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| Autor del cuadro: John Constable |
El efecto que produce la lluvia cuando cansina e impertinentemente no cesa… y es como si el día no fuese a avanzar nunca, porque esta lluvia, con su sordo machaqueo, lo enmarca todo en un bajo y continuo gris que no se acaba. Cada vez el día es más gris y es más lluvia… y este peso, -fascinantemente rítmico- por leve que sea, agacha y acobarda y, como quien no quiere la cosa, está acabando por agotarme.
Cielo a corderos, agua a calderos.
Predicción meteorológica popular española que indica que cuando el cielo presenta nubes blancas, pequeñas y esponjosas —altocúmulos, llamados “corderos” o “borregos”—, es señal casi segura de que lloverá intensamente, en gran cantidad, a calderos.
Estos recuerdos surgen al pasear por las calles de mi pueblo —siempre seductoras— bajo una lluvia ligera: un precioso reencuentro con sensaciones tan familiares, acompañadas de una dulce melancolía y de recuerdos juveniles. Todo ello se sitúa a caballo entre la felicidad y el dolor y, al abrir el paraguas, ese instante, resulta alucinante.
Al contemplar a algunas jóvenes paseando, con sus risas, aparece la luminosidad; la oscuridad se vuelve entonces más liviana. Me invade una sensación que quisiera describir y no puedo: me exige un esfuerzo inmenso, como si las palabras llegaran siempre un instante tarde.
Lo sorprendente es que la llevo incrustada en la mente desde hace muchos años, quizá desde la infancia; sus orígenes son dudosos y no logro comprenderlos. Esa sensación regresa, la vivo de nuevo, y se mezcla con recuerdos sin lugar ni tiempo, que no sé de dónde vienen. Y, sin embargo, en el fondo siento una impresión serena, hondamente agradable.
Aún llueve fuera, un poco más fuerte. Pequeños riachuelos plateados serpentean por la acera. Mis piernas vuelven a chapotear en los espejos de agua del suelo. Y en unos segundos acuden a mi memoria romanos y árabes, que contemplaron y respiraron, como yo ahora, esta misma sensación, serena y placentera en días iguales.
Hacer clic sobre la imagen para visualizar el vídeo,
y escuchen el sonido de la lluvia, es un remanso de paz
como escribe uno de nuestros lectores.
Realización del vídeo con fotografías tomadas de internet
Pulsar en y así está la Barca de Vejer hoy
Las marismas que rodean el Guadalete antes de su desembocadura, en El Puerto de Santa María, estas marismas están funcionando como gigantescas esponjas de agua que absorben toda la energía torrencial de agua y, cuando baje la marea, se vaciarán perfectamente, reduciendo el impacto y permitiendo que en la Ciudad de El Puerto de Santa María, las calles, los comercios, las casas de los vecinos no se inunden.
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| Jerez de la Frontera |
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| Benalup |






3 comentarios:
Precioso, eres nuestro remanso de paz en estos tiempos tan convulsos para todos y para la Academia.
Precioso
Como todo lo que envías impresionante
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