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Joaquín Turina Pérez (Sevilla, 9 de diciembre de 1882-Madrid, 14 de enero de 1949)

Compositor y musicólogo representante del nacionalismo e impresionismo español en la primera mitad del siglo XX. Nació en Sevilla el 9 de diciembre de 1882. Su padre, Joaquín Turina y Areal, era un pintor costumbrista, y su madre, Concepción Pérez, era hermana de la Divina Pastora de Cantillana y cantaba en el coro de mujeres de su hermandad.​

Desde pequeño fue conocido como un niño prodigio. Con tan solo cuatro años improvisaba virtuosamente en el acordeón que le había regalado una de sus criadas. Tuvo la oportunidad de recibir sus primeras clases de música en el Colegio del Santo Ángel y era el encargado de acompañar al coro de niñas.

En el colegio de San Ramón cursó el bachillerato y empezó los estudios de piano con Enrique Rodríguez. Evaristo García Torres, maestro de capilla de la Catedral de Sevilla, fue quien le enseñó gran parte de los conocimientos de armonía y contrapunto que el compositor puso en práctica en sus obras artísticas.

Turina guardaba muy buen recuerdo de su mentor Evaristo García. Con estas palabras mostraba su afecto a su profesor: «Tenía un talento superior al de Eslava». O también:
«Permitidme un recuerdo a la, para mí, queridísima memoria de D. Evaristo, mi primer maestro, cuyas obras, algo italianas, pero de ingenuidad y pureza admirable, conservo copiadas por mi mano como apreciable tesoro del más venerable de los sacerdotes y de los músicos».

Después de revelarse como pianista en la capital andaluza, a los veinte años se trasladó a Madrid con la maleta llena de partituras juveniles, entre ellas una ópera - La sulamita - que soñaba con estrenar en uno de los teatros de la capital. En Madrid pasó tres años en íntimo contacto con Manuel de Falla, con quien, además de las clases de piano en el Conservatorio con el maestro Tragó, comparte proyectos e ilusiones.

En otoño de 1905, siguiendo el ejemplo de su amigo, marcha a París y convive con él en el mismo hotel, pero su orientación musical no es la misma que la del compositor gaditano, pues decide ingresar en la Schola Cantorum para estudiar piano con Moszkowski y composición con D’Indy. Pero por consejo de Falla y, sobre todo, de Albéniz, abandona la línea impuesta por la Schola para dedicarse a escribir música netamente española que le abrría las puertas del éxito.


En 1912 compuso una de sus obras capitales: La procesión del Rocío, poema sinfónico estrenado en Madrid con gran éxito en marzo de 1913. Al año siguiente fija definitivamente su residencia en Madrid, desarrollando una intensa actividad musical en todas las áreas: composición, dirección de orquesta en varios ballets de Diaghiliev, interpretación como pianista solista, acompañante o de cámara; catedrático de composición en el Conservatorio, crítico musical y director de la Comisaría de la Música.

En 1926 fue Hijo Predilecto de la ciudad de Sevilla. Ese mismo año obtuvo el Premio Nacional de Música. En 1935 fue nombrado académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y, en 1941, comisario de la Música. Los homenajes, reconocimientos y viajes se sucedieron sin cesar. Publicó en 1917 la Enciclopedia abreviada de la Música y en 1946 el Tratado de composición, además fue autor de numerosos artículos, críticas y conferencias. La última obra de su catálogo es la pieza pianística titulada Desde mi terraza que lleva el número de opus 104 y está fechada en 1947.

                                                 La procesión del Rocío

Turina nunca dejó de ser fiel a esa corriente artística, con absoluto dominio de la técnica asociada con un marcado lirismo y un gracioso pintoresquismo impresionista. Los ritmos empleados en sus composiciones provienen, en su mayor parte, de la tradición andaluza, flamenca o gitana. En ocasiones, también es posible encontrar referencias de diversa música tradicional del resto de España como el pasodoble, el zorcico, propio del País Vasco, o la jota, propia de los territorios que integraron la antigua corona de Aragón.


Joaquín Turina también compuso algunas obras religiosas para coro y orquesta, y algunas piezas para órgano.

                                                           Canto a Sevilla
Fuente: Internet

3 comentarios:

Eugenio Martínez dijo...

Magnifica entrada, Gonzalo. Independientemente de mi personal devoción hacia Turina, te felicito por el interés y el empeño que vienes desarrollando en darnos a conocer tantos talentos que nuestro "orgulloso patriotismo" ha ido relegando al olvido o ha sepultado en una vengativa e incomprensible ignorancia. No te rindas en esta labor tuya de convertirte en el cronista que nos recuerde (y, en ocasiones, nos desentierre) a nuestros personajes cuyo valor, esfuerzo y talento debemos reconocer.

Julio de la Rúa dijo...

Muchas gracias Gonzalo por la estupenda entrada de Turina.
Me gusto escuchar la Procesión del Rocio, con ese gran protagonismo de los instrumentos de Viento (metales y maderas) y ese guiño al Himno de España, que no puede ser mas nacionalista.

Luis Manzrro Benitez dijo...

Estoy de acuerdo con el Sr. Eugenio y no debes rendirte y abandonar el esfuerzo que haces para "desenterrar" a tantos genios de la música olvidados. Y es que, permíteme la comparación, como en el cine, el futbol, la pintura...y en tantas otras actividades artísticas, solo se conocen y se recuerdan a los más grandes: Bach, Beethoven, Pelé, Messi, M. Brando, Nicholson...
Así que, amigo Gonzalo, gracias y enhorabuena por tu gran trabajo.

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