7.11.22

Leopoldo Panero Torbado, un poeta fuera de lo común.Astorga (León), 17.X.1909 – Castrillo de las Piedras (León), 27.VIII.1962.

Nací en Astorga, como pesa el tormo;
como una catedral desde un cimiento;
y con mi calle en sombra me conformo.

Uno de los poetas mayores de nuestra posguerra. Basta ver el proceso de maduración de su obra para darse cuenta de que Leopoldo Panero Torbado fue efectivamente un gran poeta. Su poesía será algún día, más allá de las vinculaciones políticas y los imperdonables errores como cabeza de familia, una poesía espléndida, un retorno a las emociones primarias de la existencia humana y sus temas los tradicionales: el amor, la muerte, la tierra y el paisaje de España.
En esta paz del corazón alada
descansa el horizonte de Castilla,
y el vuelo de la nube sin orilla
azula mansamente la llanada.

Solas quedan la luz y la mirada
desposando la mutua maravilla
de la tierra caliente y amarilla
y el verdor de la encina sosegada.

¡Decir con el lenguaje la ventura
de nuestra doble infancia, hermano mío,
y escuchar el silencio que te nombra!

La oración escuchar del agua pura,
el susurro fragante del estío
y el ala de los chopos en la sombra.

  

A Leopoldo Panero Torbado lo conocemos por él, por sus hijos y por su mujer. Una familia desequilibrada, de poetas, de mujer presa, de niños mal llevados. Él fue, junto con Luis Rosales, el poeta del régimen, también el que estuvo a punto de morir por rojo durante la Guerra Civil. Este 17 de octubre se cumplió 113 años del nacimiento del patriarca de una saga que sigue provocando fascinación, miedo y, a veces, cierta tristeza.
La historia de Panero es la historia de una España casi gris. Nació entre la catedral y el palacio episcopal de la Astorga de principios de siglo y no sería hasta 1928 cuando aparecería en el panorama poético español publicando en una revista que él mismo había creado mientras estudiaba la carrera de derecho.
Era, dicen, más humano de lo que luego se pensó. Más tierno, más sentimental de lo que jamás imaginaría su familia. También un tipo que tuvo la fortuna de pasar por las Universidades de Tours, de Poitiers y de Cambridge para estudiar lengua y literatura y la poca suerte de pertenecer a una generación, la del 36, que se quedó eclipsada por la grandeza de la anterior, la del 27.

Panero se inclinó claramente en esos tiempos hacia la República, con ideas de izquierda, y celebró su proclamación en 1931. Por otra parte, reconoció literariamente a los poetas del 27 como sus maestros, aunque en privado cultivó una devoción que nunca cedió por la poesía de Machado y, en segundo término, de Unamuno.

La llegada de César Vallejo a Madrid dio ocasión para el inicio de una amistad que fue decisiva para él. En 1932 comenzó la publicación de sus primeras composiciones poéticas, de carácter vanguardista (bajo el influjo de la retórica y la imagen surrealistas), mientras en otros se aprecia, en cambio, la influencia de Salinas y Guillén. Luego se acercó a Neruda y su círculo (y publicó un último poema vanguardista, “Por el centro del día”, en Caballo verde para la poesía).

En 1932 Panero residió en Poitiers y, en 1934, pasó unos meses en Inglaterra. Al volver a Madrid en 1935 coincidió en la casa de huéspedes con Luis Rosales, de quien se hizo amigo y que fue para él decisiva influencia vital y literaria. Es también la época de sus dudas y su replanteamiento religioso. Pero el curso de 1935 a 1936 lo pasó en Cambridge (allí entró en relación con exiliados españoles, entre ellos el poeta Luis Cernuda y otros escritores, como el poeta británico T.S. Elliot). Regresó a Astorga días antes de la sublevación militar. Su hermano Juan, que era oficial de complemento, se incorporó al Ejército; pero a poco (19 de octubre) Leopoldo fue denunciado y, en compañía de Ángel Jiménez, novio de su hermana Asunción, detenido y llevado a San Marcos de León, bajo la acusación de pertenecer al Socorro Rojo. El día 2 de noviembre, Ángel Jiménez fue fusilado y Leopoldo salvó la vida por la intervención de su madre cerca de la esposa de Franco. Poco después de ser liberado, y sintiéndose inseguro, se incorporó como soldado a la compañía de un pariente lejano, que le reclamó. 

La familia pensó entonces que la angustia había terminado, que, así, ya estaban a salvo. Pero el 7 de agosto de 1937 Juan Panero es atropellado por un coche y los Panero se rompen en pedazos. Leopoldo le escribió este poema a los pocos días:

A ti, Juan Panero, mi hermano
mi compañero y mucho más;
a ti tan dulce y tan cercano;
a ti para siempre jamás.

A ti que fuiste reciamente
hecho de dolor como el roble;
siempre pura y alta la frente,

y la mirada limpia y noble.

Terminada la guerra, quedó Panero en Madrid con su madre y alguna de las hermanas. Por mediación de Maravall y de su novia, conoció a Felicidad Blanc, escritora, e hija de un matrimonio, de la alta burguesía madrileña de la que se decía que la que se decía que era la mujer más bella de la capital. Después de un rápido noviazgo se casaron (mayo de 1941), con la que tuvo tres hijos: Juan Luis, Leopoldo María y Michi.  

El matrimonio vivió en Londres algún tiempo, de 1945 a finales de esa década, cuando le nombraron a él director del Instituto Español. Allí, Leopoldo padre conoció a Luis Cernuda y a su homónimo republicano, Esteban Salaza Chapela.
Luego, ya en España, entró en la «misión poética», del Instituto de Cultura Hispánica, recién fundado, con Luis Rosales, Antonio Zubiaurre y Agustín de Foxá. Su misión, «propaganda y acercamiento político y cultural a los países hispanoamericanos». Sería con el primero con el que entablaría una amistad profunda gracias a las tertulias que organizaban en Madrid en el Café Lyon y donde también conoció a Gerardo Diego o Luis Felipe Vivanco.

En esa época publicó poemarios, también en revistas, era un grande de la cultura, el régimen de Franco le adoraba, y sus hijos, que veían poco a su padre, sentían una admiración muy fuerte por su profesión y la asumieron como propia. También, como sabríamos más tarde, gracias a Felicidad Blanc. Aquella mujer que se quedó en casa cuidando de los niños era cultísima y no había perdido ni un ápice de talento. Tres chicos criados por dos genios.

Pero aunque Panero vendía una visión modélica de su familia, años más tarde se descubrió que de puertas hacia dentro aquello era un desastre. Aunque no se supo hasta que murió. El poeta se fue en 1962, se lo llevó un infarto de miocardio a los 53 años y su mujer acabó confesando que aquello habría supuesto cierto alivio. También sus hijos contarían en el documental El Desencanto (1976), que se grabó más de una década después de su muerte, las juergas que se corría su padre con Rosales a base de whisky. 


Felicidad Blanc llegó a escribir: “habrá tantas mujeres que como yo, habrán dejado que se oscureciera su inteligencia, perdida la curiosidad por todo, anuladas en su renuncia inútil. Mis hijos me han asegurado que hasta la muerte de Leopoldo no me comprendieron a mi, ni se tomaron la molestia de pensar quién era yo”.

Lo que Leopoldo Panero Torbado no vio fue el declive de su familia. El ingreso en distintos psiquiátricos de su hijo Leopoldo, los reproches de Felicidad, el odio de Juan Luis, la indiferencia de Michi. Todos los Panero, de los que ya no queda ninguno, renegando del patriarca. Todos medios locos, todos debiéndole a él una vocación y despreciándole como padre y esposo.

Antes de morir le dijo a su mujer que no se encontraba bien, probablemente había tenido un episodio previo de infarto, pero el médico que lo atendió vinculó su malestar con supuestos excesos de comida y bebida.
Era el 27 de agosto de 1962, trabajaba en su último poema y que encontraría su mujer sobre una mesa camilla.

El hombre coge en sueños la mano que le tiende
un ángel, casi un ángel. Toca su carne fría,
y hasta el fondo del alma de rodillas, desciende.
Es él. Es el que espera llevarnos cada día.

Es el dulce fantasma del corazón, el duende
de nuestras pobres almas, es la melancolía.
¡Es el son de los bosques donde el viento se extiende
hablándonos lo mismo que Dios nos hablaría!

Un ángel, casi un ángel. En nuestro pecho reza,
en nuestros ojos mira y en nuestra mano toca;
y todo es como niebla de una leve tristeza,

y todo es como un beso cerca de nuestra boca,
y todo es como un ángel cansado de belleza,
¡que lleva a sus espaldas este peso de roca!

Y en la poesía de su amigo Dámaso Alonso. Fragmento de “Última noche de amistad”

…) Leopoldo, en tu ternura sin riberas, o en aquellas inmensas erupciones volcánicas de tus honradas iras, siempre mi amigo verdadero,
Leopoldo, aquí solo en la noche de noviembre,
de este sesenta y dos, de este año duro,
en que tú te me has muerto y en que tantos
lienzos de mi ilusión se me han hundido
y en que he visto rozándome, hocicándome, las púas en astillas y el putrescente aliento de las furias (humanas)
-sesenta y cuatro años de niño jamás imaginaron
que tales monstruos daba nuestro mundo-
se me cuaja la pena, y en náusea me rebosa el alma, el cuerpo,
y gritaría (¿a quién?):
«Ah, yo dimito de hombre» (…)

  Cántico

Estos dos versos de un poema largo, dedicado a su mujer, la maravillosa Felicidad Blanc, emocionan: Pertenecen a "Cántico". Lo pueden escuchar en el vídeo.
Tu piel tiene penumbra de paloma
Tu pie tiene costumbre de gacela.
Lo pueden leer:  AQUI

Frecuentó la tertulia del Café Lyón de Madrid, donde entabló amistad con Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco y Gerardo Diego, tertulia que se fundió más tarde con la de Manuel Machado. En 1949 recibió el Premio Fastenrath de la Academia por Escrito a cada instante, y al año siguiente el Premio Nacional de Literatura José Antonio Primo de Rivera. Más tarde publicó en la revista Poesía Española (1952–1971). Dirigió la revista Correo Literario. Fue Secretario de una sección del Instituto de Cultura Hispánica.

Rosales, Antonio de Zubiaurre, Panero y Foxá. Misión poética (Costa Rica, 1950)

En 1960 publicó Cándida puerta, considerada una de sus obras maestras. Destacan entre sus libros de poemas La estancia vacía (1944), Versos al Guadarrama (1945), Escrito a cada instante (1949), donde aparecen sus famosas elegías a César Vallejo, que estuvo en su casa invitado por él durante unos días, y a Federico García Lorca; Canto personal (1953), réplica al Canto General de Pablo Neruda escrita en tercetos al que puso prólogo Dionisio Ridruejo, que recibió el Premio 18 de Julio de manos del Ministro Raimundo Fernández-Cuesta, y Cándida puerta (1960); en el póstumo Poesía (1963) se recoge toda su obra lírica, y sus Obras completas se imprimieron en 1973.


Sus hijos:
La aversión de los hijos hacia el padre, las diferencias que mantenían sus hijos, el mayor, Juan Luis que fue un gran poeta y cuya obra ha estado olvidada a la sombra del padre, que se siente expulsado del núcleo familiar, Leopoldo María, y su locura creativa, con momentos de lucidez de los que surge una obra literaria interesantísima, presenta una patología mental que podía haber sido controlada con medicación, que abusa de alcohol y drogas. Michi, un autor sin obra, un vividor, el rey de la noche madrileña, con una inteligencia vibrante, que habría dejado un legado oral probablemente insuperable si a alguien se le hubiera ocurrido grabarlo. La pena es que nadie lo hizo, él era demasiado vago para escribir y bebía mucho.
Unos drogadictos que desbarataron toda la hacienda familiar. Perdieron la herencia de sus padres, que pudo haber sido fantástica. Pero a cambio nos dejaron una obra artística para el futuro.

HIJO MÍO
Desde mi vieja orilla, desde la fe que siento,
hacia la luz primera que toma el alma pura,
voy contigo, hijo mío, por el camino lento
de este amor que me crece como mansa locura.

Voy contigo, hijo mío, frenesí soñoliento
de mi carne, palabra de mi callada hondura,
música que alguien pulsa no sé dónde, en el viento,
no sé dónde, hijo mío, desde mi orilla oscura.

Voy, me llevas, se torna crédula mi mirada,
me empujas levemente (ya casi siento el frío);
me invitas a la sombra que se hunde a mi pisada,

me arrastras de la mano... Y en tu ignorancia fío,
y a tu amor me abandono sin que me queda nada,
terriblemente solo, no sé dónde, hijo mío.
 


Juan Luis Panero Blanc
Su irrupción en la poesía española contemporánea se inició en 1968 con la publicación del libro A través del tiempo, al que siguieron, luego, Los trucos de la muerte, en 1975; Desapariciones y fracasos, en 1978; y Juegos para aplazar la muerte, en 1984. Antes que llegue la noche (1985) le permitió obtener el Premio Ciudad de Barcelona. En 1988, con Galerías y fantasmas, obtuvo el Premio Internacional de Poesía de la Fundación Loewe. Sin rumbo cierto, XII Premio Comillas de Biografía, Autobiografía y Memorias, y Enigmas y despedidas, publicado en 1999, son sus últimas producciones. En 2009 Ediciones Vitruvio publicó La memoria y la muerte, una antología que recogió toda su obra poética editada hasta entonces.




Leopoldo Panero Blanc
Poeta loco, alcoholico, drogadicto y homosexual, su vida fue un largo camino hacia el abismo. Admirado y repudiado, cuerdo y extraviado, santo y maldito, fue uno de los mejores  poetas de la segunta mitad del siglo XX. Y también un lúcido pensador. Siempre quiso ser un poeta provocador y maldito, custionaba la normalidad tanto en su vida privada como en sus escritos de marcado carácter autobiogrñafico y tenía un compartamiento imprevisible. 
Un acontecimiento fundamental y al que Leopoldo Panero Blanc, alude con frecuencia es el intento de suicidio y primer ingreso en un hospital psiquiátrico a los 19 años. Aunque lo minimiza, es un hecho al que recurre frecuentemente tanto en su obra literaria como en la biográfica y autobiográfica. La vida adulta de Panero está marcada por un sentimiento amargo de la existencia. Ya en “Teoría”, publicado en 1973, escribe: 

“Veintitrés clavos 
han anudado al fin este cuerpo a la nada
 en ella nado
 y que el silencio me bendiga
señor de la locura
máscara de hierro iii
el pájaro dijo sólo iii 
elegí la o como vocal más sonora
 junto con la r que mejor prolonga
el sonido, significando insistencia
 en la desesperación
 que sin o se convierte en muda
desesperaci(ó)n 
n(o)
d(o)l(o)r

Una vida que vivencia como una tortura, pero a diferencia de la tortura que podría experimentar el neurótico, es una tortura estudiada para que el sufrimiento aumentara poco a poco. No es la tortura existencial que toda persona ha podido experimentar alguna vez, es una tortura premeditada, creada ex profeso para Leopoldo Panero Blanc. Transmutado en una ruina física, murió en 2014 en un hospital público de Las Palmas. Tenía 65 años. Nadie reclamó su cadaver.

             Leopoldo María Panero:  Te mataré mañana cuando la luna salga...

Testimonio de una estudiante -hoy doctora en Filología-.
Recuerdo a Leopoldo María Panero en mi facultad. Vino a dar una charla recital. No se me olvidará. Fumaba y bebía coca cola compulsivamente, estaba demacrado. Solo verlo ya era impactante. Era un enfermo y se le veía así, enfermo, ido, loco. Pero luego hablaba y lo que decía era brillante y original. Tenía una cultura apabullante. Recitaba en griego de memoria, aludía a fragmentos de obras, a citas de autores y decía de memoria sus poemas sin leer. Despertaba admiración y pena al mismo tiempo. Recuerdo que al terminar la charla en el aula magna se lo llevaron inmediatamente para devolverlo al psiquiátrico donde vivía interno. No había vuelto a recordar todo esto hasta ahora que he leído tu texto. Toda la historia de la familia, empezando por el padre -que siempre planea sobre todos como un fantasma- es interesantísima. Y muy triste. Las revelaciones y conversaciones con sus hijos, a pesar de esa aparente cordialidad y elegancia, son terroríficas.



José Moisés Victor Santiago Panero Blanc, más conocido como Michi Panero.

Nació en 1951 en la casa familiar de Madrid, creció en un ambiente de sofisticación intelectual y cierta holgura económica. El apodo con que es comúnmente conocido, Michi, se lo dieron sus dos hermanos. Estudió en el prestigioso Liceo Italiano de Madrid y comenzó varias carreras universitarias, que nunca terminaría, como Filosofía, Ciencias Políticas o Cine.  
A mediados de los años setenta Michi comenzará su vida de diletante y su conexión con gran parte de la intelligentsia literaria y artística madrileña de la época. Dandi vocacional, Michi se granjeó merecida fama de noctívago y mujeriego.
Perteneció a la estirpe de escritores malditos que pulularon por Malasaña, licuándose con la fauna noctámbula y haciendo de los bares mundo interior. 
La troupe Almodóvar le parecían unos horteras y unos analfabetos.
Su gran sueño, siempre en clave muy irónica, era “dejar de ser un niño pobre, salido de un cuento de Dickens” y casarse con una millonaria como Bárbara Hutton para divorciarse pronto de ella, y desde luego no tener que escribir. Curiosamente, escribía muy bien, pero no fue nunca un escritor.

En enero de 2017 se publica de la mano de Javier Mendoza, una obra que recoge algunos relatos inéditos de Michi, junto con artículos de prensa y otros textos ya conocidos. Su título es Funerales Vikingos. Este libro incluye asimismo, bajo el nombre de El desconcierto, una suerte de biografía escrita por el propio Javier Mendoza sobre Michi en la que realiza un recorrido a lo largo de la amistad que ambos mantuvieron.



El desencanto.
En 1976 Jaime Chávarri inició el rodaje de lo que tenía que ser un reportaje sobre el padre: Leopoldo Panero, el material se convirtió en la película El desencanto que acabó siendo un símbolo tanto de la familia como de la época y fue una película de culto para toda una generación. En El desencanto  participan la madre, paradójicamente llamada Felicidad y sus hijos. De lo más interesante de la película, es la irrupción de Leopoldo, después de escuchar a Felicidad, al hermano menor Michi y al mayor Juan Luis retrataron a través de sus recuerdos al poeta, siempre ausente. Pero sobre esta peculiar y decadente estampa familiar pesó el reflejo de una época que se agotaba. Los últimos coletazos del franquismo se dejaron ver a través de la evocación de la vieja gloria de quien fuera uno de los escritores oficiales del régimen. El desencanto fue además la última película mutilada por la censura cinematográfica en España y una de las obras de Chávarri más reconocidas por la crítica. Ya en 1994 llegó Después de tantos años, película en la que Leopoldo María, el hijo, se convirtió en el eje central del film y Ricardo Franco retomó la labor de retratista emprendida por Jaime Chávarri dos décadas antes.


Secuencia 4


Secuencia 5


Secuencia 12

"El desencanto es sobre todo, uno de los mayores ajustes de cuentas generacionales que se han podido ver sobre la pantalla."
"Un moribundo Michi Panero reconoció: Fuimos un poco cabrones con mi padre."

Fuentes: Real Academia de la Historia, Blog de Daniel J. Rodríguez, Wikipedia, 

Gonzalo Diaz-Arbolí

6.11.22

HABANERAS O CANCIONES DEL MAR.

 


Es un género musical que se les atribuye a los marinos españoles, evocan sus largas travesías rumbo a América, donde La Habana era su principal puerto de recalada. 

Muchos estudiosos de la habanera, encuentran cierto parentesco entre la estructura de ésta y la del tanguillo gaditano. 

ORIGEN.-
Este género musical tuvo su origen en la Habana (Cuba), sobre la primera mitad del siglo XIX y las primeras noticias que se tienen de esta música, es el danzón titulado “El amor en el baile” de autor anónimo, era sólo una música de ritmo lento. La noticia de su existencia, se publicó en el periódico de la Habana, “La Prensa”, el día 13 de noviembre de 1842, en el que se informa que fue interpretado en los salones del café La Lonja, situado en la calle O´Reilly de la capital. 


Como asegura Zoila Lapique, investigadora cubana, “Es una de las primeras piezas de la que surgiría posteriormente el género denominado “habanera.” 

LA PRIMERA HABANERA. 

La canción “La Paloma”, es considerada la primera habanera de la historia. La compuso el músico español Sebastián Iradier, nacido en Lanciego (Álava) en 1809. Era una persona de ideas liberales con espíritu licencioso y aventurero, vividor y algo de donjuán, atildado, no en vano le decían “el dandy vasco”, estaba dotado de una gran simpatía. 
De vida social muy intensa, repartida entre su tierra, Madrid y Paris. Entre sus amistades se contaba la Condesa de Montijo, Lola Montes, Prospero Merimé, incluso le daba clases en Paris a la hija de la Condesa de Montijo, Eugenia de Montijo, ya Emperatriz de Francia por su boda con Napoleón III. 

SEBASTIÁN IRADIER 
Sebastián Iradier, aparte de compositor, dominaba el piano, el órgano y la guitarra.
Realizó en el año 1861 unos de sus viajes a EEUU, México y Cuba, y fue en este último lugar, donde escuchó el danzón “Amor en el baile”. En 1863, ya en España, es cuando nace la canción “La Paloma,” inspirada en dicho danzón, dándole un ritmo de tango pero más lento. 
Se estrenó en la Habana en 1865, cantándola por primera vez el barítono Francisco Salas, más tarde fue la melodía de moda en todas las islas caribeñas y está considerada como la primera habanera de la historia. 
Quizás Iradier, en la letra, se inspiró del episodio ocurrido 492 años a.j. cuando la tropa naval persa mandada por Mardonio, fue destruida por un temporal cerca de Grecia. Al hundirse las naves, las palomas blancas escaparon, desde entonces estas aves significan mensajes de amor y de noticias. 


“La Paloma” ha sido interpretada por todos los cantantes e incluso Elvis Presley. Ha intervenido en innumerables películas, y entró en el libro del Guines por haber sido cantada por el coro más grande del mundo, 88.600 personas en Hamburgo el 9 de mayo del año 2004. 
Curiosamente en Tanzania se utiliza en los casamientos y en Rumanía en los entierros. 
En la letra de la canción se utiliza las siguientes palabras: Guachinanga o Guachinango.- era una forma que tenían en Cuba de llamar a los nacidos en México.- Chinita.- En Cuba se llama chino al descendiente de negro y mulata, o de mulato y negra. 
Sebastián Iradier publicó en Paris un álbum de canciones llamado “Flores de España”, donde contenía también otra habanera suya llamada “El Arreglito” y que más adelante valoraremos su importancia. 
Murió 2 años más tarde, en el más completo olvido e indigencia. No le debía merecer mucho al maestro Barbieri, autor de zarzuelas de la época, cuando a la muerte de Sebastián Iradier, escribió de él, “Plagiario y cantante de canciones españolas, “dicen” que con gracia, hombre de gran historia y poca vergüenza”. 

HABANERA DE LA OPERA CARMEN DE GEORGE BIZET. 

En la ópera Carmen de Bizet, estrenada en 1875 (ya fallecido Sebastián Iradier), la habanera que se canta en dicha obra, conocida por “El amor de un pájaro rebelde”, es un plagio del “Arreglito”. Aunque hay autores que afirman que Iradier se la vendió a Bizet por 40 francos. Lo que sí es verdad que Bizet la incluyó con el nombre de Avanera, (sin h y con v), llamándose así desde entonces a todas las canciones creadas sobre el patrón rítmico impuesto por Sebastián Iradier. 
Bizet la tomó porque simplemente le gustó para su obra, posteriormente se excusó, argumentando que él se creyó que esta obra era anónima española, de todas formas Bizet la llamó Avanera y de ahí derivó el nombre de Habanera, llevándola hasta el género lírico. 


EXTENSIÓN DE LA HABANERA. 
A partir del final del siglo XIX, el género musical “Habanera” está extendido por toda España y sus colonias, como se demuestra en la película “Los últimos de Filipinas”, rodada en 1945, sobre un hecho ocurrido en 1898 en la aldea de Balen en Luzón (Filipinas). 
El capitán Enrique de las Morenas y Fossi y 57 soldados, quedan sitiados en la iglesia del pueblo, el sitio dura 337 días esperando refuerzos que nunca llegaron. Deciden rendirse, cuando tienen noticias del Tratado de Paris en el que Filipinas se declara independiente. El director de la película, Antonio Román, quiere expresar la nostalgia de los españoles hacia su tierra, y la mejor forma es cantando una habanera, “Yo te diré” cuyos autores son Enrique Llovet y Jorge Halpern. 

ESTADO ACTUAL DE LA HABANERA EN ESPAÑA. 
Vamos a darnos un recorrido por nuestra geografía hispana y comentaremos la situación en cada región, de este género musical. 
1.- Bilbao.- Se celebran todos los años festivales de habaneras, los más famosos son los de Erandio y Getxo. 


2.- Asturias.- La habanera “La Capitana”, escrita por el cantautor Carlos Rubiera en 1987, es una de las más bonitas de Asturias. Carlos Rubiera nacido en Cabueñes Gijón en el año 1956, es profesor de música en un colegio y docente de lengua y cultura popular asturiana. Gran investigador de la música asturiana. 
3.- La Coruña.- Llevan más de treinta años organizando el festival de habaneras y una de sus habaneras más famosas, es la titulada “La Coruña” cuyo autor es Emilio Rodríguez Iglesias “Pirulo”, presidente de la tuna de veteranos de La Coruña. 
4.- Torrevieja (Alicante).- Todos los años se celebra el Certamen Internacional de Habaneras y Polifonía, comenzó en el año 1955 y este año es la 61 edición. 
Desde el principio intervienen diversos coros tanto locales como venidos de otros puntos de España. Existen dos coros locales rivales, “Los Alpargates” de gente humilde y “los Sapatos” formado de gente más pudiente. Forman una rivalidad sana y llegado el momento, se ayudan unos a otros. 
5.- Cataluña.- Desde el principio en la costa brava, este tipo de canciones eran cantadas en bares y tabernas, de forma espontánea en las largas tardes de invierno. 
Actualmente, se celebran todos los años, cantadas y recitales en Tossa de Mar y Calella de Palafrugell, se tienen noticias de la existencias de más de 100 grupos de conjuntos de habaneras. Una de las habaneras más conocidas es “La bella Lola” de autor anónimo. 


6.- Santos de Maimona. (Badajoz).- Con gran tradición de habaneras, cuentan con un coro denominado Son de los Santos. Una de sus más famosas habaneras es la titulada “La novia del pescador”, del compositor extremeño Fernando García Morcillo y la letra del aragonés Francisco del Val. Es una carta de amor, llena de poesía, belleza y sensualidad. Se le rinde homenaje a las mujeres de los marineros (madres, esposas, hijas), que soportan esas largas ausencias de los mismos en el mar. 
7.- Cádiz.- El tanguillo gaditano, vestido de forma diferente al del carnaval, ha sido origen de preciosas habaneras. 
Habanera de Cádiz, compuesta por Carlos Cano y Antonio Burgos, ha sido interpretada por multitud de cantantes, tunas, corales polifónicas, bandas de música, entre ellas la del buque escuela Juan Sebastián El Cano. 


José Valencia Roldan Dr. C.C. Náuticas 

1.11.22

Escribir sobre JRJ, es hacerlo sobre uno de los mayores poetas de la lengua española.

¡Divina Poesía, tú sola me sostienes!
¡Negros, sangrientos, trágicos, me asaltan los instantes…;
pero tú entonces vienes
y me regalas tu corona de diamantes!
Como mujer curiosa, recorro con los ojos
y con las manos la celeste pedrería…
¡Oh, cómo entre mis rojos
duelos, fulge la polícroma fantasía!
JRJ, «A la poesía», Poemas mágicos y dolientes


Retrato. Autor Joaquín Sorolla
Quisiera recordar que el próximo 23 de diciembre de 1881 se celebrará el nacimiento en Palos de Moguer de Juan Ramón Jiménez, ¡han pasado 141 años ya! Falleció en San Juan, Puerto Rico, 29/5/1958)

«Nací en Moguer (Andalucía) (¡qué nombre!), la noche de Navidad de 1881. Mi padre era castellano y tenía los ojos azules; mi madre es andaluza y tiene los ojos negros. La blanca maravilla de mi pueblo guardó mi infancia en una casa vieja de grandes salones y verdes patios. De estos dulces años recuerdo muy bien que jugaba muy poco y que era gran amigo de la soledad; las solemnidades, las visitas, las iglesias, me daban miedo...»

Es un autor esencial para la poesía en lengua española y para la poesía contemporánea occidental. Sus propuestas éticas y estéticas marcan una línea divisoria entre el Romanticismo de Espronceda y Bécquer, bajo cuya influencia escribe sus primeros versos, y el Modernismo y las vanguardias de las primeras décadas del siglo XX. El exilio en América durante las décadas de los cuarenta y cincuenta enriquece su poesía, la cual adquiere una dimensión cósmica y mística sin precedentes en la tradición española. El magisterio de Juan Ramón en la poesía española es indiscutible y continúa influyendo en los poetas de las generaciones más jóvenes.

La existencia de Juan Ramón es de una entrega total y absoluta a su obra. Lector infatigable, atento a todas las corrientes de la lírica universal, durante sesenta años produjo incesantemente su obra poética y crítica; animó revistas literarias ─algunas de ellas, redactadas únicamente por él─; renovó la presentación tipográfica de los libros de versos; intentó una ortografía personal; pronunció conferencias y dicto cursos universitarios sobre poesía. La figura de Juan Ramón Jiménez pudo ser (por su entusiasmo y por su calidad) el símbolo de la literatura española del siglo XX.

Alumnos del Colegio de San Luis Gonzaga: Juan Ramón (primero por la derecha en la segunda fila).

Juan Ramón se matriculó en el colegio de jesuitas San Luis Gonzaga de El Puerto de Santa María en 1893  para estudiar el Bachillerato. Durante los cuatro años en que permanece en esta ciudad, su vida transcurre entre las paredes del colegio. Allí se forma en los valores jesuitas de austeridad y estudio. En el Puerto fue compañero de clase del poeta Fernando Villalón con quien compartió numerosas bromas y fechorías. Juan Ramón sacaba buenas notas pero se aburría mucho en las clases y dibujaba en los libros y en los cuadernos.


DIARIO DE UN POETA RECIÉN CASADO (Escribe Inmaculada Moreno)
 

La familia de Zenobia Camprubí ejerció una férrea oposición a la relación de esta con Juan Ramón Jiménez. La madre llegó a llevarse a la joven a Estados Unidos con la excusa de hacer una laaaaarga visita a la familia (cuanto más larga, mejor) para conocer a un recién nacido nietecito. Lo que la buena señora no sabía era que Juan Ramón ya había pactado con la que iba a ser su esposa y valiosísima compañera intelectual, en secreto, ir a buscarla a Nueva York para casarse con ella. Se podrán imaginar el patatús de doña Isabel Aymar cuando llegó a enterarse de que su hija “Zenobita” iba a casarse irremisiblemente con “ese Jiménez” como ella lo llamaba. Zenobia, ante las fuertes presiones y argumentaciones, llegó a tener sus dudas; Juan Ramón, sin embargo, no parece que hubiera dudado nunca. Es divertido imaginarse la situación del hermano preferido de Zenobia, Jo, y los equilibrios de diplomático-malabarista de este cuando una sensatísima pero enamorada Zenobia le pide opinión. La joven lo hace por carta y por carta le responde el hermano lo siguiente: “Yo siempre he tenido recelos de la gente de arte y literatura, en cuanto a la solidez de su psicología y carácter”. Ahí queda eso, debió de pensar.


Pero en fin, estos cotilleos de salón, aunque ya se sabe que distraen mucho, son la cáscara frívola de una almendra muy valiosa, fundamental para la poesía española: la redacción de Diario de un poeta recién casado. El libro se escribió en ese viaje de ida y vuelta que realizó a Estados Unidos para casarse con Zenobia y su redacción se inicia el 17 de enero de 1916 prolongándose hasta finales de ese mismo año. El último poema fechado es de octubre, aunque a este le suceden otros, ya sin datar, que se corresponden con la parte VI del libro: “Recuerdos de América del Este escritos en España”. El volumen se debió de terminar ese mismo año, pues eso indica la cubierta; aunque en los datos de la edición, sin embargo, figura ya la fecha de 1917 que fue cuando debió de quedar impreso y encuadernado.

Con todo, la importancia de estos poemas en verso y en prosa, trasciende con mucho las anécdotas rosas que les he contado arriba. Treinta y seis años después, Juan Ramón diría a Ricardo Gullón que el Diario, es un libro “metafísico” y su “mejor libro” y el propio Gullón escribiría que “después del Diario de un poeta recién casado no se podía seguir escribiendo como antes”.
Hoy sabemos que es verdad y que ese peculiar diario de 1916 ha sido absolutamente renovador para nuestra literatura. 


A propósito de esta entrada comenta el poeta Eugenio W. Martínez que, no tiene rubor en afirmar, que es el mayor poeta de lengua española, por su afán casi enfermizo de alcanzar la poesía pura, que es, según Guillén, "lo que permanece en el poema, después de haber eliminado todo lo que no es poesía" y en cuyo intento el mismo Juan Ramón Jiménez llegó a recriminarse al advertirse: "... no la toques más que así es la rosa"

Y, además, tenemos la devoción que sentían por él los componentes de La Generación del 27, pues el propio Lorca se maravilla de "la cantidad divina de poesía que tiene su alma" y Salinas lo proclama, con fervorosa devoción, "Atlante de la joven poesía" y Alberti afirma que "jamás un poeta español iba a ser más querido y escuchado por una rutilante generación de poetas"

Verán que, no es mi subjetiva apreciación, sino el criterio de insignes colegas suyos, que lo encumbran al primer puesto.

 


Estoy triste, y mis ojos no lloran
y no quiero los besos de nadie;
mi mirada serena se pierde
en el fondo callado del parque.

¿Para qué he de soñar en amores
si está oscura y lluviosa la tarde
y no vienen suspiros ni aromas
en las rondas tranquilas del aire?

Han sonado las horas dormidas;
está solo el inmenso paisaje;
ya se han ido los lentos rebaños;
flota el humo en los pobres hogares.

Al cerrar mi ventana a la sombra,
una estrena brilló en los cristales;
estoy triste, mis ojos no lloran,
¡ya no quiero los besos de nadie!

Soñaré con mi infancia: es la hora
de los niños dormidos; mi madre
me mecía en su tibio regazo,
al amor de sus ojos radiantes;

y al vibrar la amorosa campana
de la ermita perdida en el valle,
se entreabrían mis ojos rendidos
al misterio sin luz de la tarde...

Es la esquila; ha sonado. La esquila
ha sonado en la paz de los aires;
sus cadencias dan llanto a estos ojos
que no quieren los besos de nadie.

¡Que mis lágrimas corran! Ya hay flores,
ya hay fragancias y cantos; si alguien
ha soñado en mis besos, que venga
de su plácido ensueño a besarme.

Y mis lágrimas corren... No vienen...
¿Quién irá por el triste paisaje?
Sólo suena en el largo silencio
la campana que tocan los ángeles.

El 25 de octubre de 1956, después de 34 años sin un Premio Nobel de Literatura español, el poeta Juan Ramón Jiménez se alzaba con el premio de la Academia Sueca.


Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Gonzalo Díaz-Arbolí

31.10.22

IRENE Y LA GAVIOTA PEPA

El día ha amanecido tranquilo y luminoso aunque aparecen nubes por el sur. Espero que no vayan a más y tengamos un día bueno para navegar por el aire, sin contratiempos que alteren mi cotidiano recorrido: por la mañana voy del muelle a la plaza  del Cabildo, y por la tarde, a la inversa. Aprovecho para visitar las azoteas del camino, donde siempre encuentro algún resto de comida. Hago un primer vuelo de reconocimiento; todo está en orden: la fuente de la plaza con los surtidores, los puestos del mercado recién colocados, el cartero repartiendo la correspondencia a pie, las calles recién regadas, y los primeros compradores acercándose a las tiendas.



            Perdonad si no me he presentado antes. Soy Pepa, la gaviota y aunque lo parece, no soy nada seria; es que quiero causar buena impresión a los vecinos. Vivo en esta ciudad canaria desde hace años.



            Hasta hace poco, exactamente 16 meses, aquí no ocurría nada divertido ni extraordinario. Os diré en confianza que incluso me aburría en esta isla. Es una ciudad de la isla de Fuerteventura, y su nombre es Puerto del Rosario, la capital. Pero todo cambió  ¡por fin! cuando ella apareció. Una joven pareja, Inma y Gustavo, paseaba a su hijita de pocos meses, en su cochecito.

   Iban felices por la calle peatonal camino de su tienda. Compartían la zona con otros comerciantes con sus tiendas y bares. Todos son vecinos y amigos: Carmen, de la parafarmacia, Manolo, el aparejador; M. Ángeles, la amiga y vecina de Inma; Manolo y Sari, los del bar; Carla y Georgina, de la inmobiliaria; Pedro, de la oficina de alquiler de coches…

            Los conozco a todos porque en mi paseo diario me quedo en la torre del Cabildo que está en la plaza. Desde allí lo diviso todo y me procuro comida en el bar de Manolo y Sari, desde donde se ve el mar y me encuentro como en casa. Otras veces me poso en la torre de la iglesia y da gusto sentir la brisa entre mis plumas.




            Es un placer comprobar que la vida en este lugar es tranquila y la más adecuada para que esa niña, que apareció por aquí, pueda crecer rodeada de paz y cariño.

             Esta repreciosa criatura nació después de ser esperada durante años. Pero valió la pena todo ese tiempo. Toda la familia estaba expectante ante el parto, y sus abuelos maternos, vinieron desde El Puerto de Santa María, un lugar también bañado por el mar y al que algún día iré para ver a la niña cuando se vaya. Espero que sólo sea de vacaciones. Su abuelo paterno, que vino desde Argentina y pudo estrecharla entre sus brazos. Querían estar al lado de la feliz mamá en el momento del nacimiento. Inma estaba segura de que su niñita nacería sana y todo iría bien. Y así fue.

            Su papá, Gustavo, estaba pletórico; no recordaba un momento tan feliz desde que conoció a Inma, la mamá. Cuando tuvo a la niña en sus brazos por primera vez, la miró embelesado. Se la enseñaba a todos, como quien enseña un tesoro. ¡Y es que era su tesoro!


             Yo me enteré de todo porque tengo que escuchar y ver lo que ocurre en mi territorio. A ver, que no soy una cotilla, o al menos no una cotilla improductiva. Hago mi labor controlando para que la convivencia no se vea alterada. Cuando ocurre algo que pueda suponer un contratiempo, me pongo a graznar como una loca y alerto a la gente, que sale para ver lo que está ocurriendo, y así soluciono el problema. Los humanos no saben distinguir a las diferentes gaviotas; para ellos, todas somos iguales. Me aprovecho de ello para pasar desapercibida y hacer creer que no hay nadie vigilando.

            Hoy día, después de algunos meses desde el nacimiento de Irene, la calle ha cambiado. Sigue siendo la misma, pero a la hora de la apertura de las tiendas hay un movimiento especial de gente abriendo las puertas y arreglando las entradas. Los vecinos se saludan y comentan sus cosas. Lo hacen como si de una gran familia se tratase. ¡Y lo que charlan, por Dios!

            Y no es que antes no se saludaran, pero ahora les une algo más que el hecho de dedicarse a la misma actividad; ahora hay un algo que les une y que yo se lo noto en sus miradas y en su modo de comportarse. Ese algo es la muñeca que recorre la calle como si fuera toda ella su casa. Tiene una amiga un poco mayor que ella con la que juega y ríe feliz.

            Va de puerta en puerta saludando a todos, buscando a todos, sonriendo a todos, echando los brazos a todos…¡A todos, menos a mí!


Al principio no me miraba, pero un día me posé a su lado, en el banco que hay en medio de la calle y que ha hecho suyo. ¡Yo estaba tan nerviosa! Me miró, la miré y conectamos. ¡Qué intercambio de miradas!

Me enamoré de ella al instante. Me quiso coger pero tengo que demostrar que soy un ave un tanto arisca y no quise perder mi compostura ni mi fama de solitaria. ¿Qué dirían mis colegas si vieran que una niña me acaricia? Me quedé con ganas de que me pasara su manita, tan regordeta, por mis plumas… ¡Cómo siento haberme retirado! ¡Dichosos prejuicios…!

            Esta mañana ha llegado más graciosa que nunca. Os cuento cómo es.

            Por lo pronto deciros que tiene sólo dieciséis meses de edad. Así os podéis imaginar el tamaño de la chiquitina. Es vivaracha, con cara redondita y con una mirada inocente pero que con ella logra enganchar a todo el que la mira. Tiene un pelito sedoso y liso, aunque a la altura del cuello se le forman rizos y, he oído decir a la abuela Inmaculada, que es lo mismo que le ocurría a la mamá cuando era pequeña.

            Yo la distingo desde lejos por su indumentaria; va vestida de forma diferente al resto de las niñas. Su madre se encarga de ello, de crear su estilo. Trae puesto un pantalón estrecho, de color gris, y una camiseta de mangas largas y que tiene dibujados unos divertidos gatos. Al cuello lleva un pañuelo a modo de bufanda que la hace mayor. ¡Está preciosa! ¡Palabra de gaviota! Pero hay algo que me gusta menos, aunque reconozco que la hace más linda aún, y es que le han puesto unas bonitas gafas de sol, de color rosa. Que digo yo que está muy bien para protegerla del sol, pero… ¿ha pensado alguien en mí? ¡No podré ver sus chispeantes ojos y no nos comunicaremos!

             Y ahí está, en medio de la calle, mirando atentamente a todo el que pasa. Saluda con su habla incipiente y con su sonrisa que enamora. Su madre sabe en cada momento dónde está y con quién se ha parado. Si en la parafarmacia con Carmen, que la deja jugar con el ordenador; si en casa de los chilenos; si con Mª Ángeles  o Sari que se la llevan de compras… Pero es que todos la vigilan como si de su hija se tratara.

  ¡Eh, que yo también colaboro! Cada día me he ido acercando más a ella y jugamos. Ya no huyo volando; lo que hago es dar saltitos a su lado y ella juega a cogerme. ¡No hay en toda la isla una gaviota más feliz!



            De vez en cuando hay un cambio en la calle. ¡Han venido los abuelos, y la niña ríe de una manera especial! Los ha visto en la calle, desde lejos. Sin soltar el juguete que tenía en la mano, corre con los brazos abiertos dirigiéndose hacia el abuelo que la espera agachado. La niña se tira a él y le rodea el cuello con sus bracitos en un abrazo intenso que al abuelo le inunda de ternura. Se la pasa a la abuela, disimulando su emoción. Inmaculada la llena de besos. Que digo yo si no le molestarán tantos achuchones del uno y del otro… Me gustaría que la pusieran en el suelo para que yo pueda ponerme a su lado un ratito. Sí, estoy celosa, lo reconozco, pero es que una tiene su corazoncito. Y es que la niña se olvida de todos en los días que los abuelos están con ella.



        Han pasado unos días y noto que los abuelos se han ido porque Irene pasa la mañana inquieta. Busca por todas partes; para poco rato con Carla, con Mª Ángeles y Sari, con Carmen, con Manolo… Procuran distraerla con más dedicación. Menos mal que su amiguita Aixa viene con la abuela a visitarla. Con tanto cariño y con mi compañía, claro,  Irene vuelve a ser el duende y la princesa de la calle.

            Desde que llegó a mi rincón, no hay día malo aunque llueva, truene o nos azote el viento. Desde el alero del tejado de la tienda de su madre, vigilo para que la calle esté a punto, pues mi niña ha de ser siempre feliz. Es el objetivo que me he marcado y nunca hubo un trabajo más placentero.

            Acaban de cerrar las tiendas y los dueños se van despidiendo. Van desfilando y ese rincón de la calle va quedándose callado y tranquilo.

            Irene se va con los padres hacia el coche aparcado en la parte de atrás. Lleva sueño y dentro de poco dormirá plácidamente y ¿quién sabe? A lo mejor sueña con una gaviota que la lleva volando a dar un paseíto por los aires.

            Los veo desaparecer y me quedo en la torre sintiendo que ya la echo de menos…

            Pero bueno… ¡Mañana será otro día para estar con ella!

Relato de: Laurentina Gómez Rubio

                                         

 

Puerto de Santa María, diciembre de 2016


Queridísima Irene:

Acabamos de llegar de Fuerteventura y sentimos tanta añoranza (magua, como dicen en tu tierra), que hemos escrito este cuento para recordarte con más intensidad. No te puedes imaginar los días tan felices que hemos pasado en tu casa de Puerto del Rosario, viéndote, jugando y paseando contigo. Eres la más pequeña de nuestros nietos y eso añade más ternura. Decía Jorge Luis Borges- poeta y filósofo, argentino como tu padre: A medida que nos hacemos mayores la felicidad es más frecuente. Todos los días, al menos un instante, estamos en el paraíso. Yo, lo he sentido siempre cuando me abrazabas.
Cuando puedas leer este relato, esperamos estar a tu lado.
Te queremos con locura, Belo y Bela.