21.8.21

La poesía silenciada de un ilustre artista vejeriego: Manuel Manzorro. Palabras de Campo–Adentro.

                       Primavera en las Hazas de suerte de Nájara, Vejer

Nacido en Vejer de la Frontera, en el seno de una familia campesina, mantiene a pesar de su experiencia internacional, sólidos vínculos con las tradiciones y cultura de su tierra; su infancia, niñez y adolescencia transcurren en Patría, campo adentro por herencia o por destino. Cuando subía al cerro por cañadas y veredas, en sus ruinas con su torre desmochada, recuerdo de aquellos bravos andalusíes que allí vivían; en esas aventuras de la niñez, buscaba palmitos, sacándolos con dos o tres golpes y cuando salía disparada una liebre de entre los acebuches, la perseguía a peñascazos hasta cazarla.
La infancia, nuestra verdadera patria, enfatizaba Rilke. Donde nos reconocemos, donde nos encontramos; es un sentimiento positivo, primario y prácticamente inevitable de amor y de justo orgullo a nuestro terruño. Pero alejarse no es olvidar. 
Y esto es lo que le lleva a trascender su arte: el pozo, la perdiz, el toro y el cántaro, el galgo y la choza, la luna o el barbecho, los pájaros… el hombre.

Estas palabras definen, en esencia, la inspiración temática y el mundo plástico-poético de Manuel Manzorro.
Los temas de los campos de Vejer, estimulan su mundo artístico tanto en la pintura como en la poesía, siempre ha buscado lo más auténtico de sí mismo, su razón de ser en la totalidad del arte.


Transparentes mañanas, tardes lentas
con tonos de perdices,
querencioso terreno del color de las liebres,
calientes cerros como toros rubios,
y piaras de lomas albarizas.
…..
Sobre aquellos días como marzos templados
están mis fotos encharcadas
de asombre y del jilgueros,
 y ásperos se alejaron
como avispados matacanes sin retorno

(Del poema "Mural de mi contorno")



El perfume natal de la era mía
tiene su finca, allá por el recuerdo.
No escarmienta, que es algo...no me acuerdo
algo así, parecido a la alegría.

Uno se lo quisiera llevar todo,
el aire y los olores del terreno,
los besos y el amor a puño lleno
y llorar lo perdido de otro modo.

                                                         Quién se quita de encima los mordiscos
las hondas picaduras venenosas
que pega el alacrán de lo lejano.

Ahora, los matorrales y lentiscos,
las tardes, los trampales y otras cosas
no dejan mi tristeza de la mano.



...............
Te escapaste por cañadas
y dicen que te vieron, buen amigo,
persiguiendo a peñascazos a una sombra,
y acechando el revoque
del levante, para hablar con Dios.
.............
Se te quedó el tiempo fárfaro y encharcado
en las táviras cuencas de tu asombro,
destilando cuajarones de olvido y desamparo.
Caigo en la cuenta y veo
tu sombra y tus hechuras en tenguerengue,
igual que un mandil tirado en el secano,
y también recuerdo, Manuel,
amoratada y huérfana por dentro tu memoria.
Ni de la tierra ni del cielo
te vino un soplo a la cara,
mientras te crujía atribulada y oculta
toda la intemperie en carne-viva
entre el lagrimeo y la zozobra
..............
Hoy, resulta, que de repente
Te siento como quien no ha vivido,
Como si reclamaras desacostumbrarte a estar muerto
O despertaras de estar soñando a contra-arroyo,
Con zarzas y avispas, y lunas al contrario.


(Del poema: “Hablando con Manuel Estaca”)


Al llanto nos hicimos
como a la cuesta el relente;
ahora, huérfano de ti,
y tú, huérfana de todo para siempre,
sólo nos queda cumplir tiempo para nada.
Día a día, me falta inconsolable,
tu panificado gesto,
tu sonido y señal de vida.
Hoy, en el umbral del invierno,
la choza y el fuego nos requieren,
que “de nuevo están ahí las avefrías”.

   (Del poema “Vísperas de invierno”)



Hoy trasteo mi sangre, como quien escurca
una descalichada zocarrena
o palpa la cimbra de una choza baldía
que despacio revira hacia la tierra,
crujiéndole sus apolilladas cañas
y sus húmedas berlingas.
El pulpejo de mis manos va rozando
las tomizas partidas y su cumbrera,
mientras sonámbulo toco sobre la anea
y el verdín de su techumbre
los anzuelos, la almohaza y las espuelas,
y voy apartando escardillos,
cepos, lazos, leznas y lavijas,
cencerros angostos y esquilones,
calabozos, collares y frontiles.
Hoces liadas en entre-pechos,
riendas y tenazas, manijas y corniles.
Amarillentas fotos de yeguas y avutardas,
de herraderos, de galgos y monturas.

(Del poema “Entre el sueño y la memoria)




Perdona tú si puedes aire mío
que no vaya contigo a media cuesta
como un recio gañán de sangre presta
a la intemperie y al escalofrío.

Bajo tu luz se tuesta el dolor mío,
mis ojos se me van hasta tu siesta.
Si vieras mi faena lo que cuesta
para domarla en pelo como un río.

De tu mismo acebuche es mi madera,
furtivos del reclamo y la besana
nos empujó la tierra como al trigo.

Viene la luz y da contra la era
tristona, amarillenta y con desgana
y allá por la memoria voy contigo.





De tanto y tanto acordarme ocurre,
que de súbito me brota
de par en par un campo en la tristeza,
destilándome pájaros,
supurándome tercios doloridos,
ásperas penurias y tristes claridades,
desconchadas ternuras
y arpegios de lluvia en la techumbre…
Y de camino recordarte
el asombro, de linde a linde, de mis ojos
enjaulando claridades
entre cenizosos plumajes y carruseles de trinos,
bajo las nácares lunas y el perfume del horno,
y las azules umbrías de álamos blancos,
cuando mi risa buscaba
el socaire de tus brazos
y el rastro de tu aroma
a pan dormido y a rescoldo.

(Del poema “Enjaulando claridades”)




De pronto amaneció y tuve enfrente
un mural de mareas con delfines
y sosegadas golondrinas.
Sentí mis tímpanos extenderse
hacia un rumor de chamarices y besanas
hacia aquella acuarela
de surcos y de jilgueros
con veladuras de pólenes y lluvias.
Me descuidé y me dio el alba
manoseando la textura del trébol
y el blandor de su aroma
como quien abraza a un océano dormido.
.............
Entre alboradas y oriscanes dejé escrito
que de los púrpuras ramos de la zuya en flor
debieron succionar mis venas
el gramíneo aroma del arroyo
y la punzada vegetal que me aturde y me consuela.
..............
(Del poema: “Monólogo para el retorno”)

 




Mi alegría se acerca con sigilo, como un sueño,
como una lástima o dulzor que duele
igual que un perfume malherido.
Es dolor y aliento, sueño no,
sombra musical de la tristeza,
sencilla como un álamo temprano;
pero resulta, que es madre de mi pena.
Es aquella verdad que aletea y no muere,
es un sin-remedio en carne-viva,
una historia acostumbrada
a brotar igual que el alba.
…………………
(Del poema: “Cuando de golpe me prende la alegría”)

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Elegía a su padre, Diego Manzorro:
En una ocasión me contó mi amigo, Manolo Manzorro que, su padre al presentir la muerte, fue visitando y despidiéndose de todos sus amigos y vecinos de Patría, abrazándolos como si todos fueran para él su familia. Diego Manzorro era un simple campesino, no un intelectual, que se despedía de este mundo con ese sencillo y a la vez transcendental gesto,  así entendía Diego la amistad.
A mí me parece una historia entrañable.

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Manuel Manzorro es, sin duda, uno de los grandes, como pintor–grabador y poeta, y sin embargo, hay pocos hombres de tanta relevancia mundial que sean tan humildes y sencillos en cuanto a su trato. 
Profesor Dr. de la Universidad de Sevilla. Realiza sus estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de Sevilla, Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid, y culmina sus estudios artísticos en la especialidad de Grabado, Litografía y Pintura Mural en la Escuela Superior de Bellas Artes de París. Profesor en varios países europeos, entre los que cuentan Francia e Italia, así como los EE.UU. y Canadá. Director de la Calcografía Nacional.  Dirigió la edición de las planchas que Goya realizó copiando los cuadros de Velázquez.


Premio de la Dirección General del Patrimonio Artístico y Cultural en la “XXII Exposición Internacional de Grabado”, en Madrid.
Seleccionado para la V y VI Bienal Internacional del Grabado de Florencia y para el “XXIII salón Internacional de Grabado y Sistemas de Estampación” de Madrid.
La Fundación Juan March, sin precedente y de forma excepcional, le concede por 3ª vez la beca de investigación para desarrollar el Tema: “Técnicas Tradicionales y Actuales del Grabado”.
Primer “Premio Nacional de Grabado del Ateneo de Sevilla”, en el Certamen Andaluz de Bellas Artes.
Galardonado con el Premio Honorífico Provincial de Cultura Vejer “Juan Relinque”.

He querido destacar su vena poética con la selección de estos poemas; su rica personalidad, expresada con maestría e inspiración, tanto en palabras como en imágenes, y que reflejan un mundo propio, campo dicho o pintado, que siente como nadie y como nadie expresa. (José A. Muñoz Rojas)

Palabras: la perfección del primer cuarteto del armonioso soneto “Perdona tú si puedes aire mío / que no vaya contigo a media cuesta / como un recio gañán de sangre presta / a la intemperie y al escalofrío. 

Imágenes: Los pozos de los campos de Vejer, representan una parte importante de su obra, este que lo ilustra está situado en Patría, rodeado de cardos silvestres, hazas de suerte y al fondo la playa de El Palmar.


Gonzalo Díaz Arbolí
Académico de Bellas Artes Santa Cecilia

Mi agradecimiento a su hija Ana por su apoyo a esta iniciativa. Estas son sus palabras: Gracias Gonzalo por iluminar esta consolidada y a la vez silenciada habilidad de mi padre.

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12 comentarios:

I. Pantojo dijo...

Gracias por compartir tanto sentimiento, tanto conocimiento y tan hermoso y lírico vocabulario.
Tu buen amigo, Manuel Manzorro, bien se merece tu entrañable reconocimiento al que me uno y te agradezco.
Un abrazo.

Luis Manzorro dijo...

Gracias, amigo Gonzalo, por esta maravillosa publicación, por enseñarnos, un poquito más, la obra del gran Manolo; en pintura, en grabados, en poesía...Cuando oigo o leo su nombre, me viene la imagen de algunos de sus cuadros: un campesino, un toro, un pozo, una choza, una perdiz, un galgo.....

Laurentina. dijo...

Es una preciosidad tu trabajo sobre Manolo y tu lectura a su padre. Ha sido una sorpresa saber que Manolo es tan buen poeta como pintor.
Gracias por dedicar tu tiempo a todas estas muestras de cultura. Eres grande, amigo Gonzalo

Javier Díaz Arbolí dijo...

Realmente hermoso el contenido de este post, tanto por la obra que se expone como por la forma en que se hace. Es una extraordinaria sorpresa ir descubriendo poco a poco todo lo que representa Manolo en el arte poético y sobre todo, como nos lo descubres. Gracias hermano por tus grandes aportaciones y en especial, por ésta.

Olga dijo...

Gracias por mostrar sus poemas, Gonzalo. No conocía ninguno. La verdad es que su poesía es muy desconocida y es una pena, porque como tú dices se ve gran maestría e inspiración. Me gusta la búsqueda de las palabras. "Palabras terruñeras" como decía Unamuno. Suenan ellas mismas a campo agreste, a labores lentas, a artesanía ancestral. Escurcar, pulpejo, socaire... Esa sonoridad evoca a nuestras raíces. También nosotros somos tierra.

Manuel C. Díaz Arbolí dijo...

Si tuviese que calificar este artículo, hermano, le daría un sobresaliente cum laude.

Inmaculada M. dijo...

Lo conozco como excelente artista plástico. Habrá que interesarse por sus nuevos campos

AnaV dijo...

Gracias Gonzalo por iluminar esta consolidada y a la vez silenciada habilidad de mi padre. También se puede visitar su obra en www.manuelmanzorro.com

Luis Manzorro dijo...

Precioso texto, Gonzalo.
He leído los poemas y he visto los cuadros, y creo que el Gran Manolo recorrió el mundo sin salir de Patría. Me lo imagino paseando bajo los rascacielos de NY, mientras su mente estaba en la campiña, viendo correr las liebres y volar a la perdices; o descansando en el blanco brocal de un pozo; o, de espaldas en la grama de un trampal, contemplando las estrellas. Las de NY no brillan igual....

Teresa Moncayo dijo...

Yo lo definiría como un grandísimo poeta que canta desde el fondo de su alma (sentimientos puros) imprimiéndole a sus versos un lirismo que trasciende por los poros abiertos de cada verso. Es una actitud y aptitud propia de los grandes líricos que se inspiran en una naturaleza viva. Me atrevería a citar a Machado (campos de Castilla), mismo ardor amoroso, misma consagración hacia lo natural de la vida.

Paco Hacha dijo...

Poemas de la verdad del recuerdo limpio , sin más , pensamientos profundos para adentrarnos en nuestras raíces

Eugenio Martínez dijo...

Magnífica entrada, Gonzalo. Por mediación tuya conocía la obra plástica de Manolo Manzorro y aunque me habías hablado de su obra poética, en manera alguna podía imaginarme el emocionado gozo que me han regalado los poemas que nos has traído, como predios de una Arcadia recreados por Virgilio. Pero también me transportan a la finca de La Flecha, en las riberas del Tormes de la culta Salamanca, donde decía Fray Luis de León que "Del monte en la ladera / por mi mano plantado tengo un huerto..." Y allí me ha llevado Manolo Manzorro, para escarbar la tierra y hacer resurgir desde sus entrañas la palabra y la armonía que milagree sus versos

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