Durante más de dos siglos se ha debatido con intensidad la posible relación entre la masonería y la Orden del Temple. Para algunos, los templarios serían el verdadero origen de la institución masónica; para otros, esa conexión no es más que una construcción simbólica tardía. Entre la historia documentada y el imaginario iniciático se despliega un terreno complejo donde conviven hechos verificables, hipótesis sugestivas y mitos persistentes.
La Orden del Temple fue fundada hacia 1118 en Jerusalén por Hugo de Payens y un pequeño grupo de caballeros, con el apoyo decisivo de Bernardo de Claraval. Su misión original era proteger a los peregrinos en Tierra Santa tras la Primera Cruzada.
La Orden creció rápidamente en poder económico y militar, estableciendo encomiendas en toda Europa y convirtiéndose en una institución supranacional dependiente directamente del Papado. Sin embargo, a comienzos del siglo XIV fue objeto de una ofensiva política por parte del rey Felipe IV de Francia, quien, con la complicidad del papa Clemente V, impulsó su supresión. En 1312 la Orden fue oficialmente disuelta y su último Gran Maestre, Jacques de Molay, fue ejecutado en 1314.
| Gran Logia de Londres |
La masonería especulativa, tal como hoy la conocemos, surge en Inglaterra a comienzos del siglo XVIII, cuando en 1717 se constituye la Gran Logia de Londres. Las Constituciones redactadas por James Anderson en 1723 y ampliadas en 1738 ofrecen una narrativa simbólica que remonta los orígenes masónicos al Templo de Salomón, pero no establecen una genealogía templaria medieval.
Históricamente, la masonería moderna parece derivar de los gremios de constructores (masonería operativa), transformándose progresivamente en una institución especulativa centrada en la ética, el simbolismo y el perfeccionamiento moral.
El siglo XVIII: nacimiento del templarísmo masónico
La conexión templaria aparece con fuerza en el siglo XVIII, especialmente en Francia y Alemania. Dos figuras resultan decisivas:
Andrew Michael Ramsay, quien en su célebre discurso de 1737 vinculó la masonería con las órdenes caballerescas y las Cruzadas, calificando a los cruzados como “nuestros ancestros”.
Karl Gotthelf von Hund, fundador en 1751 de la “Estricta Observancia”, sistema que afirmaba una continuidad secreta templaria a través de “Superiores Desconocidos”.
En este contexto surgen los llamados “Altos Grados”, que posteriormente confluirán en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado. En varios de sus grados —como el Caballero de Jerusalén (16°), el Gran Comendador del Templo (27°) o el Caballero Kadosch (30°)— la simbología templaria adquiere un papel central.
Es en este momento cuando la narrativa de la supervivencia templaria en Escocia, su refugio en logias y su transmisión secreta de saberes comienza a consolidarse como tradición interna.
Rosslyn y la leyenda escocesa.
Cerca de Edimburgo se encuentra una de las iglesias con más misterios de Europa: la Capilla de Rosslyn. Historias, leyendas, mitos que probablemente nunca terminen de resolverse, confirmarse o negarse. Hace muchos siglos que esta capilla captó la atención de la humanidad, aunque no fue hasta hace unos años cuando este interés se volvió global. Su relación con la Orden Templaria proviene desde su mismo nacimiento y es algo que nunca se ha olvidado.
Construida en 1446 por la familia Sinclair. Según algunas teorías, templarios huidos tras la persecución habrían encontrado refugio en Escocia, transmitiendo sus secretos a las primeras logias.
Sin embargo, existe una brecha de más de un siglo entre la disolución del Temple (1312) y la construcción de Rosslyn, y no hay pruebas documentales concluyentes que respalden la tesis de un ocultamiento de tesoros o archivos templarios.
La supuesta participación templaria en la batalla de Bannockburn (1314) o la supervivencia organizada del Temple en territorio escocés pertenecen más al ámbito legendario que al histórico.
| Con los ojos vendados, el candidato a ingresar en una logia se dispone a pasar las pruebas requeridas. Grabado impreso hacia 1750. Abajo, mandil o delantal masónico del siglo XVIII. |
Mito, símbolo y función iniciática
Más allá de la verificación documental, el templarismo cumple una función simbólica poderosa dentro de ciertos sistemas masónicos. Representa:
La fidelidad a principios superiores frente a la persecución.
La transmisión de un “secreto” espiritual.
La lucha contra la injusticia y el abuso de poder.
El ideal caballeresco aplicado a la ética interior.
En este sentido, el mito templario se integra en una tradición iniciática más amplia donde las alegorías y relatos simbólicos sirven como vehículos pedagógicos.
Desde el punto de vista estrictamente histórico, no existen pruebas sólidas de que la masonería moderna derive directamente de la Orden del Temple medieval.
Desde el punto de vista simbólico y ritual, la influencia templaria es innegable en numerosos altos grados y en la construcción identitaria de ciertas corrientes masónicas.
Desde el punto de vista mítico, la conexión templaria ha funcionado como una poderosa narrativa fundacional que ha contribuido a modelar la autopercepción de millones de masones.
La relación entre templarios y masonería no puede afirmarse como continuidad institucional demostrada. Es, más bien, una construcción simbólica elaborada en el siglo XVIII que se integró profundamente en algunos sistemas masónicos.
Así, entre la historia y la leyenda, la conexión templaria sigue viva no como herencia documental comprobada, sino como símbolo de fidelidad, sacrificio y búsqueda de la verdad.
El oscuro origen de la Masonería y los Caballeros Templario en la Iglesia Católica
Fuente: Recopilación de varios autores procesados por IA.
Tertulia de los Cántaros.

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