Feliz día del Niño
Agranda la puerta, padre, porque no puedo pasar. La hiciste para los niños, yo he crecido, a mi pesar.
Si no me agrandas la puerta, achícame, por piedad; vuélveme a la edad en que vivir es soñar.
Miguel de Unamuno
Este breve poema de Miguel de Unamuno condensa una idea muy potente sobre el paso del tiempo y la pérdida de la inocencia.
La “puerta” funciona como una metáfora clara: representa el mundo tal como fue concebido en la infancia —un espacio accesible, hecho a medida de los niños, donde todo parece posible. Pero al crecer, el yo poético ya no encaja en ese mundo. No es que la puerta haya cambiado, sino que él ha cambiado.
Hay dos deseos contrapuestos, ambos imposibles pero profundamente humanos:
“Agrandar la puerta”: adaptar el mundo adulto para que siga siendo habitable con la misma libertad y fantasía de la niñez.
“Achicarme”: volver a ser niño, recuperar la mirada inocente donde “vivir es soñar”.
Esa segunda línea es clave: Unamuno sugiere que lo que realmente se pierde al crecer no es solo la infancia, sino una forma de experimentar la realidad —más imaginativa, más abierta, menos limitada por la razón o las obligaciones.
El tono mezcla súplica y resignación (“a mi pesar”, “por piedad”), lo que refleja un conflicto muy propio de su obra: la tensión entre razón y deseo, entre lo que somos y lo que anhelamos ser.
Comentario elaborado por IA
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