Soneto de otoño y ausencia
El otoño se acerca sin premura,
con hojas que en el aire se demoran;
doradas, rojas, lentamente lloran
la muerte de una luz que ya no dura.
Se diría que fue ya una locura
pensar que aquí los sueños se evaporan;
el verano se aferra, mas ignoran
los robles qué fugaz es su ternura.
Un ángel ha pasado —fuego, vida—
dejando tras de sí solo un rumor
de manos y de labios que se alejan.
Y aunque el ciclo regrese en su medida,
lo cierto es que no vuelve aquel amor:
los días, al caer, no lo reflejan.
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Vídeo realizado con imágenes de Antonio R. Zarallo
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