (1902 -1999). Fue Premio Cervantes en 1983. Estuvo propuesto, en varias ocasiones, para el Nobel de Literatura y formó parte de la Generación del 27, a la que algunos quisieron denominar nuestro segundo Siglo de Oro de la Literatura.

Manuel Martínez Alfonso fue profesor, escritor y poeta y el primer secretario del Cuerpo de Académicos. Nació en Valencia en 1924 y falleció en El Puerto en 2003.

Por su abundante producción literaria dudo en calificarlo como poeta, dramaturgo y ensayista o como dramaturgo, poeta y ensayista.

Me estoy refiriendo a Manuel Pérez Casaux, como dramaturgo ha escrito 27 obras. Como poeta nos ha regalado 16 poemarios. Su obra narrativa abarca 6 novelas y diversos ensayos. Por todo ello ha obtenido numerosos premios.

De los actuales Académicos, que también son poetas, me llama la atención la poesía melódica, compuesta para ser cantada, de Javier Ruibal de Flores Calero. Javier es poeta, compositor, guitarrista y cantante y nació en El Puerto en el año 1955.

Sería excesivamente extenso relacionar a todos los poetas que han colaborado con la Academia, pero sí me veo obligado a citar a Francisco del Castillo, que perteneció a la Junta Directiva y a Juan Villareal, a quien siempre que fue necesario lo hemos tenido a nuestro lado.

Para finalizar esta introducción quiero recordar, que esta realidad es la que dio lugar a la Exposición que, el pasado año, coincidiendo con la festividad de su patrona Santa Cecilia, la Academia ofreció con el título de "Poetas en el recuerdo", donde presentó una selección de la obra poética de los autores portuenses, que ya no están con nosotros.

Todo lo que hasta aquí he expuesto constituye el impulso que me ha llevado a dedicar mi discurso de ingreso en esta Academia a los dos poetas y académicos citados, José Luis Tejada e Inmaculada Moreno, cuya cercanía ha sido para mí siempre motivo de júbilo.

Hoy mi deseo es poner de relieve la importancia que nuestra Institución ha tenido para la poesía portuense y el anhelo de que esta mi modesta contribución pudiera albergar el germen de una posterior historia de la Academia de Santa Cecilia. Historia, que espero ardientemente, que en un próximo futuro alguien escriba: “La Historia de la Academia y sus poetas”

Paso ya a abordar el tema de mi discurso:

Mi aspiración con este discurso es recuperar, para gloria de la Academia de Santa Cecilia, a uno de los grandes poetas de los cincuenta y al mismo tiempo, resaltar, para la memoria colectiva, a uno de nuestros académicos más querido y admirado y demostrarle el cariño que le profesamos, especialmente, los que tuvimos la suerte de conocer a José Luis Tejada y al mismo tiempo, manifestar mi admiración por la poesía y sobre todo por sus ensayos de crítica literaria y de traducción, de la académica Inmaculada Moreno.


José Luis Tejada Peluffo nació el 4 de agosto de 1927 en El Puerto de Santa María y muere en Cádiz el 11 de mayo de 1988.

Inicia su escolarización en el colegio de las Carmelitas de El Puerto y comienza el Bachillerato, interno en el colegio San Felipe Neri en Cádiz y lo termina en la Academia Poullet de El Puerto de Santa María.

Culmina su licenciatura con un trabajo de investigación sobre Marinero en tierra, de Rafael Alberti. Se doctora en Filología Moderna por la Universidad de Sevilla con un estudio monográfico sobre la poesía del primer Alberti. Fue Profesor titular de la Universidad de Cádiz, Director del Departamento y del Aula de Poesía, Académico de la Real Sevillana de Buenas Letras, de la de Ciencias, Artes y Letras de San Dionisio de Jerez y de las más prestigiosas Academias de Andalucía.

Su producción poética se enmarca en la Generación del 50-60, heredera de la tradición del 27. Fue uno de los poetas mayores de dicha generación. Autor precoz aunque de muy tardía publicación. Se da la circunstancia de que aun antes de publicar su primer libro, ya figuraba en varias antologías.

Galardonado con numerosos premios, entre los que destacamos: Primera Medalla Nacional de Poesía Flamenca. Premio Nacional de Poesía de la “Vendimia de Jerez”. Poesía “Rafael Alberti de la Caja de Ahorros de Cádiz…etc. En cuanto al Premio Nacional de Poesía 1967 no me es posible silenciar una anécdota histórica que habla de su valía poética y de su calidad humana: Cuenta el académico, Luis Suarez Ávila, lo ocurrido en la concesión de dicho Premio.

Federico Muelas, secretario del Jurado, una vez votado y concedido el premio y firmadas las actas, telegrafía a José Luis diciendo: “Enhorabuena, Premio Nacional”.

Horas más tarde, Tomás Borrás, miembro del Jurado, le telefonea y le cuenta que han convocado de nuevo al Jurado, porque ahora proponen a Carmen Conde, por su “obra completa”.

Pasado poco más de un mes, Carlos Robles Piquer, Presidente del Jurado, dirige una carta a José Luis, que termina con estas palabras: “Como ya sabe, su obra fue la verdadera finalista, aunque pesó más la “obra completa” de Carmen Conde. Me permito animarle a seguir en la “brecha” poética.

José Luis, haciendo honor a su bonhomía, había telegrafiado a Carmen Conde dándole la enhorabuena. Su contestación fue significativa: “Agradecidísima generosa enhorabuena”.

Hasta aquí la anécdota histórica
Editó nueve poemarios en forma de libro entre ellos:
“Silencio Herido” 1951. Este primer poemario de juventud, me contó su hijo Pablo, fue posible gracias al entusiasmo del entonces novicio de los jesuitas, Fernando García Gutiérrez, que le ayudó en la selección de poemas y se editó para uso casi exclusivo del propio Noviciado de la Compañía de Jesús. Después vinieron: “Para andar conmigo”, “Razón de ser”, “El cadáver del alba”, “Aprendiz de amante”, “Del Rio del Olvido”... Hay un poema en este último libro titulado “Flora” que, con emocionada devoción, guardo celosamente en mi memoria y que nace o nació, pienso yo ahora, como fruto del sentimiento paterno, porque su título coincide con el nombre de una de mis hijas, mezclado, confundido o aderezado con el ideal femenino que tan delicada y bellamente expresa el poeta. Cuando me acerqué en la Feria del Libro de 1978 a pedirle que lo dedicara a mi hija, él mismo me leyó la primera estrofa:

En tu rodilla izquierda
puso un beso la tierra:
¡Yerbabuenas
te trepan las piernas!

Me gustaría reflexionar ahora sobre su poesía repasando los temas del amor y Dios, y refiriéndome a su valoración de los romances y el flamenco.

En primer lugar hablaré del tema amoroso. La poesía ha sido siempre un cauce expresivo de lo religioso y lo profano y no solo en los temas sino también en las formas: La soledad, el amor y la muerte han sido los preferidos por la poesía y JLT los ha tocado con clarividencia todos y los ha llenado de palabras que el pueblo conoce y reconoce, porque entran o han podido entrar en su vocabulario desde siglos.

Como apuntaba el desaparecido investigador y catedrático de Literatura de la Universidad de Navarra, Ángel Raimundo Fernández González: “Dios es la referencia de todos sus amores: el amor del propio poeta que se sabe criatura de Dios, el amor entre él y la amada, el amor de los dos hacia sus hijos, el amor hacia los demás hombres y el amor hacia todo lo creado”.

José Luis era un poeta creyente y esa creencia constituye la base de todo su sistema poético, incluido también el amoroso. Elige la escritura como una forma de manifestar y canalizar la fuerza que le presta la pasión amorosa.

En 1985 publicó Poemía, una antología de sus primeros libros; recuerdo que cuando lo compré en la Navidad de 1985, me impresionó por su hermosura y profundidad. Especialmente me sobrecogió el poema: “Consolación por la carne”, que sin duda entiende mejor el amor como entrega y donde el poeta se mueve en el tono más íntimo de la confidencia. Quedé entusiasmado por su desbordamiento lírico y sensual. Y como muy acertadamente ha indicado Leopoldo de Luis, es pieza príncipe de la poesía amorosa. La pareja humana abrazada, frente a la eternidad, frente al misterio, por encima del odio y guareciéndose de la muerte.

He elegido para leer, por ser los más intensos y transcendentes, los últimos versos del poema:
No esperes a que venga qué amor a sostenernos
con su maná tan raro como efímero,
tal como nadie espera a la cosecha
para entonces sembrar.
Enterremos en huertos de presente
estas verdes adelfas que se irán expandiendo
cada una a su hora. No nos hablen de amor.
Ya vendrá si es de ley…
Hoy somos sólo un pulpo de ocho miembros
que raramente un tajo divino escindiría.
Tú yaces en la paz y entre mis manos
yo esgrimo el vellocino sagrado de tu sexo
donde acaso el amor duerma en simiente
o se vislumbre un sol de eternidad:
Anda, encaja en tus pechos mi corazón antiguo,
vamos, que aún sobra espacio entre nosotros,
acóplame a tus vanos como a un viento calino
y agáchate, que va a pasar la muerte:/ no nos vaya a rozar

En segundo lugar voy a referirme a su poesía religiosa, porque en la poesía de JLT siempre aparecen como constante el amor y Dios. Todos sus libros están llenos de testimonios transcendentes referidos a estos dos temas. Cultiva una poesía religiosa que, a contracorriente, mantiene a partir de la década de los cincuenta, del pasado siglo, el tema religioso de forma muy explícita: invocando y nombrando a Dios, expresando el gozo de su encuentro o la tristeza de su ausencia.

HAMBRE Y SED TENGO

Quien se resigne a perecer del todo
perezca noramala, yo protesto
si no hay nada mejor detrás de esto.
Soy algo más que un salpicón de lodo

y, pues que soy, seré. No me acomodo
a jubilarme ni a ceder mi puesto
de aprendiz de inmortal. Con Dios me acuesto
y con Dios me he de alzar codo con codo.

Deje de ser quien a ello sea conforme;
no haya más vida para quien más vida
no necesite. Yo sí necesito

saciar mi sed desaforada, enorme,
de eternidad, mi hambre desmedida
de infinito elevado al infinito.

En cuanto a los romances, Flor Salazar Lacayo narra en el libro “JLT, Un poeta andaluz de la Generación del Medio Siglo” lo siguiente: En el verano de 1986 tuve la oportunidad de conocer a JLT, que se había acercado a Madrid a visitar, con su amigo Luis Suárez Ávila, (miembro del “Seminario Menéndez Pidal”) a Dámaso Alonso. En el transcurso de la conversación surgió el tema del Romancero, que José Luis conocía muy bien desde el punto de vista literario y, lo que era más importante, de forma tradicional, puesto que los había aprendido de niño, transmitidos por una mujer a la que recordaba vivamente. Inmediatamente le pregunté si quería comunicar su conocimiento, para que su repertorio quedara almacenado en el Archivo Sonoro del Romancero Oral. José Luis accedió al momento y, con toda generosidad, lo cantó para que se grabara.

Como consecuencia de este trabajo de campo quedó una cinta, cuya transcripción comienza así: “Viernes 29 de agosto de 1986. Encuesta hecha al poeta José Luis Tejada, de Cádiz, del romancero aprendido de su nodriza cuando era pequeño. Seminario Menéndez Pidal. La nodriza se llamaba Ángela Domínguez natural de El Puerto de Santa María.

El Romance que a continuación recitaré, El Conde niño pertenece a lo que se llama –romances novelescos-.

El rey conde paseaba por la orillita del mar,
mientras su caballo bebe, el rey se puso a cantar.
La reina que lo está oyendo desde el palacio real:
- Mira, niña, que bien canta la sirenita del mar.
- No mamá, que no es sirena, ni tampoco sirená,
que es hijo del rey conde que por mí penando está.
-Si por ti penando está, cuatro tiros le viu’dar,
Y otros cuatro a su caballo a la orillita del mar. (repite)
La niña que ha oído esto, a casa de su tío va.
-¡Ay tío de mi alma!, yo no puedo vivir más,
que han matado a mis amores, a la orillita del mar.
Al niño, como era rey, le pusieron en un altar,
la niña, como era reina, un poquito más atrás.

Como verán, José Luis supo guardar inalterado el legado de tradición oral y traslada ese acervo de saberes a su estilo poético, tanto el que se refiere a los temas, como al discurso tradicional, transmutados en voz propia individual sin perder su condición de voz colectiva.

Y finalmente hay que hablar de su poesía flamenca, porque el flamenco no es solo una música sino que también es una literatura. José Luis era un gran aficionado al flamenco, un buen conocedor de los cantes, que por fidelidad a sus raíces, su profunda conexión con la poesía popular, con la copla flamenca y con otras expresiones vivas de nuestra tradición, la cultivó, la hizo suya y escribió piezas memorables, llamadas a perderse como anónimas, en la memoria del pueblo.

Esta fue la razón del nacimiento del libro póstumo, “Cuidemos este son” (1997), en espléndida edición de su esposa, Maruja Romero.

El libro comienza con un poema que es el que le da el título, en el que JLT ensaya una definición del flamenco, al mismo tiempo que nos plantea la necesidad de conservarlo como un tesoro.

Voy a recitaros la primera y la última estrofa:

Si escribir es llorar, ¿qué no es el cante
en este sur del sur tanto y tan puro?
Llanto preciosamente vertido contra el muro
de una agria realidad densa y flagrante.
….
Nunca te apagues, manantial de cobre,
lágrima inenjugable y rumorosa,
himno agujereado por mil puntas de lanza.
En ti encuentre el varón dolido y pobre
la materia diaria y generosa
para la rebelión y la esperanza


Continúo con la poeta y académica: Inmaculada Moreno Hernández,
 nacida en El Puerto en 1960 fue alumna de José Luis Tejada. Su profesor la vio además llegar, cuando era una jovencísima estudiante, a la célebre Tertulia del Ermitaño, junto con otros jóvenes poetas nacidos en esta tierra, como Enrique García-Máiquez y Ángel Mendoza.

La joven portuense se licenció en Filología Hispánica en la Universidad de Sevilla. Es profesora de Enseñanza Secundaria en la rama de Lengua española y literatura y ha ejercido como tal en diversos centros de nuestra provincia. Ha realizado estudios de inglés y alemán que le han permitido ampliar sus conocimientos literarios y realizar una estancia docente en West Kirby (Reino Unido) en el curso 2007-2008. Efectuó sus estudios de doctorado en la Universidad de Valladolid y en la actualidad lleva a cabo su tesis doctoral en la de Cádiz. Como crítica literaria ha publicado ensayos en revistas y obras colectivas. Ingresó en nuestra Academia con un discurso sobre LA NEGACIÓN DEL AMOR Y OTRAS NEGACIONES EN EL ARTE DEL SIGLO XX.

En 1998 irrumpe, estalla, la sorpresa de su poesía. La colección Calle del Aire de la Editorial Renacimiento publica su primer poemario, Son los ríos, que merecía la reseña elogiosa, entre otras, de Guillermo Carnerero. Había ganado con esta obra el Premio Ciudad de San Fernando de aquel año. Pocas voces resultaban tan seguras como la suya en una primera publicación. En el libro rememora las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique, inaugurando una poesía intimista y reflexiva, que tiene como contenidos esenciales el tiempo, el amor y el recuerdo, los grandes temas de la literatura universal.

Aunque su pluma se ha movido en estos ámbitos hasta ahora, su entorno portuense (y en particular su infancia) se vislumbra entre sus versos. Así, en el poema "Materia inexacta", sobre el recuerdo, nos dice:

un azote de blanco en la azotea;
la herida de la luz de un mediodía
entre el follaje denso de los pinos

y en su poema "Siestas" rememora:

(…) por entre los olores
de albaricoque y plancha de los sábados.
Salmodiaban el cierro
melopeas de higos y salitre.
Me acogía la casa,
la penumbra, la cal fresquisima, el serial
de la radio entre blandos
murmullos hormigueros de mayores.

En este otro poema, titulado “Antigua Fábrica de Tabacos”, encontramos el recuerdo de su juventud estudiantil en Sevilla:

De la misma manera
que el imán de la ola en retroceso
sobre los pies mojados en la orilla,
ese mareo blando que te arrastra...
así,
pasear por aquellos corredores,
sorprender mis resquicios y mis luces
tomados por extraños,
y resistir de pie
la resaca del tiempo y sus ardides.

De su estancia en Gran Bretaña nace el libro Donde la hoguera verde con el que en 2011 nuestra académica ganó la décimo quinta edición del Premio Internacional de poesía en español "Antonio Machado". El libro comienza así:

Vivir como lo hicieron los antiguos:
con esos ritos lentos que daban a los días
la dimensión de un Amazonas
y rodeada de esas gentes
que guardan las distancias y veneran
los signos más sutiles,
el artificio más baldío,
la más escrupulosa hipocresía.

Recoge en él su experiencia británica y en él se suceden las mujeres que toman té, los cielos llenos de nubes, los verdes radiantes, cuando un sol pasajero los alumbra. Si su primer libro, Son los ríos, está dedicado a sus padres, este es un homenaje a su hermana Cristina, que prematuramente nos fue arrebatada:

¿Adónde nos levanta esta miseria?
Esta marginación ¿de qué nos salva?

Porque el dolor aísla: él defiende
los límites donde gobierna
con su desolación estéril

y ya todo es dolor,
todo es el rayo,
todo desolación y terremoto (…)

Pero el libro más profundo de Inmaculada Moreno es Igual que lava oscura. Esa lava es el miedo de todo hombre, miedo que se desarrolla en cuatro momentos: miedo al paso del tiempo, a la soledad y la incomprensión, al misterio y al dolor. Aquí ya la autora no se nos muestra como una joven encandilada por la vida, sino como una mujer, ya madura, que sabe de dolores e interrogantes sin respuesta.

Veamos el poema "La vida no es tan bella":

La vida no es tan bella
como nos auguraban los sueños de la infancia.
No es tan bella la vida, tan remota.
Pasa el tiempo y nos vemos,
como al volver la esquina de los días,
en la edad de los firmes desengaños
—y la vida resulta que es el sueño
que no tuvimos nunca—
No era hermosa la vida ni era inmensa.
La vida es esta sed,
el runrún de las horas, los latidos,
la tinta y el silencio,
la memoria culpable y, sin embargo,
esquiva y azarosa,
una casa sin techo;
el verdor de una rama
que no florece nunca.

Los poemas de este libro recogen versos en los que los hombres, cito textualmente, "se reúnen en bares bulliciosos" por "constatar la propia / existencia en el gesto de los otros" porque "la soledad fue su condena", cierro la cita. Y sin embargo surge una palabra de esperanza, la palabra robusta del padre:

De una manera extraña
esa palabra dice todavía
que voy a ser feliz
y yo le creo.

En la poesía de la profesora Moreno la importancia del recuerdo se da la mano con una fuerte dimensión familiar, hasta el punto de haber dado lugar al libro Poemas para sobrinos que el editor Jesús Munárriz publicó en la Colección Ajonjolí de poesía para niños de la editorial Hiperión. Ya el crítico, también portuense, Enrique García-Máiquez hizo ver que este libro para niños mostraba un saber hacer poético muy maduro.

Leeré un divertido poema titulado "Dos ratones":

Dos ratones, dos ratones
que se escapan, que se esconden
tras las patas de la mesa.
Se han metido en la despensa
y se suben y se bajan
por los botes, por las latas
por paquetes y botellas.
Han mordido las galletas,
han abierto los garbanzos,
han salido y han entrado,
han corrido por el suelo,
han saltado hasta el frutero,
sin pararse se han cagado
y se han ido como entraron.

Y este otro, para un sobrino enfadado, con el título de "Elegía primera":

Ahora que estás triste y a la vez enojado,
que el dolor te parece tan enorme y eterno,
ten en cuenta que existe eso que llaman tiempo,
que todo pasa, Ale, todo acaba pasando.
Como se filtra lenta en la tierra la lluvia,
igual que se descuelga una gota indecisa,
de la misma manera que el hielo en tu bebida,
este día, lo sabes, no va a volver ya nunca.

Por último quiero dejar constancia de que los estudios de Inmaculada Moreno han permitido que nuestra académica sea la introductora en España de la poesía de la alemana Mascha Kaléko. La editorial Renacimiento y la Fundación Göthe publicaban en 2012 una antología de la poesía de esta judía viajera, traducida en verso por la profesora Moreno y con el título de Tres maneras de estar sola.

Hoy, pues, abrumado por tantos y tan intensos sentimientos y ante el caudal científico y los altos valores que atesora esta Institución, emerge desde mi fuero interno, alimentado por la más honesta sinceridad, el capricho de convertir el viejo epifonema latino de "primus inter pares" en el de "novissimus inter pares", pero con el deseo de corresponder a la confianza que depositan en mí los que son desde hoy mis nuevos compañeros, y con la firme promesa, por mi parte, de exigirme el mayor de los esfuerzos. Lo que, en definitiva, sería mi mejor agradecimiento a la Institución y a las personas que me han honrado al depositar en mi su generosa confianza y, por mi parte, haber cumplido el aforismo de Severo Boecio cuando decía que la nobleza impone al hombre la necesidad de no desmerecer de ninguna de las virtudes.

En conclusión, me gustaría haber puesto de manifiesto con estas palabras la riqueza poética que atesora El Puerto y su Academia de Santa Cecilia. Reitero mis agradecimientos a la Academia, a su Cuerpo de Académicos, a la Junta Directiva, y a todos los familiares y amigos que me han acompañado en estos años.
Muchas gracias.

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Reproducción del Discurso de Investidura grabado con anterioridad como preparación para el Discurso Oficial


Bibliografía: Guardiola Garijo Rosario . Antología poética de autores portuenses, editado por la UCA, 1991
Ángel L. Prieto de Paula. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
Ana-Sofía Pérez-Bustamante Mourier, Enrique R. Baltanás, Flor Salazar Lacayo (ed.): José-Luis Tejada (1927-1988): Un poeta andaluz de la generación del Medio Siglo, Ayuntamiento de El Puerto de Santa María, 2000. ISBN:84-89141-30-4
Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier. La poesía de José Luis Tejada (1927-1988): Crónica de una rareza y perfil de una razón.
Luis García Jambrina y Mercedes Gómez Blesa. La poesía amorosa de José Luis Tejada. Editores: Ed: Biblioteca Nueva, S.L. Madrid. 2005 ISBN: 84-9742-510-3
Manuel Ángel Vázquez Medel. Catedrático de Literatura Española. Universidad de Sevilla
DEL AMOR Y DEL OLVIDO EN LA POESÍA DE JOSÉ LUIS TEJADA
Wikipedia. La Enciclopedia libre. Biografía de Inmaculada Moreno Hernández
Son los ríos, Renacimiento, Premio Ciudad de San Fernando 1998. Los hombros vulnerables [Plaquette], Cuadernos de la Chancillería, Jerez, 2005 Poemas para sobrinos, Hiperión 2006. Como lava Oscura [Plaquette], Alla Pasticceria del pesce, Milán 2006. Igual que lava oscura, Renacimiento, 2008. Donde la hoguera verde, Hiperión, Premio Internacional Antonio Machado en Baeza 2011. Mascha Keléko. Tres maneras de estar sola, Renacimiento, 2012.
Tomas Tranströmer. “El cielo a medio hacer”. Colección Letras Nórdicas.
Rchard Bach. “Ilusiones”. Ediciones Bergara.