1.10.22

Apuntes para el recuerdo y la nostalgia

                          Tertulia de los martes, Hotel Los Cántaros

A partir de las 11.30 nos reunimos en ella un grupo de amigos para charlar sobre lo divino y humano. Ya sabéis. Algo de literatura, un poco de historia, mucho sobre restaurantes y comidas. La música y la poesía siempre están presentes; y nos mantenemos informados de la actualidad nacional e internacional. 

Estamos tocando ya la fibra sensible de las nostalgias. En medio de todo este confinamiento a veces nos llega, dentro de su torrencial monotonía, el frescor y el reposo de un oasis, que nos refresca ciertos viejos momentos que siempre conservan la dulzura y el ensueño de agradables recuerdos.

Leyendo esta reflexión de Eugenio Martínez Orejas, me ha invadido la nostalgia, sin poder evitarlo, y he recordado a los amigos tertulianos que lamentablemente ya no están con nosotros: Eloy, Alberto, Salvador, Pepe. 

Comentarios de diversos tertulianos:

El señor letrado, Eloy Gómez Velasco, habla poco y, por tanto, erra poco cuan-do describe algún itinerario por carretera, la ubicación de un edificio –en pie o derruido–, o raramente se explaya hablando de historias interesantísimas que conoce bastante bien. Nos gusta oírle concretar sobre procedimientos administrativos o recitar la legislación como si la leyera; y nos enriquece los cientos de anécdotas que guarda en su prodigiosa memoria sobre sus años de estudiantes o como mozo durante el largo servicio militar en África, en la época que ahora se empeñan en llamar ignominiosa.


A todos nos acompañará siempre la sombra cálida del amigo, que desde la otra orilla, donde tú ya habitas, nos dictará el consejo, que, en cada momento, para no perder tu costumbre, nos ayudará a salvar los escollos a los que nos enfrente cualquier marejada de la vida y nos trasladará plácidamente al remanso y a la quietud de una ensenada. 
Pero, asidos a las bondades que tu inmensa humanidad derramaba, preferimos pensarte a nuestro lado, y suministres a quien o quienes corresponda el entusiasmo y las herramientas necesarias, para continuar la obra cultural que has iniciado con “El Esquilón”. 

Siempre quedará en nuestra memoria esos días tranquilos, cuando nos reuníamos en la tertulia. Tu sabiduría, tu templanza, tu solidaridad, el regalo de tu vitalidad y la forma tan cercana de comunicar tu cariño, -los abrazos- nos contagiaban y envolvían. Así conocimos al hombre bueno y generoso y, al comprometido por sus ideales sociales. 
Hace unos días hablando en nuestras tertulias sobre el paso del tiempo y al transmitirle mi preocupación, me dijo: El pasado no existe, el presente es efímero y el futuro incierto, por tanto, no me preguntes más allá del día de hoy, que ya es mucho. Es un consejo de Séneca, añadió. 

Cuesta toda una vida decirle adiós a muchas cosas. Conforme vamos viviendo vamos también diciendo adiós a un montón de cosas, a seres queridos, y a las ideas también. Para ser feliz posiblemente también haya que aprender a decir adiós.


No he conocido a nadie tan audaz y valiente como el gitano de la Línea, Salvador Cortés Núñez, más conocido como el Chigüi, o el Cigüeña, porque de joven era alto y esquelético. Lo que son las casualidades de la vida porque vino a vivir en Javier de Burgos, entre Cielos e Isaac Peral, frente a Jesús Cautivo donde también se afincaban las fuerzas del orden. Tocado por la gracia y la curiosidad el tertuliano Chigüi igual habla de la relatividad de Einstein como de los secretos de una soleá o de una bulería. Mecánico tornero de profesión –tal vez porque le tiraba la sangre–, trabajó en la empresa Santana y en compañía norteamericana Raymond International Inc, desplazándose a Lagos (Nigeria). Ha publicado “Seis días en el Puerto de María” (2000), “Tres días en El Puerto de María” (2005), y más recientemente “Yo el Chigüi, amigo del Peregil”.


Pepe "el secretario del juzgado" es más oyente que hablador. Gran entendido en óperas, posee una gran experiencia humana. Un asturiano bondadoso y paciente; de vida sana y ejemplar, sensible y encantador. A veces nos sorprende con una degustación de Cabrales que se trae de su última visita a la familia y lo prepara añadiéndole media copa de manzanilla o fino. Ese manjar, untado y acompañado con algún Ribera o Rioja que trae Gonzalo, Eugenio o Julio, convierte por unos instantes la tertulia en la barra de una sidrería.

Bendita tertulia de Los Cántaros que llena de compañerismo, amistad y anhelo las mañanas de los miércoles, desde hace diez años casi.


Alberto, tú nunca serás un derrelicto rendido, ni vencido, ni, mucho menos, abandonado, pues allá donde la mar y el viento te lleven, arribarás a un puerto de abrigo, y allá donde quiera que estés, siempre encontrarás un amigo. 

1 comentario:

Eugenio Martínez dijo...

Tenemos que agradecerte, Gonzalo, que tu sensibilidad se haya adelantado a rendir este tributo que les debíamos a nuestros amigos tertulianos que nos han dejado físicamente, pero cuyo recuerdo seguirá perene entre los que tuvimos el privilegio de disfrutar de sus grandes y muchas bondades. Les debíamos este homenaje al sentido de generosidad que nos dejaron y al sello de su, me atrevo a decir, aristocrática humanidad que sabían mantener. Nunca nos abandonará su presencia, si no real, sí inflamable y ardorosamente auténtica

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