5.12.21

HISTORIAS DE CÁDIZ ¿Quién cerró las Puertas de Tierra?

 


Misteriosa presencia de un personaje que evitó la muerte a cientos de gaditanos durante el maremoto de noviembre de 1755 l Atribución del hecho a varias imágenes de la ciudad
El cierre de las Puertas de Tierra fue una medida providencial en 1755

El pasado 1 de noviembre, los gaditanos recordamos, un año más, el maremoto de 1755. Los relatos de lo sucedido en aquel día coinciden en señalar que la mayor parte de los vecinos salvaron sus vidas subiendo a las azoteas y alcanzando los lugares más altos de la población. Todos coinciden también en que el mayor número de muertos tuvo lugar entre los que huyeron de la ciudad y quedaron sepultados por las aguas en el camino entre Cádiz y La Isla.

Según Adolfo de Castro, a las nueve y media de la mañana tuvo lugar un terremoto que no produjo daños personales pero que destrozó gran número de edificios, provocando el lógico pánico entre los vecinos. Al cabo de un rato, el mar comenzó a retirarse para volver con fuerza y con enormes olas sobre la ciudad. Muchos gaditanos, lógicamente alarmados, intentaron salir huyendo de la población, pero se encontraron con las Puertas de Tierra cerradas y con los soldados del destacamento allí destinados con las bayonetas caladas impidiendo la salida. Una medida que parecía contraproducente pero que resultó providencial y que salvó a cientos de gaditanos de una muerte segura. Pero, ¿quién ordenó el cierre de las Puertas de Tierra?

Manuel Moneo, capitán de granaderos del Regimiento de Soria, era el oficial al mando de las Puertas de Tierra y el que materializó el cierre. Al día siguiente manifestó que cuando comenzaron a subir las aguas, un oficial superior, en nombre del gobernador militar, le había ordenado cerrar las Puertas de Tierra e impedir a toda costa la salida de cualquier vecino. Sin embargo, no fue capaz de reconocer al oficial que le dio esa providencial orden de cierre. El gobernador militar, Antonio Azlor, por su parte, aprobó la orden de cierre de las Puertas de Tierra pero negó haber enviado oficial alguno para hablar con el capitán Moneo.

En los días posteriores, las autoridades colocaron barriles de alquitrán para poder iluminar las calles en caso de que se repitiera el maremoto por las noches. El pánico seguía rondando entre los vecinos. Hubo infinidad de actos de acción de gracias a la Santísima Virgen por su intervención para parar las aguas, mientras muchos gaditanos seguían preguntándose por la identidad del oficial que había ordenado cerrar las Puertas de Tierra, no dudando en asegurar que su intervención había sido milagrosa. Nadie podía explicar lo sucedido.


Muchos años más tarde, reinando ya Carlos IV, llegó a nuestra ciudad un grupo de altos personajes de la Corte. Entre ellos se encontraba Manuel Moneo, el capitán de las Puertas de Tierra y que ya había ascendido a general. Estos personajes recorrieron distintos lugares de Cádiz y llegaron finalmente a la iglesia del Rosario. El ya general Moneo, al acercarse al altar del Sagrario, quedó petrificado al ver la imagen de San José. Extendió la mano señalando la escultura y dijo con voz emocionada:
-Ese es el que me dio la orden de cerrar las Puertas de Tierra el día del maremoto-.

La escena fue presenciada por un joven monaguillo que la relataría muchos años más tarde a Adolfo de Castro. El historiador gaditano, en una carta fechada en 1882, relató estos hechos con motivo de una consulta que le fue formulada sobre el patronazgo de San José, añadiendo que la tradición mantenía que esta imagen del esposo de la Virgen abandonó misteriosamente su pedestal de la iglesia del Rosario el día del maremoto y que regresó una vez finalizado.

Castro asegura en su carta que no dudaba de la veracidad del antiguo monaguillo, pero también señalaba que esta misma historia la había escuchado siendo niño, pero no referida al San José de la parroquia del Rosario, sino al San Rafael de la iglesia de San Juan de Dios y a los Santos Patronos que se veneran en la Catedral. En este último caso la historia hacía referencia a la presencia de dos oficiales misteriosos en las Puertas de Tierra el día del maremoto.Noventa años después de maremoto, en 1837 ocurrió en nuestra ciudad otro curioso suceso en torno al 1 de noviembre. Eran años de mucha agitación política y las autoridades de Cádiz decidieron suspender los actos religiosos en honor de la Santísima Virgen y la tradicional procesión que tenía lugar desde la capilla de la Palma a las aguas de la Caleta. Lo cuenta el gaditano sacerdote Moreno Cebada en su obra “Glorias religiosas de España”. Los vecinos se arremolinaron en las puertas del templo protestando por la suspensión de la procesión. Muchos de los allí presentes manifestaron que si no salía la Virgen en su fecha tradicional, tal vez tendrían que sacarla a la fuerza otro día para que protegiera a la ciudad y a sus habitantes de alguna desgracia.

                 Tradicional bendición del mar en aguas de la Caleta

Tres meses más tarde, un horroroso temporal comenzó a castigar la ciudad. Las olas subían imponentes por las murallas llegando a inundar algunas calles. El 12 y 13 de febrero de 1838 los destrozos por el temporal eran innumerables. Por fin, el 14 de febrero de ese año, cientos de vecinos, temerosos, acudieron a las puertas de la Palma pidiendo la salida en rogativa de la imagen de la Virgen para parar de nuevo la furia de las olas. En esta ocasión, las voces populares fueron oídas y las puertas de la capilla fueron abiertas.

Cuenta el padre Moreno Cebada que salió la procesión con la imagen de la Virgen seguida de cientos de gaditanos que rezaban fervorosos en voz alta ‘Ruega por nosotros”. En el momento en que la imagen de la Virgen apareció por la puerta de la Caleta, cesó la tempestad y las aguas comenzaron a recobrar la tranquilidad entre el asombro de los numerosos asistentes.
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Artículo publicado por José María Otero
en el Diario de Cádiz, el 31 de octubre de 2021


NOTA.
El riesgo sísmico y de inundaciones en el litoral gaditano como consecuencia de un maremoto alcanza los 7 puntos sobre 28, por lo que hablamos de un riesgo bajo, pese a que, según el Plan Estatal de Protección Civil ante el riesgo de maremotos aprobado el 18 de mayo de 2021, indica que la costa occidental de la provincia de Cádiz es una zona con alta probabilidad de ocurrencia de sucesos sísmicos de origen oceánico. En este sentido, hay que resaltar que no ha existido constancia en la zona de un solo maremoto, de magnitud considerable, en los últimos 30 años".

3 comentarios:

Antonio Pérez Brea dijo...

Al ser cíclica la evolución del planeta, es muy probable que ocurriera, en un futuro.

Luis Manzrro Benitez dijo...

Contra estas catástrofes naturales solo sirve estar preparado para cuando ocurra, si ocurre, y, de forma ordenada, cosa difícil, buscar las zonas mas altas y alejarse lo más posible de la costa. Vejer y el Cerro de Patría son buenos lugares.

Gondiazar dijo...

Luis, ambos son cerros. ¿Te acuerdas que los conileños y barbateños le llamaban a Vejer"el Cerro de las maldades. También "de la pompa vana" Envidia por no tener un Cerro con la historia de Patría. Tu patria de la niñez...

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