24.1.26

Comentario sobre el aforismo de Tucídides en el discurso pronunciado por el Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, en el Foro de Davos.

Primer Ministro de Canadá, Mark Carney
BRILLANTE Y TRANSCENDENTAL DISCURSO: EL PODER DE LOS SIN PODER
El discurso se titulaba “Principled and Pragmatic: Canada’s Path” y fue pronunciado durante el Foro de Davos 2026, el 20 de enero de 2026.
Es un placer, y un deber, estar entre ustedes en este momento decisivo para Canadá y para el mundo.
Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de una ficción agradable y del comienzo de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción.
Pero también les diré que los demás países, en particular las potencias medias como Canadá, no son impotentes. Tienen la capacidad de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.
El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad.
Cada día se nos recuerda que vivimos en una época de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas tiende a desaparecer. Que los fuertes actúan según su voluntad y los débiles sufren las consecuencias.

Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable, como una lógica natural de las relaciones internacionales que se reafirma.
Ante esta constatación, los países tienden en gran medida a seguir la corriente para mantener buenas relaciones. Se adaptan. Evitan los conflictos. Esperan que este conformismo les garantice la seguridad. No es así.
Carney no citó a Tucídides para justificar un mundo de supremacía sino para cuestionarlo. Argumentó que muchos países (middle powers), o potencias medianas como Canadá, Australia, países europeos, etc., han colaborado en un orden internacional que sabían que era “parcialmente falso o injusto” en algunos aspectos, y que hoy ese orden ya no funciona. Basándose en esa crítica, pidió: Reconocer la realidad sin ilusiones. Dejar de “poner el cartel en la ventana” (una metáfora de conformismo). Unir a las potencias medianas para defender valores compartidos, derechos humanos, cooperación real y autonomía estratégica frente a la coerción de las grandes potencias.
Es raro ver a un líder político actual: reconocer explícitamente la erosión de un orden internacional clásico, usar clásico (como Tucídides) para reflexionar críticamente, y hacerlo no para justificar el poder de los fuertes, sino para desafiarlo y proponer alternativas cooperativas.
Esto explica por qué muchos comentaristas lo consideran uno de los discursos más llamativos y lúcidos del Foro de Davos 2026, que sonó a advertencia directa contra el trumpismo y en el que abogó por plantar cara a la ley del más fuerte con una defensa común.


Tucídides, antigua Atenas, 460 a. C.- Tracia, 396 a. C. Ha sido expuesto con frecuencia como modelo del historiador ideal, ya que tuvo que escribir desde un destierro. En cierto sentido su modo de escribir la historia, que él mismo expone al principio de su obra. Utiliza el término sygraphein ('acta'), que establece un contrato con el lector en el que garantiza la veracidad de lo narrado. La forma de escribir historia por tanto está basada en la autopsia, es decir, que solo de la visión directa por uno mismo se puede escribir. Y lo que inspeccionará serán dos tipos de elementos:

· Logoi: discursos. No realmente lo que dijeron los personajes, sino reconstrucciones aproximadas de lo que pudieron decir.
· Erga: hechos, acciones. Primero se apoya en lo que han visto los testigos, a quienes interroga hasta estar seguro de lo que en realidad ocurrió; luego se apoya en pruebas jurídicas.

En su obra, escrita con gran rigor, destierra todo elemento anecdótico, literario o fantástico, descarta la intervención divina lo máximo posible, aunque la tenga en cuenta en las motivaciones de los hombres, se esfuerza en encontrar testimonios incluso pagando a testigos presenciales, analiza las causas recientes y lejanas de los hechos y busca las motivaciones objetivas de Atenas o Esparta o las personales de los protagonistas de los hechos en esas ciudades-estado, sus ambiciones y temores, sin ocultar sin embargo su admiración por algunas posturas políticas. Intenta que prime la objetividad, y solo ocasionalmente expone una conclusión acerada, racional y pesimista sobre la historia humana, aunque sea para demostrar su sinrazón. Adopta para expresarse un estilo denso y conciso.

NOTA.
 AQUELLOS INTERESADOS EN LEER EL DISCURSO COMPLETO, HACER CLIC :  AQUÍ

Es una idea de
Antonio Rodríguez Zarallo
detallado por Gonzalo Díaz Arbolí

Pulsen sobre la:

Versión crítica sobre el aforismo de Tucídides en el discurso pronunciado por el Primer Ministro de Canadá, Mark Carney, en el Foro de Davos.

 

Y al abrigo, en el dulce hogar estábamos, cuando de pronto aparecen dos tertulianos con esta filípica que, por su interés añadimos.

Me ha parecido interesante tu aportación al discurso y al aforismo de Tucídides. Parece hecha por un profesor de filosofía. Como el día esta para estar en casa, me ha llamado la atención para reflexionar un poco y escribir algo espontaneo sobre tu comentario... Añado basándome en la estructura del discurso y mi pobre filosofía.En primer lugar, esto es un aforismo que como bien sabes es una sentencia o reflexión profunda, hecha por alguien reconocido, normalmente basado en su experiencia o conocimiento social. Tiene sus diferencias con los refranes, que son, populares y trata de consejos y también de reflexiones.
Para mí, la alusión del excelente discurso al aforismo de no es más que la interpretación de que los poderosos hacen lo que saben y "deben" hacer, sin importarles sus consecuencias, mientras que los débiles sufren de sus actos sin consecuencias.
En el fondo suscita que los débiles deberían rebelarse de alguna forma para equilibrar, el poder de los sin poder. En este sentido enlaza muy bien con el libro de Vaclac Havel y la relación de "quitar el cartel ", empezando por reconocer honestamente que estamos supeditados actualmente a las grandes potencias y no debemos hacernos ilusiones de que algo cambie. O estamos en la mesa o seremos el menú.
En segundo lugar, no estoy de acuerdo con las expresiones de realismo trágico o cínico. Cuando se habla de Ética, en este caso de Ética aplicada a la geopolítica, no debemos olvidar que la Ética busca el bien común, con acción individual o colectiva, debiendo hacer lo que creemos bueno moralmente según nuestra conciencia ( Aristóteles, Ética a Nicómaco). Yo diría que intentando hacer lo mejor, puesto que tenemos el derecho a equivocarnos. Los principios universales de justicia, responsabilidad y honestidad son básicos. Y no se trata de ingenuos o desconfiados respecto al poder, sino de aplicar lo que se cree justo y necesario. En este sentido, el presidente de Canada alude a una unión de los mas débiles y medianos, como arma para defenderse de la supremacía (yanqui en este caso). Es cierto que es un discurso estratégico, pero como debe serlo en todo político que desee cambiar las cosas. ¿No existe razón suficiente (principio ontológico) actualmente para intentar cambiar el estado actual de las cosas?
¿Estaría Canada dispuesta a vivir en la verdad? La "verdad" absoluta no existe ni para unos ni para otros. Además. ¿por qué no tener esperanzas a que algo cambie? Estoy de acuerdo con Santo Tomas de Aquino cuando dice que la esperanza es un deseo de un bien futuro, difícil, pero alcanzable. A pesar de ello, Aristóteles decía que la esperanza es el sueño del hombre despierto. Pues alguien dijo que la vida es un sueño --. Nietzsche dijo que la esperanza era el peor de los males por prolongar el tormento del hombre (claro que este era un nihilista puro y no creía ni en el). Por otra parte, en el discurso el presidente Mark Carney da ejemplos de puesta en práctica sobre medidas económicas y de interrelación continental que está realizando ya Canada, no en supuestos futuribles.
Aquí hago una referencia al fenómeno sociocultural woke (despierta) al cual nos has ilustrado... foro Por ultimo. ¿Que se espera de un discurso político de media hora en un foro mundial donde casi todos dicen lo mismo? Pues yo no esperaba que se fuera tan claro, conciso y con referencias intelectuales. Reconozco que ha sido impactante, y dada la dificultad de realizarlo en poco tiempo y bien argumentado lo considero brillante.
En fin. Buenas noches, que me voy a tomar hoy un caldito de pollo casero calentito.
 Antonio Rodriguez Zarallo,
teórico de esta entrada
27-1-2026

4 comentarios:

Mercedes R. dijo...

Buenos días amigo Gonzalo....
Espléndida tu aportación de hoy,y acorde con el momento k vivimos...tan desconcertante,atropellado,y carente del sentido de la vida....
La confusión invade sin rumbo...
Es preciso el recogimiento y la reflexión...para asistir con cordura el momento k vivimos. Muchas gracias. un abrazo.

Antonio Rodríguez Zarallo dijo...

Excelente publicación "el poder de los sin poder. " Escribo otro aforismo de Tucidides. "Recordad que el secreto de la felicidad es la libertad, y el secreto de la libertad, el coraje".

Gondiazar dijo...

Muchas gracias, Antonio. Añado otro aforismo: "Entre hombre y hombre no hay gran diferencia. La superioridad consiste en aprovechar las lecciones de la experiencia".

LUIS MANZORRO BENITEZ dijo...

Gracias, Gonzalo, por publicar esta entrada en el momento más oportuno, justo cuando esta sociedad —dominada por las desigualdades, la injusticia, el poder absoluto y una avaricia sin límites— más lo necesitaba. En mi opinión, en la sociedad actual los discursos de denuncia, queja, protesta o disconformidad apenas surten efecto cuando los desalmados, con el corazón lleno de odio y los arsenales repletos de armas de destrucción masiva, están dispuestos a llegar hasta el final para lograr sus propósitos.

En estos tiempos, los aforismos —primos hermanos de nuestros queridos refranes— han perdido fuerza. Recuerdo uno que decía: “Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe”. Quizá hoy habría que añadir: “y que, además del teléfono, tenga el dinero para pagarle”.

A mi juicio, uno de los grandes problemas de todas las “potencias medianas” —con algunas excepciones— es la adulación y la obediencia ciega de sus dirigentes hacia los poderosos que cometen crímenes horrendos, que amenazan a su propio pueblo y que, incomprensiblemente —España es un buen ejemplo—, cuentan con el apoyo de quienes más sufren sus decisiones, personas que pierden la cordura y la sensatez entre vídeos de TikTok y tertulias de periodistas apesebrados.
Un abrazo.

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