4.12.20

HISTORIA DE VEJER DE LA FRONTERA: HAZAS DE SUERTE

 Los orígenes

Para buscar los orígenes de las Hazas de Suerte debemos remontarnos a los tiempos de la Reconquista cuando el curso del río Barbate, a los pies de Vejer, separaba el reino cristiano del musulmán.

La conquista cristiana del territorio de Vejer supuso su posterior repoblación con castellanos venidos desde los más remotos confines de la península.
Sin embargo, al situarse en una zona tan expuesta a los peligros de una frontera, el rey Sancho IV se vio en la necesidad de incentivar la llegada de nuevos pobladores, concediéndoles en 1288, además de privilegios fiscales, una serie de lotes de tierras de labranza, también llamadas hazas, sin la necesidad de tener que responder ante señor alguno, es decir, nacen las hazas como propiedad del común de vecinos.

Los pleitos con la Casa Ducal de Medina Sidonia

En 1307, Fernando IV hace donación a Alfonso Pérez de Guzmán el bueno y sus herederos, los futuros Duques de Medina Sidonia, el señorío jurisdiccional sobre la villa y término de Vejer, imponiéndoles como condición el respeto de los privilegios concedidos años antes a sus pobladores, entre ellos las hazas como propiedad comunal.
Ese respeto solo durará 140 años, ya que en el siglo XV, pasadas varias generaciones en la Casa Ducal de Medina Sidonia, el entonces duque bajo el pretexto de considerarse dueño y señor de Vejer comienza a arrendar las hazas. Ante esta enajenación del patrimonio comunal, se genera numerosas protestas vecinales y conflictos encabezados por un personaje mítico en la historia de Vejer, Juan Relinque. Este vejeriego fue capaz de defender los derechos de sus vecinos ante el duque, y de lograr en 1535 una Provisión Real con el que poder demandarlo ante la Audiencia de la Real Chancillería de Granada. Ante tamaña afrenta, el duque responde emprendiendo acciones de todo tipo contra Juan Relinque y sus seguidores, desde denunciarlo por generar un motín, hasta detenerlo y trasladarlo a la prisión de Sanlúcar el día del Corpus Christi de 1536.

También intentó llegar a acuerdos o transacciones con los vecinos; sin embargo, todos ellos fueron declinados aduciendo que no se podían hacer transacciones ni concierto alguno sobre bienes públicos de la villa y vecinos.

Los pleitos continuaron a lo largo de todo el siglo XVI. Durante este tiempo fallecieron tanto el Duque como el propio Juan Relinque, pero aún entonces el litigio continuó, pues como apuntara A. Bernabé, el ducado nunca renunció a sus posesiones vejeriegas sobre las que creía tener legítimo derecho, y los vecinos de Vejer, imbuidos en el espíritu de libertad y justicia defendidos por Juan Relinque, no cejaron en su empeño de recuperar su patrimonio comunal.
Finalmente, el 8 de febrero de 1566 la Real Chancillería de Granada resuelve el caso mediante un auto a favor de Juan Relinque y sus convecinos, y dicta sentencia condenatoria contra el duque de Medina Sidonia. Desde esta fecha se fija un sorteo (de ahí que sean de suerte) de las 356 hazas con las que contaba Vejer, primero cada tres años y desde 1580 cada cuatro.

Hay que indicar también que, a partir de la sentencia condenatoria, el agraciado en el sorteo era quien cultivaba estas tierras, posibilitando su supervivencia al menos durante cuatro años. Sin embargo, a partir de 1868 el agraciado podía bien trabajarla bien arrendarla a una figura jurídica que nacerá desde entonces: el Asentado, que es el agricultor que posee los medios necesarios para trabajar una haza y cuya obligación será la de pagar la renta al agraciado. En la actualidad el agraciado solo tiene derecho a percibir la renta de la haza tocada en suerte, existiendo un padrón de asentados que trabajan de por vida estas tierras comunales.

Juan Relinque. La gesta de un héroe popular


A pesar de considerarse el personaje histórico más importante de Vejer, poco sabemos de la vida de este ilustre vejeriego que, cansado de las injusticias, decide enfrentarse contra el poder despótico y autoritario del Duque de Medina Sidonia con el firme propósito de defender los intereses legítimos de sus vecinos.
Sus reivindicaciones comenzaron en 1535, cuando expresa públicamente su rechazo tanto a pagar las cargas y gravámenes impuestas por el duque como a permitir la usurpación de las tierras comunales.
Este rechazo le granjeó numerosas consecuencias, desde coacciones y arrestos hasta intentos de asesinato. Sin embargo, su entrega a la defensa del bien común, su lucha y tenacidad manifiesta fue lo que permitió la conservación de lo que hoy es para el vejeriego su legado más preciado.
El respeto de Vejer por Juan Relinque crece al acercarse a su figura, pues no fue más que un labrador de pequeña cuantía cuya valentía, liderazgo y oratoria logró levantar la conciencia de todo un pueblo para alzarse en contra de los abusos ducales.
Por la documentación existente en el Archivo de la Real Chancillería de Granada se sabe que no era analfabeto, sabía escribir y firmar y tenía dotes para persuadir a sus vecinos. Juan Relinque moriría el 10 de septiembre de 1554 sin descendencia y sin ni siquiera saber que años más tarde su lucha cobraría sentido y su Vejer, sus paisanos y la memoria colectiva de todo un pueblo le tendría reservada una página de honor en su milenaria historia por lograr la pervivencia de un patrimonio hoy único en el mundo y promover en el vejeriego el espíritu de libertad y defensa de los derechos comunales.


El sistema de gestión y control: La Junta de Hazas

Hasta 1868, el reparto de las hazas por parte de los vecinos se organizó en torno a la costumbre y a la norma consuetudinaria. Ese mismo año las autoridades municipales aprueban el primer reglamento para el disfrute de la renta de las Hazas de Suerte del Común y para el cultivo de las mismas, con 77 artículos.

En el seno de este reglamento se crea la denominada Junta de Hazas, un órgano cuyo cometido será la gestión y control de estas tierras.
Actualmente está presidida por el Alcalde-Presidente de la localidad y compuesta por los 17 concejales electos e igual número de representantes de diferentes esferas sociales, económicas y vecinales de la localidad.
Hazas de Suerte: 3.500 hectáreas de tierra de cultivo en trece zonas de Vejer Las Hazas de Suerte se encuentran distribuidas a lo largo de todo el término municipal de Vejer.
En la actualidad posee 232 hazas repartidas en 13 zonas o Partidos, con una ocupación total de 6.503,62 fanegas, que traducidos en hectáreas suman 3.489,80. La Junta de Hazas ha iniciado recientemente un expediente para la compra de una nueva haza, evidenciando no solo la preocupación por mantener vivo el patrimonio comunal sino también la recuperación de viejas tierras arrebatadas injustamente a la largo de la historia.

La disposición de las Hazas es de forma alargada, y suele tener una media de 12,5 hectáreas. Esta disposición alargada se hizo con la intención de que todo el mundo ocupara tierra buena y tierra mala. Se realiza en ellas un tipo de labor intensiva, cultivándose en barbecho. Los cultivos base son el trigo y la remolacha, sembrándose en menor medida cebada, sorgo, habas y garbanzos.


Las Hazas de Suerte como identidad cultural

Una de las conclusiones a las que llegó el investigador A. Bernabé en su tesis doctoral dedicada a las Hazas de Suerte (publicada por el Ministerio de Cultura en 2006), tras entrevistar a un importante número de vecinos, fue que la institución de las Hazas de Suerte aporta al vejeriego un fuerte sentimiento de identidad y continuidad que se aprecia en diferentes situaciones, siendo especialmente relevante lo concerniente al lenguaje.

Efectivamente, cuando el vejeriego se refiere a las Hazas de Suerte lo hace usando el pronombre posesivo “nuestro”, como algo perteneciente a los vecinos y vecinas de Vejer, auténticos depositarios de esta centenaria institución. Las Hazas de Suerte no son del ayuntamiento, no son de los campesinos que la trabajan, no son ni de todos ni de nadie en particular, son “nuestras”, es decir, el vejeriego distingue perfectamente entre lo privado (lo mío), lo público (lo de todos) y lo comunal (lo nuestro) que se traduce en un sentimiento de propiedad compartida, ese sentimiento que todo el pueblo tiene el deseo de conservar, razón última del impulso de la presente candidatura que la Junta de Hazas y el Ayuntamiento propone ante la UNESCO. Esta identidad cultural también adquiere un valor simbólico en el sentir diario de los vejeriegos.


Es habitual tratar con cierta frecuencia las hazas en conversaciones entre amigos, familiares o campesinos, y mencionar con auténtica emoción el recuerdo de viejas hazañas de héroes populares, nombrando calles y parques recordando a las Hazas de Suerte o personajes ilustres relacionados con ésta e incluso inmortalizar la gesta del héroe popular sobre uno de los arcos de entrada al recinto amurallado. Todo ello como muestra de que las Hazas de Suerte, como institución heredada y defendida por los vecinos a lo largo de la historia, se haya interiorizado en la comunidad como parte de la identidad y personalidad de todo un pueblo, como algo que está vivo, que sigue transmitiéndose con alegría y respeto desde la infancia: precisamente este sentimiento es lo que la UNESCO denomina como Patrimonio Cultural Inmaterial.

El sorteo de las Hazas de Suerte

El procedimiento que se lleva a cabo para el sorteo de las tierras del común se halla ritualizado desde tiempos inmemoriales, de acuerdo al siguiente protocolo:
Fase I. La configuración del padrón de vecinos con derecho a participar en el sorteo.
En el sorteo no participan todos los vecinos empadronados en Vejer o reconocidos jurídicamente como tales, sino que existe un padrón de vecinos donde se incluyen diferentes perfiles de elegibilidad: quienes figuren como la persona principal de la unidad familiar y nacidos en Vejer; los viudos/as con o sin hijos, nacidos en Vejer; los viudos/as que no siendo de Vejer se hubieran casado con hijos de la ciudad; los solteros/as cuyos padres hubieren fallecidos, en representación del legítimo derecho de los mismos; los separados o divorciados legalmente; los forasteros casados con naturales de Vejer y las parejas de hecho que sean naturales de Vejer.
Es importante resaltar al respecto que, desde el reglamento del año 2000, se otorgan los mismos derechos a hombre y mujeres, y es el momento en el que se introducen nuevas situaciones familiares como los mencionados separados, divorciados o parejas de hecho, lo que evidencia la actualización de un patrimonio nada fosilizado, que ha sabido generar mecanismos de adaptación a las nuevas circunstancias sociales y culturales de nuestro país.
Este padrón se actualiza cada cuatro años por la Comisión de Escrutinio, nombrada directamente por la Junta de Hazas, padrón que solo se renueva una vez hayan sido agraciados todos los vecinos con derecho, cosa que suele suceder cada 36-40 años.
El último padrón data de 1996 y en él entraron 3.649 nuevos vecinos.

EL SORTEO DE LAS HAZAS DE SUERTE.
El embolado y lacrado

Desde el primer cuarto del siglo XX, el ritual incluye un acto público a celebrar la noche anterior al sorteo, el llamado embolado, donde las bolas, tanto de los vecinos como de las hazas, son introducidas en sus respectivos bombos y son selladas, guardándose toda la noche bajo custodia.

El sorteo
Esta tradicional costumbre de distribuir mediante sorteo el conjunto de Hazas de Suerte cada cuatro años se hace coincidir con los años bisiestos, celebrándose desde 1944 el 22 de diciembre. Actualmente se celebra en el Teatro San Francisco y se retransmite en directo por la radio municipal. También es destacable que desde 1956 se coloquen altavoces en diversos puntos del pueblo para que todo vecino que no pueda asistir al acto pueda seguirlo. Escuchar en vivo o a través de la megafonía o radio la frase: “La Haza primera, caballería primera de Bujar, tocó a ….” representa para el vejeriego una emoción indescriptible y difícilmente inigualable, es literalmente un estallido de alegría en las calles del pueblo.
Previo al sorteo, existe la costumbre de hacer una exposición pública sobre los orígenes y evolución histórica de las Hazas de Suerte, con el propósito de mantener viva la memoria colectiva y para que los vejeriegos tomen conciencia de su valor. También se reclama públicamente la devolución de las tierras que han sido usurpadas a esta institución comunal a lo largo de su historia (en total 163 hazas).

Tradicionalmente este reparto de tierras se hacía volteando en saco unas bolas huecas en forma de bellotas en cuyo interior figuraban sobre papel los nombres de los vecinos, siendo la mano inocente de un niño menor de 10 años el encargado de ir sacándolas para que el pregonero cantara el nombre de los agraciados. A partir de inicios del siglo XX este sistema sería sustituido por dos bombos o globos introduciendo en el de mayor tamaño o bombo de los vecinos, las bolas grabadas con una numeración que se corresponden con cada titular vecino del pueblo, y en el de menor tamaño o bombo de las hazas, los números referidos a las hazas correspondientes.
Desde 1984 la extracción de las bolas corre a cargo de niñas ataviadas con el traje típico de Vejer, el llamado Cobijado.

El título de agraciado y la prima “muertos” 
El 6 de enero, después de cada sorteo, se procede a extender en un acto público los correspondientes títulos que acreditan a los agraciados ser poseedores del derecho a percibir la renta de la haza. Con este título también se entrega en metálico el importe de una prima, tradicionalmente denominada “Muertos”, por una cantidad que previamente ha establecido la Junta de Hazas.
El importe de la renta dependerá del tamaño de la haza tocada en suerte, y es abonada directamente por el Ayuntamiento cada año, dentro de la primera quincena del mes de octubre.

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