5.4.25

PRÓLOGO DEL POEMARIO DE MANUEL MANZORRO "CAMPO ADENTRO"


La obra artística de Manuel Manzorro ha estado siempre vinculada a la pintura y al grabado. Su impresionante trayectoria se ha visto reconocida con innumerables premios y honores que así lo avalan. Sin embargo, para novedad de todos, tenemos ahora entre las manos una recopilación de su poesía –tan desconocida como sorprendente– que complementa a la perfección su universo pictórico, porque dibuja, esta vez con palabras, el mundo rural de Vejer que es, sin duda, la esencia de su obra.

Se trata de treinta y cinco poemas que discurren desde el monólogo intimísimo y personal, hasta el diálogo con la memoria viva de aquellos personajes que han marcado su vida, para culminar con una muestra de sonetos de gran maestría formal con los que se cierra el poemario. La palabra se acompaña a su vez de ilustraciones con las que el artista, usando diferentes técnicas, pone imágenes a los poemas, resultando finalmente una suerte de original catálogo diseñado con un generoso propósito: servir de homenaje total a la figura señera de Juan Relinque -protector y defensor de los campos de Vejer- con quien Manuel Manzorro se ha sentido siempre en deuda.


Esta propuesta -que conjuga su obra poética y pictórica- responde realmente a un mismo impulso creativo que se nutre de la observación y de las vivencias de la plenitud de su infancia en Patría y que obedece a un concepto amplio del arte que se sustenta lo mismo en las formas, las texturas y los colores como en las palabras. En cualquier ámbito, Manzorro es capaz de traspasar la experiencia vital del campo a un lenguaje artístico que, a través de una percepción extremadamente sensitiva, conecta con la emoción latente del recuerdo de la niñez, permitiéndole retratar, de manera prodigiosa, su particular cosmovisión del mundo rural, que ha alentado desde siempre su pulsión creativa.

Su búsqueda incansable de la plasticidad pictórica, la curiosidad por probar nuevas técnicas, en definitiva, el reto artístico de explorar nuevos caminos expresivos encuentra un cauce abierto en la escritura poética. Quien se adentre en estos poemas de Manzorro comprobará su interés consciente y concienzudo por rescatar el lenguaje rural y registrar palabras que emergen del terruño para convertirlas en piedras preciosas, sonoras, preñadas de una fuerza visual impactante que encajan con la expresión lírica de su nostalgia, sirviéndose de ellas para moverse sutilmente por un estado de ánimo que vaga entre la leve exaltación del campo propia de la oda y la dolorida elegía que llora el paraíso perdido. Los términos referidos a la labranza, a los aperos del campo, a las labores rutinarias en la era, a los animales, plantas y enseres que fueron el escenario humilde habitado por este niño de la posguerra, prenden en Manzorro la maravilla por lo cotidiano. En aquellos años de la infancia aprendió sin esfuerzo esas palabras -muchas de ellas ya moribundas- que rescata, alumbra y remoza inmersas ahora en una poderosa corriente de emoción poética. No se conforma con nombrarlas, sino que las recrea para enhebrar con ellas cada estado del alma que encuentra su reflejo en la naturaleza, cada mirada que testimonia el vínculo misterioso entre la tierra y el hombre.


La plasticidad de su pintura también se traduce en sonoridad y métrica -en este sentido, Manzorro trabaja lo mismo el verso libre que los sonetos- pero sobre todo en el empleo audaz de ciertos recursos estilísticos. Observamos en este sentido la abundancia de sinestesias, con las que se combinan sensaciones que se perciben por sentidos diferentes, de manera que su poesía es tremendamente sensitiva, colorida, sonora, visual, plástica: escuchamos trinos de pájaros, la lluvia en el tejado, la risa infantil que busca el abrazo. Olemos el pan del horno, el rescoldo de la hoguera, la fragancia de las hierbas silvestres; presentimos la humedad del campo al amanecer, la intemperie de la noche, el frescor de la parra, la sequedad de la tierra baldía. Apreciamos la paleta del pintor cuando nos muestra la sombra azul de los álamos blancos, el color cenizo del plumaje del ave, el nácar brillante de la luna, el pelaje ocre del animal o el intenso encendido de las flores. Y con toda esta plasticidad exuberante expresa su amor y su tristeza honda, una nostalgia vieja por la vida sencilla y durísima del campo, por la sabiduría telúrica que se hereda como un legado humilde y a la vez poderoso, porque esa ciencia crece silenciosa, frágil pero imparable, como la hierba del campo, como todo lo que germina y nos alimenta y sostiene de generación en generación. En sus versos se evoca -con tremenda ternura y nostalgia, pero sin sentimentalismos- aquella infancia llena de penurias y miserias que se encarna en la palabra gracias a la memoria febril de los sentidos. A veces la infancia es más larga que la vida, escribió Ana María Matute, y ese parece ser el caso de Manuel Manzorro.


Aún hoy, en sus paseos por las hazas de Nájara, herederas de la heroicidad de Juan Relinque -a quien todos los vejeriegos debemos tanto-, la infancia le hace un guiño al poeta-pintor, le envía una postal desde la niñez y de nuevo su memoria le permite verlo todo con la mirada genuina del niño que fue, que aún se maravilla ante la asombrosa policromía de la naturaleza, ante el misterio de la tierra y sus ciclos, ante la pasmosa belleza del campo. La visión de las hazas le activa una imagen guardada en la retina y entonces recupera el color, la textura, también la palabra, y brota –de manantial sereno, como diría Machado- un diálogo íntimo consigo mismo, con la presencia cálida de su madre o con todos aquellos con los que conversa a través de una voz interior que oímos rota por el recuerdo, por la orfandad, por el desconcierto impotente ante el paso del tiempo. Sentimos entonces su “punzada vegetal”, hacemos nuestro su lamento dolorido y rebelde por todo aquello que existió y que apenas se mantiene ya convertido en ruinas: las pobres chozas que fueron hogar, los generosos pozos con brocales roídos por el descuido, los desaparecidos hornos que impregnaron de amoroso olor a pan la hambruna de aquellos años, las lindes que sutilmente dibujaban y transformaban el paisaje, los acebuches centenarios de los que solo quedan sus tocones amputados. Así, se plasma en su obra la observación de los cambios de la naturaleza, del curso sabio de las estaciones en un espacio compartido con animales -salvajes unos, mansos otros- y muy particularmente con los adultos que habitaron aquel tiempo legendario, que a los ojos de un niño se agigantaban con el asombro de lo mítico. La infancia se convirtió, en el caso de Manzorro, en un estado del alma que perdura todavía. Y es curioso cómo, después de haber vivido tantos años en tierras lejanas, inmerso en otras culturas, en otros idiomas, el reclamo sigue siendo el mundo rural de su niñez y en él se ejemplifica, como señaló el poeta Rilke, que la infancia es la verdadera patria.


Le escribió su amigo José Antonio Muñoz Rojas -en la maravillosa carta que sirve de pórtico al poemario- que él mismo es como “un tallo más”, que en su palabra están el vigor y la ternura de la tierra. Poco más se puede añadir. Quizás el propio Manuel Manzorro no sea consciente de que su poesía es también semilla. Sus palabras germinan y su fruto es el amor por el campo y la nostalgia entrañable, desgarradora, por revivir “el imposible”, el paraíso perdido de su niñez. La masa madre de todo cuanto crea, de todo cuanto expresa con creativa voluntad es el recuerdo agradecido de aquellos primeros años de su vida, preñados de asombro y de belleza. Se cumplen en su caso las palabras de Rousseau que aseguraban que lo que uno ama en la infancia permanece en el corazón para siempre.


Olga Rendón Infante

Dra. en Filología Hispánica


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4.4.25

El poder responsable

 


Desde el inicio de la experiencia histórica, el poder ha sido una fuerza determinante en la construcción y caída de civilizaciones, el ascenso de imperios y el destino de naciones y personas. Como una espada de doble filo, puede transformar sociedades para bien o perpetuar la opresión.


Para algunos, es una herramienta de progreso; para otros, un fin que justifica cualquier sacrificio. En su forma más destructiva, el deseo de dominio no solo consume a quienes lo buscan, sino que deja huella en todos aquellos que se encuentran en su camino.

Esta fuerza se manifiesta en todos los aspectos de la vida: en la política, que define derechos y libertades; en la economía, que condiciona oportunidades; en las relaciones humanas, que moldean emociones; y en la cultura, que inspira o limita la creatividad. El pasado está lleno de líderes que usaron su poder para edificar y transformar, pero también de quienes lo emplearon para someter y destruir. Desde Julio César hasta figuras contemporáneas, la ambición desmedida ha llevado a conflictos, pero también ha inspirado movimientos de resistencia. No importa cuánto se alcance, siempre hay una cima más alta por conquistar, un rival más fuerte por vencer.

El dominio no solo afecta a quienes lo ejercen, sino también a quienes lo sufren. El pasado demuestra que cuanto más fuertemente se aferra alguien a la autoridad, más rápido se tambalea. Sin embargo, el abuso del impacto no es invencible. Movimientos sociales, revoluciones y reformas han logrado equilibrar el dominio absoluto. Ejemplos como la caída del Muro de Berlín, las luchas por los derechos civiles en Estados Unidos y las regulaciones antimonopolio contra Rockefeller ilustran cómo la resistencia activa y la movilización social pueden desafiar el abuso de autoridad.

El verdadero reto no es solo identificar a quienes buscan el dominio absoluto, sino diseñar sistemas que promuevan un liderazgo ético y comprometido con el bienestar común. Las democracias sólidas, la educación cívica y la transparencia en la gestión pública, son esenciales para evitar la concentración desmedida de autoridad. Líderes como Nelson Mandela demostraron que la autoridad bien ejercida puede sanar heridas, unir pueblos y abrir caminos hacia la justicia. Sin embargo, la responsabilidad no recae únicamente en los líderes: una sociedad informada y participativa es clave para mantenerlos bajo escrutinio y exigir rendición de cuentas.

El dominio absoluto, lejos de garantizar estabilidad, genera destrucción, tanto para quienes lo ejercen como para quienes lo padecen. Cuando el poder se comparte y se gestiona con responsabilidad, se convierte en un motor de progreso y dignidad. La clave radica en crear estructuras que permitan un ejercicio ético de la autoridad, donde la justicia, la equidad y la transparencia sean pilares fundamentales.

El pasado nos ha mostrado que ninguna opresión es eterna y que la autoridad mal utilizado siempre encuentra resistencia. La pregunta crucial no es solo quién ostenta el dominio, sino cómo la sociedad elige responder. ¿Nos conformamos con la sumisión o exigimos rendición de cuentas? La transformación comienza cuando entendemos que la verdadera autoridad no reside en unos pocos, sino en la voluntad colectiva de construir un mundo más justo. Solo así podremos convertir el poder en una fuerza de cambio real y duradero.

“Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia” (Capítulo XLII. Segunda parte). En esta frase con la que Don Quijote se dirige a Sancho, se puede complementar muy bien el mensaje sobre la responsabilidad y la importancia de un liderazgo ético.

ANTONIO LEAL JIMÉNEZ
25/MAR/25

31.3.25

Acto de presentación del poemario, "Campo Adentro" de Manuel Manzorro, en Vejer.

 


Mi agradecimiento a la Sociedad Económica Amigos del País y a su presidente, por la generosidad y confianza que han depositado en mí, para escribir la presentación de este sobrio y elegante poemario-catálogo.

Nada hay más grato a la conciencia y desechando toda vanidad, si el protagonista de hoy, D. Manuel Manzorro, no me conociera lo bastante para saber que me enorgullece atestiguar de una manera pública el entusiasmo y la gratitud que le debo. En la misma medida esta gratitud la hago extensiva a la Dra. Olga Rendón Infante, como inspiradora de este apasionante proyecto.
No se ha buscado en mí autoridad histórica, que no poseo en absoluto, sino cierta identidad con los tiempos dorados de nuestra juventud cuando compartíamos paseos entre conversaciones y caminatas, iluminados por la luz de la melancolía y el espíritu sereno por nuestra añoradiza Corredera.

Hoy es un día muy especial, en la que confluyen sentimientos, evocaciones y recuerdos de una parte de mí vida, llena de cariño y amistad.
No me resisto a leer una estrofa del poema de Zuñiga García.

Amigos…seremos siempre amigos para contar nuestras penas una a una
y tendremos así como testigos al sol, al viento, a la noche, o a la luna…
y si algo pasara. Escucha lo que te digo por todos los tiempos. Yo seré tu amigo.

Dentro de las publicaciones programadas para el año 2024, la Sociedad Vejeriega de Amigos del País, ha querido incluir este poemario-catálogo dedicado a la difusión de la poesía y a la obra pictórica de nuestro socio de honor, D. Manuel Manzorro, prestigioso pintor y grabador a lo largo del amplio ámbito cultural español y europeo, reconocido con innumerables premios y honores y ahora también, como poeta, que podrán acreditar con la lectura de este libro -íntimo y entrañable-, donde se refleja la biografía de su infancia, dedicado a los campos de Vejer, parte esencial de su obra tanto pictórica como poética.

El libro consta de 35 poemas elegidos, ilustrado y organizado por el propio autor.
Baudelaire decía que la genialidad está en la habilidad de saber invocar la infancia. Y Manzorro no solo la invoca sino que la convierte en un estado del alma.

¿Cuál de las manifestaciones humanas, palabra o pintura, tiene más fuerza de expresión o convicción o emoción?

"Como la pintura, así es la poesía", ut pictura poesis. Con esta célebre frase el poeta romano Quinto Horacio, siglo I a. C.  la describe dentro de su Arte poética. 
Poesía y Pintura, Quasi Fratelli, las llama Ludovico Dolce en su Dialogo con la Pintura (1557). Lomazzo, unos años después en su Tratado del Arte de la Pintura (1584) dice que nacieron de un mismo alumbramiento, es decir que no eran solo hermanas sino mellizas. En el fondo daba igual, o debería dar igual, lo que se empieza a reivindicar desde finales de la Edad Media y, sobre todo, desde comienzos del Renacimiento, es que lo importante no estaba en la mano sino en la invención del artista.
Cuando un talento está en posesión de ambos dominios y consigue urdir los hilos de los colores, de las pinceladas, con los de la palabra, la trama resultante se convierte en una manifestación de grandeza, que nos eleva a las más altas moradas de la belleza. 

A veces, el azar distribuye regalos de forma desordenada. Entre sus galardones más preciados posee el Premio Honorífico Provincial de Cultura Vejer "Juan Relinque" concedido en el año 2020; su voluntad y compromiso desde entonces fue homenajear al titular de dicho galardón como mejor sabe, que es a través de su pintura y su poesía.
La voluntad de la (RSEAPV) desempeña un papel fundamental, porque ha dado cauce y cumple con el deseo de Manzorro poniendo al alcance de todos los vejeriegos su obra pictórica y poética inspirada en las hazas y en su vivencia del campo de Vejer, con lo cual satisface también con el cometido de reivindicar la importancia histórica de Juan Relinque. En 1868, Amigos del País fue artífice del descubrimiento y difusión de la figura de Juan Relinque. Redactó la primera Memoria que recoge su protagonismo y solicitó y consiguió que, en 1880, el Ayuntamiento le pusiera el nombre de Juan Relinque a la calle Alta. Más tarde, en 2019, logró que todos los Defensores del Pueblo de España se reunieran en Vejer para homenajear su figura, manteniendo viva la memoria de este vejeriego ilustre.

Nuestro agradecimiento a Manuel Manzorro por la licencia para publicar esta edición de su primer poemario. Su generosidad ha vencido a su pudor y modestia, ya que él mismo se niega a ser conocido y reconocido como un considerable poeta contemporáneo y así lo avalan los prestigiosos poetas, escritores académicos, premios nacionales de literatura que se incluyen en el epílogo del poemario. 
Pero no solo aquí queda mi agradecimiento, Manzorro ha convertido el habla rural, costumbrista, en alta literatura. Las redes sociales y los medios están detrás de la tendencia global a perder los rasgos locales, pero gracias a personas como Manzorro los modismos locales permanecen como marca identitaria de un pueblo.

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"Campo adentro" de Manuel Manzorro
Muchas gracias.
 4 enero 2025
Gonzalo Díaz-Arbolí

La Sociedad Económica Amigos del País de Vejer, pone a disposición de los socios una edición digital del  Poemario-Catálogo "Campo Adentro" de Manuel Manzorro.
Para leer o descargar el poemario hacer clic  AQUÍ

18.3.25

“Los pelegrinitos” de Federico García Lorca y la poesía de Joan Margarit



Esta publicación se enmarca dentro de dos planos:

El primero el romance de García Lorca, quien, como el prodigioso genio que fue de la poesía, se ciñe a esa época de juventud, donde los sentimientos del amor quedan encuadrados más dentro de los impulsos que de los propios sentimientos.

Y la segunda parte se ocupa de ese "tiempo cuando ya no hace daño la vida que se pierde", cuando Joan Margarit cogido al pestillo y bajo el umbral de la puerta que va a separar sus dos mundos, está en ese momento de pérdidas prudentes y también necesarias y que es el momento en que el amor coincide con la inteligencia.

Estos dos planos, donde cada periodo disfruta, a su manera, de ese sentimiento que, evidentemente, condiciona toda nuestra existencia en su complicado y trascendental valor de la vida humana.

La pasada semana añorábamos, los amigos de la tertulia, nuestra adolescencia, las dificultades, el freno, la imposibilidad de poder expresar nuestros sentimientos de cariño a nuestros amores de juventud. Comentaba que había visto a dos jóvenes despedirse en la estación de ferrocarril, me vino a la memoria e, inevitablemente dije en voz alta Quién fuera pelegrino para hacer otro tanto y entonces evocamos juntos el romance “Los pelegrinitos” de Federico García Lorca:

Hacia Roma caminan dos pelegrinos
a que los case el Papa,
porque son primos.
Al pasar por el puente de la Victoria
tropezó la madrina,
cayó la novia.
Han llegado a Palacio, suben arriba
y en la sala del Papa,
los desaniman.
Le han preguntado al Papa como se llaman
él le dice que Pedro,
y ella que Ana.
Le han preguntado el Papa que qué edad tienen
ella dice que quince,
y él diez y siete.
Le han preguntado al Papa que si han pecado
él le dice que un beso,
que ya le ha dado.
Y la pelegrinita que es vergonzosa
se le ha puesto la cara,
como una rosa.
Le ha respondido el Papa desde su cuarto:
¡quién fuera pelegrino
para otro tanto!
Las campanas de Roma ya repicaron
porque los pelegrinos
ya se casaron.

           Teresa Berganza canta "Los pelegrinitos" de F. García Lorca

 




Uno de los tertulianos, - 
casi todos octogenarios -, citó a nuestro reciente Premio Cervantes, Joan Margarit y nos leyó el siguiente poema:

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Ha llegado este tiempo cuando ya no hace daño la vida que se pierde.
Es un tiempo de pérdidas prudentes, necesarias, y no es un tiempo de llegar sino de irse.
El amor, ahora, por fin coincide con la inteligencia. No estaba lejos, no era difícil.
Es un tiempo
que no deja más que el horizonte
como medida de la soledad.
Un tiempo de tristeza protectora.


Y seguimos recordando poemas de Joan Margarit, de su libro "Un asombroso invierno":

Pronto no habrá amapolas.
Eliminadas como malas hierbas,
van desapareciendo de los campos.
Ya no se extenderán la rojas pinceladas
del viento en los trigales.
¿Quién entenderá, entonces,
los cuadros de Van Gogh?
Todavía es un mundo familiar,
aunque cambios sutiles ya me alertan:
no volverá jamás a ser el mío.
No es ningún infierno: permite comprender.
Llega el olvido, tranquilizador.
Y vuelve, siempre vuelve, la alegría.

En el tiempo de la senectud, Margarit, sin renunciar a la nostalgia, optó por tomar la senda de la alegría en estos dos últimos versos:

Llega el olvido, tranquilizador.
Y vuelve, siempre vuelve, la alegría.

Nuestro tertuliano filósofo y poeta, como siempre tan agudo, puntualizó con uno de los consejos del viejo y estoico Cicerón. Senescere addiscentem   (envejecer aprendiendo). 
Es decir, vivir bien, vivir virtuosamente, llegar a una vejez en la que puedas seguir aprendiendo.
Entonces, solicité al pleno de la asamblea que, esta reflexión fuese el lema de nuestra tertulia.

Finalizamos el tema con esta frase:
Que nadie llore por los días perdidos, por los placeres sacrificados a la prudencia, por los impulsos ahogados.

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Gonzalo Díaz Arbolí
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LA FELICIDAD, EL AMOR Y LA SERENIDAD.   Entrevista del Loco de la colina a A. Gala.

21 de marzo. Día Internacional de la Poesía. Dedicado al poeta Santiago Ramos Plaza

 


Cada año, el 21 de marzo, la UNESCO celebra el Día Mundial de la Poesía y nos invita a reflexionar sobre el poder del lenguaje poético y el florecimiento de las capacidades creadoras de cada persona.
Es también una vía de expresión que permite a las comunidades transmitir sus valores y fueros más internos y reafirmarse en su identidad; y restablecer el diálogo entre la poesía y las demás manifestaciones artísticas, como el teatro, la danza, la música y la pintura.
La decisión de proclamar el 21 de marzo (equinoccio de primavera) como el Día Mundial de la Poesía (Worl Poetry Day) fue adoptada en 1999, durante una reunión de la UNESCO celebrada en París, con el propósito de consagrar la palabra esencial y la reflexión sobre nuestro tiempo y con la intención de sostener la diversidad de los idiomas y con la intención de sostener la diversidad de los idiomas a través de la expresión poética.

El poeta Santiago Ramos Plaza, nació en Alcázar de San Juan, (Ciudad Real), 1944, falleció en Madrid 25 enero 2021. 
Sus primeros poemas aparecieron en Antología primera (1973).
Ha publicado literatura memorialística. Colaboró en la revista La Veleta del Sastre. Domina las estrofas clásicas, por ejemplo, en "En el cuarto cerrado del amor" reúne un centenar de sonetos.
La lista de libros y poemas publicados es interminable y todos y cada uno de ellos, es un placer para los sentidos.
Cuando lee en vivo, con su característico estilo personal, posee algo especial que solo tienen los verdaderos y grandes artistas.
La búsqueda de su propia voz poética es una constante que logra ese equilibrio entre pureza, belleza y reflexión que tanto caracteriza a su poesía. Es la voz de los recuerdos, y sin embargo, la mirada hacia atrás no es nunca para esconderse de forma egoísta sino para buscar y encontrar nuevos territorios.
Ha publicado en torno a una veintena de libros, de poesía y prosa. En 2019, presentó una recopilación de toda su obra. Cincuenta años resumidos en dos libros: “Torres, 15” y “Velada con mi muerte y con mi amor”.
En todo este tiempo también colaboró en múltiples publicaciones, la más reciente, en la revista digital del Patronato Municipal de Cultura "Salitre". Aunque durante años lo hizo también con "El Semanal de la Mancha" (anteriormente "Canfali"), incluso revistas y publicaciones madrileñas.

De su amistad con Rafael Alberti brota este soneto.

Decía Santiago: Haciendo consideración de todo, he de destacar las colecciones agrupadas por su unidad y tratamiento en "Poemas de la huida", "Corono de sonetos para mi cabeza" y "La muerte que traen los días"
De mis libros anteriores, he escogido abundantes páginas de Alcázar de mis cenizas. Siendo éste de escritura de amor a Alcázar. La temática ha sido la constante en la vida de todo poeta. Dios, deseo, amor, tiempo naturaleza, muerte, destino, y cualesquiera circunstancia personales vividas, destacando, en mi caso, la dedicada públicamente a enaltecer a mi lugar de nacimiento. Muy pocos como él han sabido expresar con palabras -con versos- narrados una y otra vez la vida de Alcázar. Cada vez más bello, cada vez más intenso.

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Ruta por las calles: Castelar, Conjunto Santa María, Callejón del Toro, Avda. Herencia, Estación, Rondilla Cruz Verde. En la voz de Flora Arbolí que, consigue abrazarnos con su calidez y nos sumerge en la intimidad de su mundo singular.

El siguiente poema de gran calado y hondura, es un acercamiento oculto y constante a la presencia de la muerte; indica la senda del día en que le llegará el final, son precursores y anticipo de la eternidad.

POR EL CALLEJÓN DEL TORO

Por el callejón del toro
cuando me vaya a morir
llevadme, amigos, al hombro.
Al hombro con gran
dolor y llorando vuestros ojos.
Y si dolor no hay bastante
para ser llevado al hombro,
dejadme, que yo me iré
sin entierro y sin vosotros.
Por el callejón del Toro
cuando me vaya a morir
¡¡llevadme o me iré yo solo!!


Hacer clic en:  Calle Torres, 15. Escritos (1977-2018)                                                                                                          Gonzalo Díaz-Arbolí
Académico de Santa Cecilia

Somero acercamiento al número áureo o número de oro en el arte

La creación de Adán de Miguel Ángel

La geometría tiene un papel fundamental en la historia del arte. Desde la antigüedad, se ha jugado con las proporciones matemáticas para crear obras de gran belleza. La proporción o número áureo es la fórmula que define la armonía geométrica perfecta.

La proporción áurea, también llamada número de oro, proporción áurea o divina proporción es un concepto matemático que fue descubierto en la antigüedad. Desde entonces se convirtió en una regla estética en el proceso artístico, especialmente en la arquitectura y la pintura, que aporta una armonía perfecta a la obra.



Después, Fibonacci realizó una sucesión de número infinitos en la que la sucesión de cifras es la suma de las dos anteriores. Y entonces, al representarlo gráficamente se forma el típico caracol que todos conocemos.





Algunos ejemplos de obras de arte que aplican la proporción áurea son: La gran pirámide de Keops, La Gioconda de Da Vinci o Las Meninas de Velázquez. A continuación la presentamos.:  
La gran pirámide de Keops
Egipto tiene más de 100 pirámides y en países vecinos pueden llegar a 50 pirámides, sin embargo la más emblemática y principal que siempre está en nuestra mente al pensar en pirámides es La pirámide de Keops, por sus dimensiones y enigmas que circulan ante ellas y que todos tenemos en nuestra mente poder visitarlas por lo menos una vez en la vida y que es la única sobreviviente de las célebres Siete Maravillas del Mundo Antiguo, citada por Antípatro de Sidón en el año 125 a.C.
Se construyó hace más de cuatro mil quinientos años, (aproximadamente entre 2550 y 2527 a.C.), durante el Imperio Antiguo, el periodo de mayor apogeo del poder faraónico. Se estima que se necesitaron más de dos millones de bloques de piedra y más de 100.000 hombres para construirla en 27 años.
Su altura original fue de 146 metros, pero ahora es de solo 137 metros debido al deterioro de la parte superior. Cada uno de sus lados, orientados a los cuatro puntos cardinales, media originalmente 230 metros, pero debido a la pérdida de algunas piedras, ahora es de solo 227 metros.
Existen múltiples teorías y preguntas acerca de quién y cómo se construyó las pirámides del antiguo Egipto. Es ampliamente conocido en la egiptología que las proporciones de la Gran Pirámide de Egipto están a unos centímetros de ser una pirámide de oro, basada en la proporción áurea y representado por la letra griega Φ, es un número crítico, y tal vez mágico en la arquitectura desde los tiempos primigenios.


Vamos a revisar rápidamente las pruebas acerca de esta maravilla de la cultura antigua. Una pirámide de proporción áurea está basada en un triángulo cuyos tres lados representan la relación matemática que define la proporción áurea.
Este triángulo, conocido como triángulo Kepler, tiene una base de longitud 1 y una hipotenusa cuya longitud es Phi.
La altura de este triángulo rectángulo es la raíz cuadrada de Phi. Usando el teorema de Pitágoras (a2 + b2= c2) este triángulo representa una de las propiedades únicas de la proporción áurea: 1 + Phi = Phi ²
La geometría de la pirámide de Keops varía menos de 0.025% de una perfecta pirámide triangular dorada. Es una diferencia de tan sólo unos centímetros en su altura. ¿El diseño de la pirámide podría estar tan cerca de la proporción áurea sin que sus constructores lo supieran? Esto sería demasiado sorprendente, sino es que improbable.
Si los constructores pensaron que la proporción áurea era lo suficientemente importante para usar esta medida crítica, ¿iban a usarla solamente en este único ejemplo?
La afirmación de Heródoto (vivió entre 484 y 425 a.C, considerado el padre de la disciplina histórica) de que el cuadrado de la altura es igual a la superficie de una cara es posible únicamente si la semi-sección meridiana de la pirámide es proporcional al triángulo rectángulo. 
Si dividimos la altura del triángulo entre la mitad de la base del triángulo el resultado es 186,07/115=1,618 que es el número phi.

   
Algunos Ejemplos:

La Gioconda (1503-1506)
                                      
Da Vinci era un gran estudioso de la ciencia, y usó el número de oro en muchas de sus obras, incluidas El hombre de Vitruvio (1490)La última cena (1495-1498) y La Gioconda o La Mona Lisa (1503-1506).
Este último es uno de los retratos más famosos de la historia. Esta obra maestra de da Vinci ha estado siempre rodeada de un gran misterio y leyendas que hasta cuentan un famoso robo que tuvo lugar en el Museo del Louvre de París. El cuadro, que se cree que representa una dama napolitana llamada Mona Lisa, cuenta con muchas interpretaciones diferentes por parte de los críticos de arte.
Esta obra siempre ha tenido una gran relevancia en el mundo del arte por la perfección de las proporciones de la modelo. La postura de la Gioconda hace que encaje perfectamente en el rectángulo áureo y, a su vez, tanto la cara como las partes de la misma también se componen de proporciones áureas.



Otro ejemplo del arte universal que ejemplifica el uso de la proporción áurea en la pintura es Las meninas (1656), una de las obras maestras de Velázquez. El cuadro representa al pintor en su taller y a la familia del rey Felipe IV, con especial protagonismo de sus hijas, “las meninas”. La distribución de los personajes, con el mismo Velázquez situado a la izquierda de la tela pintando los reyes, que se pueden ver reflejados en el espejo del fondo, lleva la mirada a las muchachas.
Con esta perspectiva tan novedosa para la época, así como el juego de luces y sombras, y el fondo plano típico del pintor, consigue un efecto atmosférico. La figura de la infanta también puede ser encuadrada en un rectángulo áureo, por lo que la obra respeta la regla estética clásica de la perfección en la armonía geométrica.

Razón áurea:  "Las meninas"  de Velázquez (1656)


La proporción áurea ha acompañado a los artistas, desde la antigüedad hasta la actualidad, en su búsqueda de la belleza a través de la armonía geométrica perfecta.


Catedral gótica de Notre Dame. (1160)

La famosa catedral gótica (1160) de Notre Dame, en París presenta un glorioso tributo a la simetría, no sólo por el plano central que la divide simétricamente sino por las simetrías que se aprecian en sus arcos puntados, en sus torres, en sus frisos de piedra, en su bellísimo rosetón central, en la planta de la basílica, etc.
De los gráficos de Lund se desprende que Notre Dame, la catedral de Chartres, la de León, etc., fueron proporcionadas a partir de cuadrados, lo que lleva inmediatamente a la aparición de proporciones, entre ellas ¡el número de oro!


El Nacimiento de Venus de Sandro Botticelli (1482-1485)

La relación entre esta obra y la proporción áurea es casi mágica. Por un lado, si tenemos en cuenta las medidas del lienzo, la razón entre el lado mayor y el menor da como resultado un número a escasas milésimas de Phi. Es un rectángulo áureo.


Lección de anatomía de Rembrandt (1632)

Rembrandt fue otro de los pintores obsesionados con mantener proporciones casi perfectas en todas sus manifestaciones artísticas.
Se puede encontrar la razón áurea en múltiples de sus obras, pero en la Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp es perfectamente apreciable cómo la composición se enmarca en un gran rectángulo áureo del que, tras dividirlo en sucesivos, se puede extraer la espiral


Leda atómica (1949)

Dalí era conocedor del número de oro, y por tanto aplicaba todas las manifestaciones de la proporción áurea en sus obras de forma consciente.
En Leda Atómica se representa una filigrana basada en la proporción áurea que no es fácilmente distinguible por el espectador. Sin embargo, si se observa el primer boceto que Dalí realizó en 1947 se puede advertir el análisis geométrico.


Edificio de las Naciones Unidas (1949-1950)

La arquitectura moderna también guarda un lugar para la sección áurea. Tal es el caso del edificio de la Organización de las Naciones Unidas. El arquitecto que lo diseñó fue Wallas Harrison, y lo hizo siguiendo la divina proporción.
El edificio es un colosal prisma en forma rectangular, cuya cara mayor sigue las proporciones del número áureo.


Al Raha Beach, Abu Dhabi, Emiratos Arabes Unidos (2010)

Al Dar Headquarters es una edificación sorprendente, de forma semi-esférica, localizada en Al Raha Beach, Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, lograda por MZ Architects en el año 2010.
La estructura consta de dos fachadas circulares convexas unidas por una banda angosta de vidrio indentado. Para lograr estabilidad visual, dinamismo y armonía se ha utilizado la proporción áurea, para aplicarla a la fachada circular. 


Retrato anónimo

La belleza no es más que matemática





            Fuentes: Apuntes de arte, Wikipedia, Youtube 

Gonzalo Díaz-Arbolí
               

14.3.25

El poder evocador de la música

En la versión de Pedro Lavirgen: Canta, mendigo errante, cantos de tu niñez

Este relato surge cuando recibo un vídeo de una amiga. Decía:
¡Cuánto tiempo hacía que no la escuchaba! Y fue oír las primeras notas y me llenó de emoción. A todos los hermanos nos trae recuerdos de nuestra infancia, porque a mi padre le encanta esta zarzuela y sonaba en el tocadiscos de mi casa continuamente. ¡Qué poder tiene la música para trasladarnos en el tiempo y en el espacio!

...Canta mendigo errante, cantos de tu niñez.
Es caminar siempre errante mi triste sino,
Sin encontrar un descanso en mi camino,
Ave perdida nunca he de hallar,
Un nido amante donde cantar

La música es un vehículo que nos traslada al centro de nuestras emociones y las transforma, haciendo más claro un día gris o recordándonos a personas o situaciones vividas que vuelven a nosotros por un instante. Y es que las melodías poseen el poder de transportarnos al pasado. Por eso la música despierta recuerdos....

En la biografía de mi niñez ha quedado guardado, cuando mi madre o mi abuela la cantaban o mi abuelo y también mi padre la interpretaba al piano. Al escucharla y además en la prodigiosa voz de Alfredo Kraus, la melancolía y la nostalgia se han apoderado de mí.
Me ha venido a la memoria la imagen de la casa familiar de mis padres en Vejer, calle José Castrillón núm. 8: la comida a las dos en punto de la tarde y mi padre presidiendo la mesa, las caricias de mi madre, los juegos con mis hermanos, el tazón de leche con migas de pan que nos preparaba la abuela para desayunar, las entonadas coplas de mis hermanas, la afinada voz de tenor de mi hermano Servando y la copla bien cantá de mi hermano Manolo, el coro de la Iglesia del Divino Salvador que dirigía mi abuelo y mas tarde mi padre, tantos recuerdos...
Tenía yo entonces 14 años y cursaba cuarto de bachillerato en el Colegio de Monjas del Divino Salvador, ya vestía pantalones bombacho y me relacionaba con niñas y soñaba con ser un buen músico. Estaba, pues, en plena adolescencia, en esa edad siempre llamada, y con razón, difícil.
No da dolor el placer que se recuerda: lo que nos duele es no haberlo gozado, no haber sabido con plenitud entonces que aquel sabor entreverado era el amor y el poder de la música.

La voz de Kraus es un verdadero disfrute, para mí el mejor tenor lírico, 
difícil de superar en cualquiera de sus interpretaciones.


La romanza “Alma de Dios" fue compuesta por Serrano en el año 1907 y se titula «Canta, mendigo errante, cantos de tu niñez»
Tiene sus orígenes en la adaptación del tema "Canción Húngara" de la Zarzuela "Alma de Dios" de J. Serrano, comedia lírica en un acto y cuatro cuadros en prosa con texto de Carlos Arniches y Enrique García Álvarez, estrenada en Madrid en 1907.

Se trata concretamente del fragmento de la romanza final de la obra. En el libreto original de la zarzuela la encontramos bajo la denominación de "Canta Mendigo errante", aunque rápidamente tomó el nombre de "Canta mendigo", "La canción del vagabundo" o "Canción Húngara". Sorprendentemente tuvo tanto éxito que durante más de tres años seguidos estuvo siendo representada en la capital madrileña, pasando posteriormente a las grandes capitales y teatros de las provincias. Poco a poco su interpretación por muchos artistas de la ópera que han versionado este canto como Antonio Blancas, Josep Carreras, Manuel Ausensi y la conocidísima de Alfredo Kraus que la hicieron aún más popular.

En el cine: El argumento es el siguiente:
Eloísa es una huérfana, prometida de Agustín, que la conoce cuando llega a Madrid huyendo de los malos tratos de su madrastra. Pasa por ser madre de un hijo ilegítimo, pero en realidad la madre es su prima Irene (con la cual vive, junto a su tía) casada con el Sr. Adrián. Su tía Marcelina intenta con esta mentira salvar a su hija Irene. Tras numerosos enredos familiares, se aclara la verdad y los novios pueden vivir juntos y en paz.

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De lo poco que se conserva de la película. Dirigida por Ignacio F. Iquino en el año 1941. 

Marcha procesional
También es el origen de la popular marcha «Alma de Dios», que se puede escuchar en la Semana Santa Sevillana y en algunas ciudades andaluzas. Es una adaptación del célebre compositor, Manuel Rodríguez Ruiz, concebida para acompañar a pasos de Cristo con sonidos antiguos y que hoy es considerada pieza clave y clásica, imprescindible en el repertorio de todas las agrupaciones musicales.  
                                                                  
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  Gonzalo Díaz-Arbolí