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| Zenobia y JRJ |
No podemos olvidar que un día como hoy, 23 de diciembre, nació en Palos de Moguer Juan Ramón Jiménez. Era en 1881, y han pasado 145 años... ¡145 años ya!
«Nací en Moguer (Andalucía) (¡qué nombre!), la noche de Navidad de 1881. Mi padre era castellano y tenía los ojos azules; mi madre es andaluza y tiene los ojos negros. La blanca maravilla de mi pueblo guardó mi infancia en una casa vieja de grandes salones y verdes patios. De estos dulces años recuerdo muy bien que jugaba muy poco y que era gran amigo de la soledad; las solemnidades, las visitas, las iglesias, me daban miedo...»
La existencia de Juan Ramón es de una entrega total y absoluta a su obra. Lector infatigable, atento a todas las corrientes de la lírica universal, durante sesenta años produjo incesantemente su obra poética y crítica; animó revistas literarias ─algunas de ellas, redactadas únicamente por él─; renovó la presentación tipográfica de los libros de versos; intentó una ortografía personal; pronunció conferencias y dicto cursos universitarios sobre poesía. La figura de Juan Ramón Jiménez pudo ser (por su entusiasmo y por su calidad) el símbolo de la literatura española del siglo XX
DIARIO DE UN POETA RECIÉN CASADO
La familia de Zenobia Camprubí ejerció una férrea oposición a la relación de esta con Juan Ramón Jiménez. La madre llegó a llevarse a la joven a Estados Unidos con la excusa de hacer una laaaaarga visita a la familia (cuanto más larga, mejor) para conocer a un recién nacido nietecito. Lo que la buena señora no sabía era que Juan Ramón ya había pactado con la que iba a ser su esposa y valiosísima compañera intelectual, en secreto, ir a buscarla a Nueva York para casarse con ella. Se podrán imaginar el patatús de doña Isabel Aymar cuando llegó a enterarse de que su hija “Zenobita” iba a casarse irremisiblemente con “ese Jiménez” como ella lo llamaba. Zenobia, ante las fuertes presiones y argumentaciones, llegó a tener sus dudas; Juan Ramón, sin embargo, no parece que hubiera dudado nunca. Es divertido imaginarse la situación del hermano preferido de Zenobia, Jo, y los equilibrios de diplomático-malabarista de este cuando una sensatísima pero enamorada Zenobia le pide opinión. La joven lo hace por carta y por carta le responde el hermano lo siguiente: “Yo siempre he tenido recelos de la gente de arte y literatura, en cuanto a la solidez de su psicología y carácter”. Ahí queda eso, debió de pensar.
Pero en fin, estos cotilleos de salón, aunque ya se sabe que distraen mucho, son la cáscara frívola de una almendra muy valiosa, fundamental para la poesía española: la redacción de Diario de un poeta recién casado. El libro se escribió en ese viaje de ida y vuelta que realizó a Estados Unidos para casarse con Zenobia y su redacción se inicia el 17 de enero de 1916 prolongándose hasta finales de ese mismo año. El último poema fechado es de octubre, aunque a este le suceden otros, ya sin datar, que se corresponden con la parte VI del libro: “Recuerdos de América del Este escritos en España”. El volumen se debió de terminar ese mismo año, pues eso indica la cubierta; aunque en los datos de la edición, sin embargo, figura ya la fecha de 1917 que fue cuando debió de quedar impreso y encuadernado.
Cuando, dormida tú, me echo en tu alma
y escucho, con mi oído
en tu pecho desnudo,
tu corazón tranquilo, me parece
que, en su latir hondo, sorprendo
JRJ. Diario de un poeta recién casado
9 de abril. Poema XCII. América del Este
Con todo, la importancia de estos poemas en verso y en prosa, trasciende con mucho las anécdotas rosas que les he contado arriba. Treinta y seis años después, Juan Ramón diría a Ricardo Gullón que el Diario, es un libro “metafísico” y su “mejor libro” y el propio Gullón escribiría que “después del Diario de un poeta recién casado no se podía seguir escribiendo como antes”.
Hoy sabemos que es verdad y que ese peculiar diario de 1916 ha sido absolutamente renovador para nuestra literatura.
Vino, primero, pura
Vino, primero, pura,
vestida de inocencia.
Y la amé como un niño.
Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes.
Y la fui odiando, sin saberlo.
Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros…
¡Qué iracundia de yel y sin sentido!
…Mas se fue desnudando.
Y yo le sonreía.
Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.
Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda…
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!
Nocturno
¿Quién pasará mientras duermo,
por mi jardín? A mi alma
llegan en rayos de luna
voces henchidas de lágrimas
Muchas noches he mirado
desde el balcón, y las ramas
se han movido y por la fuente
he visto quimeras blancas.
Y he bajado silencioso…
y por las finas acacias
he oído una risa, un nombre
lleno de amor y nostalgia.
Y después, calma, silencio,
estrellas, brisa, fragancias…
la luna pálida y triste
dejando luz en el agua…
Gonzalo Diaz Arbolí

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