15.7.23

Recordando al poeta Miguel Hernández. Un agudo sentimiento de pérdida y tristeza


El destino de todos los poetas ha estado siempre marcado por un ansia irreprimible de perfección, como la increíble peripecia de entusiasmo y vocación de Miguel Hernández.

Desde su alta frente como las palmeras de su Orihuela natal, entre el polvo que viaja con el rebaño de cabras, es apremiante culminar con presteza la reivindicación de nuestro admirado poeta para que su voz siga ocupando el privilegiado lugar que ocupa en la historia de la poesía castellana.

Miguel Hernández tenía un carácter alegre y unos redondos e inquietos ojos, unido a una singular capacidad creadora y a su irrenunciable vocación poética, que nos produce el mismo estremecimiento que un rayo de luz palpitando en nuestras venas.

La sonoridad, la emoción lírica que Miguel Hernández le imprime a su caudalosa profusión de metáforas, nos transporta a los dominios de lo inefable.

Detengámonos en el sortilegio metafórico con el que nos revela el pudor de su novia, Josefina Manresa.
En este soneto, parece ser, que relata un hecho real, de un día que Josefina le tiró un limón a Miguel en la cabeza porque él, estando en el huerto, le robó un beso al descuido y ella, ofendida, le tiró un limón y le produjo una herida sangrante, y además, a ella, parece ser que le hizo gracia el limonado hecho y encima se ríe.

Me tiraste un limón, y tan amargo,
con una mano cálida y tan pura,
que no menoscabó su arquitectura
y probé su amargura, sin embargo.

Con el golpe amarillo, de un letargo
dulce pasó a una ansiosa calentura
mi sangre, que sintió la mordedura
de una punta de seno duro y largo.

Pero al mirarte y verte la sonrisa
que te produjo el limonado hecho,
a mi voraz malicia tan ajena,

se me durmió la sangre en la camisa,
y se volvió el poroso y áureo pecho
una picuda y deslumbrante pena.

La elegía son sentimientos como el lamento, la nostalgia y la melancolía, que son causados por un desamor, por la muerte de un ser querido, por un lugar o por un acontecimiento triste.

La Elegía a Ramón Sijé:
Es un canto muy triste, un grito desesperado que pretende invocar a la amistad, una expresión muy poética del dolor de la pérdida de un amigo. Está entre los poemas más aplaudidos y expresivos de Miguel Hernández que escribe estas palabras para su amigo de Orihuela tras su muerte repentina.

No hay duda de que la ausencia sigue siendo el motivo que se perpetúa, el poema muestra el corazón resquebrajado del poeta que se ha visto sumido en la más auténtica desolación ante la muerte de su amigo Ramón.

La primera estrofa del poema se inicia con el pronombre personal YO dando motivos al lector para percatarse que, la voz poética y Miguel Hernández son la misma cosa.
En esta estrofa nos muestra la rotura del corazón del poeta. Sí, Miguel Hernández está profundamente afectado por la muerte de su amigo y ya solo le queda el lamento. Por ello, dice que “quiere ser el hortelano de la tierra que ocupa y estercola tan temprano, compañero del alma”. Quiere estar con él, aunque sea solo sembrando la tierra que ocupa.

En la segunda y tercera estrofa, se profundiza en este dramatismo de la descomposición orgánica del cuerpo de su amigo que, a su vez, sirve de alimento a la tierra y los seres que la habitan. A causa de ello, el dolor por la pérdida crece hasta el punto de usar una hipérbole, para decirnos: Tanto dolor se agrupa en mi costado/,que por doler me duele hasta el aliento.

Llegados a la cuarta y quinta estrofa podemos observar cómo ha sufrido el vate esta noticia y cómo de repentina ha sido la muerte de su amigo. Así es como introduce hasta la exageración donde afirma: Siento más tu muerte que mi mi herida, / lloro mi desventura y sus conjuntos / y siento más tu muerte que mi vida.

La novena estrofa tiene unos aires de rabia desbocados:

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Cierra el poema estas dos tiernas y bellísimas estrofas, donde se imagina con su amigo paseando por los campos de almendros y lo menciona como "compañero del alma", donde demuestra el grado de empatía. Y ya en el últimas líneas se dirige al amigo como si existiera la posibilidad de una nueva charla entre ellos, en definitiva, como si su amigo fuera a leer el poema, o a escucharlo.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Hacer clic sobre la imagen para visualizar el vídeo

Dedicado a mi amiga Mercedes,
que me señaló el camino
Gonzalo Díaz-Arbolí

 


2 comentarios:

Luis Manzorro Benítez dijo...

"Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta".

Siempre me he preguntado como es posible que un joven agricultor, un vaquero, un pastor...pueda llegar a escribir poemas como este, y convertirse en un poeta clásico reconocido en el mundo entero . Supongo que la respuesta está en que era un superdotado, y para él era fácil lo que para otros es imposible.
Yo creo que debería haber una ley internacional que protegiera a estos genios de dictadores asesinos.
Que a día de hoy haya españoles que denuncien el horror de una dictadura capaz de deshacerse de estos genios, y otros españoles que justifiquen su encarcelamiento o asesinato, demuestra que España no es capaz de pasar página, y eso es una grave problema.
Una gran entrada, amigo Gonzalo.

Gondiazar dijo...

Muchas gracias, amigo. Llevas razón. Aún no hemos superado la Guerra Civil.
Te recuerdo los versos de D. Antonio Machado.

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón

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